Sinopsis
Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.
A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.
Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.
Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.
Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.
Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.
Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.
Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.
Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.
Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.
¡Diablos!
CAPÍTULO 14
Todos subimos a nuestras habitaciones por nuestras mochilas y Emmett a, y cito: mearse. Me cepillé los dientes y me miré otra vez en el espejo, con mi uniforme. Fingir que era mi nuevo uniforme de policía era algo reconfortante. Me puse mi abrigo gris de doble botonadura sobre el uniforme, una bufanda y guantes azul marino; bajé las escaleras jugueteando con mis llaves y viendo de nuevo las selfies que me envió Beau.
Renesmee ya me esperaba al pie de las escaleras, muy emocionada.
-Va a ser increíble. Primero tenemos que ir a la oficina, tengo que firmar que ya nos conocimos y al final de las clases tendrás que firmar que te di el recorrido, me cuenta como crédito en la clase de Estudios Sociales.
Mamá llegó corriendo de no sé dónde y me abrazó con fuerza.
-Buena suerte cariño, sé que lo harás muy bien – besó mi mejilla y sacó su celular.
-¡Mamá, no! – dije riéndome cuando comenzó a tomarme fotos como si fuera mi primer día de clases.
Renesmee posó junto a mí, abrazándome.
-¿Lista para irnos? – preguntó Alice alcanzándonos en el garaje, abriendo las puertas de su auto amarillo canario.
-Edythe me va a llevar – dijo Renesmee, petulante, caminando hacia mi auto.
-¡Pero ya habíamos quedado que yo la llevaría el primer día de clases! – Alice refunfuñó.
-¡Pero yo seré su guía! – replicó Renesmee,
-Alice me puedes llevar la próxima semana. Renesmee es mi guía, la asigno la escuela – intervine.
-Pero yo te pedí primero.
-Te compensaré modelando para otro de tus videos – traté de contentarla. Los Cullen eran mi boleto de entrada y tenía que hacerme más cercana a ellos, porque para bien o para mal, en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en la enfermedad… nuestros padres eran marido y mujer, lo que los convertía en hermanos.
Además, me aun resonaba dentro de mí las palabras de Renesmee, sobre ser una perra, que era yo la que los alejaba.
-¡¿De verdad?! Porque tengo un vestido hermoso y perfecto para ti. Para el baile… - comenzó su parloteo.
¡Oh Dios! ¿En qué me metí?
.
Renesmee parloteó sobre su novio Jacob, las clases, los profesores, las fiestas a las que ha ido y sobre el alcalde, su suegro que la adora.
-Se perfectamente que Jacob solía estar súper enamorado de Bella, pero ella solo lo veía como amigo, obviamente. Me dije a mi misma que en algunos años podría tener una oportunidad con él, tenía que ser paciente. No me importaba esperarlo, esperar a que me notara, pero no pensé que fuera a ser tan pronto. Por eso en el verano, cuando estábamos en nuestra casa en Forks, me invitó a La Push, la reserva india. Fuimos solo nosotros dos, caminamos por la playa y hablamos sobre todo y nada… Nos sentamos en un árbol caído en la playa, es blanco por la sal, sus ramas parecen patas de araña, es hermoso… Jacob y yo estábamos viendo a los turistas jugar en la playa y me dijo: ¿te puedo dar un beso? Y pensé que era de lo más extraño, porque no necesitaba mi permiso para besar mi mejilla, pero sus ojos no se despegaban de mis labios y me enojé. Porque eso no se vale, él sabía lo que siento por él, no era un secreto, ¿sabes? Y le dije que no jugara y le me dijo que no lo hacía y me preguntó de nuevo y yo no respondí y me besó. Y fue el mejor beso del mundo. Fue tierno, dulce y me pidió ser su novia. Estamos juntos desde el verano y hablamos mucho sobre nuestro futuro. Se va a graduar este verano e irá a la universidad, a mi aun me faltan dos años de preparatoria. Mientras yo estoy en la universidad en Pre-Med y Administración de Negocios, él va a ir a la escuela de Leyes y cuando me gradúe haré mi especialidad en Dermatología mientras él hará su posgrado y nos casaremos. Él será abogado fiscal y yo tendré mi propia línea de maquillaje y cuidado de la piel. Y cuando tenga treinta y cinco tendremos bebés, tendremos gemelos. Aun no decidimos que género. Pero viviremos en California, él hará campaña para el Congreso cuando los gemelos tengan tres años y cuando tengan ocho haremos campaña para la Presidencia.
Renesmee suspiró soñadoramente, viendo por la ventanilla, cuando dejó de hablar y se dio cuenta de que estábamos entrando al estacionamiento de la escuela.
Busqué mi nuevo aparcamiento en las filas numeradas, sin decir nada. Trataba de procesar su parloteo.
Wow.
Esa niña sabía lo que quería, como, cuando, donde. No sé si me quería burlar de ella o admirarla. Pero por mientras, me quedé callada. El nudo en mi estómago se agrandó cuando bajé del auto y Renesmee me tomó del brazo.
El estacionamiento parecía una concesionaria de la Lincoln, Mercedes, Audi, BMW. Chicos salían de sus autos deportivos del año en su uniforme enterrado bajo capas de abrigos, gabardinas y suéteres, bufandas y gorritos de lana.
Mi primera clase era Algebra con Rosalie.
Y después…
Geografia con Jasper.
Español con Edward.
El almuerzo lo compartía con todos.
Después tenía Historia con Renesmee y al final del día, Gimnasia con Jacob y sus amigos.
El resto de la semana si tendría clases con Bella y Emmett. Pero me tomaría un día a la vez. No podía pensar en este momento en el resto de la semana.
Mientras caminábamos le envié un mensaje al Capitán Swan.
Señor, estoy a punto de entrar a mi primer dia como estudiante en el Colegio Halloway.
El respondió de inmediato.
Buena suerte oficial. Recuerde venir cada viernes a llenar los formularios y los informes.
Sí, señor.
Caminamos por el estacionamiento lleno de autos como el mío, como el de los niños Cullen, incluso unos aún más lujosos y caros. Niños se abrazaban deseándose feliz navidad y año nuevo atrasados, presumiendo sus regalos de navidad: los autos con pintura nueva y reluciente, sus vacaciones en Ibiza, Suiza, Cabo…
Por supuesto, Renesmee saludó a medio mundo y ellos le sonreían y saludaban de vuelta, mirándome a mí.
Tragué saliva y traté de sonreír, a pesar de sentir el corazón en mi garganta.
-Ella es mi hermana Edythe.
-¿Otra?
-¿De dónde saca tu padre a niñas lindas?
-¿De una agencia de modelos?
-¡Es la hija de la esposa de papa, cállense! – se rio alejándonos del grupito de chicos y chicas.
-¿Quiénes son esos?
-Unos compañeros de laboratorio. Después te presento con propiedad, tenemos que ir a la oficina y tengo que mostrarte tu primera clase y tengo que correr al otro lado de la escuela para ir a la mía. No tenemos mucho tiempo.
Entramos a la cálida escuela llena de chiquillos riéndose, bromeando, abrazándose, todo parecía normal. Pero no lo era, por eso estaba yo ahí.
No fue difícil encontrar lo que buscaba. Renesmee se detuvo en seco y giró, tomándome de la mano y tomó otro camino por los largos pasillos.
-¿Por qué…? – no terminé mi pregunta, giré para ver sobre mi hombro y vi a un grupito de chicos molestando a un chico delgado y bajito, rubio.
-Nada, tú no viste nada.
Oh, claro que vi.
-¿No debemos ayudarlo?
-Nop. A pesar de vernos civilizados y eso… esto es como el Ghetto, cada uno se cuida las espaldas.
Oh Dios.
Pronto estuvimos en la oficina y Carol nos recibió con una sonrisa. Firmé aquí y allá, me dieron una hoja con las clases que tomaría ese día y tenían que firmar, Renesmee también firmó las mismas hojas que yo y nos desearon un buen día.
-¡Estoy tan emocionada! – chilló Renesmee a mi lado en el casillero, cuando dejé mi abrigo y mi pequeña mochila con el uniforme deportivo y una toalla que usar en las duchas. No dejé nada de lo que llevaba en mi mochila. Solo era la Tablet, una libreta y el libro de Historia Universal. No estaba pesado. Mi uniforme de policía, ese si estaba pesado. El chaleco antibalas pesa menos de cinco kilos y que decir del cinturón, con el arma, la defensa extensible, el taser, la linterna, las esposas, las corbatas de plástico, el radio, la navaja, los cartuchos de repuesto…
-¿Por qué?
-Por qué te tengo aquí, es real, estas aquí. Eres una de nosotros… aunque no sé si es un… un beneficio o… - se mordió el labio desviando la mirada y caminamos en silencio hasta mi primera clase.
-Hey, que bueno que ya llegaron – dijo Emmett junto a Rosalie.
No sé por qué pero Emmett se veía incluso más grande y… amenazador, había algo diferente en él… ¡Sus ojos! Sus ojos no lucían cálidos y juguetones, se veía… Sus facciones eran duras, su mirada de acero.
¿Qué estaba pasando?
-Tú y Rosalie se van a quedar aquí hasta que Renesmee y yo vengamos por ustedes para llevarlas a su siguiente clase. ¿Entendieron?
-¿Por qué?
-Eres nueva… y… Solo hazme caso, Edythe – su tono suplicante me tomó desprevenida.
¡¿Que estaba pasando?!
¿No es solo porque soy la nueva verdad? ¿Es por lo que ocurre en este lugar? Pero si soy sobreprotegida por mis nuevos hermanos, no poder ver qué sucede y en cuanto más rápido sepa que está pasando, más rápido poder salir del uniforme de estudiante y ponerme el de oficial de policía.
-Sí, está bien – le respondí a Emmett y él sonrió, jovial, lleno de vida.
-Nos vemos más tarde. ¡Diviértanse!
Rosalie me sonrió y entramos al aula semivacía.
-¿Dónde te quieres sentar? – me preguntó Rosalie.
-¿Dónde te sientas usualmente?
-En medio, en la segunda banca.
Caminamos por las dos filas centrales y pusimos nuestras cosas en la segunda banca respectivamente.
-¿Estas nerviosa? – me preguntó en voz baja.
-Sí, algo.
-No lo estés. Solo quédate a nuestro lado y todo estará bien. Eso espero.
Cuando la maestra entró me puse de pie y le entregué el papelito verde menta que tendría que firmar.
-¡Bienvenida, Edythe! ¿Te quieres presentar?
Uh…
-Chicos, espero que hayan tenido una feliz navidad, una feliz hanuka, o feliz lo que sea que practiquen. Esta es su nueva compañera, Edythe Platt. Háganla sentir bienvenida.
Los chicos comenzaron a silbarme.
-¡Suficiente! Toma asiento.
Me senté junto a Rosalie mientras los chicos seguían lanzándome besos obscenos.
La clase fue rápida, indolora. La maestra solo habló sobre los temas que veríamos en el semestre, los puntos que contarían las tareas, los trabajos y las participaciones en clase, así como los exámenes.
No era necesario, pero aun así tomé notas como solía hacerlo en la preparatoria.
Sonó la campana y cuando salimos del aula, Rosalie tomó mi muñeca.
-Hay que esperar.
-¿Pero por qué?
-Ahí vienen ya.
Emmett no se detuvo, Rosalie se ajustó a su paso y se marcharon. Los chicos en los pasillos los veían con asco, con repulsión, con lascivia.
Renesmee solo dijo: te llevaré a tu siguiente clase.
En el aula de Geografia, Jasper ya nos esperaba dentro, sentado en una silla y con su mochila en otra a su lado, en el última fila, en las primeras sillas, su silla estaba junto a la ventana que daba al jardín con mesas de picnic.
Renesmee me dejó en la puerta y casi salió corriendo hacia su siguiente clase.
-Hola, Jasper –saludé cuando quito su mochila-. Gracias.
-Hola y de nada. ¿Qué tal tu día hasta ahora?
-¿Por qué no tengo permitido caminar sola? – cuchicheé acercándome a él.
-Ah… eso. Um… Es el primer día, no lo entenderías.
-¿Creen que acabaré con la cabeza en el inodoro o algo así?
-No, algo así no. ¡Exactamente así! – masculló con la mandíbula apretada.
-Oh… Iuk.
-Si – se encogió en su asiento.
-¿Y por qué no hacen algo? Quejarse en la dirección…
Jasper soltó a reír con amargura.
-Eres linda.
Mi estómago se revolvió.
El profesor llegó y me puse de pie. Repetí el mismo procedimiento, entregar el papel, lo firmó, me presentó con la clase, me silbaron de nuevo.
-Celulares apagados, bocabajo en su mesa. Por favor y gracias – dijo el profesor y todos se quejaron.
Desde su escritorio y el pizarrón podría ver cuando alguien volteara y usara el celular.
El maestro dio los puntos que valdrían los trabajos, tareas y demás, escribió en el pizarrón la página web de mapas interactivos para que estudiáramos para los exámenes.
-Por mientras, quiero ver qué tan mal están – repartió hojas con mapas, unos tenían Norte América, otros Europa, otros Centro América, Asia…
Todos se quejaron al unísono, mientras yo estudiaba mi mapa. Europa. Fácil. Jasper tenía el mapa de Latinoamérica.
-No se quejen, mocosos mimados. Solo es un examen para ver qué tan mal están. No va a contar, solo quiero ver a lo que me enfrento. Porque podrán ser todos unos Jet Setters, pero eso no significa que sepan donde diablos está su casa de verano y su casa de invierno o de donde rayos viene la pobre muchacha del servicio que lava sus calzones.
Abrí la boca, sorprendida de cómo ese maestro trataba a los alumnos. Ellos solo soltaron a reír. Tal vez porque era verdad.
-Solo escriban los países y capitales que se sepan… o incluso una ciudad que no sea la capital, Dios sabe que de seguro piensan que Cabo o Cancún es la capital de México.
-¡Aw, diablos! – un chico se quejó al final del aula e incluso yo me reí junto a los demás, cuando comenzó a borrar su respuesta.
Jasper y yo nos miramos y seguimos con nuestro pequeño mapita.
.
De nuevo, tuve que esperar a Renesmee y ella llegó junto con Edward.
-¿Lista para tu clase de español? – preguntó con acento perfecto.
-¡Por supuesto!
Me ofreció su brazo con caballerosidad y nos despedimos de Jasper.
-¿En serio esto es necesario?
-Sí.
Los chicos a mi alrededor nos veían con curiosidad y asco. En serio pensaban que era el nuevo miembro de la Comuna Cullen, pero una mirada a el rostro de Edward los hacia mirar a otro lado. Era raro, el chico era alto, delgado, lindo, con cara de modelo, pero parecían tenerle pavor.
Renesmee salió corriendo en cuanto llegamos a nuestro salón.
-Pobre Renesmee, todo el día corriendo de allá para acá.
-A ella le encanta y más porque es la única inmune.
Edward se sentó justo en medio del salón.
Yo supere, sentándome a su lado.
¡Esto era muy aburrido!
Saqué mi celular y le envié un mensaje a Beau.
Mi nuevo trabajo es la cosa más aburrida. ¿Que tal el tuyo?
¡Genial! ¡Ya tengo nuevos amigos y todo!
¡Perdedor!
¡Y aun así me amas!
Amo cierta parte de tu anatomía.
:o
Y yo amo tu boca en esa cierta parte… ^_-
¡Profesor Dwyer!
Debo irme, retomaremos esta conversación cuando no este rodeado de niños.
Guardé el celular a tiempo, cuando la maestra entró.
-Hola, clase. Soy la señora García. No permito celulares en mi clase. Así que quiero verlos ponerlos en silencio o apagarlos. Y por la expresión en sus ojos, supongo que nadie tiene idea de que estoy hablando – suspiró con las manos en las caderas.
Edward y yo nos miramos apagando el celular.
¿Que no se suponía que era Español III? Al menos los que estaban en la clase deberían de tener un poco de idea de que estaba hablando la señora García, ¿no?
-¡Bien, solo dos de ustedes entendieron!
Me puse de pie y caminé con el bendito papel menta en mano.
-¡¿Ah, eres nueva?! Yo también. ¡Dame eso, cielo! ¿Tu si entiendes, verdad?
-Sí, señora.
Firmó mi hoja con una bonita y elegante firma y me sonrió.
-Bienvenida.
-Usted también.
Edward me esperaba con una gran sonrisa en su asiento.
La maestra comenzó a traducir lo que dijo frente a la clase y todos apagaron los celulares haciendo comentarios despectivos sobre las personas latinas. Si piensan de igual manera que su presidente, ¿por qué están en una clase de español? ¡Vayan y tomen ruso y alemán! Idiotas.
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Edward y yo caminamos hasta el comedor. Tenía la misma decoración que el resto de la escuela, maderas oscuras, paredes color crema. Solo la mitad de los estudiantes tenían el almuerzo a esa hora, cuando nosotros estábamos a la mitad de la clase de Español el otro resto salió.
Las mesas eran de madera pulida, los cubiertos de metal y los platos de melanina. Nada de plástico en el lugar. Ninguna silla de plástico y ningún spork a la vista. Igual que en mi otra escuela.
Edward me encaminó a la fila y esperamos en silencio. Yo miré a mi alrededor, como lo he hecho en cada clase y clasifiqué lo que vi.
Chicos callados, con la mirada en el suelo, en la mesa, en cualquier lado menos en los otros chicos, los escandalosos, los que se creían los dueños de la escuela.
Un chico camino con su charola llena de comida y otro le puso el pie. Se tropezó, por supuesto.
Di un paso y Edward me detuvo.
-No vale la pena.
Cerré los ojos, alejando mi brazo de su mano.
-¿Nadie hace nada?
-Por supuesto que no. Mira – señaló una mesa al rincón, donde estaban sentados unos maestros, unos con un libro, otros con su celular, otros platicando entre ellos.
-¿Que hacen aquí si nadie hace nada?
-Tienen que haber maestros en cada almuerzo, pero no pueden hacer nada, el ultimo que hizo algo lo despidieron.
-¿Quiénes se creen estos mocosos?
-Los dueños del mundo por supuesto… Lo serán, en unos años.
En la línea de la comida, tomé una pechuga de pollo asada, una manzana, una taza de yogur y un té.
-¿Solo eso vas a comer?
-Tengo gimnasia después de Historia, no creo poder correr con el estómago lleno.
-Ah.
Caminamos hacia la mesa, sin incidentes. El resto ya estaba ahí.
Excepto…
Edward, Bella, Rosalie, Emmett, Alice, Jasper…
-¿En dónde está Renesmee?
Emmett codeó mi brazo y señaló hacia la derecha, mientras Edward apuñalaba su salmón.
Seguí la mirada de Emmett y vi a Renesmee sentada en una mesa llena de chicos ruidosos, riéndose, comiendo, lanzándose servilletas hechas bolita los unos a los otros. Pero Renesmee no hacía nada de eso. Ella estaba sentada en el regazo de un chico guapo, moreno, de piel color canela… Se besaban como si se quisieran comer el uno al otro y no al almuerzo frente a ellos.
-Santa madre de… - Emmett me codeó, con fuerza.
Miré a los chicos en mi mesa. Bella sonrió poniendo los ojos en blanco.
-¿Qué tal tu día, Edythe? – me preguntó Alice y yo me encogí de hombros.
Lo más emocionante fue mensajearme con Beau.
-Regular… solo vi como uno chicos maltrataban a sus compañeros y no pude hacer nada, he tenido guardaespaldas todo el día, el maestro de geografía se ve cool. Este pollo esta algo seco, pero… no me quejo – me encogí de hombros otra vez.
-Edythe… - comenzó Bella, pero un cantico racista la interrumpió.
-¡Regresa a tu país! ¡Regresa a tu país! ¡Regresa a tu país!
Un montón de chicos entonaban sin parar a un par de chicas con hijab.
Se me revolvió el estómago.
-¡Edythe no! – Emmett me tomó de la muñeca, tratando de detenerme y mis instintos se activaron y lo siguiente que supe es que la cabeza del pobre Emmett estaba en la mesa y estaba a punto de dislocar su hombro.
-¡Mierda! Lo siento, lo siento… - me senté después de soltarlo. Nadie a nuestro alrededor nos puso atención, todos se enfocaban en ignorar o apoyar a los racistas.
Los niños Cullen me miraron con los ojos muy abiertos.
-Bueno, ahora ya sabemos que tanta sobreprotección es inútil, Edythe sabe cómo defenderse – dijo Alice aclarándose la garganta y comenzando a comer de nuevo.
-Y sabe cómo usar un arma – mascullo Emmett sobando su brazo.
-Me puedes enseñar a hacer eso – dijo Rosalie con los ojos brillantes.
El resto del almuerzo pasó sin más incidentes en nuestra mesa, pero a nuestro alrededor…
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Renesmee caminó junto a mí a la clase que compartíamos: Historia. Un grupito de chicos pasó junto a nosotros y me tocaron el trasero.
-¡Oye! – giré a mi alrededor, solo para verlos pararse frente a nosotras. Eran cinco. Tres chicos y dos chicas.
-La nueva puta Cullen tiene un buen trasero – dijo uno de los chicos, rubio, alto. Lindo y repugnante al mismo tiempo.
-¿Crees que ya lo estrenó el doctor o uno de sus hermanos?
Se preguntaron entre ellos, rodeándonos.
Uno de ellos trató de tocarme de nuevo.
-No vuelvas a tocarme – mascullé cuando tomé su mano y retorcí un par de sus asqueroso dedos.
-Auch, perra. ¡Eso duele, suéltame!
Al soltarlo, Renesmee me arrastró por el pasillo lejos de ellos.
-¡¿Que estás haciendo?! – susurró aterrada.
-¿Eso hacen siempre? ¿Te hacen eso a ti?
-No desde que estoy con Jacob.
-¿A Bella, Alice y Rosalie?
-Si los ignoran y ellos se aburren, pero tú acabas morder el cebo. A la otra los ignoras, ¿de acuerdo? Ahora vamos a clases – seguimos caminando entre los pasillos llenos de estudiantes.
No iba a llegar a ningún lado con los Cullen sobreprotegiéndome de esta manera, no puedo defenderme, no puedo hablar con los demás estudiantes. A este paso terminare graduándome de nuevo de preparatoria.
Renesmee parloteaba sobre Jacob y sus amigos cuando entramos al salón, la mayoría de los chicos hablaban y bromeaban, un grupito de chicas al centro del aula estaban cuchicheando y riéndose nerviosamente, a pesar de que el maestro ya estaba ahí, agachado, buscando algo en su bolso de cuero, levanto la cabeza y miró a sus estudiantes, miró hacia la puerta y su sonrisa iluminó completamente su rostro.
Era un rostro muy lindo.
Grandes y brillantes ojos azules.
Cabello castaño y espeso.
Camisa lila muy, muy claro que casi se veía blanca, saco color ciruela, pantalones negros y abrigo gris.
Quise vomitar.
Mariposas llenaron mi estómago, casi haciendo que regresara mi insípido almuerzo.
Mi corazón se detuvo.
Oh, no.
Oh, mierda, no.
Sentí el pollo seco regresar a mi garganta.
-¡Nessie! – el profesor saludó, cuando Renesmee se acercó al escritorio.
-¡Beau! ¡Es decir… profesor Dwyer! Te quiero presentar oficialmente a mi nueva hermana, Edythe Platt, el día de la boda te perdiste y jamás te encontré, lo cual es gracioso porque ella también desapareció el… día de… la boda… -musitó Renesmee, sus palabras se disolvieron al ver la cara de Beaufort Dwyer y la mía.
Beau empalideció, sus hermosos labios rosados perdieron color y sus ojos me miraron horrorizados cuando viajaron por la ropa que llevaba puesta.
Mi maldito uniforme de escuela preparatoria.
-Oh por Dios – susurró Renesmee a mi lado.
Traté de hablar, de decir algo, lo que fuera, lo que sea, por tal de quitar de sus ojos el horror.
Beau cree haber pasado una semana entera follando a una estudiante de preparatoria. A su alumna, a su casi prima.
Oh Dios.
Renesmee quitó el papelito color menta de mi mano, con cuidado, se lo entregó a Beau, quien aclaró sus ojos, mordió sus labios y trató de respirar de nuevo.
Lo firmó con mano temblorosa, respirando con calma, lenta y profundamente.
Sus ejercicios de respiración, cuando quería evitar un ataque de ansiedad o peor, de pánico. Justo lo que yo también estaba tratando de evitar.
¿Este era su nuevo trabajo? ¿Ser maestro de preparatoria? ¿En esta preparatoria?
Tengo que hablar con él, pero este no era el momento. ¿El querría hablar conmigo? ¿Pero qué le diría? No podía decirle que era una policía encubierta en una preparatoria, que era aún más ridículo cada vez que lo pensaba.
Renesmee me giró con cuidado y me ayudó a sentarme en una silla, mientras me ponía en los zapatos de Beau. Tenía que hablar con él, de explicarle, pero no podía, no podía arruinar mi cubierta solo por un chico.
-Edythe – Renesmee susurró a mi lado y yo la miré aturdida, mis oídos zumbaban, mi visión estaba borrosa.
Sus ojos me miraban admirados y juguetones.
-No me mires así, yo no sabía que…
-Shh. Ahora no. En la casa. Promételo.
-Voy a vomitar – pegué mi frente a la mesa fría.
-Tomen asiento y cierren la boca –dijo Beau con autoridad, parándose frente al pizarrón, con las manos en los bolsillos de su pantalón negro. El que yo le dije esa mañana que se pusiera-. Soy el profesor Beaufort Dwyer, su maestro de Historia I, dos llegadas tarde equivalen a una falta…
-En las otras clases son tres – dijo un chico de los asientos de atrás.
-Entonces vete a otra clase, esta es la mía. Tres faltas y pierden el semestre, a menos de que hayan estado en su lecho de muerte, su padre o su madre. Al final del semestre me entregaran un ensayo de diez páginas –los chicos se quejaron, pero Beau continuó-: ¡A MANO!
-¡¿Qué?!
-¡¿Tienes que estar bromeando?!
-¡¿Quién te crees que eres?!
-Eligieran un país, el que más les guste, el que se les dé la gana. ¡Punto extra si es un país que no cubrimos en el semestre o si hablan el idioma con fluidez! Escriban sobre su historia, sus costumbres, las guerras que la tenido o de un periodo en específico. Voy a evaluar la gramática y el contenido. Ese ensayo cubrirá el 30% de su calificación.
El resto de la clase… no recuerdo mucho de ella.
En mi cabeza estaba tratando de disculparme con él, imaginando como pude haber hecho las cosas diferentes, imaginaba como explicarle, de decirle que no era menor de edad, pero por las miradas de muerte dirigidas a mí durante su clase… no creo que fueran muy bien recibidas.
Guardé mis cosas rápidamente y traté de seguirlo, pero él se perdió entre los pasillos llenos de niños.
-¡Edythe! – Renesmee me tomó del brazo y me guió hacia mi casillero para buscar la ropa de la clase de gimnasia.
-Él… - mascullé aun aturdida.
-Ve a tu clase.
Con la cabeza en cualquier otro lugar, menos en los vestidores, me cambié de ropa. El estúpido uniforme lo lancé a mi casillero diminuto y me puse el pantalón, sostén deportivo y una de las blusas y salí junto con el resto de las chicas.
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La entrenadora Eleanor parecía sacada directamente de Themyscira. Alta, atlética, hermosa, joven. Largo cabello oscuro y rizado en una alta coleta, piel clara, ojos grises y una sonrisa que los niños adolescentes a mí alrededor usarían como inspiración en la ducha.
Nos puso a calentar en el gran gimnasio en la planta baja. Hicimos estiramientos estándar y después nos separó en grupos de tres. A mí me toco correr… en la pista de carreras alrededor de la pared, unos tres metros sobre el suelo, con una malla alrededor, seguramente para evitar asesinatos por parte de los bullies o suicidios.
Corrí con la mente aun en Beau, así que no sentí al par de chicos que se emparejó a mi ritmo.
-Tú eres Edythe – dijo el chico a mi derecha.
-Ajá – dije totalmente alerta.
Tal vez querían manosearme de nuevo, les rompería la nariz si me tocan otra vez.
-Soy Jacob, Nessie me dijo que me presentara.
-¿Nessie?
-Tu hermana, Renesmee – dijo el chico a mi izquierda.
-Ah, si –ese nombre me parecía familiar. Era el nombre que Renesmee se ponía en sus tutoriales y así la llamó Beau-. Tu eres su novio, disculpa por no reconocerte sin su lengua en tu garganta – bromeé ofreciéndole mi mano y él la estrecho sin perder el ritmo.
-Exacto – me guiñó el ojo.
-Yo soy Sam – me extendió su mano el chico a mi izquierda y también la estreche. Se parecían mucho a Jacob, tal vez eran familia.
-Mucho gusto. Déjenme adivinar. ¿Son los guardias en turno?
-Sip. Algo así – respondió Jacob.
-Bueno… supongo que no les hará daño si incremento el ritmo, ¿verdad?
Los chicos me alcanzaron con facilidad y de pronto estaba yo tratando de seguirlos, bromearon sobre mi diminuto tamaño pero gran resistencia y rapidez.
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-Eres muy buena corredora – la entrenadora Eleonor se acercó a mi mientras esperaba mi turno para subir una larga y gruesa cuerda que colgaba del techo, sobre colchonetas para amortiguar las caídas de los niños menos atléticos.
Ella era más impresionante de cerca. Con una chaqueta deportiva azul con el escudo de la escuela en el lado izquierdo y shorts, mostrando su largas y torneadas piernas.
-Gracias.
-Eres Edythe Platt, ¿cierto? – dijo checando su Tablet con la lista de los treinta chicos que estaban en mi clase.
-Sí, soy nueva.
-Me di cuenta. ¿Eras del club de Atletismo en tu antigua escuela?
-Sí.
-Veamos cómo te va esta semana y tal vez puedas entrar de nuevo en el equipo.
-Um… ok.
No estaba segura de entrar al equipo, pero ahí no había ningún Cullen custodiándome, podría hacer amigos.
Pero eso no podía pensarlo ahora, tenía otras cosas más importantes que pensar y que hacer.
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Entré al estacionamiento del complejo de apartamentos donde vive Beau, aun recordaba la clave de acceso.
Cuando toqué a su puerta, pensé que no me abriría. Pero lo hizo.
Mi corazón se rompió. Lucia… terrible.
La última vez que lo vi fue hace menos de dos horas y parecía que había envejecido una década. Y sus ojos, estaban enrojecidos, lloró.
-¿Qué haces aquí? – preguntó con la mandíbula apretada.
-Necesito explicarte.
-¿Explicarme qué? ¿Que me acosté con una niña? ¿Mi alumna? ¿Mi jodida prima? ¿Qué parte de eso me quieres explicar? Cometí un delito, uno muy grave, puedes acusarme y la ley no tendrá piedad de mí, soy el hijo de un policía, ¿qué crees que le harán en la cárcel al hijo de un policía que es un depredador sexual? No te pueden ver aquí, vete – me empujó con hostilidad, como si mera presencia lo enfermara y cerró la puerta de un portazo.
Y chicos, así es como conocí a su madre... Okno.
De nuevo.
Y Little Perverts, esto es por que no he publicado antes. Por que es una porquería lo que tengo escrito. La trama, los diálogos están ahí, pero no tienen vida, no tienen alma... BUUUAAAAH!
ESPERO SUS TOMATAZOS.
Kisses and Love
Mother Pervert
