Sinopsis

Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.

A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.

Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.

Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.

Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.

Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.

Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.

Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.

Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.

Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.

¡Diablos!


CAPÍTULO 17

Renesmee me maquilló, ocultó cualquier rastro de violencia en mi cuerpo, así como lo hizo el día anterior en la escuela para que pudiera audicionar.

Alice eligió mi ropa y Rosalie y Bella hicieron mi peinado.

-Hoy te tienes que ver súper linda. Nuestra familia más cercana vendrá. El tío Billy y el tío Charlie… creo que ya los conoces – dijo Renesmee alisando la falda de mi vestido de terciopelo rosa fucsia.

Era una cosa que solo Blair Waldorf podría usar y verse bien. La parte de arriba era de encaje, con mangas hasta mis codos y la falda arriba de mis rodillas. Era un vestido de casi mil dólares.

-Sí, tu papá me presentó con ellos el día de la boda. Fue raro, me presentaron como la hija de la novia, que iría a Halloway cuando iniciara el año, pero yo ya era empleada de ambos y ellos lo sabían – respondí viéndome en el espejo. Huh, no me veía tan mal.

-¿Conociste a sus esposas?

-Um… no sé. Esa noche me presentaron con mucha gente y yo estaba haciendo un berrinche.

-Ni que lo digas –susurró Renesmee-. Pero eso te llevó a algo bueno, ¿recuerdas? – me dijo a través del espejo.

-Y tú sabes cómo terminó eso, ¿recuerdas?

-¿De qué hablan? - preguntó Rosalie, levantando la mirada de su celular.

-De nada – respondimos Nessie y yo al mismo tiempo.

-¡Ya llegaron! – chilló Alice desde el pasillo.

Los chicos ya estaban en la planta baja.

Marla, Karina y Jenny ya estaban listas para recibir los abrigos de los invitados. Era raro tener ayuda doméstica. Ellas limpiaban, cocinaban, lavaban, recogían, cocinaban… Es decir, es obvio que tendría que haber alguien que ayudara en la casa, con tantas personas viviendo en ella, con horarios y actividades diferentes, pero es que solo he visto eso en las películas y en los libros, no en la vida real.

Me senté junto a Jasper en la sala, era el más tranquilo. No estaba junto a la puerta casi brincando de emoción, solo porque tendríamos invitados.

Escuché a Carlisle abrir la puerta y darles la bienvenida a sus amigos de toda la vida. Jasper se puso de pie y me ofreció la mano para que lo siguiera.

En la puerta, los niños estaban en fila para saludar a su familia.

Pronto me vi dándole la mano al alcalde William Black, a quien mis hermanos conocían de toda la vida como el tío Billy. Su esposa Sarah y su hijo Jacob Black, el novio de Renesmee y a una chica preciosa llamada Julia. Era alta, de cabello negro lizo casi llegándole a la cintura, piel dorada y una sonrisa que iluminaba a todos a su alrededor.

Era todo lo que yo no era.

Luego, fue el turno de que saludara al tan aclamado…

-¡Tío Charlie! – chilló Alice, lanzándose a los brazos del Capitán Swan.

-¡Hola, chiquilla! – el capitán envolvió sus brazos alrededor de su sobrina, con una gran sonrisa.

-Capitán Swan – le ofrecí mi mano, cuando fue mi turno de saludarlo.

-Of… señorita Platt – miró mi rostro, buscando las heridas que el vio el viernes por la tarde.

-Maquillaje – susurré.

-Oh. Señorita Platt, le presento a mi esposa, Sue Clearwater y a mi hijo Seth.

Se me revolvió el estómago.

La madre y el hermano de Leah, a quien le estaba fallando.

-Mucho gusto – saludé a ambos de mano. He visto al chico en la escuela, pero no lo conocía.

-Y creo que tal vez conoce a mi hijo, Beaufort. Da clases en Halloway. ¿No han coincidido? – preguntó el Capitán Swan, extendiendo su brazo para que su hijo se acercara.

Oh, no… OH. NO.

-Um…

Se me revolvió el estómago. Por razones totalmente distintas.

-Solo Beau, papá – masculló Beau, evitando mi mirada, encogiéndose bajo el brazo de su padre, tratando, igual que yo, de hacerse pequeño o desaparecer.

-Sí, el… el profesor Dwyer… Él… um… - tragué saliva.

-Nos da clases de Historia I a Edythe y a mí – exclamó Renesmee muy contenta, pasando su pequeño brazo por mi hombro.

-¡Oh, qué bien! ¡Todo queda en familia! – exclamó Julia, uniendo su brazo con el de Beau y él le sonrió con cariño.

Esta era la amiga de Beau. La Julia que siempre estaba mencionando la semana que estuvimos juntos.

¡MIERDA!

Mi corazón se estrujó.

Se veían muy bien juntos. Demasiado bien. Ella se veía como una mujer, no como una niña de preparatoria.

Carlisle y Esme nos movieron a todos a la sala y comenzaron a ofrecer bebidas a los adultos, mientras mi mundo se ponía de cabeza.

¡¿QUÉ DEMONIOS?!

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

¿QUÉ ES ESTO?

Primero descubro que el Capitán Swan es el padrastro de Leah Clearwater y ahora que él es padre de Beaufort Dwyer.

¡¿QUÉ CARAJOS?!

Beaufort me habló sobre algunos problemas que había en su familia con su hermanastra, cuando pasamos la semana juntos. Él dijo que su padre era amigo de Carlisle.

Soy una pésima detective si no pude sumar esos dos más dos.

¡ÉL LE DECÍA TÍO CARLISLE!

¡Vive en el edificio de apartamentos de Carlisle!

Tal vez deba renunciar a mi trabajo. Dedicarme a otra cosa, porque si no pude ver lo que está frente a mi nariz, si no pude hacer esa relación…

-¡Tienes que hablar con Beau! – masculló Renesmee, mientras los adultos hablaban de los viejos tiempos, cuando Carlisle era un interno, Billy se estaba recuperando del accidente de auto y Charlie era un novato.

-No. Con el que tengo que hablar es con el Capitán Swan. Espero que después de la cena pueda hablar con él y contarle nuestro plan. ¡¿Y por qué no me dijiste que es el padre de Beau?! – mascullé entre dientes, pellizcándola en el muslo y ella solo sonrió, dándole una palmada a mi mano.

-Habla con Beau. Míralo. ¿Crees que no sufre como tú?

No se veía que estuviera sufriendo mucho, estaba partiéndose de la risa con algo que le dijo la hermosa Julia.

-¿Por qué no vas y metes tu lengua en la garganta de Jacob? ¡Shu! ¡Shu! – la espanté con la mano.

-¡Habla con Beau! – dijo entre dientes antes de irse a sentar junto a Jacob y Seth.

.

La cena estuvo deliciosa.

La gran mesa del comedor que instalaron los chicos por la mañana era un pequeño caos, todos hablando, riendo, brindando en pequeños grupos. Todos menos yo. Solo escuchaba las conversaciones, las anécdotas, los chistes privados, las bromas. Ellos tenían toda una vida juntos. Mamá y yo éramos las intrusas en esa hermosa y extendida familia por elección, pero incluso ella encajaba.

Me sentía de nuevo como en año nuevo, en la boda.

Miré a mi izquierda, al otro lado de la mesa… y vi a Beau en su traje gris, con camisa a cuadros blancos y negros y su corbata negra. Todos vestíamos muy elegantes, era una cena familiar, pero formal.

Beau estaba mirándome. Se mordía el labio de una manera que me dieron ganas de lanzarme a través de la mesa llena de comida y comérmelo a él. Tomé mi copa de agua y le di un trago para distraerme y dejar de recordar esa semana.

Diablos, Renesmee tenía razón. Tenía que hablar con él, decirle la verdad para volver a… ¿Volver a qué? Solo fue una semana, una semana en la que medio me enamoré de él.

.

Todos nos pusimos de pie al término de la cena, cuando mamá sugirió que tomáramos el postre en la sala. Pero en realidad nos dividimos en grupitos.

Cuando vi al Capitán Swan retirarse de la sala discretamente para ir al baño debajo de las escaleras, yo también me escabullí y lo esperé a una distancia prudente.

-¿Capitán Swan? – susurré cuando salió.

-Ofi… Señorita Platt.

-¿Podemos hablar?

-¿Ocurrió algo?

-No… Sí. Le explicaré en la biblioteca – señalé con la cabeza en dirección a la biblioteca de Carlisle y vi a Renesmee cuando pasaba al baño, me mostró su pulgar.

Puse los ojos en blanco.

Una vez en la biblioteca comencé a explicarle al Capitán Swan.

-Nadie sabe, nadie vio lo que pasó con… con su hija, Leah.

El Capitán contuvo el aliento.

-Sí, me enteré ayer que Leah es su hijastra y justo hace un par de horas me enteré de que mi profesor de Historia es su hijo. Imaginé mi sorpresa.

¿Debería comenzar a llamarlo tío Charlie o suegro?

-Um… lo siento – el Capitán Swan bajó la mirada.

-No, no tiene por qué disculparse, no era de mi incumbencia… Pero… según lo que sé, Leah no se juntaba en ese círculo, no era amiga de los chicos que organizaron esa fiesta antes de las vacaciones de primavera, eran chicos de último año a punto de graduarse en el verano. No creo que yo pueda hacer algo…

El Capitán Swan se sentó en la silla frente al escritorio de Carlisle y lo imité.

-No creo poder hacer nada por Leah, pero si puedo hacer algo por los niños que están estudiando en Halloway, por los Cullen. Sé que nadie hará nada, los chicos no enfrentaran ningún tipo de repercusión, se creen intocables porque lo son… Necesito entrar a las cámaras de seguridad de la escuela, si no puedo obtener los recursos del precinto, los obtendré por fuera. Necesito acceso a esas cámaras y sé que no podremos hacer mucho al respecto, porque los padres de esos niños no dejaran que sus hijos toquen un pie en la cárcel… Pero podemos… no se… ¿Ojo por ojo? Son pequeños nazis. Es la única manera de describirlos. Odian todo y a todos, lastiman, dañan, hacen lo que se les de su gana, porque saben que son intocables. Si no podremos procesarlos porque saldrán con la excusa de que Chicos siempre serán chicos… al menos su reputación y la los cómplices de sus padres, será manchada de por vida.

-¿Cómo? – cuestionó el Capitán Swan.

-Subiremos a internet los videos de las cámaras de seguridad, con sus nombres y el de sus padres, protegiendo la identidad de las víctimas, por supuesto.

-Oh…

-Expondremos lo que ocurre en ese lugar infernal. Los… los chicos, los Cullen ya saben quién soy y están dispuestos a ayudar. Tratar de filmar todo lo que puedan. Jasper y Edward ya están haciendo para todos, estas… cámaras, pequeñas cámaras para todos, para que las usemos en clases. Collares para nosotras y broches para las corbatas de los uniformes de ellos –meneé la cabeza poniendo los ojos en blanco. Los chicos creían que estaban en Misión Imposible o algo parecido-. Esta mañana ellos se volvieron un poco locos con sus ideas…

El Capitán Swan asintió, contemplando la idea.

-Los padres son responsables de sus hijos. Son los responsables de criarlos bien, con valores, son responsables de criar seres humanos decentes y no esos niños que hacen lo que quieren sin temor a las consecuencias – susurró el Capitán Swan, su rostro lleno de tristeza.

-¿Entonces si lo aprueba?

-Sí. Por supuesto, si es la única forma en que… Si no se puede hacer nada por mi Leah, al menos que ninguna otra chica pase por lo mismo. Hay que arrastrarlos por el lodo.

-Aun planeo investigar la venta de drogas, pero en estos días no he visto nada sospechoso en los pasillos, más que la violencia indiscriminada de unos hacia otros. Ya tengo sus nombres. La chica que me ayudara a hackear las cámaras de la escuela también hará cuentas no rastreables donde subiremos los videos, fotografías y la información de los… sospechosos. Si no podemos tocarlos en la vida real, al menos podremos tocarlos en el mundo virtual y eso se quedará por siempre en el vasto mundo de la World Wide Web. Ahí pagaran lo que han hecho. Son hijos de empresarios, senadores, personas estúpidamente ricas y creen que son merecedores de todo… Mejor me callo antes de que rompa algo – murmuré, abriendo mis puños, envueltos en gasa color piel.

-Me mantiene al tanto, oficial Platt – el Capitán me ofreció su mano y yo la tomé.

-Por supuesto, Capitán Swan.

-¿Papá? – preguntó Beau desde la puerta de la biblioteca de Charlie.

Mierda.

-Pasa Beau – su padre se puso de pie de inmediato.

-Um… permiso para retirarme, señor…

-Adelante oficial, espero que Emmett nos haya dejado un poco de pastel de chocolate – bromeó después de la intensidad de nuestra conversación.

-Lo dudo, ese chico es un barril sin fondo – dije, nerviosamente, tratando de evitar tocar a Beau cuando pasé a su lado.

-¡Sí que lo es! – el Capitán soltó una carcajada. Una real.

-¿Que está pasando? ¿Por qué te llamó oficial Platt? – Beau me tomó del brazo, impidiendo que me alejara.

-Um… ¿Por qué trabajo para tu papá? - respondí mirando el nudo de su corbata, sin atreverme a mirarlo a los ojos.

-¿Papá?

El Capitán suspiró a mi espalda. Yo no me moví de mi lugar, sin ver a Beau a mi lado, quien aun sostenía mi brazo por arriba de mi codo.

-La oficial Platt está trabajando de encubierto para mí. Esperábamos… esperamos detener lo que ocurre en esa escuela.

-¿Reclutaste a la nueva hija de Carlisle para eso? ¿Desde cuándo?

-Desde que se presentó en mi oficina para reanudar sus deberes en Seattle, después de que se mudó desde Chicago con una estelar recomendación de su antiguo Capitán y su antigua pareja.

-¡¿Qué?!

-¿En serio? ¿Qué dijeron? – giré para ver a mi jefe.

-Ahora no es el momento, y tú eres un civil, con el cual no deberíamos estar discutiendo una investigación policial abierta. Hazte a un lado hijo, quiero pastel.

Su padre se apretujó entre nosotros para poder salir de la biblioteca e ir en busca de su tan ansiado pastel de chocolate.

-Guárdeme un poco, por favor – le dije a su espalda.

-¡¿De qué mierda están hablando?! – cuestionó Beau, metiéndome de nuevo a la biblioteca y cerrando la puerta tras de él.

-¿Ahora si quieres que te explique? Cuando fui a tu casa el lunes, me corriste, me lanzaste a una pared, alejándome de ti, como si te diera asco.

-¡El que me daba asco era yo! ¡Me acosté con una niña! ¡Mi prima!

-¡Y eso es lo que te iba a explicar, Beaufort!

-He tenido la peor semana de mi vida por tu culpa. He tenido ataques de pánico antes y después de ir a clases, ¡por tu culpa! ¡Y ahora me entero de que eres una nark! ¡¿Qué demonios?! – movió los brazos exasperadamente.

-Intentaba averiguar que le ocurrió a Leah, pero nadie sabe nada. Así que… si no puedo hacer nada contra esos chicos que ahora están en la universidad, haré algo contra los imbéciles a los que les das clases. Y es lo único que puedo decirte sin que comprometa más esta investigación.

-Dios, suenas como Charlie – levantó los brazos alejándose de mí.

Me encogí de hombros.

-¿Ya puedo irme a comer pastel?

-¡¿Puedes dejar de pensar en pastel?! – volteó hacia mí con la mirada incrédula.

Pensar en pastel de chocolate era lo que mi impedía acercarme a él y comérmelo.

-¿En qué quieres que piense, entonces?

-¿En que no eres menor de edad…? – sus mejillas se colorearon adorablemente.

-Ah, eso es lo que te interesa – meneé la cabeza, fingiendo decepción.

-Bueno, sí. Porque eso no me convierte en un asqueroso pedófilo de mierda.

No, no puedo lanzarme a sus brazos, no en la biblioteca de Carlisle al menos.

-¿Que hacías aquí en la biblioteca de todos modos?

-Renesmee me dijo que papá me dijo que viniera.

-Por supuesto – caminé hacia la puerta. Esa niña planeó que Beau me viera hablar con su padre…

-¡No! No te vayas – Beau, cerró la puerta frente, sobresaltándome.

Posó sus manos a ambos lados de mi cabeza, hundiendo su rostro en mi cabello.

-¿Tienes idea de cuánto te he extrañado? Cuando te veía en las clases con esa pequeña falda… En las otras no hace nada en mi… En ti… Me daba aún más asco, imaginarme lo que quería hacerte usando esa diminuta falda del uniforme – susurró en mi oído, bajando sus manos por mis hombros, mis brazos hasta llegar a mi cintura y pegarme a él.

-Beau… - susurré, descansando mi cuerpo contra el suyo.

Suspiré.

-¿Podemos empezar de nuevo? – suplicó, abrazándome contra él, envolviéndome con sus brazos, su pecho pegado a mi espalda, cubriéndome como una cálida manta.

-Aún sigo siendo tu alumna.

-No por las noches, no los fines de semana. No en este momento – sus labios bajaron por mi cuello, dándome escalofríos.

Giré en sus brazos, enredando los míos en su cuello, poniéndome de puntitas para llegar a sus labios, sucumbiendo por fin a mi calentura.

-¿Edythe? ¿Beau? – susurró Renesmee tocando a la puerta, haciéndonos saltar del susto.

¡Con un demonio!

-¡¿Qué?! – cuestioné abriendo la puerta.

-Ya tienen mucho desaparecidos, está bien que seamos muchas personas, pero alguien podría darse cuenta.

-¿Hay pastel? – pregunté.

Beau hizo un ruido exasperado tras de mí.

-Sí, tu mamá escondió uno en el garaje, después de que le advertimos de que Emmett puede comerse la mitad de uno el solo.

-De acuerdo – salí de la biblioteca, abandonando a Beau.

Renesmee me tomó del brazo, con una gran sonrisa y sentí a Beau tras de mí.

-¿Ya hablaste con él?

-Luego te cuento – susurré y ella me dio una mirada cómplice.

¿Cómo es que esta niña se convirtió en mi amiga…?

-¿Dónde estabas? ¡Te he buscado por toda la casa! – dijo Julia apareciendo en la esquina, mirando a Beau, enfadada.

Caminó hacia él y enredó su brazo con el de Beau, sonriendo complacida.

Renesmee la miró feo y yo bajé la mirada al piso, enterrando las uñas en mis palmas, al apretar mis puños.

Dolía ver a Beau con su amiga Julia.

Ella era todo lo que yo no era. Alta, esbelta, preciosa, con ropa apropiada a su edad y no con un vestido que parecía que se lo quitaron a una muñeca de porcelana de hace cien años.

-Eres Edythe, ¿cierto? – dijo Julia con una sonrisa.

-Si – respondí en voz baja.

-Disculpa que no hayamos convivido. Pero es que ustedes son demasiados niños. Déjame verte, eres adorable – movió su mano hacia mi cara para pellizcar mis mejillas y algo dentro de mí se rompió.

Alejé su mano de un manotazo y lo siguiente que supe es que le pegué en la frente con el talón de mi mano. De puro milagro evité su nariz en el último instante.

Pero es que no la vi a ella, vi a James antes de darme un puñetazo, sentado a horcajadas sobre mis muslos, diciéndome de nombres y diciendo lo que me haría.

Cubrí mi boca con la mano, asombrada, asustada de lo que acababa de hacer.

Julia retrocedió, gimiendo de dolor.

-¡¿Qué demonios?! – fue lo último que logré escuchar, antes de que sintiera como todo comenzaba a girar y volverse borroso.

Dolía respirar.

.

Desperté en mi habitación, con el delicioso olor a chocolate bajo mi nariz.

Una risa baja a mi izquierda me hizo abrir los ojos y vi a Beau, acostado a mi lado, con la espalda en la cabecera, con un plato en sus manos y en el… una enorme rebanada de pastel de chocolate.

-Um… ¿Qué haces? ¿Qué pasó?

Sonrió y dejó el pastel en la mesita de noche.

-Tuviste un ataque de pánico – respondió con simpatía.

-¿Qué? – me levanté de la almohada, apoyándome en mis codos.

-¿Recuerdas que salimos de la biblioteca?

-Sí. Nessie fue por nosotros y al salir, Julia dijo que te estaba busc… ¡Oh! – me levanté de golpe.

-Tranquila, tranquila – llevó sus manos a mis hombros, pero se detuvo y las dejó en su regazo.

-¡Golpeé a Julia!

-Sip. Nessie dijo que sabía que estabas celosa, pero no al punto de golpearla – bromeó dándome un ligero codazo.

-No estaba celosa – si lo estaba.

-De acuerdo, lo que digas. Pero la golpeaste…

-Si… porque ella… Ella me iba a tocar y no la vi a ella…

-Viste a James. Lo sé, mientras trataba de calmarte es lo único que decías. Dijiste: no me toques, aléjate de mí James. Voy a matarlo – Beau apretó los puños.

-Lo siento. ¿Julia está bien?

-Sí, nada de cuidado – se encogió de hombros.

-¿Y por qué estas tu aquí?

-Cuando logré calmarte, Nessie dijo que te subiera. Le avisó al tío Carlisle y a tu madre y luego subió el pastel. Dijo que era para ambos, pero estoy tentado a no darte.

Giró para tomar el pastel de nuevo, con el tenedor cortó un trozo y me lo ofreció.

-Pero el chocolate es bueno después de un ataque de pánico o un ataque de ansiedad – dijo cuando tomé el bocado que me ofrecía y casi muero ahí, de felicidad.

Era el mejor pastel de chocolate que he probado en mi vida y vaya que he probado bastantes.

-También cuando comes algo muy picante – le dije mientras él comía su propio bocado.

Beau sonrió.

-¡Lo recuerdas!

-Sip. Dame más.

-No quieres mejor hablar…

-No.

Era lo que menos quería, hablar de un posible estrés post traumático.

Beau era seguro, Beau era reconfortante. Además del chocolate.

-Edythe…

-No. No quiero hablar, estoy bien. Estaré bien. Solo fue… ¿Me disculparías con Julia?

-No. Ella se lo merece. No debe de andarle pellizcando las mejillas a la gente. ¡¿Que se cree?!

-Tú me pellizcaste las mejillas – dije antes de comer otro bocado.

-Edythe…

-¡Oh vamos! Por eso estas aquí, en mi habitación, cuando hay una fiesta familiar allá abajo… Justo después de que fuéramos interrumpidos en la biblioteca.

Beau se sonrojó.

-¿En serio? ¿Te sonrojas después de lo que hemos hecho?

No dijo nada, siguió comiendo.

-¡Deja de comer! ¡Es mi turno!

-¡Es mío! – giró evitando que le quitara el plato.

-¡No!

Se levantó de la cama, tomando otro bocado.

-¡Dame! –gateé en la cama para llegar al otro lado y seguirlo por mi habitación-. ¡Oh por Dios! ¡Estás en mi habitación! – dije, deteniéndome a medio paso.

Mi horrible habitación, donde parecía que un unicornio vomitó.

-Lo sé… - Beau levantó las cejas, tratando de lucir travieso.

-Oh no – comencé a tomar los cojines de mi cama y los lancé debajo de ella.

-¡¿Qué haces?! – Beau se rió de mí.

-Las chicas decoraron mi habitación. Yo jamás tendría una habitación así.

-Es linda.

-Parece de una niña de cuatro.

-Bueno, ellas creían que tenías su edad.

-Solo soy mayor que ellas por unos cuantos años, pero créeme. Es una gran diferencia.

-Yo soy mayor que tú – dijo comiendo de nuevo de mi pastel.

-¿Y? – continué tomando las cosas ridículas de mi habitación que me daban vergüenza.

-¿También te molesta esa diferencia?

-No. Pero es diferente… Arg. Solo ignórame – dije hincándome frente a la cama, para poder esconder mejor los cojines llenos de holanes.

-Es muy difícil – dijo con voz estrangulada.

Giré a verlo y a mi vestido que apenas si me tapaba el trasero, así hincada, asomándome bajo la cama.

-Ja ja – me levanté y caminé hacia él para quitarle lo poco que quedaba de pastel de chocolate.

-Eso era mío – exclamó tratando de quitarme el plato.

-Exacto. Era.

Terminé el pastel de prisa y cuando dejé el plato en la mesita de noche, giré para ver a Beau, pero ya no estaba junto a la puerta, donde lo vi antes de rellenar mi cara. Estaba frente a mí.

-Oh.

Sus manos tomaron mi cara con cuidado, sus ojos azules, tan hermosos, más de lo que recordaba, me miraron con ternura. Miré sus labios y lamí los míos, posando mis manos en sus antebrazos.

Quise vomitar. Él era tan hermoso. Tan alto, tan fuerte, tan cálido, tan… tan cerca. Toda la semana había ansiado tenerlo así. Frente a mí, mirándome así y no con el odio con el que me miró en la escuela.

Sus ojos se movieron a mis labios, con una mirada depredadora y mi corazón se detuvo un instante.

Poco a poco se fue acercando a mí, con la mirada fija en mis labios. Su lengua lamió sus propios labios, solo un pase, pequeño, fugaz y rosado.

Me lance hacia él.

Ambos gemimos al primer contacto de nuestros labios.

Mi vientre se contrajo cuando sus brazos envolvieron a mí alrededor y mis manos se hundieron en su suave y espeso cabello oscuro.

Mierda.

Eso se sentía bien.

Demasiado bien.

Era el mejor beso de mi vida. No solo porque estaba besando a Beaufort Dwyer… ¿Swan? Sino porque sabía a chocolate. Era el cielo.

-Edy… ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?! – Beaufort fue sacado de mis brazos en un borrón y lo vi ser lanzado hacia las puertas de mi armario.

-¡EMMETT! – me lancé a su enorme espalda, antes de que golpeara a Beau.

-¡¿COMO TE ATREVES?! – gruñó levantando el puño, listo para moler a golpes a su primo.

-¡EMMETT! – me envolví a su alrededor, jalándolo hacia atrás, hasta que estuvo lejos de Beau.

Me bajé de su espalda y me puse frente a él, para empujarlo por el pecho.

-¡¿Cómo pudiste, Beaufort?! ¡Es una niña! – se movió de nuevo hacia Beau.

-¡Emmett! ¡No! ¡Basta! – lo empujé hacia mi cama.

-Pe…

-Soy mayor de edad. ¿Te acuerdas? – posé mis manos en sus hombros.

-Um… - parpadeó confundido.

-Soy oficial de policía encubierta… Que está haciendo un terrible trabajo.

-Yo…

-No tengo dieciséis años. Tengo veintidós. Soy mayor de edad, Emmett. Soy policía y trabajo con su papá… ¡OH MIERDA! – llevé mis manos a la cabeza.

-¿Qué? – preguntó Beau a mi espalda, preocupado.

-Trabajo con el Capitán Swan –giré para encarar a Beau-. Tú papá… El tío Charlie de los chicos…

Emmett soltó una carcajada, sentándose en mi cama.

-Tú cállate – le di una palmada en el hombro.

-Lo siento. Es muy gracioso.

-No, no lo es. ¡¿Y que hacías en mi habitación?!

-Oh, solo quería saber cómo estabas y decirles que ya todos se están yendo. ¿Desde cuándo ustedes…? – nos señaló a mí y a Beau.

-Desde la boda – respondí distraídamente, aun con la cabeza en el lio en el que estaba metida.

-¡Beau! – la cara de horror de Emmett no tenía precio.

-No sabía que era la hija de la novia. No sabía que era policía. Para mí solo era Edythe, la chica linda de la boda…

-¡¿ESTUVISTE CON ÉL ESA SEMANA?! – gritó Emmett levantándose de la cama.

-¿Eso a ti qué?

-¡¿Sabes lo preocupado que me tenías?! ¡Tú solo te largaste y no supimos dónde o con quien estabas!

-¡ARG! – incliné la cabeza hacia el techo.

-¿Emmett…? – Jasper apareció en mi puerta.

-¡Encontré a estos dos incestuosos besuqueándose! – nos acusó Emmett con el dedo, acercándose a Jasper.

-¡¿Qué?! – Jasper nos miró a mí y a Beau, de ida y vuelta, una y otra vez.

-¡SI! ¡Sus lenguas estaban en sus gargantas! – Emmett fingió conmoción, aun señalándonos.

Beau se rió a mi espalda.

-¡Lárguese de mi habitación! – empujé a Jasper y a Emmett.

-Pero…

-Ustedes, menos que nadie, deben de acusarnos de incestuosos – exclamé aun empujándolos por el pasillo hasta las escaleras.

-Oh, lo sé. Pero es divertido acusar a la gente de pecadores –Emmett sonrió antes de lanzarse por las escaleras y gritar-: ¡TÍO CHARLIE!


En serio, quien soy yo y que hecho con Victoria?!

JAJAJAJAJAJA

Capitulo dedicado a la pequeña lindura de Ale Quintero. Reconoció a Felicity en el capitulo anterior y al menos cada tercer día me pregunta cuando actualizo... Y cuando le digo cuando, no pone atención y vuelve a preguntar. Jejeje

PD: Les gustaría leer un One Shot de Rosalie y Emmett? :D