Sinopsis

Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.

A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.

Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.

Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.

Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.

Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.

Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.

Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.

Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.

Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.

¡Diablos!


CAPÍTULO 9

Me separé de Beau.

Tenía nauseas.

Quería vomitar.

-Lo siento. Yo creí que…

No lo dejé terminar, lo atraje a mí por el cabello y lo besé. Su cabello se sentía incluso mejor de lo que imaginé y de lo que sé que veía.

¡MARIPOSAS!

Siento mariposas por un chico que solo sé que se llama Beau y quiero hacerle cosas malas. Ahora.

Enredé mis dedos en su cabello y él me movió a su regazo, con un pequeño gruñido que hizo que mi centro se apretara.

Sus labios y lengua sabían dulces, como si antes de que me asustara en la oscuridad hubiera estado comiendo caramelos. El olor de su aftershave o su loción o lo que fuera… me envolvió en una neblina que me dejó aún más caliente y suspiré cuando bajó sus labios a mi cuello y con sus dientes pellizcó la sensible piel debajo de mi oído.

¿Wow, en serio vamos a hacer esto aquí? ¿Ahora?

Cobarde.

-Necesitamos detenernos – susurré, alejando mis labios de los suyos y lentamente me bajé de su regazo para regresar a mi lugar.

No conocía a Beau, ¿qué estaba haciendo besando a un desconocido en la boda de mamá?

-Lo siento es que… -susurró apenado-. No quiero que pienses que soy así, un chico que va besando y follando a cualquier chica que ve… pero eso es lo que quiero hacer – susurró tomando mi cara en su mano enguatada, hasta posarla en mi nuca y me besó de nuevo, esta vez mordió mi labio inferior.

Gemí en su boca y lo atraje hacia mi cuerpo, acomodándonos en el columpio de manera que estuviera sobre mí en una posición rara e incómoda, pero era mejor que nada. Su mano encontró la abertura de mi vestido hasta mi muslo y su mano acaricio mi piel desnuda.

Espera, ¿qué dijo?

Si claro, viéndose como se ve, lo más seguro es que cada fin de semana tenga a una chica diferente en la cama, pero eso no me importaba, quería follarlo en ese instante. O al menos besarlo hasta el olvido.

-¿Edythe? – escuché a mamá llamándome a lo lejos.

-Maldición. Es mamá – susurré viendo a mi alrededor, temiendo de que estuviera más cerca de lo que estaba.

Nos levantamos, sentándonos de nuevo. Sentí mis labios hinchados y mi corazón palpitar de manera aterradora.

-Ve – dijo Beau.

-Voy a sonar desesperada y patética, pero no quiero dejarte – dije volviéndolo a besar, casi subiéndome de nuevo a su regazo y jugando con su cabello.

-Estaré en la biblioteca de Carlisle, ve – dijo con la respiración agitada, como la mía.

Le robé un beso y me dirigí a la puerta, pero regresé sobre mis pasos y le lancé su abrigo.

-Gracias.

Entré a la casa con el corazón a toda marcha y la ropa interior casi goteando; me miré sobre la superficie cromada del tostador. Al menos el maquillaje que me puso Renesmee era de buena calidad, no se corrió con mis lágrimas ni con los besos de Beau. Pero tenía las mejillas encendidas y la piel alrededor de mis labios algo maltratada por su barba.

Tomé una copa de champaña de las charolas preparadas en la cocina y la tomé de un solo trago. Al dejar la copa en la encimera, sonreí como una estúpida.

Besuquearme con Beau –un desconocido-, es lo más emocionante y sexy que he hecho en mi vida.

Encontré a mamá en la sala, preguntándole a Renesmee si me había visto.

-¡Oh, ahí estas! ¿Dónde te metiste? – cuestionó Esme, mirándome como si no me conociera.

-Te vi ocupada y… necesitaba aire, es demasiada gente.

Renesmee me miró y se marchó sin decirme nada.

-¿Lloraste? – Esme me miró realmente.

-No – traté de alejarme, pero ella me tomó de la mano.

-No me mientas…

-Bien, sí. Me descuidé un momento y los chicos ocuparon mi lugar sin pensarlo. Estaban tomándose fotos como si fueran una gran familia, sin preguntarse: ¿oye donde está Edythe? Mira la hora que es y apenas te acordaste de mí. Ya pasó la media noche, ya te entregué, ya no tengo por qué estar aquí – casi nunca le hable a Esme como una mocosa insolente, pero estaba herida y caliente.

Aparte de ignorarme, me vagibloqueó –¿o penebloqueó?- con Beau.

-Edythe – Esme dijo mi nombre con ese tono que tienen las mamás, es inconfundible.

Es el que con una sola palabra te dice: te callas, te comportas, hablaremos de esto después.

-Esme, me duele la cabeza.

-¿Por qué me hablas así? – preguntó triste.

-¿Así como? – mascullé, fastidiada.

-¡Así!

-¡Por eso! –señalé a los niños Cullen con el mentón-. Te dije que algo no me gustaba de los Cullen y mira que pasó, te convertiste en su madre y se olvidaron de mí, me hicieron a un lado y aun no llevabas ni una hora de ser su madre.

Me alejé para no llorar frente a todos.

-Mañana me voy de viaje, ¿te vas a quedar enojada conmigo?

Su voz, pequeña y triste, me hizo más daño que las miradas de los Cullen. Herirla era lo menos que quería.

-No es contigo, es con ellos – susurré girando de nuevo. Ella encajaba con los Cullen. Yo no. No con mis brazos y piernas marcadas y tonificadas, cara de niña, mayor de edad, policía encubierta. Ellos sacados de las revistas de moda o de cualquier cuadro antiguo con personas hermosas, delicadas.

Malvadas.

Los miré sobre el hombro de mamá.

Emmett, Jasper y Renesmee se cuchicheaban viendo en mi dirección.

Me iba a quedar con esas personas durante una semana. Yo sola. Sin conocerlos, pretender que era su hermana, ir a la preparatoria con ellos.

-Que te diviertas en el viaje. Te quiero – la abracé con fuerza y me marché a mi habitación antes de ponerme a llorar frente a ellos.

No les daría esa satisfacción.

Tomé una bolsa de viaje con la vista borrosa por las lágrimas. Tal vez estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua, pero ella era lo único que me quedaba. Se supone que debo de hacer mi propia vida, tengo un trabajo, debo de cortar el cordón umbilical, pero no puedo.

Esme es mi todo… Y ahora yo no era nada.

Esperaba estar equivocada, esperaba que solo fueran pequeños niños perdidos que estaban desesperados por una madre, niños perdidos esperando una guía, una luz en la oscuridad de sus días. Esperaba que solo fuera imaginación mía el que me quisieran hacer a un lado.

Pero aun así, no me podía quedar con ellos, no sin Esme en la casa.

Metí ropa, mi celular, mi cargador, ropa, dinero, mi neceser. Tomé mi arma y mi placa aun dentro de la cajita con candado, que escondí debajo de mi cama y la metí al fondo de la pequeña maleta. Me cambié del vestido que me hizo Alice y me puse ropa calientita y abrigadora, nada de lo que ellas me regalaron. Me quité las horquillas y solté mi cabello, con un suspiro masajeé mi cuero cabelludo. En verdad me dolía la cabeza… y el corazón.

Tomé las llaves del auto y bajé las escaleras haciendo una lista mental: salir de la casa, buscar un hotel barato y lindo, llorar sobre una pizza y helado, ver Netflix por una semana, esperar a que Esme regresara de viaje…

Cuando iba a llegar al primer piso, recordé a Beau.

Mierda, mierda, mierda.

Suspiré con pesar y bajé el resto de las escaleras, le diría que me diera su número y nos veríamos otro día.

Pasé totalmente desapercibida con los invitados ya ebrios, que seguían celebrando el nuevo año. Los niños Cullen no se veían por ningún lugar.

Toqué a la puerta cuando la perilla no dio vuelta, se abrió unos centímetros y el ojo azul de Beau me miró. Abrió la puerta con una gran sonrisa, para que entrara. No lo iba a hacer pero escuché risas y voces acercándose.

Su sonrisa fue como un golpe en mi abdomen. Las náuseas regresaron.

-Hola. Escucha, dame tu teléfono, tengo que irm… - estampó sus labios en los míos.

Él sabía realmente bien. No tenía idea de que un chico podría saber así de bien, a caramelo de fresa. Su lengua hizo un remolino alrededor de la mía y me estampó contra la puerta y pude sentir su dureza a través de su pantalón negro.

Era como si no nos hubiéramos separado cuando Esme me habló.

-¿A dónde vas? – preguntó sin aliento desenredando mi bufanda.

-Fuera de aquí.

-¿Por qué? – sus ojos azules me miraron muy serios.

-Sé que los Cullen son tus amigos y eso… pero no me puedo quedar aquí.

-¿Te frikea que estén juntos?

-Um… - ¿él lo sabía?

Vio la duda en mis ojos y dejó de desvestirme.

-Vamos. Sé por dónde ir sin que nadie te vea.

-Tengo mi auto en el garaje – dije tentando los bolsillos de mi abrigo, encontrando las llaves.

Una adición a mi lista: tal vez follar a Beau en un callejón cercano.

Ese chico en verdad era guapo, demasiado lindo para su propio bien. Quien quiera que le dijera que se vistiera con camisa, corbata y traje negro… se merecía el Nobel.

Beau tomó su abrigo y su bufanda de una silla frente al escritorio de Carlisle y me sonrió.

-Incluso mejor – me dio un último y rápido beso antes de salir de la biblioteca, mirando en cada esquina, escabulléndonos por los pasillos.

Beau me llevó de la biblioteca hasta la cocina sin que nadie nos viera, salimos por el pasillo hacia el garaje y se detuvo a medio paso cuando me vio abrir la puerta de mi llamativo auto.

-¿Eso es lo que conduces?

-Por desgracia, sí. Es como un préstamo.

-Wow – tragó saliva y puso mi maleta en el portaequipaje.

-¿Te vas a quedar en la fiesta?

-De hecho te iba a pedir que me dieras un aventón –dijo bajando la mirada, pateando ligeramente la llanta trasera de mi auto-, papá aún no se quiere ir, él y Billy ya se pusieron a fumar puros con Carlisle.

-¿Quién es Billy?

-Tú lo conoces como el alcalde.

-Oh. Sube – le señalé la puerta del copiloto y él caminó despacio alrededor del auto y subió como si tuviera miedo de estropear algo.

Abrí la puerta del garaje mientras nos poníamos los cinturones y encendí el auto. Lo vi ajustar el asiento hacia atrás, para darle espacio a sus largas piernas, piernas en las que quería sentarme y rebotar hasta el olvido.

¡Concéntrate, zorra!

Salimos de la propiedad como un bólido. Miré de reojo a Beau y él apretaba las manos alrededor de su cinturón.

-¿Estás bien? – se veía algo pálido.

-Vas demasiado rápido.

-Aw, el Bebé Beau tiene miedo de un poco de velocidad. Pobechito.

-No te burles o te daré unas nalgadas.

-No prometa cosas que no va a cumplir, Profesor Beau.

Se rió nerviosamente.

-En realidad eso no es lo mío.

-¿Entonces qué es lo tuyo? Y no me has dicho a donde ir, no conozco la ciudad, solo estoy conduciendo en círculos.

-¡Oh! Er… Derecho por esta calle.

Nos quedamos callados unos minutos y en un semáforo en rojo se aclaró la garganta.

-Lo mío es… Realmente no lo sé, no tengo mucha… Oh Dios, esto es lo peor que le puedes decir a la chica con la que quieres quedar bien – se cubrió el rostro con las manos,

-¿Qué?

-Solo me he acostado con una chica. McKayla. Fui con ella al baile de graduación, me quitó la florecita y lo presumió a todo el mundo después.

Apreté los labios tratando de no reírme. No de su horrible situación, ¿quién rayos se cree esa chica estúpida…? Sino de su tono afligido y cara de cachorrito.

-Si te sirve de consuelo perdí la virginidad con un chico del club de teatro… era gay, pero quería saber que se sentía hacerlo con una chica. Yo quería saber cuál era todo el alboroto, no tenía amigos o prospectos de cita, así que… ¿por qué no?

Me encogí de hombros.

Beau me miró, dándose cuenta que la historia de cómo perdí mi virginidad era peor que la suya.

-Da vuelta a la izquierda en el siguiente semáforo y todo derecho de nuevo por la avenida.

-Ok – conduje en silencio un par de minutos, hasta que Beau habló.

-Me gustaría llevarte a una cita… Hay un restaurante italiano a la vuelta de mi casa… podría, no sé… - me gustaba como hablaba atropelladamente, nervioso.

Sonreí.

-Me gustaría.

-Genial – se mordió el labio evitando que viera su sonrisa.

El edificio donde me detuve para dejar a Beau, era un lindo complejo de apartamentos, de seis pisos, los primeros dos eran color ladrillo, los siguientes color hueso y el ultimo gris. La fachada era bonita, con árboles y paradas de autobuses. Era un buen barrio, cerca del centro, muy iluminado. Me gustaría vivir ahí si tuviera presupuesto.

No quería, pero tendría que renunciar a mi asignación encubierta, trabajar en lo que sé, sacar un pellizquito del dinero que me dejó papá y rentar un apartamento, pero necesitaba saber que le pasó a esa chica, la sobrina del alcalde.

-Listo, sano y salvo – apagué el auto y giré a ver a Beau.

Él me sonrió y yo a él y ahí estaban las mariposas otra vez y sin pensarlo mi boca ya estaba en la suya.

¿A qué hora me quité el cinturón de seguridad?

-¿Por qué sabes a caramelo? ¡Me encanta! – mascullé mordiendo su labio.

-Tengo hipoglucemia – confesó enredando una mano en mi cabello, profundizando escandalosamente el beso.

-¿Qué? – me alejé de él.

-Mi azúcar baja y como caramelos, cuando no puedo comer a mis horas… Los dulces ayudan – dijo removiéndose incómodamente en su asiento, lamentando haberme dicho de su enfermedad.

-¡Oh!

-¿No te disgusta? – casi hizo un puchero, pero en sus grandes ojos azules pude ver un pequeño destello de esperanza.

-¿Que tengas que comer caramelos y sepas delicioso? – la glucosa baja no me disgustaba. ¿En qué pensaba ese chico?

-¿Es un no?

-No, no me disgusta – lo volví a atacar con mi boca, sedienta, hambrienta más de ese sabor, pero sobretodo de su distracción.

-¿Quieres entrar? – preguntó con sus grandes ojos azules, esperanzados, con sus manos aun en mi cabello y las mías en su pecho, sintiendo los desbocados latidos de su corazón.

-Me da miedo dejar el auto en la calle – los papeles estaban a mi nombre y tenía seguro, pero aun así. Era un auto de un cuarto de millón, no podía dejarlo así nada más, estacionado en la calle, por muy bonito que fuera el vecindario.

-Puedes entrar con mi clave, dejé mi auto en casa de papá y él me llevó a la boda... Por qué sabía que yo no iría por mi propia cuenta, a pesar de que Carlisle es como mi tío… Ese edificio naranja de tres pisos es el estacionamiento – señaló por el parabrisas.

Amaba la manera en que se movían sus labios al hablar, pasando de vez en cuando su lujuriosa lengua por ellos, dejándolos brillantes y aún más rosados.

-Me gustaría entrar, pero apenas si te conozco – me alejé de él y pegué mi espalda a la puerta.

¡Después de que lo ataqué como si él fuera una pobre oveja y yo un león, le digo que apenas si lo conozco!

Solo me he acostado con dos chicos, en el último año de preparatoria y en el último año de universidad. Nunca fui de las que se acostaban con un extraño que conocieron en un bar e hicieron la caminata de la vergüenza al día siguiente por el campus.

Beau sería el primero.

-Lo sé – dijo tocando el puente de su nariz como si fuera a subir un par de gafas y después miró su mano y frunció el ceño-. Yo no hago esto tampoco. Con mi enfermedad y unas cosas raras en mi cabeza… no es que haya una larga fila de chicas esperando por mí.

-Tal vez sí. Tal vez este es tu número, ser lindo y caballeroso, lucir tímido y recatado, así atraes a las chicas a tu guarida, con tus grandes ojos azules y labios besables… Las follas hasta hacerles puré el cerebro y las abandonas como trapos usados una vez que todo acabo.

No me estoy quejando, quiero ser la siguiente.

-¡No! – me miró tan horrorizado, como si lo acabara de acusar de desollar cachorritos.

Lo miré por un minuto entero.

-Nunca me había gustado alguien así, suena estúpido. No todos los chicos somos así, ¿sabes? Y menos yo. Soy torpe, soy raro, tengo ansiedad y ataques de pánico, TOC… No soy el partido ideal y debería de callarme, porque en realidad quiero que subas… - suspiró cerrando los ojos, avergonzado.

-Ok, te creo.

Lo que fuera que me llevara directo a su cama.

No es que creyera en el ciegamente, pero era taaaan lindo y quería acostarme con él. ¿Eso no tenía nada de malo o sí? Que una chica quiera tener sexo solo por tenerlo…

Encendí el auto y avancé hasta el edificio naranja de tres pisos que señaló e introduje el código que Beau me dijo, en el pequeño tablero que abría la puerta del garaje.

-Oh la-la. Cuanto lujo – dije al entrar al estacionamiento y subir al segundo piso. Me sentí más segura de dejar el auto en ese lugar, estaba muy, muy iluminado y había autos caros estacionados en cada caja numerada.

-Lo dice la chica con el auto deportivo de cuarto de millón.

-Es una especie de préstamo. Te lo dije.

-También mi apartamento, Carlisle me lo renta a una cantidad estúpidamente ridícula. Jamás podría pagar un lugar como este. Cada edificio tiene un pequeño restaurante, gimnasio y sauna, lavandería de monedas y una lavandería con personal para la ropa cara de los inquilinos. Tenemos piscina en el patio donde los vecinos hacen parrilladas en el verano. Ahora la piscina tiene el agua calientita. Y el último solo hay penthouses. Es como un hotel de lujo con suites.

¿Oh, este era el edificio del que me habló Carlisle? Wow. Entonces de aquí sacaba más dinero para los niños Cullen, porque todos ellos eran muy derrochadores.

De una manera u otra Beau me hubiera dado nauseas. Ya que lo conociera como hoy en la boda, o cuando visitara a los Cullen o siendo vecinos, porque le aceptaría el apartamento que me ofreció Carlisle en un segundo y más ahora que sé que es un lugar seguro.

Como que me agradaba la idea de que lo hubiera conocido de igual manera, pero como lo conocí fue mejor, porque hoy vamos a darle duro contra el muro.

¡Yei!


Little Perverts! Rompieron su propio record! SIETE COMENTARIOS EN EL CAPITULO ANTERIOR!

AlejandraDeBiebs Yo tambien solia verme mas joven de lo que era, antes era joven y bella y ahora tengo ojeras... buaaaahh! Cuida de la piel bajo tus ojos desde ahora, a los 30 me lo agradeceras! jejejeje

AIDEE SANCHEZ SALGADO OMG seis años ya?! Voy a llorar. Es lo mas bonito que me han dicho! Espero actualizar cada semana y solo por hoy, te dare un spoiler... Empieza con L y termina en EMON!

Fran Ktrin Black Mi Francita Bella! Si todo suena muy lindo y excitante en teoria y siempre y cuando no sean familia de sangre, como los Cullen (aqui, en crepusculo y en vida y muerte) y con Ness y Jacob en Bad Romance, pero ya cuando es de sangre y en la vida real... IUK!

CCNH . Tributo - Runner Oh my gaaaaah! Amé tu comentario! Me hizo muy feliz y si tus vecinos te molestan por gritar como una fangirl shipeadora de OTP diles que se busquen una OTP y se pongan a shipear como fangirls!

Ladyvani Hay que esperar un poco para ver si podemos o no confiar en la Comuna Cullen!

Vero Hola pequeña, no tengas miedo, mi pequeño fandom: las Little Perverts son un lugar seguro. No tengas miedo de salir de tu zona de confort. Me alegra mucho que hayas salido y animado a dejar un lindo comentario. Muchísimas gracias.

Guest Oh! Muchisimas gracias! Pero a la otra escribe tu nombre preciosa! O precioso!

BESSOS!

Ahora, a esperar sus tomatazos!