Sinopsis
Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.
A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.
Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.
Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.
Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.
Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.
Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.
Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.
Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.
Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.
¡Diablos!
CAPITULO 5
Me acosté en mi nueva cama después de una deliciosa ducha, con una de mis pijamas, no con la cosa que me dio Alice. No pude deshacer mis maletas con propiedad, pues no podía abrir el armario hasta la mañana siguiente, en verdad no tenía ganas de ver que había ahí pues temía que no me gustaran las prendas, así como no me gustó la decoración. Pero solo sería por unos meses y no usaría tan seguido la ropa, pues usaría mi nuevo uniforme en unos cuantos días.
Lo que si saqué de mi maleta, fue la caja triangular con vidrio, donde estaba la bandera que nos dieron al morir papá.
Es lo único que me queda de él. Ni siquiera tengo una tumba donde llorar por él, fue cremado, solo hay una placa con su nombre en un panteón Washington DC, pero su cuerpo no está ahí.
Coloqué la bandera sobre mi nuevo librero blanco y traté de distraerme acomodando mis libros y demás chucherías que fueron enviadas en cajas. No duré mucho. Mamá me enseñó a no ser acumuladora, si no lo he usado o puesto en más de un año, lo donamos.
Junto a la bandera puse mi portarretrato favorito. En la primera fotografía estamos mamá, papá y yo antes de que ella muriera. En la segunda estamos papá y yo junto al piano, y en la tercera somos Esme y yo con el letrero de Hollywood a nuestras espaldas en su cumpleaños pasado. Hicimos un viaje por California en las vacaciones de primavera. Acampamos en las montañas… si llamas acampar a hospedarte en un campamento de lujo con caminos espejados por los bosques y cabañas con tiñas de baño de mármol… Creo que se le llama Glamping o Aglampar. Glamour y campamentos. Fuimos a Napa a degustar vinos, las personas veían feo a mamá porque estaba dejando beber a una menor de edad, hasta que les mostraba mi licencia de conducir. Al final fuimos a Los Angeles e hicimos las mismas tonterías que el resto de los turistas. El tour por las casas de las estrellas de cine, el Paseo de las Estrellas, el letrero de Hollywood, Estudios Universal, el tour por la ciudad en el camioncito del TMZ. En esa ocasión no fuimos a Disney, ese fue mi regalo de cumpleaños dieciséis.
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A mitad de la noche sentí a alguien entrar a mi habitación, me desperté de inmediato y encendí la luz de noche, solo para ver a mamá caminar hacia mí, de puntitas.
-Hola.
-¡Hola! – saludé somnolienta, cuando se sentó a mi lado en la cama.
Casi no nos vimos durante el día por instalarnos y conocer a la familia y el lugar. Son demasiados niños y acaparan demasiado espacio físico y mental.
Llegamos a Seattle por la mañana, nuestra casa fue vendida con todo y muebles por una cantidad exorbitante, solo enviamos unas cuantas cajas por correo.
No fue difícil mudarnos, pues en esa casa no vivió papá, solo nosotras, pero cuando vivíamos en DC si fue difícil, fue la casa donde crecí, donde vivió papá, donde Esme se convirtió en mi madre.
Casi no pienso en mi madre biológica, con el tiempo, inevitablemente, sus recuerdos se fueron desvaneciendo de mi memoria. Papá me hablaba de ella y cuando él se fue Esme trató de hacer lo mismo, pero veía que tan doloroso era para mí. Perdí a mis dos padres, y ella se esforzó en ser ambos para mí, que nada me faltara.
-Hoy no tuvimos ni un momento para nosotras – susurró tomándome de la mano.
-¡Lo sé! Son demasiados niños… Pero todos han sido muy amables.
-Sí, son muy buenos chicos. ¿Se portaron bien contigo?
-Sí. Sin embargo, temo por tu seguridad mental. ¿Cómo le harás para criar a tanto chiquillo travieso? Alice tiene un auto increíble… bueno, todos lo tienen… pero ella es súper cuidadosa y Emmett lo toco soló para mostrarme lo paranoica que es Alice con el auto. Pero lo entiendo, es un Porshe Turbo…
-¿El amarillo?
-¡Sí! Tienen autos demasiado costosos para su edad. ¿Quién son estas personas? ¡¿Las Kardashian?!
Esme soltó a reír.
-Lo sé, no están en nuestra liga y no sé cómo es que terminamos aquí… Pero… - se encogió de hombros con una sonrisa encantadora.
-Ay Esme Platt, quien te viera, enamorada como una adolescente de un doctor ricachón con siete niños.
-Es tan lindo. A pesar de que yo decoré la casa e hice la remodelación del tercer piso, Carlisle me dijo que puedo cambiar lo que yo quiera.
-¡Cambia mi habitación! – grité en un susurro.
-¡Oh! ¿En serio? – frunció el ceño mirando a nuestro alrededor.
-Por supuesto, sé que solo estaré aquí máximo un par de meses, pero por piedad… ¿rosa, morado, verde, lila, amarillo…? ¡Son colores pasteles y no chillones, pero no tengo cinco! ¡Y me dieron una pijama de unicornio! ¡Soy una maldita policía!
-Veré que puedo hacer sin que se den cuenta. Alice y Renesmee estaban tan entusiasmadas…
-Yo digo que lo hicieron como broma, ver que tanto tardan en quebrarme me crucé de brazos.
-No para nada, son buenas chicas.
-Al menos Rosalie me dio su simpatía.
-Ella es muy callada, ¿verdad?
Asentí con tristeza, sabia porque era callada, era retraída por todo lo que su padre le hizo. Pero noté que ella y Emmett eran cercanos, a pesar de cómo se ve él. Grande e intimidante. Tal vez se siente segura a su lado.
-Descansa, mi hermosa princesa. Duerme para que Santa no te encuentre despierta – susurró mamá, dándome un beso en la frente.
-¡Tú también con lo de Santa!
-¿No viste la hermosura del árbol y las botas tan lindas con todos nuestros nombres?
-Sí, fue un lindo detalle.
-Ahora somos de su familia – caminó hacia la puerta.
-Hasta mañana, mamá. Feliz Navidad.
-Feliz navidad, mi niña.
.
-¡DESPIERTA CHIQUILLA, ES NAVIDAD! ¡SANTA VINO ANOCHE! – Emmett tocó a mi puerta de manera estruendosa y yo me sobresalté en mi cama.
Ya estaba despierta, con el celular en la mano, acechando a celebridades en Instagram –la única cosa para que lo uso-, viendo sus extravagantes festividades y los regalos que estaban desenvolviendo.
Un caballo blanco para una cantante pop.
Un anillo de compromiso para otra.
Un cachorro para una actriz.
Una jodida mansión para la madre de un rapero.
Unas increíbles vacaciones en el caribe de una pareja de actores.
Me salí de la aplicación y me levanté de la cama, me puse el bendito unicornio lila y bajé a la sala, donde todos ya me esperaban… con onesies de diferentes animales y personajes.
Mamá era Minnie y Carlisle era Mikey.
Bella era una ovejita, Edward era un león, Emmett era Stich, Rosalie era un panda, Alice Pigglet y Jasper Pooh, Renesmee un pingüino.
Y yo, el jodido unicornio, que era muy suavecito y calientito.
Todos estaban en la sala, desayunando de un bufet de huevos, panqueques, waffles, tocino, pan francés, crepas, fruta, café, chocolate caliente, té, jugo de naranja.
Bajo el árbol, me sorprendió la poca cantidad de regalos que había para las personas que éramos. Tal vez todos ya habían abierto los suyos, pero no vi envolturas en ningún lugar.
-¡Edythe! – Renesmee se levantó de su asiento al mismo tiempo que mamá, pero mamá me abrazó primero.
-Feliz navidad – dijimos al mismo tiempo abrazándonos.
-Feliz navidad, chicos – dije sentándome en el suelo alfombrado, junto a Renesmee y ella puso la capucha sobre mi cabello atado en un moño alto.
-¡No se ve tu cuernito! – hizo un puchero.
Todos llevaban las capuchas de sus onesies.
Comencé a servirme huevos, tocino y un par de tostadas francesas cuando Alice chilló:
-¡YA QUIERO ABRIR LOS REGALOS!
-Aun no terminamos de desayunar, cariño – la reprendió Carlisle.
-¡Pero ya quiero ver sus caras!
-Alice – masculló Bella. A pesar de solo ser un año mayor, Alice la obedeció como si se lo hubiera dicho su madre.
Todos hablaron sobre la boda, los invitados, como decorarían la casa los próximos días.
Mamá y yo solo nos mirábamos a través de la habitación, con una gran sonrisa, después de tanto tiempo solas, ella enfocada en su carrera y yo en mis estudios, sin familia y casi sin amigos… por fin estábamos rodeadas de personas que nos acogieron en su hogar con los brazos abiertos.
Pero esas personas aún me daban mala espina.
Sé que tienen algo, esconden algo…
Cuando terminamos de desayunar –sorprendentemente nos terminamos todo-, era hora de abrir los regalos.
Rosalie me entregó una caja grande envuelta en papel plateado como el resto de los regalos, solo los moños cambiaban de color. En la nota decía que era de parte de Emmett y ella.
Rasgué el hermoso papel y encontré una caja naranja, en su interior tenia papel de seda y bajo esas capas una bolsa de terciopelo y dentro de ella una preciosa bolsa tipo mochila color chocolate, de piel de cocodrilo. Olía a… caro.
-¿QUE CARAJOS? – estaba horrorizada, emocionada…
¡Estaba tan mal que me gustara esa bolso extravagante!
-Lenguaje, princesa – me reprendió Esme, mientras Emmett y Jasper se partían de la risa.
-¿Te gusta? – preguntó Rosalie con ojos brillantes.
-Es… muy cara – ¡Y DE COCODRILO!
-¿Pero te gusta?
-Si… es… wow.
Vi el sello en la tapa de la caja naranja y vi… HERMÈS.
-¡SANTA MIERDA! – me reí nerviosamente, temía estropear el regalo, nunca tuve algo así de caro.
Todos se rieron, menos mama. Ellos entendieron mi agradecimiento.
Me limpie nerviosamente las manos en mi pijama y volvi a tomar el bolso para inspeccionarlo por dentro, venia incluida la cartera.
Emmett y Rosalie se sonrieron y él puso la mano en alto para que ella le diera los cinco.
-¡Turno de Esme! – Edward le entregó otra caja plateada, era un regalo de parte de él y de Bella.
Cuando la abrió, saco una caja café con letras doradas que decían Coach y paso por el mismo procedimiento que yo: capas y capas de papel de seda y bolsas de terciopelo. Encontró un hermoso maletín color champaña, también de cuero, pero con una pequeña placa metálica que decía el nombre de mamá: Esme Platt-Cullen.
Mamá jamás volvería a usar su nombre de soltera, tomo el Platt de papá para siempre y eso estaba bien con Carlisle, al parecer.
-Oh, chicos. ¡Es hermoso! – abrazó el maletín contra su pecho. Llorando.
Nos dieron un par de cajas de parte de Alice y Jasper y era un iPhone para cada una y un IPad para mí y una Mac para mamá.
Ese si que era un regalo normal. Nada extravagante como una funda de piel de cocodrilo o incrustaciones de Swarovski.
Ya tenían integrados sus números, aplicaciones y juegos que no sabía ni que eran. El fondo de pantalla de mi teléfono era la puerta principal de la casa con la corona de nochebuenas.
La siguiente caja fue de Renesmee.
-Sé que pasaron de la ciudad de los vientos, a la ciudad de las lluvias, así que espero que esto les sea de gran utilidad.
A mí me entrego una caja y a mamá dos.
Esperé a que mamá abriera el suyo primero.
Mamá ahogó un grito al sacar una hermosa gabardina Burberry, se puso de pie de inmediato y trató de ponérsela pero no pudo por su ridícula pijama de Minnie.
-¡Es tan hermosa! Siempre quise una – habló acariciando la tela de manera extraña… como si estuviera tratando de seducir la prenda.
Contrólate mama, tienes a Carlisle enseguida.
-Me alegra que te haya gustado Esme, pero aun no abres la otra – dijo Renesmee con grandes ojos emocionados.
Mamá la obedeció y encontró una sombrilla de gruesas rayas chocolate y beige.
-¡Oh, Renesmee! Muchísimas gracias – besó las mejillas sonrojadas de la chica a mi lado.
-¡Ahora, abre el tuyo! – me animó Renesmee.
Esperaba que no fuera otra cosa fea como la habitación. Le agradecía el detalle, pero…
-¡WOW! – exclamé al sacar la chaqueta de cuero color caramelo quemado, más hermosa del mundo. Con capucha. Era una chaqueta de motorista… una muy estilizada y lujosa.
El cuero era suavecito, y me protegería de la lluvia y el frio… Como Esme, también intenté ponérmela, pero el estúpido unicornio no me dejó.
-Gracias, Renesmee… -le di un abrazo rápido, pero ella tardó en soltarme. Alguien tuvo que quitármela de encima, para que yo pudiera respirar-. Gracias a todos… -sus regalos caros solo para nosotras, nunca me lo esperé, pese que habría regalos para todos. Mamá y yo nos íbamos a morir de la vergüenza-. Pero… un… me temo que no tenemos regalos para ustedes…
¿Por qué no se me ocurrió que teníamos que comprarles algo? Y mamá nunca mencionó nada.
-¿Estas bromeando? Es su bienvenida a la familia… Además, tenemos todo lo que necesitamos y lo que queremos. Este año es para consentirlas a ustedes -dijo Carlisle y el resto de los chicos asintieron con grandes ojos brillantes.
Carlisle se puso de pie, se acercó a la chimenea y procedió a entregarnos la calceta con nuestro nombre, a mí y a Esme.
Dentro venían dos cajitas, en la cajita blanca venia un juego de llaves de la casa en un llavero dorado con una E, en la cajita negra encontré una llave…
La llave de un auto.
-¿Qué es esto, cielo? – preguntó Esme y él la tomó de las manos y la puso de pie con cuidado.
-Quiero que estén cómodas en nuestro hogar, sé que hicieron un gran sacrificio al dejar todo por nosotros –el doctor me miró significativamente-. Vamos al garaje.
Renesmee me tomó de la mano y brincoteó detrás de su padre y Esme llevándome por el mismo camino.
En serio, alguien debe de decirle a esa niña que soy casi diez años mayor que ella. Pero al verla sonreírme emocionada, no tuve el corazón para decirle yo misma. Y porque mi cara era casi un reflejo de la suya. Debo de comenzar a fumar y beber diario para envejecer, me veo casi de su edad y cuando trato de verme mayor usando mucho maquillaje, solo me hace parecer como una niña prostituta que quieren vender en un prostíbulo tailandés.
Esme ahogó un grito al ver su auto nuevo, una camioneta plateada; ella también vendió su auto en Chicago.
-Es una Bentley. Tiene mucho espacio para que subas materiales, pero también es el carruaje que se merece mi amada reina – dijo Carlisle abriendo la puerta del piloto para que mamá subiera.
-¡Oh, Carlisle! Esto es demasiado – dijo apenada, sentándose tras el volante, pero en sus ojos pude ver que amó su auto. Ella se merecía todos los lujos del mundo e incluso más.
-Tonterías – dijo el doctor con cariño y rodeó el auto para subirse a su lado y mostrarle el interior.
-¡Tu turno! – grito Alice y Jasper quitó la lona negra del que sería mi auto.
-Audi R8 v10… – Emmett comenzó a darme una cátedra del auto, mientras yo salía de mi cuerpo al ver el deportivo de lujo frente a mi.
Era hermoso, convertible, azul marino y ya me imaginaba en el en el verano en los días de sol, con mi cabello flotando en el aire, con lentes de sol y la música a todo volumen. Como las chicas de mi preparatoria llegaban a la escuela y las odiaba… porque secretamente las envidiaba.
Era un auto hermoso, en verdad, lo era, pero no podía llegar a mi trabajo todos los días en ese auto.
-¡Vamos, sube! – Edward me empujó hacia el auto, donde Emmett me esperaba con la puerta abierta para mí.
Caí en el suave asiento de cuero color crema, el olor a auto nuevo me envolvió dejándome anonadada. Acaricié el volante y la palanca de cambios.
Era demasiado para ser verdad. Los Cullen vivían con demasiado lujo y escondían algo. Lo sabía.
-Tendré el primer paseo, ¿verdad? – Renesmee me miró con ojitos de borrego, abriendo la puerta del pasajero.
-Um… claro.
-¡Genial! ¡Vamos! – se subió a mi lado y se puso el cinturón.
-¡¿Ahora?! – pregunté alarmada.
-¡Sí!
-Pero… no quiero que la gente me vea en esto – señalé mi cuerno de unicornio.
-Que importa, solo le daremos la vuelta a la cuadra.
Bueno… una vuelta a la cuadra no le haría daño a nadie.
Sonreí, me puse el cinturón y encendí el auto, este ronroneó de manera espectacular.
Casi me hago pipí de la emoción.
Yo, en un auto de cuarto de millón de dólares, era nada más y nada menos que mi regalo de navidad. Mi Volvo en Chicago era un 2008 como el de Edward, el que le avergüenza a Emmett y ahora voy a conducir esto… Aunque sea por unos días antes de regresarlo.
-Tienes que guiarme, porque no conozco mis alrededores – dije, mientras ella apretaba el pequeño control de la puerta del garaje y lo acomodo en la visera del auto.
-¡Por supuesto!
-¿Lista? – sonreí.
-¡SI! ¡AAAAAAAAH!
Gritó asustada cuando pisé el acelerador y salimos disparadas hacia el camino de entrada y pronto estuvimos en la carretera, con casas pasando como borrones a nuestros costados.
-Da vuelta aquí! – chilló Renesmee asustada y la obedecí.
Sonreí al sentir lo suave que corría el auto y decidí darle a Renesmee Masen el paseo de su vida.
AIDEE SANCHEZ SALGADO Si, Edward y Edythe tienen sus similitudes, tal vez Beau y Bella tambien, no se. Aun no llego ahi :D Ah y ya le encargué a Donatella tu vestido, no te preocupes :D
-Runner Lo del alcohol lo saque de mi experiencia propia. En cuanto cumpli los 18 y obtuve mi INE antes IFE, mi primo y sus amigos me pedian que les comprara cigarros y alcohol jeje Me encantaria leer tus teorias, enviame un PM :D
Sorry por la tardanza, las ultimas dos semanas no he tenido ganas de nada, ni de leer, ni de escribir y mucho menos publicar, STUCKY me ha sacado poco a poco de mi depresión estacional.
Kisses and Love.
Vicky.
