Sinopsis
Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.
A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.
Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.
Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.
Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.
Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.
Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.
Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.
Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.
Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.
¡Diablos!
CAPÍTULO 11
-Beau – mascullé más dormida que despierta.
-Shh, está bien. Solo soy yo – susurró en mi oído, su mano se deslizó bajo los pantalones de pijama que me prestó y mi vientre se contrajo.
-Lo sé… ¿qué haces?
-Necesito estar dentro de ti.
-Estoy durmiendo – refunfuñé pegando más mi trasero a su erección.
-Seré bueno, lo prometo – susurró y me mordió el lóbulo.
Un escalofrió me recorrió y mi ropa interior se humedeció.
-¿Esto es por mí? – preguntó cuándo su dedo se hundió en mí y al sacarlo lo llevó directo a mi clítoris.
-Si – respondí jadeante, mientras su dedo seguía girando en el pequeño nudo de nervios, encendiéndome de pies a cabeza.
-Veré que puedo hacer con esto.
En la oscuridad me desvistió con lentitud. Dejando pequeños besitos en mi piel desnuda. Sus labios se unieron a los míos y dejé que me sedujera con su lengua talentosa.
Esta vez era un beso diferente, no como los anteriores llenos de pasión y urgencia. Este era lento, suave, hecho para encenderme lentamente. Entró a mí despacio, con cuidado, abrazándome, besándome.
Fue lento, dulce. El típico misionero, nada extravagante y atlético de la noche anterior.
Voy a necesitar clases de yoga para ser flexible. Y yo que pensé que estaba en forma.
.
Beau me convenció de quedarme otro día. Hizo esta cosa rara con sus ojos, ojitos de cachorro y un adorable puchero con sus labios sonrosados.
-Anda, quédate otro día. Será divertido –sus ojos azules me miraron grandes y esperanzados y sus labios me tentaban demasiado.
-Está bien – accedí después de otros cuantos minutos de sus suplicas, pero porque quería follarlo de nuevo.
Y de nuevo y de nuevo.
Antes de desayunar sacó un par de tapetes de yoga y comenzó a darme mi primera clase, con música relajante, incienso y toda la cosa.
-Quiero que tu primera clase sea la mejor de las clases de yoga.
-Ya va a ser la mejor de las clases de yoga con el maestro que tengo – repliqué al verlo en sus pantalones de yoga… y nada más.
Si fuera otra persona, me burlaría sin piedad o diría que es la cosa más asquerosa del mundo ver a un chico en pantalones de yoga, pero era Beau y eran pantalones negros, nada de Lululemon, Goop o Fabletics.
Y estaba desnudo de la cintura para arriba y debajo de sus pantaloncitos apretados, también.
Quiero morder sus nalgas.
Tenía un muy bonito par de nalgas pequeñas y apretadas, perfectas para que les hincara el diente.
-Um… -se sonrojó con la mirada hambrienta que le di-. Primero respira. Inhala, exhala. Cierra los ojos, relájate. Estira los hombros hacia atrás, no te encorves. Perfecto… Respiras mal, ¿lo sabias?
-¿Qué? – abrí los ojos y lo vi frente a mi frunciendo el ceño tras sus gafas de montura gruesa.
-Respiras mal. De hecho todos lo hacen.
-Pero… ¿Que mierda? Respirar es lo más básico de la naturaleza, es… instintivo, ¿cómo es que respiro mal?
La siguiente media hora aprendí a respirar, modos de respiración, relajación y los que hace Beau cuando le dan ataques de pánico y de ansiedad.
La siguiente media hora fue mi primera clase oficial de yoga.
-Iniciaremos con lo más básico, tus músculos van a doler muy leve, es lo normal. Si te duele el cuello o la cabeza, es que es muy intenso y hay que bajarle un poco. Esto es lento y constante. Muchas personas se frustran con el yoga, porque piensan que van a perder peso de inmediato o estarán tonificados en una semana. Claro que no. Por eso muchos terminan en Urgencias cuando van al Hot Yoga, ¿es su primera clase de yoga y con vapor? Por supuesto que van a terminar mal.
-Cierto – ternura, cree que un poco de dolor me va a asustar. He hecho ejercicio casi toda mi vida.
-Comencemos.
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Mi pie derecho estaba apoyado en el suelo, mientras sostenía mi pierna izquierda contra mi pecho, rodeándola con mis brazos. Eran más estiramientos que yoga en sí, respirando, escuchando la música y la respiración de Beau a mi lado haciendo la misma postura. Luciendo como una estatua, mientras yo trataba de mantener el equilibrio.
Abrí mi ojo derecho y lo miré. Lucia tan… en paz. Los músculos de su pecho, de sus brazos, de su espalda... parecían esculpidos en mármol. Abrí ambos ojos y sin perder mi postura precaria, lo miré abiertamente. La manera en que los ajustados pantalones de lycra negra se aferraban a sus caderas estrechas, marcando apeteciblemente su pene y sus bolas sin ropa interior que disimulara cada contorno.
Mi coño estaba adolorido por nuestra sesión nocturna que duró hasta el amanecer, pero ya ansiaba tenerlo dentro de nuevo.
-Concéntrate – susurró sin abrir los ojos y sus dedos ligeramente tocaron mi codo y fue suficiente para hacerme perder el equilibrio y hacerme caer de nalgas en mi tapete prestado.
Me solté una carcajada y él también. Me ofreció su mano y dejé que me levantara. Sin esfuerzo me levantó hasta llevarme a sus brazos y enredé mis piernas en su cintura. Sus manos, ni tardas ni perezosas, se posaron en mi trasero y me pegó más hacia él.
-¿Qué voy a hacer contigo? – preguntó viéndome a los ojos y tragué saliva.
Él era tan guapo, tan… perfecto. Sus labios con esa pequeña curva, su mentón fuerte, su mandíbula cuadrada, la barba de días, sus ojos azules, sus pómulos, sus expresivos ojos azules, su espeso cabello castaño.
Pero no solo eran sus rasgos físicos, sino la manera en que me miraba, la manera en que me sonreía…
Me miraba como si… fuera algo importante para él, me sonreía como si lo hiciera feliz.
Suspiré.
Alguien tan perfecto debería tener un defecto. Como la Comuna Cullen. Eran niños hermosos, aparentaban ser buenos y darme la bienvenida a la familia, solo para atrapar a mamá y dejarme fuera. Y eso sin contar el incesto. Puaj.
Pero por muchas ganas de vomitar que Beau me diera, no es que fuera a tener una relación o algo serio con él. Era algo así como primo de los Cullen y se suponía que yo sería una adolescente en unos días. Solo estaría con Beau hasta que regresara Esme… Tal vez podría verlo para follar de vez en cuando.
Lo más seguro es que pronto se conseguiría una novia, una maestra linda y bonita, que siempre le sonriera a sus alumnos y recibiera con una gran sonrisa genuina los regalos de sus pequeños estudiantes. Beau suspiraría por ella cada mañana y se saludarían en la sala de maestros, platicarían sobre su día, sus alumnos, platicarían sobre música o películas, libros… Beau tiene muchos libros, él le hablaría de su favorito y se lo prestaría a ella y pronto estarían saliendo y yo solo seré la chica con la que pasó año nuevo y que se acostó con él a cambio de refugio. Nadie en su sano juicio dejaría ir a Beau y mucho menos esa maestra linda y perfecta de mi imaginación.
¿Por qué ese pensamiento duele tanto?
¿Por qué duele imaginarlo con otra, si apenas lo conozco?
Solo es sexo y un techo sobre mi cabeza mientras regresa Esme y yo continuo con la farsa… A decir verdad, esta ni siquiera ha empezado.
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Fuimos a comer a una cafetería pequeña, yo quería zamparme una hamburguesa; Beau sugirió que fuéramos a otro lugar, pero yo no quería ir al restaurante que mencionó la noche en que nos conocimos.
Esa sería una cita.
Pero nuestra tarde en la cafetería se parecía demasiado a una.
Caballerosamente me quitó el abrigo y lo acomodó junto al suyo en su asiento. Conseguimos una cabina en un rinconcito de asientos verde menta y mesa verde musgo. Demasiado verde, si me preguntas. Era un lugar pequeño y acogedor.
Una mesera simpática que al parecer ya conocía a Beau, nos entregó el menú y ambos ordenamos hamburguesas y Dr Pepper.
-¿Mencionaste que viviste en Phoenix? ¿Vivías ahí con tu familia? – pregunté jugueteando con el salero y pimentero.
-Si… Yo… -suspiró-. Es una historia complicada. Mamá… mamá quedó embarazada de papá cuando se emborracharon. Solo eran amigos. Mamá era… algo alocada en su juventud. Aún lo es –sonrió y sus ojos se derritieron por completo ante el recuerdo de su madre. Las náuseas regresaron-. No creo que ella supiera quien era mi padre, hasta que él la vio conmigo en brazos un año después. Papá hizo las cuentas al preguntarle cuantos meses tenía yo. Supo que era suyo.
-Oh – sí que era complicado. Nada de chico conoce chica, se enamoran, se casan, compran una casa y tienen un bebé, como mi historia, pero la mía se complica cuando cumplí cuatro años.
-Si… Mamá me registró con su apellido y no el de papá, porque no sabía de quien era yo. Papá no tenía ninguna obligación, pero le daba dinero y me visitaba cada fin de semana. Mamá le gusta mudarse mucho, es una nómada, pero siempre regresábamos a Seattle. Cuando estaba en la preparatoria por fin nos establecimos en Phoenix, pero ella conoció a un hombre y se casaron. Phil, así se llama. Él es bueno, pero… me mudé con papá a Seattle para que ella tuviera un matrimonio estable, no quería interferir, era la primera vez que la veía feliz y… establecida. Era su primer matrimonio, era cosa seria. Tuvo muchos novios y nos mudamos con unos cuantos, pero con ninguno se casó, excepto con Phil y hasta la fecha siguen juntos, lo cual es todo un acontecimiento –sonrió con cariño-. Entré a la universidad en Arizona para estar cerca de ella, es decir, es mi madre y la extrañaba, pero no viví con ella, sino en los dormitorios… Después regresé a Seattle a hacer mi maestría, conseguí trabajo aquí y viví con papá, él estaba pasando por un mal momento, uno de sus mejores amigos murió en un tiroteo… también era de la policía.
Beau guardó silencio y sus ojos se volvieron muy brillantes. Estaba conteniendo el llanto. Mi corazón se convirtió en una pasita al verlo así.
-Me mudé de nuevo a Phoenix hace tres, casi cuatro años, cuando le diagnosticaron cáncer a mamá.
-Lo lamento tanto, Beau – estiré mi mano sobre la mesa, él la tomó con amabas y comenzó a trazar las venas de mi muñeca, tratando de distraerse.
Vi el dolor en sus expresivos ojos azules.
Beau asintió y guardó silencio un momento.
-La primavera pasada le dieron de alta –dijo con voz queda, pero trató de sonreír-. Está libre de cáncer, tiene a Phil y yo me regresé a Seattle, papá era ahora el que me necesitaba, de nuevo –suspiró y sus hombros se relajaron. Como si hubiera estado sosteniendo el peso del mundo en ellos-. No mentí, nunca he tenido una novia, solo he salido de vez en cuando, pero nunca se quedaron lo suficiente, había mucho drama en mi vida…
¡Estúpidas! ¿Que no vieron que Beau las necesitaba? Aunque no fuera novias, necesitaba amigos, alguien en quien apoyarse.
-¿Y tú? ¿Cuál es tu historia? – parpadeó, eliminando la tristeza de sus ojos y me sonrió… Y quise vomitar.
La tristeza se lavó de su hermoso rostro y me sentí encandilada cuando me sonrió. Sus rasgos se veían suaves, sus grandes ojos miraron los míos, esperando a que me abriera a él como lo hizo conmigo.
-Soy huérfana – balbuceé tratando de concentrarme en algo más que el pequeño hoyuelo en su mentón.
Dios, juro que voy a morder ese mentón la siguiente vez que me esté martillando contra el colchón. Tal vez sea un punto sensible y lo haga correrse. Eso sería divertido de averiguar.
Beau me miró con la boca abierta y tristeza grabada en todo rostro.
¿Por qué me mira así?
¡Ah, sí! ¡Mis padres muertos!
¿Ya soy tan insensible a ese tema que mejor me pongo a fantasear con Beau que ponerme triste?
Me aclaré la garganta.
-Mamá murió cuando tenía cuatro, papá se casó de nuevo cuando tenía ocho. Papá murió cuando tenía doce.
-¡Por Dios! – Beau seguía viéndome horrorizado y apretó aún más mis manos entre la suyas.
-Pero mi madrastra me adoptó. Me quedé con ella y no quedé perdida en el sistema.
-Me alegro. Bueno, no me alegro de que tus padres murieran, sino que… tuvieras a tu madrastra… A menos de que ella fuera como Evil Queen – balbuceó nervioso, llevándose una mano a al puente de su nariz, solo para darse cuenta de que se puso lentes de contacto antes de que saliéramos.
Me reí de él.
-No, ella es la mejor. La adoro –fruncí el ceño y recordé que Esme me envió un mensaje por la mañana y lo ignoré-. Estará en la ciudad en unos días.
Nuestra comida llegó y cuando me soltó extrañe el calor de su mano sobre la mía.
No hablamos por unos momentos, nos dedicamos a comer como si no lo hubiéramos hecho en días, a pesar de haber tenido un desayuno tardío.
-¿Qué quieres hacer mañana? – me preguntó mientras hundía una papa francesa en una pequeña piscina de cátsup en su plato.
-No sé. Tal vez buscar donde quedarme en lo que regresa mamá a la ciudad.
-Hablaba más sobre, a donde quieres ir. Al cine, al restaurante italiano que te dije y que rechazaste hoy…
-¿Podemos ir a un bar? Necesito un trago – en verdad lo necesitaba.
-Hay un pub en el centro que te va a gustar, mi amiga Julia es la dueña. Podemos comer ahí también, las alitas de pollo de mango con habanero son su especialidad.
-Suena peligroso. ¡Hay que ir! – el oficial Hernández, mi pareja en Chicago, digo que tuviera cuidado con lo que comía ahora que era una novata y cuidara mis horarios de comida, que siempre fuera constante y me alimentara bien, o en un par de años tendría una ulcera del tamaño de mi pulgar.
No creo que alitas de mango con habanero estuviera dentro de la comida saludable.
Pero aun no entraba a trabajar.
Mierda, volver a la escuela preparatoria. ¿Por qué acepté ese trabajo?
-¿Podemos ir por mi auto a la casa de papá? – preguntó Beau cuando salimos de comer y tentativamente me tomó de la mano.
Era la primera vez que caminaba con un chico tomada de la mano.
Controla tus mariposas de mierda, no le vomites a hamburguesa encima.
-¡Claro! ¿Pero… donde pondré mi auto?
-Podemos usar un lugar de los apartamentos vacíos, el manager del edificio sabe que mi tío es Carlisle. Solo le avisaremos que tomaremos uno y ya.
Era raro que se refiriera a Carlisle como su tío… Ahora soy hijastra de Carlisle… ¿Eso significa que oficialmente soy parte de la Comuna Cullen? Tengo sexo con un familiar que en realidad no lo es, pero sin ser tan espeluznante como los chicos. A Beau lo conocí apenas unos días y ellos se conocen de años.
Eso no me hace incestuosa, solo una zorra.
-¿Seguro no habrá problema? – pregunté caminando de vuelta hacia el complejo de apartamentos.
No habíamos llevado mi auto, no era seguro que consiguiera un lugar para estacionarlo justo afuera de la cafetería y el lugar solo estaba a unas cuatro calles.
-Sí. No te preocupes.
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El padre de Beau vivía cerca de los Cullen.
¡MALDICIÓN!
Esperaba que no me vieran si pasaban por ahí, o que decidieran visitar a sus primos o algo así.
-Detente aquí – dijo Beau, señalando una pared de hiedra, que rodeaba una de las grandes casas, pero no tan grandes como la casa de los Cullen.
-¿Aquí?
-Si papa está en la casa o si mi madrastra me ve bajar de este auto, querrán saber quién es, quién me trajo, por qué, cómo nos conocimos y harán que te diga que bajes a saludar y si no quieres ellos vendrán a ti.
-Oh. Aquí te espero entonces.
Beau se acercó y me besó.
-A menos de que quieras conocerlos – me dio una mirada tímida y avergonzada.
-No, creo que no. Gracias.
Esto iba demasiado rápido, sin agregarle conocer a los padres.
-Enseguida regreso. Trataré de entrar y salir sin que me vean, pero con mi auto lo más probable es que lo hagan de igual manera. Mantén el auto en marcha y cuando me veas salir, adelántate y nos vemos en el apartamento.
Salió rápidamente de mi auto y casi corrió a la casa de su padre.
Tamborileé mis dedos enguantados en el volante, esperándolo y salté del susto cuando algo parecido a un disparo sonó. Miré alerta a mí alrededor, cuando vi una vieja troca Chevy salir de la casa a la que se metió Beau.
Era roja, enorme y vieja.
¿Ese era el auto de Beau?
¿Esa trampa mortal?
¡Dios santo!
Seguí la troca roja y no me fui difícil alcanzarla y emparejarme a ella.
Beau me sonrió tras el volante de esa monstruosidad que pertenecía a un museo y me mostró el pulgar. Pero de alguna manera se veía bien en ese auto.
Me adelante a él en el siguiente cruce y cuando llegué al edificio de apartamentos, tuve que esperarlo casi media hora.
Esa cosa era lenta. Pero me hizo imaginar cosas, como conducir en ella en el verano con las ventanas abajo, encontrar un lugar escondido entre las montañas que rodean a Seattle, poner una manta en la parte trasera y ver el cielo después de hacerlo como conejos.
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-¿Que música te gusta? – preguntó Beau sentándose junto a mí en su sofá.
-De toda, en mi playlist tengo desde el Rat Pack hasta Bieber, pasando por los Beatles, Rolling Stone, Bee Gees, Michael Jackson, Prince, David Bovie, Bon Jovi, Madonna, Backstreet Boys y N'Sync, Britney, Black Eyed Peas, 30 Seconds To Mars, Muse, Avenged Sevenfold, Bruno Mars, Katy, Gaga, Beyonce, Red Riding Hood… Pero ahora estoy como que un poco obsesionada con Years & Years.
-Creo que conozco a todos esos, menos a los últimos.
Posé mi mano en mi pecho, fingiendo conmoción.
-Bueno, es de esperarse, ya eres un señor. Eres un adulto mayor con maestrías y…
-¡¿Cómo te atreves?! – apuñaló mi costado con su dedo índice y yo grité, alejándome.
-¡No! ¡Me haces cosquillas! – ¡¿PARA QUE DIJE ESO?!
La siguiente media hora me persiguió por el apartamento, tratando, logrando y en ocasiones fallando atraparme para torturarme haciéndome cosquillas.
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Por supuesto que en el pub me pidieron mi identificación y aun así no me creyeron del todo que era mayor de edad. Beau dijo que eso no pasaría si su amiga Julia estuviera en el lugar, pero ella estaba de vacaciones.
La alitas de mango y habanero hicieron que me quisiera arrancar la cara con mis propias uñas. No podía dejar de llorar y querer retorcerme en el suelo agonizando.
Beau se rió de mí, mientras terminaba de comer la orden de alitas y yo tomaba mi pinta de cerveza en un solo trago, con la esperanza de que mi lengua dejara de arder.
No funcionó.
He comido comida mexicana y comida india picante, pero nada como esta cosa salida directamente del infierno.
-¡Te odio tanto en este momento, Beaufort Dywer! – siseé con la respiración agitada y temblando.
-No es cierto, me amas –masculló con la boca llena-. Come esto – me pasó un pequeño Butterfinger que sacó del abrigo en su regazo y yo lo miré.
-¿Para qué?
-¡Cómelo!
Abrí el paquetito amarillo y mordí el chocolate.
¡Fue como magia! El ardor y las ganas de arrancarme la cara desaparecieron casi de inmediato.
-¡Wow!
-¡Te lo dije!
-¿Como…? – metí el resto del chocolate en mi boca y lo mastiqué como si mi vida dependiera de ello. Y tal vez lo hacía.
-La grasa cancela lo picante. El pH algo, algo… La capsaicina tiene cualidades grasosas que no se disuelven en el agua… No sé… Algo así, no entendí mucho cuando me lo explicaron, porque estaba rodando en el piso, queriéndome arrancar la lengua. Come chocolate, come pan, mantequilla de maní o toma leche cuando comas algo muy picante y te quieras sacar los ojos.
-¿Y cómo sabes eso?
-Mi comida favorita es la mexicana, la auténtica de México, no la chicanada que venden aquí en el país, como Taco Bell o en Chiplotle.
-¿Que es chiconada…?
-Es un término despectivo que usan los mexicanos para referirse a algo mexicano que ha sido mezclado con lo norteamericano. Algo mal hecho, hecho a la carrera.
-¿Y tú como sabes tanto? – no creía que eso viniera en sus libros, o tal vez sí.
-La mejor amiga de mi mamá es mexicana y tiene un restaurante en Phoenix, fui mesero cada vez que viví ahí.
-¡Genial!
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-Háblame sobre tu ansiedad y tus ataques de pánico – susurré esa noche, en la oscuridad, con la vista en las pequeñas estrellas que brillaban en su techo.
Estábamos acostados, acurrucados, nuestras extremidades desnudas y enredadas en el otro.
-La ansiedad la he tenido desde que estaba en la secundaria y los ataques de pánico… cuando diagnosticaron a mamá. Estaba estudiando mi doctorado y… tuve que dejarlo, casi fui internado…
-Oh, Beau – lo apreté más contra mí y él encontró un lugar en mi cuello y hundió la nariz en mi piel.
-Pensé que la perdería, Edythe – susurró con voz ahogada.
-Lo lamento tanto, como quisiera haber estado ahí para ti, lo digo de verdad – sabía más que de sobra, lo que se sentía al perder a un padre y tener a alguien en quien refugiarte.
Perdí a ambos y tal vez estaba a punto de perder a Esme.
-¿Has hablado con alguien de esto? Yo fui a terapia. Ella era genial.
-Sí. Tengo a mi terapeuta de cabecera.
-¿Y te ha ayudado?
-No sé, yo digo que no, pero mamá y papá dicen que estoy muy bien. Que me ven como antes… Pero ellos no viven en mi cabeza. Ellos no saben lo que pienso. Mi TOC se disparó como loco en esa época. No sabía cómo lidiar con la enfermedad de mamá, las quimioterapias, la posibilidad de que… podía perderla.
Sus brazos me apretaron contra él de manera dolorosa.
Pero no me quejé, no me moví. Solo me dediqué a acariciar su brazo y hundir mi mano en su espeso cabello castaño.
-Incluso pensé… cuando a ella le dieron de alta… pensé en internarme por un tiempo, por voluntad propia, no porque los doctores lo ordenaran… pero papá dijo que no habría posibilidad de que diera clases en ninguna escuela si en mi historial médico decía que estuve internado en una clínica psiquiátrica.
-¿Pero eso te hubiera ayudado, no?
-No sé… yo solo sé que ese ya no era yo. Pero papá habló con Carlisle y él me consiguió a mi nuevo terapeuta y me dio el apartamento… Yo no quería vivir aquí de gratis, así que le pago lo que puedo, espero poder pagarle más con este nuevo trabajo que iniciaré pronto.
-¿Hay algo que yo pueda hacer para ayudarte, algún disparador que tenga que evitar?
-No. Yo solo… respiro, así como te enseñé. Me concentro en algo, envuelvo mi mente alrededor de ello y continúo respirando profundamente.
-Si hay algo que pueda hacer, no dudes en decírmelo.
-Bueno, hay algo – se movió lentamente, hasta estar completamente sobre mí y entre mis piernas.
-Déjame adivinar…
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-¿Por qué tu apartamento no tiene decoraciones navideñas? – le pregunté a Beau antes de dormirme, el amanecer estaba iluminando el lugar.
No habíamos dormido en toda la noche.
-¿Para qué? Solo estoy yo. Pero si quieres mañana salimos y compramos, para estas fechas ya están en rebaja – masculló con los ojos cerrados y una pequeña sonrisa.
-No, así está bien. Solo preguntaba.
Me acurruqué en su pecho y dormimos hasta el mediodía.
HELLO! It's me! Your Mother Pervert!
Remember me?
Please say you do...
Jejeje Lo sé, lo sé, no es el mejor capitulo con el cual hacer un gran regreso, pero cualquier ship necesita construcción, no? No se puede shipear algo sin tener una base... ademas quiero que amen a Beau. Es una cosa hermosa y sepsy.
Para las que esperan a los Cullen, tengan paciencia, cuando aparezcan aparecerán, así como Beau...
Bien, ya dejaré de parlotear.
Las amo y espero actualizar mas seguido.
KISSES AND LOVE!
PD: nos vamos a bailar el próximo cap! Practiquen sus mejores pasitos...
