Sinopsis

Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.

A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.

Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.

Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.

Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.

Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.

Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.

Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.

Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.

Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.

¡Diablos!


CAPÍTULO 16

Me tomaron fotografías, escribieron mi declaración, tomaron las muestras de piel bajo mis uñas, todo. Como si fuera una declaración oficial y la metieron a los archivos bajo mi nombre. Curaron mis heridas y me dieron medicamento para el dolor.

Esos chicos me golpearon, pero no era nada al dolor y los golpes que recibí durante el entrenamiento en la Academia. Yo iba a estar bien. Tenía que estar bien.

Mamá y Carlisle me llamaron o enviaron mensajes cada quince minutos.

Mi respuesta era la misma.

Estoy bien.

No fue nada. En serio.

El médico de la estación ya me revisó.

Pronto estaré en casa.

No te preocupes.

Los niños Cullen también enviaron mensajes. Preguntándome donde estaba, que si estaba bien, que escucharon que me involucré en una pelea y me expulsaron de la escuela.

No les respondí.

Decir que el Capitán Swan estaba enojado, era poco. Estaba enfadado, furioso. Quería dispararle a alguien, pero se tuvo que conformar con algo y cuando yo me marché él fue al campo de tiro. No había otra cosa que él pudiera hacer.

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Cuando llegué a casa, ninguno de los chicos aun llegaba. Todos tenían actividades extracurriculares y no llegaban a casa hasta las seis de la tarde. Yo aproveché para bañarme, tomarme un par de analgésicos, ponerme ropa cómoda y trazar mis planes. Mamá y Carlisle tampoco estaban en casa, después de que les aseguré de que estaba bien por centésima, que eran gajes del oficio, que no necesitaba que me asfixiaran con sus atenciones.

Necesitaba estar sola.

Además, si me dejaba consolar, si dejaba que cuidaran de mí, si me dejaba llevar por mis emociones, no llegaría a ningún lado. Tenía que mantener la cabeza fría.

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Cuando llegaron los chicos, yo los esperaba en la puerta.

-¡Al comedor, ahora! – señalé con mi brazo extendido, sin dejarlos hablar, sin dejarlos preguntarme nada.

-Pero… - murmuró Nessie.

-¡Ahora, Renesmee! – usé mi voz autoritaria, mi voz de policía que decía, no te metas conmigo, estoy armada.

Todos caminaron derechitos hacia el comedor, se sentaron en silencio, mirándose los unos a los otros. Yo me quedé de pie, a la cabecera.

-En estas hojas, sin excepción, escribirán que y quien los ha maltratado, insultado, humillado o cualquier otra cosa horrible que les haya pasado en esa escuela infernal – señalé las hojas en blanco que puse en la mesa, frente a sus asientos.

-¿Qué?

-¿Por qué?

-¿Para qué quieres saber eso?

-¿Que vas a hacer?

Comenzaron los niños Cullen a decir, levanté mi mano y ellos se callaron.

-Hoy James y Laurant hicieron cosas que… -respiré profundo-. Terminé castigada con Laurant los fines de semana, tendré que hacer sabrá Dios que los sábados. Esto no se va a quedar así, esto es la gota que derramó el vaso, algo le pasó a Leah Clearwater, ustedes no me lo dirán… Esa escuela es el Infierno en la tierra y nadie se mete conmigo o con mi familia. Escribirán lo que les pedí y punto.

A Renesmee se le llenaron los ojos de lágrimas, Bella y Edward me miraron con la boca abierta, Jasper y Emmett parecían dos toros a punto de envestir al torero, Rosalie miró hacia la nada y Alice comenzó a escribir sin protestar.

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Leí y leí y volví a leer las cosas que les han hecho y dicho a los niños Cullen. Lo leí en mi asiento en el comedor, mientras ellos se limpiaban para cenar.

Se me revolvió el estómago. Pero al menos no les hicieron lo que trataron de hacerme a mí.

James, trataba de mostrar su hombría al forzarme y tenerlo grabado en video. Las palabras que le dije a su novia el otro día en verdad le llegaron. Era un cobarde, gay de closet homofóbico.

En mi computadora hice notas. Quien hizo que a quien, cuando y cuantas veces.

En mi celular tenia mensajes sin leer de Beau. No podía leerlos. No quería pensar en él. No quería… Solo no.

Cuando llegó Carlisle y mamá a la hora de la cena, Carlisle me abrazó con cuidado.

-¿Estás bien, pequeñita?

-Sí, estoy bien. Gracias. Por cierto, aun no te perdono que hayas dicho que soy una enana indefensa – refunfuñé de broma.

-¡Estaba abogando en tu caso!

-Lo sé. Lo sé. Gracias… Tú no tenías por qué defenderme.

-Eres mi hija, estudiante falsa o no en esa escuela, yo te defenderé – tocó delicadamente mi mentón con su dedo índice.

Luché contra el nudo en mi garganta.

-Gracias.

Mamá me abrazó y sollozó en silencio, acariciando mí cabello. Limpió sus lágrimas discretamente cuando los chicos bajaron a cenar.

La cena fue tranquila, llena de miradas especulativas, tristes. Tuve que comer despacio porque mi labio partido dolía como la mierda. Alice me dijo que esperar en mi castigo del fin de semana.

-Solo te hacen sudar como puerco, corres, te hacen hacer ejercicio para el cual el cuerpo no está hecho.

-Eso solo lo dices porque eres una perezosa y nunca quieres ejercitarte – dijo Emmett riéndose de ella.

-Por eso cuido lo que como. Para no tener que hacer ejercicio y estar en forma.

Puse los ojos en blanco cuando los chicos, e incluso Rosalie, le dijeron los beneficios de hacer ejercicio.

Mis planes incluían hablar con el director en cuanto me fuera posible. Entrar a un club y tratar de hacer amigos. Vigilar como halcón a todo el que estaba en la lista de los niños Cullen.

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Desperté sobresaltada.

Sintiendo manos restringiendo mis movimientos, manos tratando de invadir mi cuerpo…

Alejé esos pensamientos de mí y me levanté de mi cama calientita. Mi alarma sonaría en unos quince minutos de todas maneras.

En el espejo del baño vi mi reflejo, los hematomas eran peor ahora. Los golpes en mi cara comenzaban a notarse más, las manos de Laurent estaban marcadas alrededor de mis muñecas, las patadas en mi estómago y costillas tenían espantosos colores purpuras, los nudillos en mis manos bajo las vendas estaban hinchados y pelados. Mi labio partido estaba inflamado.

James trató de violarme en los pasillos de la escuela y a nadie le importó. Victoria y James salieron corriendo cuando escucharon que alguien se acercaba, logré meterle el pie a Laurent y él cayó al suelo como un costal de papas y fue cuando lo golpeé hasta quebrarle la nariz. También lo pateé, lo golpeé con todas mis fuerzas. Ellos no eran niños ricos a los cuales estaba tratando de detener que siguieran haciendo fechorías, eran monstruos salidos de pesadillas.

Tres adolescentes, menores de edad, planearon, trataron y filmaron mi intento de violación, en los pasillos de la escuela preparatoria...

Las autoridades escolares no iban a hacer nada, al menos tenia al departamento de policía de Seattle y al Capitán Swan de mi lado y registraron todo como debería de ser. Si el ADN bajo mis uñas era de Laurant y James y salía en algún otro caso relacionado con la escuela, irían a la cárcel… o al juvenil y con suerte, saldrían hasta los veintiuno… si no… saldrían a las seis semanas, como la escoria que violó a una chica universitaria y se salió con la suya por ser rico, que enfureció a todo el país.

Pero por mientras no podía hacer nada, yo era una policía encubierta, no podría arruinar el poco progreso que he hecho al denunciarlos…

Así que me vestí con mi uniforme deportivo, desayuné en la cocina y me despedí de mamá y Carlisle antes de salir rumbo a la escuela.

Me sorprendió ver que había al menos la mitad de autos que en la semana. No todos estaban castigados como yo. Los chicos del club de teatro estaban haciendo audiciones, el equipo de básquet estaba entrenando y otros clubs escolares tenían actividades programadas. Lo típico de una escuela preparatoria.

Cuando llegué a los vestidores para dejar mi bolso con ropa limpia, me di cuenta de que ninguna de las chicas que molestan a los demás estaba ahí… Las castigadas durante el fin de semana éramos nada más y nada menos que las chicas que eran acosadas.

¡¿QUÉ CARAJO?!

La chica con hijab, me miró horrorizada, cuando metí mi bolso en mi casillero en los vestidores.

-¿Qué… qué te pasó? – susurró, muy, muy bajito.

-James, Laurent y Victoria. ¿Quién más? – me encogí de hombros.

-¿Te golpearon? ¿A ti? – preguntó nerviosamente, una chica bajita, rubia con lentes de marco rojo.

-Iba al baño, me pongo muy paranoica cuando tengo el periodo. Alguien me tomó por detrás tapándome la boca y restringiendo mis brazos, me tiraron al suelo, Laurent detuvo mis manos sobre mi cabeza –les mostré mis muñecas-. James trató de arrancar mis leggins, me golpearon y Victoria filmó todo…

La respiración de las chicas a mí alrededor se agitó, sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Ellos…

-Él…

No pudieron terminar de preguntar… o aiquiera iniciar a preguntarme. Estaban aterradas.

-No, no llegaron a eso – entendí de inmediato lo que querían decir. Si ellos lograban hacer algo conmigo, alguien a quien ellas habían visto o escuchado que se podía defender… no querían ni imaginarse lo que les esperaba a ellas.

-¿Los expulsaron? – cuestionó alguien a mi espalda.

-Por supuesto que no. James y Victoria huyeron, logré golpear a Laurent y nos llevaron a los dos a la dirección y nos castigaron a los dos a venir los fines de semana.

-¡¿Él estará aquí?! – chilló una chica casi hiperventilando.

-Supongo –me encogi de hombros y meti otra píldora para el dolor en mi boca y la pasé con un trago de agua de mi botella de ositos panda-. Al menos le rompí la nariz.

-¡¿Qué?!

-¡BUENOS DÍAS! – gritó la entrenadora Eleanor con alegría, entrando por las puertas dobles.

Todas les regresamos el saludo, pero sin emoción alguna.

-¡Vamos pequeñas delincuentes, salgamos a mover el esqueleto!

Murmuros y pequeños sollozos la siguieron. Incluidos los míos.

En el gimnasio nos esperaban cuerdas que colgaban del techo, colchonetas azules en el piso justo debajo de ellas.

Esperaba que las pastillas hicieran efecto rápido, como la noche anterior.

-Formen una fila, pequeños delincuentes – nos dijo señalando frente a ella, a su lado, estaba Beau.

Bajé la mirada, evocando el dicho de si no lo veo no me ve. No quería que él me viera así. A un segundo de quebrarme, de tirarme en el piso y llorar. Tenía que ser fuerte, tengo que se fuerte.

La entrenadora caminó frente a nosotros, como un capitán evalúa a los nuevos reclutas en el ejército.

-Lo primero que haremos será calentar. Nos espera un largo día de ejercicios, los cuales estarán adaptados a lo que los trajo al día de castigo en primer lugar.

Ninguno de los que estábamos ahí, excepto Laurant, deberíamos estar ahí. Los chicos eran niños flacuchos, tímidos, vulnerables, que a un kilómetro se veía que ellos jamás habían hecho algo para estar ahí ese día.

La entrenadora Eleanor vio algo en su Tablet, tal vez la lista con nuestros nombres y el por qué estábamos ahí. Caminó de nuevo viendo nuestro rostro y de nuevo a su Tablet, cuando pasó junto a mí, siguió de largo y regresó unos pasos hasta ponerse enfrente de mí.

-¿Qué te pasó? – susurró tomando delicadamente mi mentón y girándolo para verme mejor.

No contesté, bajé la mirada.

-Aquí dice que le rompiste la nariz a Laurent… ¿Por qué?

Respiré profundo antes de contestar y encuadré los hombros.

-Porque él me retuvo, mientras James intentaba violarme en el pasillo junto a los baños del ala este, los que están muy al fondo… Victoria lo grabó todo… Probablemente ya está en línea y me estén diciendo zorra o que me lo merezco… o algo así. Ya sabe cómo es esta escuela.

Diana Prince… es decir, la entrenadora Eleanor, soltó mi mentón como si le quemara y retrocedió un paso como si la hubiera golpeado también.

-¡¿Qué?!

-Um… es verdad – murmuró Beau a su lado.

-¡¿Qué?! – su alta coleta giró a gran velocidad cuando giró para ver a Beau.

-De hecho, en la semana, James subió su mano bajo la falda de Edythe, yo lo vi y lo llevé a la dirección y solo le dieron una advertencia. Ayer en la oficina, el subdirector básicamente me envió aquí como castigo por tratar de defender a la señorita Platt.

La entrenadora parecía que iba a vomitar.

-¿Una advertencia…? ¿Que…?

A mi alrededor, los niños se removieron incomodos. No estaban acostumbrados a que alguien dijera la verdad de los hechos, qué alguien se atreviera a confesar que fue lo que realmente pasó.

-Entrenadora… apuesto mi próxima mesada… que todos los que estamos aquí, con excepción de Laurent… somos las víctimas y nos tocó la pajilla más corta a la hora del castigo. Apuesto que ahí dice que estuvieron involucrados en un altercado con James, Victoria, Laurant o alguno de sus patéticos secuaces… Los cuales ninguno de ellos está aquí.

La entrenadora revisó de nuevo su Tablet y asintió viéndose un poco verde. Respiró profundo, encuadró los hombros y marchó con determinación hasta llegar con Laurent.

Lo vio con tanta rabia, tanto odio que Laurant retrocedió un par de pasos.

-No puedo tocarte. No puedo terminar el trabajo de la señorita Platt… Pero lo que sí puedo es castigarte, niño. Eres mío durante tres semanas. Ve a correr. ¡Ahora!

Laurent se apresuró a las escaleras para comenzar a correr en la pista que estaba alrededor del gimnasio a un par de metros sobre el suelo y comenzó a correr sin calentar.

La entrenadora giró hacia nosotros con los hombros hundidos.

-Les debo una disculpa… planeaba hacerlos sufrir… mucho. Es la primera vez que castigo a alguien… Como todos saben, soy nueva… No pensé que… Esto no es apropiado, son acosados en la semana y ahora están aquí como castigo cuando trataron de defenderse. Eso no debe ser castigado, debe ser premiado. Pero ya estamos aquí… que tal si lo hacemos divertido… y de acuerdo a sus posibilidades físicas. ¡¿Les parece?! – ella trató de sonreír.

-Y que salgan temprano. No es necesario que estén aquí hasta las tres treinta – sugirió Beau.

-Si…

-¡Excepto Laurent! – añadí con una sonrisilla.

-¡Sí! – la entrenadora me ofreció los cinco.

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Calentamos durante quince minutos. Los niños compitieron subiendo la cuerda, saltado obstáculos, brincaron en un trampolín, trataron de mantener el equilibrio en las barras, corrieron de pared a pared con relevos… cosas que hacíamos en la clase de gimnasia en la escuela primaria. Yo los animaba y les daba consejos, junto a la entrenadora. Ella dijo que no hiciera mucho esfuerzo, después de que me vio casi doblarme de dolor al tratar de seguirles el ritmo a los demás.

Laurant… bueno, creo que él no se suponía que tenía que hacer ejercicio con la nariz rota, pero aun así Eleanor –nos pidió que la llamáramos por su nombre mientras estuviéramos en el castigo-, lo hizo pedazos.

Se desmayó un par de veces y tuve que despertarlo con agua helada lanzada a su cara. Lo hice tropezar repetidamente, lo empujé y lo mejor…

-¿Filmarías algo por mí? – le pregunté a mi nueva amiga, Felicity. La rubia de lentes.

-Sí, claro.

Le entregué mi celular desbloqueado, con la cámara de video activada.

-Laurant – dije a su espalda mientras estábamos en un descanso, tomando agua.

Cuando giró a verme, golpeé su nariz con mi dedo. Fuerte.

Cayó de rodillas llorando.

A mi espalda, los niños y niñas aterrorizados por Laurant y sus amigos, soltaron a reír. Felicity dejó de filmar y me entregó mi celular.

Beau me miró desde las gradas y negó con la cabeza, pero sonreía.

Me acerque a él, despacio. Si no lo hacía de esa manera le saltaría encima frente a todos. Vestía el uniforme deportivo de los maestros. Chaqueta roja con pantalones azules y una polo blanca debajo, era el mismo uniforme de la entrenadora Eleanor.

-Gracias… por… ya sabes - susurré.

-Quiero asesinarlos. A todos. A esos tres niños, hijos de Satán – masculló apretando la botella de agua casi vacía que llevaba en su mano.

-Va a sonar muy inapropiado, pero… hoy te ves delicioso.

-Edythe… - sus ojos se abrieron mucho, se sonrojó y miró a nuestro alrededor.

-Lo sé, lo sé.

Me alejé de su lado y vi a Alice entrando al gimnasio como si fuera la dueña del lugar.

-¿Tú qué haces aquí? – pregunté al acercarme a ella.

Sus pasos titubearon un momento al ver mi cara sin maquillaje, con los moretones más marcados que la noche anterior.

-¡Hola a ti también! – sonrió de manera empalagosa y parpadeó un par de veces para desaparecer las lágrimas de sus ojos.

-Es sábado, ¿qué haces aquí?

-Están las audiciones de Snow White en el auditorio, soy la vestuarista y Nessie será la maquillista. Venía conmigo, pero vio a Jacob por ahí y se fueron a besuquear. Veníamos a decirte que deberías de ir a la audición.

-¿Quieren que audicione como árbol número cinco?

-¡No! ¡Para Snow White! – se rio.

-¿Por qué haría yo eso?

-Porque necesitas un club al cual pertenecer y tener un currículo estelar y entrar a una universidad genial.

Me daban ganas de reír.

-Soy buena haciendo escenografías – me encogí de hombros.

-¡Pero quiero que seas Snow White! – hizo un puchero.

-Alice…

-Solo ve, la entrenadora me dijo que saldrían temprano. Estamos haciendo las audiciones para los enanitos, el cazador… Para cuando salgas de aquí, las audiciones del príncipe ya habrán terminado y podrás hacer tu audición.

-Alice, mira mi cara. ¡Esto no se ve como la más hermosa del reino! – tenía un moretón en mi pómulo izquierdo, mi labio partido.

-Nessie trajo lo necesario para que te veas como Snow White…

-Ni siquiera sabes si canto bien.

-Nessie dice que siempre cantas cuando conduces y tienes una voz muy buena.

-No es cierto – lamentablemente era cierto.

-Elige una canción, la que tú quieras. Harás esa audición – me señaló con su pequeño dedo huesudo.

Bueno, hacer la audición no significa que me den el papel.

-Está bien. Salgo a las doce treinta.

-¡Perfecto! – Alice se alejó de mí dando brinquitos, hasta que desapareció por las puertas dobles.

Regresé con las chicas, estaban sentadas en el suelo de madera pulida, aun tomando agua, descansando de los ejercicios que les puso Eleanor, estaban hablando por supuesto de Beau.

-Es tan lindo.

-Muy estricto.

-Pero tan lindo.

-¡¿Por qué no me tocó el como maestro en mi clase de Historia el año anterior?!

-¿Que se siente ser defendida por él? –preguntó Felicity con expresión soñadora, cuando me senté frente a ella- ¿Te tomó en sus brazos para consolarte?

-¿Qué? ¡No! – me reí de su decepción. Lo que menos quería Beau era tocarme siquiera con un palo de diez metros.

-Lo que no daría porque él me abrazara, me encerrara en la seguridad de sus brazos fuertes y me susurrara al oído que todo estará bien. Perderme en sus ojos… - Felicity se abrazo a si misma, cerrando los ojos, imaginándose lo mismo que yo cada noche y cada vez que veo a Beau.

Pero yo si sabia lo que se sentía al ser abrazada por el, sabia a que sabían sus labios, sabia lo que se sentía estar debajo de el, sabia lo que era perderse en sus ojos…

-¿Que tú no eres la novia del capitán del equipo de Arquería? – cuestionó una chica morena de cabello rizado.

-¿Y? – Felicity preguntó, saliendo un momento de su burbuja.

Las demás soltaron a reír.

-Hablando en serio. Me preocupa lo que vayan a hacer Victoria y James ahora, ¿y si quieren hacer lo mismo con nosotras? – susurró Felicity.

-No tengan miedo. A ustedes no les harán nada, lo de ayer solo fue contra mí porque desde un principio no dejé que me acosaran, ni mantuve la cabeza baja. Y si algo ocurre vayan con… el profesor Dwyer.

Era obvio que James solo violaba chicos en los vestidores, con la ayuda de sus amigos. Yo era la primera… o la segunda, si es que él tuvo algo que ver con lo que le pasó a Leah.

-El director, ni ninguna autoridad escolar… nunca hacen nada, ni lo harán, aunque uno les presente el video de las cámaras de seguridad – dijo Felicity enfadada.

-¿Cuáles cámaras? – preguntamos al unísono, las chicas a mi alrededor y yo.

-Las cámaras de seguridad – la rubia señalo discretamente al techo.

-Yo no he visto ninguna – murmuré subiendo la mirada y observe el perímetro a nuestro alrededor.

-Yo no veo ninguna – dijo otra chica.

Todas teníamos la cabeza inclinada hacia arriba, tratando de encontrarlas.

-Están en los detectores de humo o en las luces de emergencia.

-¿Y tú como lo sabes? – la miré levantando una ceja.

-Porque para ahorrarse dinero, el director utiliza al club de Medios de Comunicación, que es una manera elegante de llamarle al Club Audiovisual. Nosotros arreglamos las cámaras cuando una deja de funcionar. Pero no usa las cámaras para obtener evidencias y castigar a los bullies, solo las usa como medida de seguridad. Por si alguien intenta robar propiedad escolar y eso…

Interesante.

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-¿Cual versión de Snow White es? – pregunté cerrando de nuevo los ojos. Renesmee me estaba maquillando en los vestidores, mientras Alice cepillaba una peluca negra.

-¿Como que cual versión? – preguntó Nessie, cepillando mis cejas, para definirlas después con sombra negra.

-Sí, ya sabes, la de Disney, la original de los Hermanos Grimm, la Once Upon A Time… ¡OH! ¡La versión de Neil Gaiman! ¡La que hizo Valentina Reddington! ¡Amo esa versión de Snow White!

-¡Esa Snow White era literalmente un demonio! Por eso la Reina Malvada la quería muerta, no porque le tuviera celos, sino para protegerse y proteger a su pueblo – dijo Alice horrorizada, dejando de peinar la peluca.

Nessie me sonrió.

-¡Era genial! –repliqué y le saqué la lengua-. Valentina Reddington era la Snow White más hermosa que he visto. Es de los pocos libros que perdono que no hayan adaptado al pie de la letra.

Valentina Reddington, obviamente no era una niña de seis años ni de trece, como en el cuento, pero aun así se veía joven y hermosa… Malvada e inocente a la vez. Fue la película que la convirtió en un símbolo sexual, a pesar de que jamás salió desnuda en cámara.

Los hombres son asquerosos.

-¡Sí! ¡Era hermosa y comía humanos! –refunfuñó Alice-. Y solo para que lo sepas, es la clásica de Disney.

-¡Buuu!

-A mí me gusta Nieve, Cristal, Manzanas – dijo Renesmee poniéndose de mi lado, y comenzó a pintar mis labios rojo sangre.

-Es un cuento muy oscuro y tétrico. Esta escuela no necesita más cuentos de horror – dijo Alice mirándome.

Los niños Cullen solo creían que me habían golpeado… No que James intentó otra cosa.

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Por supuesto la ridícula de Alice, me presentó en el escenario como si yo fuera la actriz que el mundo esperaba.

Mi hermana la más hermosa, la más talentosa, la estrella del club de teatro de su antigua escuela, la próxima estrella de Broadway, blablablá.

Caminé hacia el centro del escenario, vestía jeans azules, suéter amarillo paja y un moño rojo en la peluca negra que me pusieron. Los cardenales en mi rostro estaban totalmente ocultos bajo el maquillaje, mis mejillas tenían color y mis labios eran rojos como la sangre.

El director de la obra era Archie Brandon. Un hombre moreno de cabello casi rapado, delgado, con una bufanda enorme en su cuello, era el director del club de teatro.

-Bien Edythe, ¿qué vas a cantar para nosotros? – preguntó desde su lugar en la quinta fila.

-Um… -me aclaré la garganta-. Somewhere Over The Rainbow… la versión de Valentina Reddington en los Oscares.

Hubo unos cuantos ooh, a mí alrededor.

Claro que no iba a poder llegar a los tonos de Valentina, además no calenté lo debido, pero al menos sería divertido. Cantar es una de las cosas que más me gusta hacer, sola o con público.

Le asentí a Renesmee y ella le dio play a la pista en su iPhone conectado al equipo de sonido del auditorio.

Los dulces y melancólicos tonos de la canción, que adaptó Red Riding Hood para Valentina, comenzaron y esperé mi entrada. Las luces del escenario se apagaron, dejando solo un reflector sobre mí.

Respiré profundo antes de comenzar a cantar sobre la tierra donde los problemas de derriten como las gotas de limón, donde las aves vuelan…

A mitad de la canción vi a Rosalie, con el uniforme deportivo, a Jacob y sus amigos… y a Beau, sentarse en las butacas, mientras trataba de sacar a mi Valentina Reddington interior.

Traté de ignorarlos y continué cantando. Recordando lo hermosa que se veía Valentina esa noche que se convirtió en mi Girl Crush, como le aplaudieron y se ganó los corazones de Hollywood. Esperaba verme y escucharme la mitad de bien que ella.

Pregunté una última vez por qué yo no podía volar, en algún lugar sobre el arcoíris y la canción acabó.

Silencio.

Nadie se movió o respiró por un par de segundos hasta que todos comenzaron a aplaudirme. Alice, Renesmee y Rosalie se pusieron de pie. Beau se levantó de su asiento y se marchó. Imité a Valentina esa noche, golpeé mis talones tres veces antes de guiñar el ojo y salir del escenario.

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Llegué a casa adolorida, pero con una sonrisa enorme, por primera vez de que entré a esa escuela infernal.

Tenía un segundo llamado el lunes después de clases, donde tenía que cantar la canción original de Snow White, sobre que algún día mi príncipe vendría.

Pero lo mejor, tenía un plan.

Hackear las cámaras de seguridad.

Felicity, era la presidenta del club de Medios de Comunicación y del club de Informatica, que era un título elegante para (como lo dijo ella) si tu laptop muere ven con nosotros. Le pediría su ayuda para mi plan. Le contaría de ello al Capitan Swan el lunes después de mi audición.

Le conté a mamá sobre mi día y sobre la improvisada audición y mi segundo llamado.

Dio brinquitos, emocionada. Hubo un momento en el que quiso que estudiara Drama. Si ella hubiera sabido que mis planes eran ser policía y después ingresar a las filas de FBI, no hubiera renunciado a tratar de guiarme a estudiar Drama. Estuvo más que contenta cuando creyó que sería abogada, cuando fui aceptada en Justicia Penal.

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Cometí el error de desmaquillarme y bajar a cenar en pijama.

El día anterior mí cara y muñecas no se veían así, pero ahora, se veían espantosas.

Los chicos casi se caen de sus sillas al verme.

Mierda.

-¿QUE TE PASÓ?

-¿QUIEN TE HIZO ESO?

-¡¿POR QUE NO DIJISTE NADA?!

-¡¿QUIEN FUE?!

-¿Por eso nos hiciste escribir esa lista?

-Calma. Siéntense y coman su cena – ordené sentándome, preparándome para decirles la verdad.

En algún momento tendría que decirles… además. Ellos tendrían que ayudarme. No había de otra. Si saben lo que en realidad pasó con James, Victoria y Laurant, no querrán separarse de mí en ningún momento en la escuela.

Mamá y Carlisle se miraron.

-Ayer, cuando salí… cuando salí de clases antes de que sonara la campana… me interceptaron Victoria, James y Laurant… Eso ya lo saben.

Los chicos gruñeron.

-Cálmense. Salieron de la nada, me tiraron al piso, me patearon, me golpearon… mientras trataba de defenderme. Laurant sostuvo mis manos, James… Victoria filmó todo… Nada pasó, nada me pasó –dije rápidamente, cuando Emmett y Edward se pusieron de pie, tirando sus sillas al suelo con el repentino movimiento-. Nada pasó, más que unos cuantos golpes. Esto se ve peor de lo que es, en verdad. Lo prometo… Ellos escucharon que alguien se acercaba y salieron corriendo, pero logré retener a Laurant y rompí su nariz… A ambos nos llevaron a la dirección y el subdirector nos castigó por tres fines de semana.

-Voy a matarlos, voy a…

-Emmett, no. No vas a hacer nada. Ninguno de ustedes.

-¡Mira cómo te dejaron!

-¿Ustedes lo supieron? – preguntó Bella acusadoramente, a Carlisle y a Esme.

Ambos asintieron.

-Es mi culpa – susurró Jasper hundiendo su rostro en sus manos.

-Te advertimos que no te metieras con ellos – dijo Rosalie llorando.

-¡Qué caso tiene que te cuidemos todo el día si vas y sales del aula cuando se te da la gana y eso pasa! – gritó Emmett.

-¡No iba a dejar que Jasper fuera conmigo al baño!

-Pero…

-Pero nada. Esto no es nada, son gajes del oficio… Recojan las sillas y siéntense.

-Gajes del oficio… - se burló Edward, obedeciéndome.

-Voy a matarlos – dijo Emmett apretando los puños.

-¡Arg! Ustedes son unos niños. No van a hacer nada. Punto. No pueden intervenir, dejen a los adultos encargarse de esto, porque a pesar de que esos monstruos son adolescentes, hacen y dicen cosas muy adultas y se va a manejar como tal.

-¡¿De qué rayos hablas?! – Emmett aún no se sentaba.

-¡Cuales adultos, nadie hace nada en esa escuela! Ni los maestros ni el director y mucho menos los padres de esos chicos – masculló Bella.

-La policía lo hará. Eso ya es… Ustedes no me dicen nada de Leah Clearwater, si no puedo averiguar que o quien la dañó al menos me desharé de la escoria y si… sé que acabo de sonar como un cliché en película policiaca. Pero para eso soy policía, para eso entré a esa escuela.

-¡¿De que estás hablando?! – Renesmee me miró desde su asiento con ojos enormes.

-Soy la oficial de policía Edythe Platt, trabajando encubierta en la escuela Halloway, para averiguar que le ocurrió a Leah Clearwater. Y en una semana no he podido avanzar nada, porque un grupito de niños, que resultan ser mis hermanastros, ¡está obstruyendo mis investigaciones! No hablan y no me dejan hablar con nadie, ni siquiera para darle un poco de paz a esa pobre chica a la cual no sé qué le ocurrió, ¡por su culpa! – señalé a los niños y se me quedaron viendo con los ojos muy abiertos.

-¿Carlisle…? – preguntó Bella en un susurro, mirando a su padre.

-Edythe dice la verdad.

Todos jadearon.

-Tengo veintidós años, me acabo de graduar de la Academia y el Capitan Swan me reclutó como policía encubierta, como si fuera Channing Tatum. Pero al menos ellos hicieron algo de trabajo y se divirtieron de nuevo en la escuela y ustedes no me dejan hacer nada, no me dejan ni respirar y tampoco me ayudan. Así que no se metan o ayuden. Tienen una de dos, o me dejan en paz y cierran la boca o me ayudan y cierran la boca porque a nadie le gusta una nark.

-El tío Charlie… - Rosalie frunció el ceño.

-El tío Charlie… el Capitan Swan como tú lo llamas… ¿él te puso en esto…? ¿Pero, por qué? – preguntó Jasper.

Um… ¿Qué?

-Porque Leah no ha hablado en meses. Por qué nadie sabe que le ocurrió… - susurró Alice, viendo a la nada.

-Leah y Seth son hermanos –dijo Renesmee, tratando de des hacer el nudo en su garganta-. Leah era novia de Sam Uley. Hace un año, la prima de Leah, Emily, fue transferida a nuestra escuela y Sam terminó con Leah por su prima. Leah era la chica más linda de la escuela, la más popular, la más inteligente, era un rayo de sol andante y el rompimiento con Sam… Leah solo era una sombra de lo que era, sus calificaciones bajaron, se portaba retraída, dejó casi todos los clubs a los que pertenecía… Su madre y su padrastro… el tío Charlie para nosotros, para ti, tu jefe, el Capitan Swan… -¿qué carajos?- Ninguno pudo hacer nada. Una noche, antes de salir de vacaciones de primavera, Leah fue a una fiesta, la primera a la que iba en meses, no sabemos quién la invitó, quién la llevó… Ni mi tía Sue ni el tío Charlie y mucho menos Seth, nos dieron los detalles. No te hemos dicho nada porque no sabemos nada. No sabemos qué le ocurrió en esa fiesta, que le hicieron, que tomó, que bebió, nada. Solo sabemos que ahora está catatónica viviendo en Lakeview, una clínica psiquiátrica cerca de las montañas, con una expresión de dolor y amargura por siempre grabada en su rostro. La visitamos una vez al mes.

La mesa se quedó en silencio.

Rosalie se limpió las lágrimas y Emmett envolvió sus brazos a su alrededor.

Me dieron nauseas.

Solo son niños.

Los estudiantes de esa escuela, solo son niños. Ninguno pasa de los dieciocho. Excepto yo. Todos son niños y son unos monstruos.

Si no podía hacer nada por Leah Clearwater, al menos podría vengar al resto de los niños que aún eran acosados. Pero no puedo hacerlo sola.

-Tienen que ayudarme –supliqué-. Tienen que ayudarme a detenerlos. A James, a Laurant y a Victoria. Cada uno de ellos tiene a su propio sequito. Solo son… son quince niños los que hacen un infierno una escuela de doscientos estudiantes.

-¿En verdad eres policía? – preguntó Renesmee muy bajito y Carlisle sonrió.

-Tengo mi placa arriba.

-Por eso tú… por eso no te interesaba mucho convivir con nosotros, en un principio. Por eso te fuiste después de la boda y no regresaste hasta que Esme regresó – dijo Emmett acusatoriamente.

-Espera, espera… ¿Esto es una cubierta? –preguntó Alice, señalándonos a todos-. ¿Que tu mamá se casara con Carlisle, ustedes viviendo aquí…? ¿Esto es una cubierta?

-¿Qué? ¡No! Solo fue una coincidencia. ¡Mamá y Carlisle se conocieron se enamoraron mientras yo estaba en la Academia! Que por cierto mamá no estaba nada contenta con ello. Mi padre era de la CIA y yo quiero ser del FBI. Entré a la Academia cuando me gradué de Justicia Penal en el verano. Luego mamá y Carlisle decidieron casarse y ella dijo que se mudaría Seattle… Ella es todo lo que tengo, así que hice la transferencia. Mi jefe en Chicago, dijo que llamara al Capitan Swan cuando me instalara, cuando llegué a la estación él me explicó sobre su nuevo programa. No solo quería que yo entrara a Halloway para investigar lo que pasó… OH POR DIOS. El capitán es el padrastro de Leah… Y le estoy fallando. Él puso en mis manos esta investigación y yo no he podido hacer nada… - mi garganta se cerró.

Enterré mi cara en mis manos a punto de llorar.

-Porque no hay nada que hacer –dijo Jasper con tristeza-. Se rumoró que un… un video que circulaba por la escuela, era Leah esa noche, pero no era.

-Leah no tiene un tatuaje en el hombro. Era solo una chica con cabello negro hasta los hombros y con el mismo tono de piel, pero no era Leah – agregó Alice.

-Nadie sabe nada, nadie vio nada esa noche. No sabemos nada. Entiendo al tío Charlie por gastar recursos de los contribuyentes tratando de averiguar lo que pasó con su hija, pero… No hay nada – Edward se encogió de hombros.

-¿Quien estaba en esa fiesta? – cuestioné.

Si James y su pandilla estuvieron ahí… Esperaba que hubieran recuperado ADN del cuerpo maltratado de Leah y lo cotejaran con las muestras que tomaron de mí.

-Era la casa que les incautaron a los Stone, una familia que le debía a Hacienda. Toda la ciudad lo supo, los chicos del último año la organizaron – dijo Emmett antes de comenzar a cenar.

La comida de todos estaba aún intacta y probablemente fría.

-¿Ustedes no fueron?

-No, acompañamos a papá a una gala de recaudación de fondos para el hospital infantil – respondió Bella.

-Y jamás los dejaré ir a otra fiesta en sus vidas – dijo Carlisle.

-Pero siempre nos dejas ir si vamos todos juntos, y tú nos llevas y nos recoges – lloriqueó Alice.

-Cosas malas pasan en esas fiestas – dijo mamá.

-Pero a nosotros nunca nos ha pasado nada y son fiestas donde solo entran personas que conocemos. Jamás hemos ido a una fiesta donde esos tres están – dijo Renesmee.

-Y cuando han estado, nos salimos – agregó Emmett con la boca llena.

Ignoré su conversación un momento. Necesitaba analizar esa nueva información.

Chicos de último año, que se graduaron en el verano. Esos eran mis nuevos sospechosos y fuera del alcance de mi patética jurisdicción.

-¡Espera! –dijo Renesmee, sobresaltándonos a todos-. Si eres policía y eres mayor de edad, eso significa que tú y B…! – la pateé por debajo de la mesa, cuando sus enormes ojos color chocolate me miraron esperanzados.

-¿Que Edythe y qué? – cuestionó Carlisle.

Mamá le susurró algo al oído.

-¡¿De que están hablando?! – cuestionó Alice, molesta porque ella no estaba incluida en la pequeña conspiración.

-¿Es decir que nos has mentido todo este tiempo? – preguntó Edward.

Apenas están procesando toda la conversación.

-No… Técnicamente no. Su padre les dijo que era policía y no le creyeron. Les mostró mi fotografía con el uniforme y solo se burlaron de mí. En especial tú – señalé a Emmett.

Él me ignoró, siguió comiendo.

-Por eso hablabas de ser la mejor en tu clase de tiro. En realidad hablabas de cuando estabas en la Academia – dijo Bella con los ojos muy brillantes.

-Correcto.

-¿Que se siente ser policía? – dijo Alice.

-No podría decirte mucho, porque soy una novata. Solo recorría las calles esperando algún disturbio, junto con mi pareja y eso solo duro unos meses, hasta que me mudé a Seattle, solo para enviarme a mi peor pesadilla.

-¡Pero audicionaste para Snow White! – Alice frunció el ceño en su delicado rostro.

-Porque tú me obligaste, Alice. Además quería unirme al club de teatro para ver si podía hacer amigos y averiguar algo. Pero me siento muy frustrada.

-Solo has estado una semana en la escuela. Dale tiempo. Además… tal vez los que hicieron algo, son los que ya se graduaron en el verano – dijo Edward con simpatia.

-Es lo que pensé.

-Trataremos de ayudarte en lo que necesites – dijo Rosalie con determinación, encuadrando los hombros y el resto de los chicos asintieron.

Carlisle y mamá sonrieron.

-Tengo un plan. El lunes iré con el Capitán Swan y hablaré con él de ello.

-¿Por qué no hablas con él mañana? El tío Charlie y su familia vendrán a cenar – dijo Renesmee emocionada, con una sonrisilla que no me gustó.


Actualicé hace una semana y actualicé de nuevo...? Que es esto?

Me hackearon?

Quien soy yo y que he hecho con Victoria? Jajajajajajaja