Sinopsis
Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.
A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.
Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.
Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.
Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.
Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.
Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.
Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.
Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.
Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Swan.
¡Diablos!
CAPÍTULO 4
Renesmee y Alice hablaron hasta por los codos durante la cena, en ocasiones Rosalie intervenía.
Me perdí en unas cosas y otras si las entendí. Todos me hablaban y a pesar de ser mayor que ellos, de ser mayor de edad, de ser una oficial de policía de Chicago, una de las ciudades más peligrosas… me ponía nerviosa por estar junto a chicos como ellos.
Hermosos y ricos.
Temía decir una tontería, de parecer que me crié con los lobos y no con una madrastra adorable.
Fui a la mejor preparatoria de Chicago, llena de niños como ellos y esos chicos me rechazaron y se burlaron de mi orfandad.
Pero al parecer les agradaba a los Cullen, eran perfectos. Todos ellos, desde el padre hasta Renesmee.
Algo dentro de mí se retorció.
Nadie era así de perfecto. Un pequeño beneficio de ser policía: acceso a los registros de la ciudadanía. Podría teclear el nombre de cada uno de ellos y su historial aparecería en segundos…
Pero eso no sería ético…
Pero mamá estaba a punto de casarse con esta familia perfecta y mudarse con ellos al otro lado del país.
Tenía que dejar mis instintos de lado por un momento y concentrarme en la cena.
-A pesar de que somos hijos de papá, aun conservamos nuestros apellidos. Mamá decía que es importante recordar de dónde venimos. Así que Edward y yo somos Masen. Rose y Jas son Hale-Whithlock, Emmett, Alice y Bella son McCarty-Bandon – explicó Renesmee.
Interesante. Gracias, pequeña Renesmee. Me acabas de hacer mi búsqueda incluso más fácil.
-Estábamos pensando en que la boda sea en Año Nuevo, en nuestra casa. Al fin y al cabo tendremos invitados como siempre. Tu mamá me envió un vestido precioso el otro día y creo que puedo replicarlo aunque sea en tan corto tiempo – dijo Alice, después de que educadamente limpió la comisura de sus labios con una servilleta y tomó un pequeño sorbo de su bebida.
-En casa, tenemos una sala muy grande, la ceremonia puede ser frente a la chimenea, se verá hermoso, como si fuera un atardecer artificial – dijo Rosalie con una gran sonrisa.
Miré a mamá ella seguía en su mundo con Carlisle. El cabello de mamá era color caramelo en ondas hasta sus hombros, sus ojos grises miraban a Carlisle con amor y devoción. Se veian muy bien juntos.
-¿Cuando murió tu papa? – preguntó Emmett de la nada y Jasper lo codeó.
-¡Oye! No seas grosero.
-¿Qué? Todos aquí somos huérfanos – replicó Emmett encogiéndose de hombros.
-Tenía cuatro cuando mamá murió y doce cuando papá murió.
-Oh, no sabía que también eras adoptada – dijo Bella en voz baja.
-Esme es mi madrasta. Se casó con papá cuando tenía ocho.
-Oh.
-Pero para mí es mi mamá, ella me crió y cuidó de mí.
-¡Por la Comuna de los Huérfanos! – brindó Emmett y fue cuando Carlisle y mamá salieron de su burbuja rosada llena de amor.
-¿Podrías dejar de decir que son una comuna, por favor, Emmett? – sonreí ante el suave murmullo de su acento británico.
Entendí incluso más que nunca, porque mamá estaba loca por él. Pero aunque fuera muy encantador, no iba a confiar en él hasta que lo investigara… a él y a su… Comuna.
Emmett se rió tomando de su té helado.
-¡Pero eso es lo que somos! – aseguró el alto castaño y alguien frente a él le dio una patada, supongo.
Porque dio un respingo y entrecerró los ojos, enfadado.
Más que nunca estuve segura de mi decisión y mis nuevos planes. No podría dejar a mamá sola con esos locos.
.
-¿En donde te seguimos? – preguntó Alice, mientras todos esperábamos los autos, fuera del restaurante.
-¿Seguirme? – pregunté con el ceño fruncido.
¿De que hablaba esta niña?
-Instagram, Twitter, Snapchat, duh.
-Oh, eso… No tengo redes sociales – repliqué metiendo mis manos en los bolsillos de mi abrigo. Era una típica noche helada de Chicago.
La Comuna Cullen me miró como si fuera un bicho raro.
Que me trataran bien fue demasiado bueno para ser verdad.
-¿Qué? – pregunté cohibida.
-¿No tienes nada? ¿Ni siquiera Facebook? – Renesmee preguntó horrorizada.
-¿No? – solo tenía Instagram y seguía a celebridades… A nadie más. Unos son muy graciosos.
Los niños Cullen se despidieron de nosotras cuando subimos al auto de mamá y en cuanto los perdimos de vista pudimos respirar por primera vez en toda la noche.
.
El lunes me presenté con mi capitán.
Tenía cosas que arreglar y la documentación tardaría mil años.
-Adelante, oficial Platt – murmuró el capitán asomándose por la puerta.
Me levanté de mi asiento, con mi sombrero bajo mi brazo derecho.
-¿Qué puedo hacer por usted? – preguntó tras su escritorio cuando cerré la puerta tras de mí.
-Quisiera saber si es posible transferirme a Seattle antes de año nuevo, señor.
-¿A Seattle? ¿Por qué? – eso lo tomó desprevenido.
-Razones personales, señor.
-¿Razones personales? – repitió como si eso no lo convenciera.
-Sí – no se vería nada bien que dijera: mami se va a casar y me quiero ir con ella.
Me acusarían de aun estar pegada al cordón umbilical. Ya tengo suficiente con los apodos sobre mi apariencia.
-¿No es que tenga miedo, cierto?
-¿Señor? – incliné la cabeza. No entendí su pregunta.
-Sé que la ciudad es muy peligrosa y somos un objetivo en este momento…
Si tuviera miedo de eso, jamás hubiera entrado a la Academia.
-No señor, no tiene nada que ver con ello. Solo necesito mudarme a Seattle antes de año nuevo.
-Haré lo que pueda para que todos sus papeles estén en orden y hacer la transferencia. Su pareja habla bien de usted… -golpeó los dedos índices contra la orilla de su escritorio, mirándome fijamente hasta que me removí incomoda, aun de pie-. ¿Cuándo este en Seattle, instalada y todo eso, porque no llama a este número? – buscó entre su escritorio lleno de papeles y encontró lo que buscaba.
Me entregó una pequeña tarjeta blanca con el nombre y número del Capitán Charles Swan.
-¿Señor?
-Él tiene un nuevo proyecto entre manos, me parece que serias perfecta para él. Es un viejo amigo de la Academia.
Entrecerré los ojos y asentí, cuando no me dio más detalles.
-Gracias, señor – no tenía ni idea de que hablaba así que solo me despedí de él de mano y un saludo y salí de ahí.
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Investigué a los Cullen: a los Masen, a los Hale-Whithlock y a los McCarty-Bandon.
Los padres de Renesmee y Edward eran doctores del ejercito… ambos murieron en un ataque en Medio Oriente, las personas que se suponía que serían sus tutores en caso de que algo les pasara a sus padres, solo se gastaron su herencia y los maltrataban a ellos. Servicios Sociales se los llevó y vivieron un año en un orfanatorio hasta que llegaron los Cullen.
El padre de Rosalie y Jasper… lloré leyendo sus expedientes. El padre de Rosalie la violaba todos los días y ella nunca le dijo a su hermano, cuando el pequeño Jasper de apenas nueve años lo descubrió, se lanzó sobre el monstruo que los engendró y este lo golpeó hasta dejarlo irreconocible y en coma por un par de semanas. Por eso su joven rostro está lleno de cicatrices. Ambos fueron testigos en el juicio de su padre a quien le dieron veinte años de cárcel. Solo veinte míseros años. Debieron de darle pena de muerte por lo que les hizo.
Emmett, Alice y Bella quedaron huérfanos cuando su casa se incendió, su padre los sacó a ellos tres primero y cuando regresó por su madre… ninguno de los dos salió.
Ahora esos siete niños con un pasado horrible y triste, tenían un presente hermoso y un futuro muy prometedor. Todo gracias al bondadoso corazón del doctor Cullen.
Carlisle Cullen, nacido en Londres, Inglaterra, hijo de un pastor anglicano, ahora con ciudadanía americana, jefe cirujano de Urgencias y Trauma en el mejor hospital de Seattle, con un sueldo siete cifras al año, con reconocimientos en su haber, con servicios gratuitos en una clínica comunitaria… Era el hombre perfecto para Esme… y aun así, había algo que me molestaba en esa familia perfecta.
Por eso me mudé a Seattle.
Cuando le dije a mamá que tramité la transferencia, lloró un mar.
-Estoy tan feliz de que lo hayas hecho. No sabes cuánto. No quería pedírtelo porque sería egoísta de mi parte… Tú tienes aquí tu trabajo, pero no verte diario me hubiera matado – sollozó con sus manos cubriendo su rostro, echa bolita en nuestra sala.
-Puedo ser oficial de policía en cualquier lugar, siempre y cuando cumpla los requisitos del estado. Tengo cita con mi nuevo jefe el día después de navidad – expliqué acariciando su espalda, tratando de calmarla.
-Carlisle va a estar muy contento… -sorbió su nariz con una sonrisa y trató de recomponerse, limpiando sus lágrimas-. No le digas a nadie, pero las chicas están preparando tu habitación. Es una sorpresa, Carlisle no ha tenido el corazón para decirles que tú no irías con nosotros…
-De hecho, estaba pensando en conseguirme mi propio lugar – sonreí haciendo una mueca apenada, demasiado exagerada.
-Oh – el rostro de Esme se llenó de decepción.
-Vas a tener muchos niños con quienes lidiar, no me necesitas a mi ahí. Además, este verano cumpliré veintitrés, soy una adulta y se verá raro que la oficial de policía Platt aún viva con mami – le guiñé el ojo y ella me hizo un puchero.
-Pero tú eres mi princesa…
-Y siempre lo seré… solo que tendré… mi propio reino – traté lo más que pude no burlarme de ella, pero me fue imposible.
-No te burles de mi cariño, niña malcriada – me dio una palmada en el brazo, riéndose.
-Viviré en la Comuna Cullen hasta que consiga un lugar para mí, no te preocupes… Además, tal vez ni siquiera consiga algo barato y bonito que pueda pagar hasta dentro de un par de meses, por lo que viviré contigo en Seattle hasta que eso pase.
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Y así es como pase noche buena y navidad en la mansión con los Cullen, en mi super femenina y azucarada habitación, rosa, morado, amarillo y azul.
Solo le faltó diamantina y unicornios.
Mierda.
La casa que el doctor Cullen compró para que vivieran sus pequeños hijos adoptivos, era enorme. Blanca, con elegantes columnas y un pórtico alrededor. Estaba decorada para la temporada. Lucecitas doradas alrededor de las columnas y los balcones, una hermosa corona de nochebuenas en la ancha puerta principal. El jardín, la entrada principal a la propiedad también tenían adornos navideños de buen gusto y Emmett dijo que algunos los construyeron él y Jasper.
Por dentro, la casa era incluso más hermosa que por fuera y se veía el toque de Esme por doquier.
Colores claros, telas neutras, con toques dorados. Molduras que solo sus deditos pudieron diseñar y hacer el molde, maderas color miel y alfombras esponjosas como nubes.
Las decoraciones navideñas eran rojas y plateadas. Un árbol de navidad natural estaba a un lado de la escalera con bastones de caramelos como adornos, lucecitas y una hermosa estrella en la punta. En la chimenea estaban calcetas de navidad con los nombres de todos, incluyendo el mío y el de mamá.
Lo bueno era que tenían tres sirvientas que ayudaban a mantener todo limpio, porque pronto me di cuenta de que los niños Cullen no eran tan educados o quietecitos como quisieron lucir en Chicago.
-¿Y? ¿Qué te parece? – preguntaron Alice y Renesmee brincoteando a mi alrededor, cuando Rosalie quitó la venda de mis ojos.
-Oh… um… es… linda – logré balbucear.
POR FAVOR DIOS, NUNCA TE PIDO NADA. QUE ESTO SEA UNA BROMA.
-¡¿Verdad que si?! – gritó Renesmee y corrió hacia mi cama nueva y rebotó en ella, la enorme e innecesaria cantidad de cojines volaron hasta casi cubrirla.
Rosalie me tomó del brazo y articuló:
-Lo siento.
-Toma – Alice me entregó un par de tijeras plateadas con una enorme sonrisa.
-¿Para qué es esto? – esperaba que fueran para destrozar los holanes y volantes que tenían los cojines, el rodapié y las cortinas.
-Para que inaugures tu nuevo… ¡closet! – ella y Renesmee me mostraron un par de puertas dobles, como Will Smith presumió a su esposa en una alfombra roja.
-¿Mi qué?
-Ellas eligieron un nuevo guardarropa para ti, como regalo de navidad – explicó Bella arrastrando mis maletas dentro de la habitación y las colocó al pie de la cama.
-Puedes abrir el closet hasta mañana por la mañana. Abrimos nuestros regalos en la mañana en pijama y desayunamos en la sala – explicó Alice y Renesmee me entregó un onesie lila de unicornio.
Y ahí estaba lo que faltaba… Pero era lindo.
Maldición.
Después de cenar, los chicos me dieron el recorrido por la casa.
La enorme sala donde sería la boda, el comedor donde se serviría el bufet, la sala de estar que más bien era un centro de tareas, la sala de televisión que era una pequeña sala de cine, la impresionante cocina, el gimnasio.
Emmett fue el único que se molestó en mostrarme el gigantesco garaje. Al resto pareció no importarles mucho mostrármelo porque no tengo un auto, pues yo vendí a la agencia en Chicago y me dieron crédito para sacar otro aquí en Seattle.
-Esta preciosura es mi bebé – anunció Emmett con orgullo, mostrándome su Jeep Wrangler rojo, modificado para ser todo terreno, con luces en el techo, llantas que me llegaban a la cintura.
-Oh, wow… - era una monstruosidad enorme.
-¡Lo sé! Vamos a acampar en el verano, es increíble, tenemos una cabaña en el medio de la nada, cerca de Forks y visitamos la Reserva La Push. Te va a encantar – me codeó entusiasmado.
-Soy una chica, ¿por qué crees que me va a gustar acampar?
-Te he visto.
¿Ya sabía que era policía?
-Te ves… fuerte. Se ve que no temes ensuciarte las manos, a pesar de verte como te ves.
-¿De la edad de Renesmee?
-Sí. Incluso menor.
Renesmee tiene quince años, cumplirá dieciséis en septiembre, unos días antes que Bella. Emmett, Jasper y Rosalie están en último año y tienen dieciocho desde el otoño, se graduaran en el verano. Edward –con quien comparto cumpleaños- y Bella son de tercero y tienen diecisiete, Alice tiene dieciséis y Renesmee tiene quince, pero Alice avanzó un año y está junto con Edward y Bella en tercer año.
-Esta cosa fea es de Edward –se burló señalando un Volvo plateado-. Me da vergüenza decir que es mi hermano al verlo en un auto de mamá del soccer.
Me mordí el labio, tratando de que no me hirieran sus palabras… pues el auto que vendí era uno idéntico.
-Esta hermosura es de Alice y no me deja ni tocar la pintura. Checa esto – estiró el brazo a un Porshe Turbo Amarillo y en cuanto su dedo se posó en el techo del auto este comenzó a chillar y las luces se encendieron y apagaron una y otra vez.
-¡ES LA ALARMA MAS RUIDOSA DEL MUNDO! – le grité a Emmett, cubriendo mis propios oídos.
Él asintió recargándose en el auto con los brazos cruzados.
-¿QUE ESTAS HACIENDO? ¿QUE HACEN AQUÍ? – gritó Alice entrando al garaje apagando la alarma, mirándonos con los ojos muy abiertos.
-Cálmate, enana. Solo estoy mostrándole a nuestra nueva hermana lo paranoica que eres – tamborileó los dedos sobre el techo del auto amarillo, pero Alice apagó la alarma de inmediato.
-Me gané ese auto sacándome solo dieces desde que Carlisle me adoptó –señaló su auto enfadada con su hermano-. Es mío y solo mío. Hago trabajo de voluntariado, soy la presidenta de mi clase, me gané este auto. Así que si algo le pasa, me muero.
-Lo siento, yo fue la que toque el auto, no sabía – murmuré apenada. Emmett fue muy lindo conmigo al mostrarme el resto de la casa, cuando a los otros dos les aburrió seguir mostrándome algo que ellos conocían como la palma de su mano. Nada me costaba echarme la culpa.
-¡Oh! ¡¿Quieres que le demos una vuelta?! – la actitud de Alice cambió de inmediato.
-¡¿ESTAS JODIENDOME?! ¡¿Ni siquiera Jas se ha subido y vas a subir a Edythe?!
-Ella se ve limpia.
-¡Yo también me baño!
-¡Da igual!
Me aclaré la garganta, tratando de no lucir fascinada con la interacción entre hermanos.
-Gracias, tal vez otro día – intervine en la pelea.
-¡Iras conmigo en el regreso a clases! – Alice me abrazó antes de irse y yo abrí y cerré la boca como un pez.
¿Aún no sabían que no soy una de ellos?
Tendré que mostrarles mi licencia de conducir y mi acta de nacimiento… Pero después eso lo pueden utilizar para que les compre alcohol… así que primero me tendrán que ver con el uniforme.
-¿En que íbamos antes de que fuéramos interrumpidos por la grosera de Alice? ¡Ah sí! Esta moto la construyeron Bella y Jacob, Edward se infarta cada vez que la ve en ella – señaló una Harley Sprint roja.
-¿No le gustan las motos?
-Odia verla ponerse en peligros innecesarios… y porque Jacob le ayudó.
-Oh. ¿Y a ustedes o a Carlisle no les importa?
-¿Por qué? Es excelente en ella. Jake y yo le enseñamos bien.
-¿Quién es Jacob? – esperaba que no fuera otro hermanastro, escondido por ahí, del cual no sabíamos Esme y yo.
Emmett se echó a reír.
-Él tenía este enamoramiento ENORME con mi hermana –cuchicheó tratando de no reírse-, un crush que enserio daba pena y Bella como que le hizo creer que era correspondido y él era su perrito faldero… hasta que a Renesmee le crecieron las tetas este verano. Este Mercedes es el de papá –dejó de chismear como chica y siguió mostrándome los autos-, este BMW es el de Rose…
Ahogué un grito. Lo dijo como si nada, como si sus hermanas fueran intercambiables y a él y ni al mentado Jacob le importara. Al parecer solo a Edward.
Había otros dos autos, pero estaban cubiertos con grandes y gruesas lonas negras, no pregunté. Él no me mostró.
-Bueno chiquilla, esa fue toda la casa –posó su enorme brazo en mis hombros y me encaminó fuera del garaje y entramos al pasillo que lo unía con la cocina-, no es necesario que te muestre el jardín, se ve todo desde tu habitación.
-Gracias, Emmett.
-De nada. Ahora ve a dormir, porque Santa te está viendo y si estás despierta cuando él llegue, dejará carbón en tu calceta – me empujó hacia las escaleras.
-¿Santa? ¿En serio?
-¿Qué? ¿No me digas que eres de las que no creen en Santa? Santa es lo máximo, es gordito y bonachón y huele a galletas de canela – lo dijo con tanta convicción que por un momento creí que él si creía en Santa.
O estaba completamente chiflado.
-Ok, lo que digas – subí las escaleras hasta el tercer piso, en realidad era un ático y mamá lo convirtió en otro piso totalmente habitable.
En el sótano estaba la sala de cine y el gimnasio; en el primer piso estaba la cocina, el comedor, biblioteca de Carlisle, así como una habitación vacía que ahora sería la oficina de mamá.
En el segundo piso estaba la habitación de Carlisle que ahora compartiría con mama, Emmett y Jasper compartían una habitación, en otra estaban Rosalie y Alice, en otra Renesmee y Bella. Sus habitaciones eran enormes y estructuradas de la misma manera, una en cada esquina de la casa, con hermosas combinaciones exquisitas, con camas matrimoniales cada una, un closet grande para cada uno y baño con dos lavamanos, así como un escritorio para cada quien. La habitación de los chicos era de colores oscuros con una gran pantalla plana instalada en la pared. Las habitaciones de las chicas eran de colores claros y con una pantalla plana también y su escritorio a un lado de sus camas.
En el tercer piso Edward y yo teníamos habitaciones para nosotros solos y una habitación extra que era el cuarto de huéspedes. Edward tenía un estudio de grabación en su habitación y un enorme piano de cola negro en el primer piso, el tocaría en la boda.
Yo solía tocar el piano de pequeña, pero lo dejé cuando murió papá, era muy triste para mí y Esme escuchar música de piano, pues papá tocaba conmigo.
Renesmee me dijo que la pared trasera, la que daba al gran jardín, en primavera y verano florecía en una hermosa enredadera, pero en ese momento solo se veía tétrica.
Bueno, Edythe ya esta en Seattle, con la Comuna Cullen... Tengan cuidado, no todo lo que brilla es oro.
Fran Ktrin Black Fraaaaan! Hermosa! Gracias por darle una oportunidad a Beau y Edythe. Ellos vienen de Vida y Muerte, Crepúsculo con los roles invertidos y con FINAL COMPLETAMENTE DIFERENTE :D Te lo recomiendo :)
CCNH . Tributo - Runner No me gusta tanto dejarlo en Cliffhanger cuando hago historias cursis como esta, ademas aun no llegamos al meollo del asunto jejeje. Y ya las hice sufrir mucho a mis lectoras con Undisclosed Desires, preguntale a Aidee y a Fran jeje ¿Verdad chicas? Estuve revisando y a partir de ahora los capitulos que tengo escritos si son mas largos, asi que actualizare semana :D
AIDEE SANCHEZ SALGADO Tengo escrito hasta el capitulo 11, asi que a pesar de que seran un poquitin mas largos seguire actualizando cada semana. La boda ya esta escrita, el encuentro tambien :D Carolina Herrera ya me esta haciendo mi vestido :D jejejeje
KISSES AND LOVE!
