Sinopsis

Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.

A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.

Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.

Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.

Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.

Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.

Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.

Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.

Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.

Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.

¡Diablos!


CAPÍTULO 12

La siguiente noche no fuimos al pub, fuimos a un night club a bailar.

Beau no quería, insistió en que se caería con solo intentar dar un paso.

-No es necesario que bailes, solo quédate a mi lado y te usaré de poste, como si fuera una stripper.

Eso lo animó a ir. La idea de que me restregara contra él, le era muy atractiva.

No llevaba en mi maleta ropa para salir a un night club, pero Beau me prestó una de sus camisetas interiores negras, le hice un nudo al costado y estaba lista, usando mis jeans y mis botines. Era invierno y no se vería raro que llevara jeans en lugar de una falda o shorts.

Además, contadas ocasiones he ido de fiesta a un night club porque no tenía una larga fila de amigos invitándome a salir con ellos y Beau era algo así como el primer amigo de verdad que tenía, aparte de Esme.

Beau me prestó unas cadenas suyas que usaba en su época emo, cuando me quejé de no tener accesorios, sacó una caja y dijo: tal vez algo de ahí te sirva. Pensé que serían accesorios de chica, que su lista de ligues de una noche dejaron olvidados. Él solía vestirse de negro, con cinturón de remaches, tenis Converse, muñequeras de cuero y placas de identidad del ejército. Básicamente Beau se vestía de Hot Topic hace diez años y era súper fanático de My Chemical Romance, Evanescence, Panic! At The Disco y demás grupos emo.

Me mostró fotografías de el en la universidad, con sus amigos en Arizona y vestidos de emos.

No fue una decisión inteligente, admitió, cuando me reí.

Pero se veía lindo, con toda esa tela negra, contrastado contra su piel pálida y sus ojos azules resaltaban más con los ojos delineados sutilmente. Se veía sexy, si soy honesta. Sería un vampiro muy lindo.

Dios, hace diez años él tenía diecinueve y yo doce…

Beau no me ha preguntado mi edad, supongo que para él estuvo bien que solo fuera mayor de edad… Al menos él me ve mayor de edad… No es que me importe la diferencia de edad, pero si te pones a pensar la edad que teníamos hace diez años, es para dar escalofríos.

Yo apenas estaba lidiando con la muerte de papá, los primeros días de mi periodo y aprendiendo a depilarme las piernas… cuando él ya estaba en la universidad.

Pero ahora que soy mayor de edad, eso no es un problema.

Me miré en el espejo de su baño dándole los últimos toques a mi maquillaje como me estaba enseñando Renesmee en uno de sus tutoriales y lo miré a él arreglando su cabello, a mi lado.

Ambos estábamos arreglándonos al mismo tiempo, para salir a bailar. Se sintió demasiado… familiar, domestico. Como si fuera algo que llevamos haciendo por años, como si fuéramos una pareja viviendo juntos… Porque eso es lo que habíamos estado haciendo estos días juntos, vivir juntos como una pareja joven.

Me dieron náuseas y no de las lindas con mariposas, sino ganas de vomitar porque esta familiaridad, este sentimiento de paz se iba a terminar en un par de días.

¡Incluso ya hasta había lavado mi ropa en la lavandería de monedas!

Decidí dejar de pensar en eso y de mi bolso saqué mi identificación, mi tarjeta de crédito y mi placa, los metí en el bolsillo trasero de mis jeans, junto a mi celular.

-¡El Uber ya llegó! – dijo Beau saliendo del baño y metiendo su celular en el mismo bolsillo que yo de sus jeans.

Me ayudó a ponerme mi abrigo, apagamos las luces, cerró la puerta del apartamento y tomados de la mano entramos al ascensor.

Demasiado doméstico y familiar.

Era demasiado bueno para ser verdad.

No todo lo que brilla es oro.

Lo sé.

.

La línea para entrar al Red Rose era increíblemente larga.

-Esta fue una mala idea – dijo Beau, ayudándome a salir del Uber, al otro lado de la calle.

-Déjamelo a mí, dame diez segundos de ventaja – había visto eso en las películas, esperaba que funcionara y no me dejara en ridículo.

Miré a ambos lados de la calle antes de cruzar y cuando caminé por la calle saqué mi placa, me dirigí hacia el gorila de la puerta y con toda la confianza que pude reunir se la mostré.

-Adelante – quitó la cadena de terciopelo negro.

-Gracias, vengo con mi compañero – miré a mi alrededor guardando mi placa en abrigo y Beau aún seguía al otro lado de la calle.

El cruzó corriendo, esquivando un auto de puro milagro y casi me da un infarto.

Esperaba que no fuera despedida por usar mi placa para entrar a un club, pero Beau dijo que era el mejor y que siempre había una enorme fila para entrar, pero los policías podían entrar y salir cuando quisieran. Me pareció extraño pero era cierto. Prometo que es la última vez que usaré mi influencia para beneficiarme.

Entramos a bar más cotizado de la ciudad y Beau me sonrió enormemente, diciendo que mi belleza inigualable fue lo que hizo que el portero nos dejara entrar. Puse los ojos en blanco.

Beau dijo que su amiga Julia siempre lo había invitado a venir varias veces, pero él nunca se fue de fiesta con ella.

-¡En serio, eres tan hermosa! – dijo Beau caminando junto a mí, una vez que la puerta principal se cerró tras nosotros.

-¡No es cierto! – dije con una sonrisa y caminamos hacia el guardarropa.

Nos quitamos nuestros abrigos y los dejamos con una chica vestida de negro con corbata roja y nos entregó un plástico cuadrado rojo con un 25 dorado.

-A los dueños del club los trataron de asesinar en Olympia hace poco más de un mes – dijo Beau antes de entrar al club y la música estallara en nuestros oídos.

Lo miré con la boca abierta.

El club estaba lleno, las luces de colores danzaban sobre las cabezas de las personas en la pista de baile y las personas en la barra. Las pequeñas mesas alrededor de la pista estaban ocupadas, al igual que el área VIP excepto una al centro, donde descansaba un gran arreglo de rosas rojas con un par de velitas pequeñas, encendidas.

Tal vez era una sorpresa para alguien que tenía la mesa reservada.

-Julia me contó que tienen las rosas y las dos velas por los dueños… Papá me dijo que les dispararon afuera de un hospital, ¡tuvieron suerte! – gritó Beau en mi oído, mientras bajábamos unas pequeñas escaleras.

-Oh por Dios. ¿Estaban metidos con los carteles? – ¿por qué el lugar seguía abierto?

-No, ese es el por qué. La mafia Rusa quería trabajar con ellos, meter droga aquí en el club y ellos se negaron. Incluso trataron de quemar el lugar, pero ellos no cedieron a las intimidaciones y pagaron con sus vidas… casi.

Eso era nuevo. Usualmente las personas son corruptas y más los dueños de clubs nocturnos, pero a estos por ser buenos casi los matan.

-Julia dice que hay un club de sexo en el sótano del lugar – me dijo Beau al oído, cuando nos acercamos a la barra.

Esa mentada Julia ya me está hartando.

Julia esto.

Julia lo otro.

¡Arg!

Celosa.

Pedimos tequila. Un shot para cada uno. Lo bebimos de un trago y Beau me besó inmediatamente después, hizo de nuevo un remolino con su lengua alrededor de la mía y no supe que fue lo que me dejo mareada, si el tequila o su deliciosa lengua. Su mano estaba fuertemente aferrada a mi nuca, obligándome a continuar besándolo… ¡como si quisiera dejar de hacerlo!

-Si piden una bebida de frambuesa corre por cuenta de la casa – nos dijo la chica de la barra cuando pedimos otro shot.

-¿Eso por qué? – cuestioné inclinando la cabeza hacia un lado. ¿Eso era común en los clubs?

-En honor a la Reina – nos dijo como si fuéramos un par de niños.

-¿Que reina?

La chica me miró con los ojos muy abiertos.

-Julia me dijo, que así le dice el dueño a su prometida – respondió Beau y yo puse los ojos en blanco.

Julia blablablá.

-Vamos a bailar – tomé a Beau de la mano y caminé hacia la abarrotada pista, era hora de restregarme contra él.

Beau casi no se movía, veía a nuestro alrededor sin saber qué hacer con sus pies, sus manos. Yo no era la gran bailarina, pero Esme y yo solíamos bailar todo el tiempo.

Miré a mí alrededor, a las parejas que parecían tener sexo con ropa en la pista, al ritmo de la hipnótica música.

-Pon tus manos en mis caderas – lo instruí poniéndolas en mi yo misma.

Beau me miró asustado.

-Velos a ellos, ¿que parece que están haciendo?

Él miró a la pareja a su izquierda y sus ojos azules casi se salen de sus orbitas.

-Parece que…

-Se parece a lo que hicimos anoche, ¿verdad?

Beau asintió y yo moví mi cuerpo contra el suyo de la manera que me muevo debajo de él en su cama. El aire huyó de sus pulmones.

Sus manos se enterraron casi dolorosamente en mis caderas, tratando de seguir mis movimientos y pronto estábamos restregándonos como el resto de los bailarines al ritmo de la música de moda, con las luces casi cegándonos.

Su boca buscó el pulso en mi cuello y su lengua salió para probar mi piel perlada en sudor.

-Necesito estar dentro de ti – dijo en mi oído, moviendo su muslo entre los míos, su mano en mi nuca y la otra en mi trasero.

-Beau… – si seguíamos bailando así… digamos que si fuera chico pasaría una gran vergüenza.

Mi respiración estaba agitada, mi piel estaba perlada en sudor, mis panties húmedas y mi clítoris palpitando al ritmo del bajo.

-Vámonos – me tomó de la mano y nos sacó del lugar. Recuperamos nuestros abrigos y salimos casi corriendo del Red Rose.

-¿A dónde vamos?

-A casa – masculló antes de girar y besarme como si su vida dependiera de ello.

Un taxi se detuvo para dejar a un par de fiesteros y Beau me ayudó a entrar al auto cuando sus ocupantes anteriores aun ni terminaban de salir en su totalidad.

Le dimos la dirección del apartamento de Beau y el resto del camino a casa nos besamos y manoseamos sobre la ropa.

-Nada de sexo en mi auto, jóvenes – masculló el taxista molesto.

-Lo siento – respondí tratando de alejar a Beau, pero él siguió besándome.

-Le daré el doble – masculló besando mi cuello y sus manos bajo mi blusa.

Apenas si logramos cerrar la puerta del apartamento, cuando ya estábamos desnudándonos y haciéndolo sobre la barra de la cocina.

.

-¿Cómo murió tu madre? – preguntó Beau por la mañana en el desayuno.

Me quedé en blanco, la pregunta vino de la nada. Hicimos nuestra pequeña rutina de yoga antes del desayuno. No habíamos estado hablando de ningún tema relacionado a ello. Pero él me contó sobre sus padres, supongo que yo también tendría que hablarle de los míos.

-Um… accidente de auto. Nada dramático. No estuvo durante semanas agonizando, lo que es bueno. No sufrió. Fue instantáneo –traté de pasar el nudo en mi garganta-. No… no recuerdo mucho de ella. No sé si lo que recuerdo son historias que papá me contó y fotografías que tengo con ella o son realmente recuerdos. Tenía cuatro años… - levanté un hombro y parpadeé las lágrimas, para que no se derramaran.

-Lo siento mucho, Edythe – Beau se mordió el labio y sus ojos azules de cachorro me miraron apenados.

-Papá hizo todo lo posible porque yo no sintiera su ausencia, pero tenía que trabajar y mantenernos. Cuando se iba me dejaba con unos vecinos que tenían una hija más chica que yo, pero después se mudaron y papá contrató niñeras… Después conoció a Esme –sonreí y suspiré-. Ella era la madre perfecta. Amorosa, cariñosa, atenta, buena, tierna… La extraño – esta vez si no pude deshacerme de las lágrimas.

Extrañaba a Esme. Demasiado.

-Luego papá… él murió en… un accidente de avión –esa era la historia oficial. Nadie sabía que era de la CIA y yo no andaría pregonando sus secretos-. Tenía doce años y me quedé con Esme. Ella es todo lo que tengo.

Beau me abrazó con fuerza, me bajé del banco de la barra en la cocina y me paré entre sus piernas, dejándome consolar. Tenía mucho que no lloraba por la muerte de mis padres, pues tenía a Esme y ahora ella estaba casada de nuevo y con otros siete hijos aparte de mí.

Hundí mi rostro en el cuello de Beau y a pesar de que hicimos yoga durante una hora, él olía increíblemente bien y sabía mejor. Pasé mi lengua por su pulso y él me abrazo más fuerte contra su pecho.

-No llores, yo estoy aquí – me sonrió enormemente y besó mi nariz.

-Gracias.

-De nada. Lavemos los platos y tomemos una ducha.

Como lo hicimos todas las mañanas, Beau y yo limpiamos la cocina a fondo, hasta dejarla brillante y reluciente.

.

La ducha la tomamos juntos.

Beau trató de tallar mi espalda, pero me daba cosquillas.

-No, yo lo hago. ¡No! ¡Detente! – me reí.

-¡Vamos, será lindo y romántico! – siguió intentando lavarme.

-¡Me haces cosquillas! – grité retorciéndome entre sus brazos, tratando de alejarme de él.

-Anda, ¡siempre he querido hacer eso!

-Solo hemos hecho lo que tú has querido esta semana. Todo lo que ves en tus porno – me burlé. No me estaba quejando.

-Esto no sale en las porno – me besó la nariz, las mejillas, la frente, apretando sus brazos a mi alrededor para que dejara de huir de él.

La sensación de nuestra piel jabonosa y desnuda, resbalándose, tocándose de manera erótica me dejó sin aliento y con ganas de hacer una maniobra peligrosa y tener sexo en la ducha.

Me reí de nuevo cuando sus manos comenzaron a hacerme más cosquillas y casi nos matamos al resbalarnos con el agua jabonosa en la cara cerámica del baño.

.

Beau se mordió el labio y me hizo ojitos de cachorro.

-No te vayas. No aun.

-Tengo que ir por mamá al aeropuerto, Beau. Ya habíamos hablado de esto. Me tengo que ir. Inicio mi nuevo trabajo el lunes y esto… - nos señalé a ambos.

-¿Esto qué…?

-Exacto. ¿Esto qué es? ¿Qué fue? – solo fue una pequeña fantasía.

-Edythe… -Beau suspiró con tristeza, mirando nuestras manos unidas- ¿porque siento que esto es un adiós?

¡Con un demonio, Beau! No me hagas llorar.

-Por qué lo es, me estoy yendo a casa de mamá y su nuevo esposo.

-Quédate hoy, solo hoy – me rogó con sus enormes ojos azules.

-Beaufort, tenemos celulares, tienes mi correo, nos veremos de nuevo. Solo que no diario y no dormiré aquí. Nos conocimos hace una semana. Nos dejamos llevar por… lo que sea que nos poseyó esa noche en la boda y fue muy divertido y el sexo… A-S-O-M-B-R-O-S-O. Gracias por eso, por cierto.

-Edythe…

-Beaufort…

Su respiración se agitó, sus ojos no me miraron.

-¿Al menos fue real?

No lo sé.

-¿A qué te refieres?

-¿Al menos te gustaba en verdad?

-Beaufort, eres un idiota. No es que este terminando contigo… -en verdad no había nada que terminar porque no éramos nada.

-¿Entonces por qué te vas?

-¡Porque esta no es mi casa, Beau!

-¡Puede serlo!

-¡¿Te estas escuchando?! Tenemos una semana de conocernos. Iniciamos todo esto mal. ¡Me acosté contigo a la hora de conocerte! ¡Y vivimos juntos por una semana! Esto no es normal. Hay que… No estoy terminando contigo, quiero verte de nuevo. Saldremos el fin de semana, iremos a donde tú quieras, o podemos quedarnos aquí…

-¿En serio?

-Sí, señor Dywer.

-¿Lo prometes? – sus ojos de cachorro van a ser mi perdición.

-Sip.

-Tengo ganas de vomitar, esto no se siente bien, Edythe – me abrazó, pegándome a su pecho, envolviéndome con sus fuertes brazos, uniendo nuestras frentes.

-Se me hace tarde.

-¡Ño! – hundió su rostro en mi cuello, sus brazos se convirtieron en boas constrictor alrededor de mi cuerpo.

-Beau. Te llamaré, te enviaré mensajes en la semana, haremos lo que tú quieras el fin de semana, lo prometo. Pero tengo que irme, iré por mamá al aeropuerto. Déjame ir.

-Bien – refunfuñó soltándome.

Me puse de puntitas y hundí mis manos en su cabello y lo besé, de la manera en que me besa a mí, con lujuria y arrebatadora pasión sacada de novelas cursis.

-Adiós, Beau.

Salí de su apartamento sin siquiera mirarlo y caminé hasta el ascensor, entré al garaje y subí las escaleras hasta el segundo piso, donde mi auto era flanqueado por un Audi plateado y un Mercedes blanco.

Dejé mi maleta en el porta equipaje y salí del estacionamiento una vez que puse en el GPS mi destino.

Me sentía como un robot. Solo haciendo las cosas que tenía que hacer. Me sentía vacía. Las mariposas en mi estómago estaban muriendo.

Una calle después, estacioné el auto y comencé a llorar.

¿Por qué duele tanto?

¿Por qué se sentía como si hubiera terminado con Beaufort?

Me dije a mi misma que solo lloraría un par de minutos, pero cuando llegué al aeropuerto recibí un mensaje suyo diciéndome cuanto me extrañaba y lloré de nuevo.

En mi mente solo veía sus ojos azules, su sonrisa, escuchaba el sonido de su voz, de su risa.

Lo extrañaba tanto, que era estúpido.

Respiré profundo, arreglé mi maquillaje en el retrovisor. Me veía como la mierda, pero tenía que recoger a mamá de su vuelo de sabrá Dios donde, solo sabía en qué terminal debía estar y a qué hora, según lo que me dijo en el mensaje que me envió días atrás.

El cielo estaba libre de nubes, el sol brillaba en lo alto esa mañana, pero no calentaba. Sentía frío en mis huesos, en mi corazón. ¿Por qué dolía tanto el haber salido de casa de Beau? Apenas si lo conozco. ¡Lo conocí en año nuevo, por Dios santo! Y en realidad no es nada mío.

Pero por esos siete días a su lado, jamás me sentí sola.

¡Y las mariposas! Las estúpidas mariposas que siento a su lado, al ver sus ojos azules, cuando me sonríe, la manera en que mi corazón aletea cuando me abraza, me besa. Jamás dormí tan bien en mi vida, como lo hice a su lado.

Tenía que olvidarme de ello por hoy, no es como si no lo volveré a ver. Yo se lo prometí, nos veremos el próximo fin de semana. Tengo que concentrarme en mi trabajo, en mi fachada. Beau me detuvo demasiado en su casa y no pude ir a la escuela por mi uniforme, iré de camino a casa. Supongo que los libros de mis clases ya habrán llegado a casa de los Cullen.

.

Caminé por la terminal de vuelos internacionales desabotonando mi abrigo y desenredando mi bufanda, dentro de la terminal hacía mucho calor. Buscando un asiento vacío donde hundirme en mi miseria mientras llegaba mamá, alguien me jaló del brazo y me hundió en su enorme pecho.

-JAMAS. NUNCA. VUELVAS. A. DESAPARECER. DE. ESA. MANERA. – Emmett me soltó de su abrazo de oso y me tomó de los brazos para zarandearme ligeramente con cada palabra que me dijo.

Tras de él, los niños Cullen me veían aliviados, enojados, resentidos.

-¿Dónde estabas?

-¿Dónde te metiste?

-¿Por qué te fuiste de la boda?

-¡Por Dios, Edythe! ¡Pensamos que algo te había pasado!

-¡Esme dijo que te quedaste con un amigo!

-¿Cual amigo?

-¡Oh, por Dios, cállense ya! – me alejé de todos ellos, ignorándolos, pero Renesmee me siguió.

-Te vi con alguien en año nuevo –susurró interponiéndose en mi camino-. No le diré a nadie, porque somos hermanas y las hermanas se cuidan la espalda…

-¿Qué? –¿mi hermana? ¿Ahora si somos hermanas?- ¿De qué rayos hablas, niña?

-Yo te vi con él.

-No sabes de lo que hablas, no me fui con nadie, estuve en un hotel.

-Con él.

-¡No!

-¿Entonces por qué no te quedaste con nosotros? ¿Por qué te fuiste?

-Porque en el momento en el que me descuidé ustedes acapararon a mamá, ella es mía. Es mi madre, no tuya, ni de nadie – mascullé acercándome a su cara como una maniaca, para que nadie más escuchara mis siseos entre dientes.

Renesmee me miró con sus enormes ojos cafés, con el mentón temblándole. Iba a llorar.

-No llores, ¿quieres? No estoy de humor para soportar más llantos.

Ya tenía suficiente con los míos... y los de Beau.

-Yo solo quería ser tu amiga y que supieras que cuentas conmigo – susurró bajando la cabeza, ocultando sus lágrimas con sus largos rizos de cobre.

-Sí, lo que sea…

Di media vuelta buscando con la mirada a mamá entre los pasajeros de los vuelos que estaban llegando. Cuando la vi.

Esme Platt-Cullen, con una enorme sonrisa… y bronceada.

Resplandeciente como el sol, enamorada y feliz.

Todo lo que yo no era en ese momento.

Mi pecho se apretó y las lágrimas salieron de mis ojos y corrí hacia ella.

Empujé a las personas lejos de mi camino, desesperada por llegar a ella.

Sus brazos me envolvieron como una manta y nunca nada se sintió tan bien como ese abrazo.

Sollocé abrazándola con fuerza y me correspondió el abrazo.

Necesitaba contarle tantas cosas, pero los niños Cullen llegaron.

-¡ESME!

-¡CARLISLE!

-Mi niña, no llores. ¿Qué pasó? – mamá me consoló acariciando mi cabello, yo solo me hundí más en su abrazo, sollozando en silencio.

-Te ves, rara… Estás muy bronceada – susurré alejándome de ella limpiando mis lágrimas con las mangas de mi abrigo.

-¡Lo sé! Tengo tanto que decirte, Carlisle me llevó a…

Los niños Cullen la alejaron de mí de repente, rodeándola entre todos, abrazándola, diciéndole cuanto la extrañaron.

Y yo me quede ahí, de pie, como en año nuevo. Viendo como la alejaban de mí… de nuevo.

-¡Edythe! – Carlisle se acercó a mí y me ofreció sus brazos, no lo rechacé.

-Es bueno verte, Carlisle. ¿Se divirtieron? –me alejé de él para no arruinar su largo abrigo color tabaco-. ¿Ahora si me dirás a donde llevaste a mamá o sigue siendo un secreto?

Traté de hacer una broma y sonreír.

-¿Estas bien, cielo?

-Ajá – asentí mirando mis botas.

-No lo parece – Carlisle me ofreció su pañuelo y limpié mi cara y nariz.

No fue bonito. Créeme.

-Te lo regreso luego, necesito lavarlo - guardé el pañuelo en el bolsillo de mi abrigo.

Carlisle me sonrió.

-Estamos listos para irnos, Edythe me llevará a casa, tu vete con los chicos – dijo mamá tomándome de los hombros, alejándome de Carlisle y su cara terriblemente preocupada.

-¿Tus maletas…? – pregunté, aun conmocionada de que mamá hubiera dejado a la Comuna Cullen y me hubiera elegido a mí para llevarla a casa.

-Emmett fue por ellas. Ahora si jovencita, ¿qué diablos pasó contigo en año nuevo? – preguntó muy seria cuando salimos de la terminal y yo tragué saliva, asustada.

Mamá nunca maldecía.

-Me dieron nauseas.

-¿Te sientes mal? – su mano voló inmediatamente a mi frente, para tomar mi temperatura.

-No, no hoy… Bueno, si hoy… Pero esa noche… Sentí nauseas, mamá – me detuve entre los autos del estacionamiento para que me mirara realmente.

Sus ojos me miraron y se abrieron como platos al entender lo que le estaba diciendo.

-OhporDios. ¡OhporDios! Cuenta, mi niña. ¡Cuenta! – me tomó del brazo, emocionada, como si fuera una chiquilla de preparatoria queriendo saber el ultimo chisme jugoso de las porristas.

-Entremos al auto, hace frío y tu vienes de… sabrá Dios donde, que supongo hacía calor o había playa.

-No cambies el tema, jovencita.

Entramos al auto y en el lio que era la salida del aeropuerto, comencé la historia de la mejor semana de mi vida.


AyelenMara Sorry por no actualizar rapido :(

AIDEE SANCHEZ SALGADO Bueno Edythe le enseñó a Beau, pero tu no sigas sus consejos. NO tienes edad para andarte restregando de esa manera. JAJAJA OMG que pena que yo sepa que es Lady Bug, pero se que es por que un dia estaba esperando que iniciara Era de Ultron y eso estaba antes.

CCNH . Tributo - Runner No te rindas, aun no me rindo con esta historia. No se como rayos terminará, pero si tengo en claro como continua, pero las musas no ayudan mucho. Y no, no recibi tu PM :( BUAAAAAH!

Fran Ktrin Black Todas necesitamos un Beau, por eso lo escribí jajaja. Quisiera ser como Oprah y decir al final de cada capitulo: YOU GET A BEAU! AND YOU GET A BEAU! EVERYBODY GETS A BEAAAAAU!

PD: Entendieron la referencia? Lo hicieron? Eh? Díganme que si! Por que sino, he fallado, he traído deshonra a mi familia y a mi vaca... y ustedes le fallaron al Capitán América.