Capítulo X

De cómo surge la leyenda de Sir Mordred.

¿Sabes lo que se siente crecer sin amor y luego encontrarlo, solo para volver a perderlo? Si tu respuesta es no, eres muy afortunado.

Cuando la oscuridad se cierne sobre ti, tanto que comienza desplazarse por tu garganta, a ahogarte, el amor de una sola persona puede ser la cuerda de salvación que te saque de allí. Pero cuando estás solo, caes en las garras de las tinieblas, una trampa de la que es difícil escapar.

Mordred guardó el recuerdo de Emrys lo más intacto que pudo, se aferró a él para no caer en la oscuridad. Pero cada día que pasaba, solo, sin un lugar a dónde ir y recordando que Emrys había elegido al rey por sobre él, su espíritu se fue rompiendo.

Llegó a las tierras donde gobernaba Morgana en un día gris y sombrío. Miró el castillo en ruinas por un largo tiempo, una batalla en su interior que terminó por perder.

Morgana se sentaba en un trono oscuro y había perdido la cabeza por su sed de poder, alejándose del objetivo con el que había convencido a todos los seres de magia de que debían seguirla, manteniéndolos atados por el mero placer de hacerlo.

El corazón de Mordred terminó de romperse cuando fue obligado a hincar la rodilla frente a ella y los ojos de la mujer que había amado como a una madre reflejaron una genuina diversión. Ella lo había sabido desde el inicio, que su destino era a su lado en la conquista y la destrucción.

De repente, todos los insultos que había recibido cuando era un niño acudieron a él y la verdad fue tan dolorosa como la resignación. Emrys también lo había sabido, se dio cuenta.

Por un instante, quiso aferrarse a él de nuevo, pero se rindió. Si todos siempre pensaron que sería un destructor, un regicida, bien podría dejar de luchar contra ello. Arthur Pendragon le había arrebatado todo y solo quedaba él.

Él y Morgana.

Pero la hechicera no perdonaría su traición tan fácilmente. Una vez, él se había jurado a sí mismo proteger a Emrys con su vida. Emrys lo había traicionado como único pago y el juramento perdió todo su peso. El dolor fue insoportable y quemó como el mismo infierno en su pecho. Su corazón latía por Emrys y solo por él.

"Tengo información que has estado buscando desde hace mucho tiempo. De un hechicero que siempre te ha logrado eludir".

Morgana sonrió complacida.

"Emrys".

"Sé dónde se encuentra". Dijo.

"¿Donde?".

"En Camelot". Hielo frío llenó sus venas y cortó sus entrañas. Su corazón se reveló y amordazó su garganta, pero se obligó a decirlo."Y sé su verdadero nombre".

Los ojos de Morgana brillaron salvajes, acentuando su apariencia de cuervo. Labios pálidos y agrietados, uñas rascando lo brazos del trono.

"Dilo".

En cuanto la palabra abandonó sus labios, Mordred supo que ya no había vuelta atrás, que su profecía comenzaba a cumplirse.

Fue entonces cuando se convirtió en lo único que el mundo recordaría de él a través de los tiempos.

El traidor.

"Merlín".