Sinopsis
Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.
A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.
Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.
Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.
Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.
Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.
Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.
Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.
Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.
Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.
¡Diablos!
CAPÍTULO 15
Llegué a casa aun aturdida.
Los chicos aun no llegaban, todos tenían actividades extracurriculares después de clases. Carlisle no estaba en casa tampoco. Mamá estaba en la cocina, hablando con Marla, Karina y Jenny, discutiendo el menú de la semana y el de la comida del domingo.
-Los chicos se encargan de traer la mesa del sótano, ellos la arman y con el mantel… - estaba diciendo Marla. La mayor de las tres.
-¿Mamá?
Esme giró hacia la puerta de la cocina, con una gran sonrisa, que murió tan pronto como me vio.
-¿Edythe? ¿Qué haces en casa tan temprano?
-¿Podemos hablar?
-Claro. Veremos esto más tarde – le dijo a las chicas posando su brazo sobre mis hombros.
En silencio caminamos hasta mi habitación. No sabía cómo comenzar. Mamá me dio mi espacio y mi tiempo. No me presionó para hablar mientras yo me paseaba de aquí para allá, hasta que tomé una de las ridículas almohadas que las chicas eligieron para mi habitación y grité en ella.
Grité hasta que sentí mi garganta arder.
Respiré profundo y miré a mamá.
-Cometí un error. Un gran error comencé, apretando la almohada contra mi pecho.
-¿Que pasó? – pregunto lentamente, con cautela.
-Primero, acepté trabajar como policía encubierta en una escuela preparatoria. Segundo, me acosté con Beaufort el día en que lo conocí, el día de tu boda, por cierto. Duré una semana entera en su apartamento, follando como conejos, siendo irresponsable… Bueno, no irresponsable… Pero siendo estúpida y dejándome llevar por la calentura y dejándome envolver en la presencia de este chico divertido, apuesto, lindo, adorable, bobo, nerd con cuerpo de dios griego con ataques de pánico y ansiedad… y movimientos de stripper que… Ejem…
Mamá me miró y desvió la mirada abriendo mucho los ojos.
-Tercero, me dieron ganas de vomitar en el momento en que lo conocí… Cuarto, me apegué demasiado a él y traté de que no me importara mucho, trate de enfocarme en mi trabajo, pero los niños Cullen me lo están haciendo muuuuy difícil. Quinto, elegí clases fáciles, mis clases favoritas que lleve hace más de cinco años en la preparatoria… Elegí Historia I… Elegí la clase equivocada, mamá.
-Quiero entenderte, pero – mamá inclinó la cabeza de manera adorable.
-Beaufort Dwyer es mi maestro de Historia, mamá. Es profesor en la escuela a la que estoy asistiendo como estudiante, lo cual no soy, soy una maldita policía encubierta y no le pude decir porque eso arruinaría mi cubierta. Nadie puede saber… Pero Nessie sabe, ella unió los puntos cuando vio la cara de Beau y la mía cuando me presentó como su hermana y dijo que quería presentarnos pero desaparecimos de la boda.
Caí de rodillas frente a ella, hiperventilando.
-Shh, cielo. Shh, respira – Esme se sentó junto a mí, acariciando mi cabello.
-¡Lo hubieras visto mamá! –sollocé-. Le hice daño, lo herí. Y no puedo decirle la verdad… Él es bueno y le hice daño, hubieras visto como me miró…
-Oh, cariño – mamá me meció en sus brazos, consolándome.
No entendía de dónde venían las lágrimas. ¿Por qué estaba llorando así por lastimar a un chico?
Era un chico lindo, bueno, me gustaba, pero no para el punto para llorar así porque terminó conmigo…
Oh…
¡Así se siente que terminen contigo!
Um… Bueno, apesta. Y duele.
Una vez leí que para que tu pecho deje de doler cuando te rompen el corazón, tomes un par de ibuprofeno. Leí muy tarde ese consejo, mi corazón se había partido ya dos veces… pero ciertamente jamás creí que terminar con Beau doliera casi igual.
¿Por qué dolía tanto?
¡Solo "salí" con el chico por una semana! Y lo pongo entre comillas porque no salí con él, no tuve citas con él, solo tuvimos sexo por una semana…
Sexo muy bueno.
Pero no debería doler así.
Mamá dijo que me acostara, que durmiera y descansara. Pero no podía.
-Tengo tarea que… hacer – el llanto, regresó.
No lloraba por Beau, lloraba porque tenía que regresar a esos tediosos días en los que tenía que hacer tarea.
¡Yo!
Ya graduada de universidad y con un empleo de adulto, tenía que hacer de nuevo las insulsas y triviales tareas estúpidas, con datos inútiles que jamás utilizaré.
.
Me quité mi estúpido uniforme y con la pijama puesta me tomé dos ibuprofenos.
Funcionó.
Mi pecho dejó de doler, dejé de llorar y pude respirar bien.
Hice mis tareas y cuando los chicos regresaron, Renesmee fue de inmediato a mi habitación.
Mierda.
-¡Edythe! ¿Puedo entrar?
Puse los ojos en blanco y grité en una almohada, de nuevo.
-Está abierto – aun no terminaba de hablar cuando la pequeña niña de rizos como resortes, entro brincoteando a mi habitación.
-Tienes que contar… ¡Oh! ¿Qué tienes? ¿Por qué lloraste? – se sentó junto a mí en la cama y tomó mi mano.
-Um…
-Es por Beau.
Asentí. Era inútil negarlo.
-¿Te hizo daño? – preguntó con facciones endurecidas.
-No. Al contrario.
-No entiendo.
Respiré profundo.
-Esa noche, la noche de la boda, ¿recuerdas que estaba enfadada con ustedes?
La niña frente a mi puso los ojos en blanco.
-Bueno, salí al jardín y él me encontró. No sabía que es como su primo y menos que era maestro en Halloway, pero hablamos y me gustó. Sentí… mariposas. Era la primera vez que me pasaba y supongo que él pensó que era mayor de edad…
Renesmee asintió.
-Pase la semana con él y…
-No puedo hablar y decir que es algo grotesco que estés con alguien tan mayor –me interrumpió Renesmee-, porque estoy con Jacob… pero… Iuk, él tiene como treinta, casi te dobla la edad. Pero… fue consensuado, ¿verdad? Él no te obligó…?
-¡No! ¡Por supuesto que no! Fui a su casa después de clases y… Oh, Nessie, él se veía…
-¿Como tú te ves a hora?
-Supongo… Él me gusta, en verdad que me gusta y… Es mi maestro, es tu primo…
-Eres menor de edad.
-La manera en que me miró y… - sollocé y Nessie me atrajo a su hombro, pequeño y huesudo.
-Me dijiste Nessie – susurró después de que dejé de lloriquear.
-¿No debí?
-¡Claro que sí! Solo que a los demás no les gusta. Ese sobrenombre me lo dio Jacob cuando recién me adoptó Carlisle. Éramos unos niños y él no sabía cómo pronunciar mi nombre y dijo que me llamaría Nessie, desde ese día… -Nessie suspiró-, fui suya. Para siempre. Él tomó mi corazón.
Renesmee suspiro de nuevo, viendo algo sobre mi hombro y yo puse los ojos en blanco y quise reírme. Apreté los labios para no hacerlo, no debía burlarme de sus sentimientos, ella estaba aquí consolándome, no debería ser una perra.
-Jacob me dijo que la entrenadora Eleanor te quiere para el equipo de Atletismo.
-No sé si entraré.
-Por que no.
-Um… No sé… Es mi primer día, fue muy intenso. No quiero pensar en nada. Me tomaré un día a la vez.
-Puedes entrar al escuadrón, conmigo. Será divertido.
Um, no gracias. No quiero ser porrista. Ugh.
No lo dije en voz alta, solo me encogí de hombros.
-Me cambiaré y bajaremos a cenar – Nessie me dio un rápido abrazo y se marchó, dejándome de nuevo sola, recordando la cara herida de Beau.
¡Mierda!
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Al día siguiente, fue más de lo mismo. Los chicos me custodiaron en todo momento, Nessie fue de lo más atenta y me preguntó de nuevo si en verdad Beau no me obligó a hacer algo que yo no quería.
-No, Nessie. Todo fue consensuado.
-¡Pero… es violación estatuta!
Me reí.
-¿Qué? – la miré por un segundo, despegando los ojos del camino, mientras conducía hacia la escuela.
-¡O como se le diga!
-Violación Estatutaria. Actividad sexual consensuada entre un menor de edad y un adulto –recité, como si estuviera leyéndolo de un libro-. Fue consensuada, Nessie, pero él… Él habló de ir a la cárcel y de las cosas que le harán ahí por ser violador de menores.
-Y es hijo de un policía – agregó Renesmee.
-Sí.
-¿Que vas a hacer?
-¡Nada! ¡No lo voy a denunciar! – ¿qué pensaba esa niña?
-¡No! En la escuela.
-¡Nada! –repetí-. Él no quiere verme, lo dejó muy en claro y ni siquiera dejó que le explicara… Yo solo… - suspiré.
-Él te gusta en verdad.
-Sí – me lamenté en el semáforo en rojo, pegando mi frente al volante.
-Beau es un chico increíble, ha pasado por mucho, igual que nosotros. No sé qué es peor, si perder a tus padres y saber que tal vez están en un lugar mejor, tranquilo, pacifico… o ver como se consumen lentamente frente a ti, sin que puedas hacer nada. Solo ves como tu madre, la persona a quien más amas se le va la vida cada día.
Tragué saliva.
-Lo sé, él me lo dijo… Me contó sobre su madre y las consecuencias que eso le trajo.
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Renesmee ya no volvió a tocar el tema y me prometió que no le diría a nadie más y menos a Emmett y Jasper.
-Por muy primo que sea Beau de nosotros y lo queramos, si ellos se enteran… lo matan. Aunque tú hubieras estado más que dispuesta a acostarte con él – declaró Renesmee antes de bajar del auto.
Supongo que se debía a que Rosalie fue violada por su padre cuando era una niña y ese era un tema muy delicado para los chicos.
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Los martes la última clase era la clase de Beau.
No miró en mi dirección en ningún momento, se dirigió a la clase con el mismo tono cortante del día anterior, habló sobre no sé qué durante la clase y quitó puntos a diestra y siniestra a las chicas que cuchicheaban a mi espalda lo sexy que era.
Eso no las desalentó a seguir describiendo las cosas que le harían si tuvieran oportunidad con él, tampoco dejaron de soltar risitas fastidiosas cuando él nos daba la espalda y comenzar a escribir en el pizarrón.
En el minuto en que sonó la campana salté de mi asiento y casi corrí hacia las oficinas.
Mi camino fue cerrado por un grupito de porristas. Su líder era pelirroja -falsa-, con ojos y sonrisa maliciosa.
-¿Dónde están tus guardaespaldas? Te cuidan como si fueras hecha de porcelana, ¿quién te crees que eres? Eres demasiado baja… y corpulenta como para ser bonita.
Puse los ojos en blanco.
-Déjame adivinar –me crucé de brazos-. Eres porrista, la capitana del equipo, tu novio es el mariscal de campo, tienes más dinero que el de ellas juntas –señalé a su sequito-. Tus padres te dan lo que les pidas a cambio de que no molestes porque tienen mejores cosas que hacer que escucharte hablar sobre frivolidades. Tu madre es la jefa de la junta de no sé qué y siempre está ocupada recaudando dinero para niños que no son suyos. Tu padre tiene un trabajo importante o una empresa propia y siempre está de viaje, pero en realidad está en un hotel revolcándose con su secretaria o con su segunda familia en los suburbios, criando a un hijo pequeño, dándole toda la atención que a ti no te da.
La pelirroja trago saliva y su sonrisa titubeó.
-¿Continuo? –pregunté con una sonrisa cruel-. Tus calificaciones son mediocres, pero aun así lograrás entrar a una universidad decente, porque tus padres donaran una nueva biblioteca, te unirás a una hermandad… Tu novio el mariscal de campo, es el bully supremo de la escuela, es homofóbico, pero en realidad es más gay que un fanático de Cher. Es el que viola a los chicos en los vestidores, ¿verdad? Lo hace para demostrar que es muy macho… pero tener sexo consensuado o no, con chicos… eso es bastante gay. Te aseguro a que te obliga a que solo se la chupes en la oscuridad o te lo hace por detrás, porque así se imagina que es uno de sus compañeros de equipo...
Su sequito contuvo el aliento.
La pelirroja levantó la mano para darme una bofetada y la detuve, retorcí su brazo hasta su espalda y la estampé contra los casilleros, enredando mi mano en su falso cabello.
-Mi nombre es Edythe, mucho gusto. Intenta eso de nuevo y lo lamentaras. Yo no soy ninguna niñita asustada como el resto de las chicas de la escuela… Intenta ser más amable, no seas una perra. Nada te cuesta ser un ser humano decente. Deja de ser un estúpido cliché de película de adolescentes - la solté cuando comenzó a llorar por el dolor en su hombro.
Miré a mi alrededor y vi que tenía público. Al menos veinte niños me miraban aterrorizados, asombrados, nerviosos o divertidos.
Eso de torcerles el brazo es mi maniobra favorita, puedes lastimarlos sin hacerles daño, a menos de que jales un poco de más y les disloques el brazo. Requiere mínimo esfuerzo y es efectivo.
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Llegué a la oficina y Carol me recibió con una sonrisa.
-Hola cariño, ¿qué puedo hacer por ti? ¿Te está gustando la escuela?
-Um… -¡no!- Necesito cambiar una clase. Quiero cualquier otra materia que no sea Historia I.
-Oh, ¿por qué? ¿No te gusta tu maestro? ¿La clase no es lo que esperabas? – preguntó ella tecleando en la computadora mi nombre y apareció mi horario.
-No, solo… esa materia ya la llevé, tal vez meter otro idioma… Rumano suena divertido.
-Um… - Carol torció el gesto.
-¿Hay algún problema?
-No, es solo… todas las clases en ese horario ya están llenas.
-No importa que clase sea. Un laboratorio, uno de los clubs. Cualquier cosa excepto Historia.
A mi espalda alguien se aclaró la garganta.
-¿Qué tiene de malo Historia? ¿No te gusta? – Carol me miró con simpatía.
-No es eso, solo… quiero otra clase.
-Lo lamento, señorita Platt. Tendrá que quedarse en esa clase el resto del semestre.
Suspiré derrotada.
-Gracias por su ayuda.
Giré para salir de la oficina, cuando vi a Beau.
Estaba junto al buzón de maestros, pequeñas divisiones de madera, llenas de papeles de colores y sobres; él aparentaba estar leyendo algo muy importante en un papel amarillo, sobre las audiciones para la obra de teatro de primavera.
No me miró y yo salí sin reconocer su presencia.
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El resto de la semana seguí viendo a chicos ser lanzados contra la pared, siendo golpeados, lanzados al suelo, intimidados en los pasillos, vi racismo, homofobia… Los chicos estaban completamente fuera de control. ¿Quién crió a esas criaturas salvajes, sin sentimientos, sin compasión, sin educación que se creen mejores que el resto?
Escuche como le decían cosas a mis hermanos y hermanas y ellos los ignoraron, me tomaron del brazo y me alejaron de las burlas y los nombres por los cuales nos llamaban.
Los Cullen me dieron todo un discurso sobre no meterme con ellos y pusieron el grito en el cielo cuando se enteraron de lo que le hice a la porrista en el pasillo.
Victoria, se llamaba.
Beau seguía odiándome desde la distancia y yo suspiraba por él e imaginaba el día en el que por fin le podría decir la verdad.
Cuando lograba escaparme de los Cullen, fui insultada, chicas chocaban sus hombros con los míos, me ponían el pie para que tropezara, fui manoseada…
En mi cabeza hice una lista de cada chico y chica que tuvo contacto conmigo y del resto de los chicos que eran maltratados.
El jueves, cuando salí de la clase para ir al baño –el periodo llegó el miércoles por la noche-, el estúpido niño rubio que me tocó el trasero el lunes me encontró en el pasillo.
-Edythe Platt. ¿O debería decir Cullen? ¿Ya te estrenó papi como al resto de tus hermanitas? ¿O tus hermanos ya usaron ese lindo coñito? – su mano trató de subir mi falda y le di una bofetada.
-No me toques, James.
-¿Te gusta rudo? – intentó tocarme de nuevo, cuando fue alejado de mi por completo.
Beau lo tomó de la parte de atrás de su suéter.
-¡Aléjate de ella! – gruñó enfadado, con las mejillas enrojecidas, sus ojos llenos de fuego furibundo.
-¡Profesor Dwyer! ¡Solo estábamos hablando!
-No me creas tonto, te vi. ¡A la dirección! Los dos – Beau me miró y yo asentí.
Tenía un testigo, un profesor que vio que estaba siendo acosada por otro alumno. Nadie hace nada en esa escuela, nadie dice nada y si un profesor fue testigo, es probable de que tal vez hagan algo al respecto, pero lo dudaba.
Beau no soltó a James hasta que llegamos a la dirección. Él sería el primero de muchos que esperaba llevar en bandeja de plata con el director y este al fin pudiera castigar y poner orden.
Pero como dije, lo dudaba.
Y tenía razón.
Para empezar el director no estaba, a su hija tuvieron que operarla de emergencia, apendicitis. Solo estaba el subdirector y este dejó ir a James con una advertencia.
¡Una puta advertencia!
Ni siguiera un castigo después de la escuela. Que se perdiera un par de juegos por estar en la banca. No, nada.
Beau me miró cuando salimos de la oficina.
-¿Estas bien?
-Como si te importara, Beaufort.
-Oye, soy tu profesor, se más respetuosa.
-Solo quiero hacer pis – después de todo, por eso estaba fuera de clases.
-Te esperaré y te acompañaré a tu clase, supongo que tu maestra se preguntará donde estas.
-Lo que sea – caminé en silencio fuera de las oficinas.
No tenía que ser grosera con él, por supuesto que no, pero si intentaba de nuevo disculparme o siquiera explicarle, comenzaría a llorar.
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A la hora del almuerzo, supuse que ya era hora. Tenía que preguntarles a los chicos sobre Leah Clearwater, sin parecer sospechosa. Si no podía detener lo que estaba pasando a mi alrededor, al menos tendría que averiguar que le ocurrió.
-¿Quién es Leah Clearwater? – dije mientras todos comíamos en nuestra mesa. Excepto Renesmee, quien estaba en la mesa de su novio.
Jacob y Sam me invitaron a sentarme con ellos en el almuerzo, pero no quería hacer a un lado a mis hermanitos. Tal vez la próxima semana.
Los Cullen se quedaron callados, dejaron de masticar, de beber, de hablar.
-¿De dónde sacaste ese nombre?
-¿Quien dijo que de ella?
-No creas ni una palabra de lo que escuchaste.
Hablaron unos sobre otros, con expresiones furibundas.
Me aclaré la garganta.
Cielo santo, jamás esperé esa reacción.
-Um… Lo escuché en el baño -mentí-. Unas chicas estaban hablando de ella. No supe quienes, yo estaba en un cubículo y ellas entraron a maquillarse. Solo escuché que dijeron que es una lástima que no entró este semestre.
-Tal vez serian Emily y Claire. Eran sus amigas… - dijo Bella, antes de darle una mordida a su manzana.
-Amigas es un término muy vago en estos momentos – replico Rosalie, quitando su largo cabello rubio de su hombro.
-¿Por qué? ¿Quién es? ¿Qué le paso?
-Es nuestra prima… Es como Jacob. Nuestros padres son amigos de años – respondió Edward.
-Eran, su padre murió – corrigió Jasper.
-Es hermana de Seth – agregó Alice.
De nuevo, hablaron uno sobre el otro.
-¿Y por qué este año no entró? – cuestioné con cautela.
Los niños se miraron y sus rostros ensombrecieron.
Rosalie cerró los ojos y una lagrima se derramó por su mejilla de porcelana.
-No tiene caso hablarlo. Lo importante es que ella ahora está bien, a salvo – dijo Jasper aclarándose la garganta.
-¿Alguien le hizo daño? ¿Fue aquí en la escuela?
-Edythe – masculló Edward con un tono que decía que era todo lo que iban a decirme sobre ella.
Tenía que recurrir a Renesmee. Si ella no me decía, si ella no sabía o no quería decirme, mis minutos en esta escuela estaban contados. No tendría caso continuar aquí.
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Las audiciones para la obra de teatro de primavera serian el sábado por la mañana. Quería entrar al club de teatro, tal vez ahí haría un par de amigos, o al menos me enteraría sobre más cosas, tal vez sobre Leah. Pero no audicionaría, quería trabajar en la escenografía, soy buena construyendo y pintando.
La obra seria Snow White.
-¿Vas a audicionar? – preguntaron a mi espalda, mientras veía los horarios de las audiciones, cuando y donde presentarse si querías formar parte de la producción.
Era Beau.
-No – me aleje de él, sin siquiera mirarlo.
-Edythe…
-¿Qué?
-Nada… solo… -suspiró derrotado-. Ten cuidado.
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Ni siquiera recuerdo lo que pasó ese viernes… Bueno, si lo recuerdo… Pero no quiero repetir lo que dijeron y lo que quisieron hacerme… Vi rojo, mis oídos zumbaron y… Le rompí la nariz a Laurent, el amigo de James y nos llevaron a ambos a la dirección.
Vi manos temblar en mi regazo, con los nudillos hinchados, mi codo dolía, mis costillas, mi cadera, bajo mis uñas llevaba el ADN de ellos.
No dejé que la enfermera me limpiara y curara, en mis muslos comenzaban a aparecer marcas de manos.
No despegué mis ojos de mi regazo hasta que sentí manos gentiles en mi rostro. Salí de mi trance de inmediato y traté de alejarme, solo para ver a Beau enfurecido.
-¿Que te pasó?
Le di un manotazo a su mano y dejó de tocarme. No quería que me tocara, no cuando me veía así, no cuando mi cuerpo estaba herido por lo que intentaron hacerme.
Además, no quería que me consolara, si lo hacía, me rompería. No quería romperme. Tenía que ser fuerte.
-¿Tu qué crees? – espeté.
-Estas… Ellos…
-No… solo eran dos…
James, Laurant y Victoria. Pero Victoria solo iba a grabar con el celular.
-¿Qué pasó? – preguntó de nuevo.
-Nada que a usted le interese, profesor Dwyer.
-Me interesas tú – susurro muy bajito, sentándose junto a mí.
-Por supuesto – susurré con sarcasmo.
-¿Que pasó…?
-Ellos… Ni siquiera sé cómo es que llegaron a eso…
-¡EDYTHE! ¡¿Mi niña, que pasó?! – mamá llegó arrodillándose frente a mí, trato de tocar mi rostro.
-No, es evidencia – susurre muy bajito, solo para que ella me escuchara.
-¡¿Qué diablos?! – gritó Carlisle.
-¿Son los padres de Edythe Platt? – pregunto una de las secretarias.
-Si – respondieron Carlisle y Esme al unísono.
-El subdirector los está esperando, los padres de Laurant ya están dentro.
Por supuesto que los padres de Laurant ya estaban ahí. Mamá estaba al otro lado de la ciudad tratando de poner de nuevo en pie su negocio, luego de cambiarlo al otro lado del país y Carlisle en una cirugía, cuando los llamaron de que su pequeña niña había estado envuelta en un incidente.
No sé por qué James y Victoria no estaban ahí con nosotros… Ah, si… porque me convertí en Hulk, salieron huyendo… yo lo perdí y ataqué a Laurant, le pateé el pecho, le di puñetazo en la cara, le quebré la nariz… asi nos encontró el subdirector.
Por supuesto, la victima tiene la culpa. Yo estaba defendiéndome, no atacando sin razón, pero Laurant dijo que yo lo ataqué…
Ahora ahí estaba, en la oficina del subdirector, porque el director, la persona que básicamente me contrató para que viniera a limpiar su escuela de porquería, estaba aún en el hospital por que la cirugía de su hija se complicó.
-Vamos a presentar cargos – dijo Carlisle muy serio en un momento de la discusión.
Um… no. No lo vas a hacer, soy mayor de edad, una impostora y golpeé a un menor de edad… aunque me hubieran querido hacer cosas muy adultas y sin mi consentimiento.
-¿Por qué van a presentar cargos? La salvaje de su hija, golpeó a mi hijo – dijo la madre de Laurant con acento frances, señalando su vendaje provisional.
-¡Él me atacó en el pasillo! El… - vino a mí el momento en el que trató de retenerme en el suelo, con James sobre mí y la risa de Victoria al fondo…
No te quiebres, no te quiebres.
-Él es el doble de la talla de mi hija. Mírela, es muy pequeña… ella no anda por la vida atacando a chicos, a menos de que haya pasado algo para que ella tuviera que defenderse de tal manera… - dijo Carlisle señalándome.
-Tiene hematomas en sus muslos – señaló Beau a mi espalda.
Ni siquiera sabía que él entro a la oficina con nosotros.
-¡¿Qué?! – el padre de Laurant miró mis piernas y mi instinto fue bajarme la falda para taparme los agujeros de mis medias negras.
No traía unas leggins con agujeros, de esas modernas que cuestas una fortuna, se habían roto, cuando… James las rompió…
Los adultos comenzaron a discutir.
Miré a Laurent, mientras nadie nos ponía atención. El comenzó a removerse incomodo en su asiento. Mi mirada era malévola. Él sabia de lo que era capaz, el dolor de cabeza que le daría la nariz rota se lo recordaría durante semanas.
-Mamá dile a Carlisle que deje de discutir, yo me las arreglaré con el director después. Recuérdale que soy y que hago aquí – le susurré a mamá y ella le transmitió el mensaje a Carlisle.
Como el subdirector, prefería expulsarme a mí que a Laurent, Carlisle y mamá intervinieron y dijeron que se nos castigara a ambos con detención.
No era nada justo, pero era lo mejor que iba a obtener.
-¿La va a castigar a ella? –exclamó Beau enfadado-. ¡Mirela! Mire como… ¿Que cree que Laurant le iba a hacer?
-Yo solo vi que era ella la que lo estaba golpeando cuando los encontré en ese pasillo solitario – dijo el subdirector.
-Esta semana vi como uno de sus compañeros, la acoso en el pasillo cuando ella solo iba al baño. ¡Usted lo dejó ir con una puta advertencia!
-¡Cuide su lenguaje, profesor Dwyer! – el subdirector se levantó de su asiento.
-¡Tiene que estar bromeando! – grito Beau, pasando la manos por su cabello, viéndose realmente frustrado.
-Los tres –el tipo nos señaló a Laurent, a Beau y a mí-, se presentaran durante tres fines de semana en el gimnasio, en horario escolar. Ese será su castigo, usaran el uniforme deportivo y harán ejercicio todo el día, usted los cuidara – señaló a Beau.
La madre de Laurant quiso protestar, pero la mano de su esposo en su antebrazo la calló.
Carlisle quiso protestar, pero el mismo movimiento de parte de mamó, también lo tranquilizó.
Beau murmuro increíble, bajo su aliento y salió enfadado de la oficina.
Mientras mis padres hablaban con los de Laurant, yo lo miré de nuevo. No dije una sola palabra, solo lo miré, no lo miré con maldad, con crueldad… solo lo miré.
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Solo faltaban quince minutos para la hora de la salida y sin esperar a mamá y a Carlisle me dirigí a mi auto.
Cerré la puerta de un portazo después de lanzar mi mochila al asiento pasajero y grité. Grité golpeando el volante, pateé y chillé sacando dentro de mí toda la frustración, el miedo, el coraje, el odio.
¿Eso le hicieron a Leah Clearwater?
¿Pudo luchar?
¿Pudo defenderse?
¿Estaba inconsciente?
Mis manos temblaban cuando las levante para limpiar mis lágrimas, pero me detuve. Tenía ADN en mis manos y tenía que ir a procesarlo. Tenía que empezar esa investigación a ciegas por algún lugar.
Todos estos días me he sentido como si caminara en el desierto de noche y con los ojos cerrados. Sin ninguna guía, sin ninguna ayuda. Ahora tenía algo vital en mis manos que podría ser de ayuda.
Respiré profundo viendo por el parabrisas. Saqué las llaves de mi bolso y mis guantes, los puse con cuidado y encendí el auto. Salí del estacionamiento y conduje con cuidado hasta la estación de policía.
Cuando entré, mis colegas me miraron asustados, se acercaron a mí con lentitud, con palabras suaves y tranquilas. No es que supieran que era una de ellos, pensaba que era una víctima de… de lo que parecía. Con el cabello despeinado, la ropa arruinada, golpeada.
-Está bien, chicos. Estoy bien, pero necesito hablar con el Capitán Swan y que traigan a alguien del laboratorio para que tome algunas muestras, por favor. Gracias – susurré mostrándoles mi placa.
Horrible, como de costumbre, pero al menos la trama se esta moviendo a donde quiero... Mas o menos.
*suspira derrotada y se sienta en un rincón*
