Aquel día había pasado el resto del horario escolar evitando al peculiar grupo de amigos de la cafetería. Durante toda su vida había hecho hasta lo imposible para no toparse de frente con aquellos a los que estaba atado desde tiempos remotos pero como si de una broma del destino se tratara la mayoría de los implicados se encontraban en el mismo lugar al cual había llegado a trabajar.
—Sensei ojos caídos – La voz del pelinegro lo sobresalto.
—Hak-Kun. – dijo intentando controlar su frustración a pesar de haber intentado huir no podía hacer caso omiso de sus obligaciones laborales y después de un largo y molesto sermón por parte de su superiora terminó su día dando una única clase, para su mala suerte, al grupo en el que se encontraban el rubio y el moreno de la cafetería.
—Está en el camino, Sensei ojos caídos. – dijo el menor como si nada. Tan pronto como se presentó, el peliverde había sido blanco de cumplidos por parte de las féminas del aula pero también por alguna extraña conspiración del universo en su contra, se convirtió en el foco de burlas del ojiazul y es que al satírico joven parecía no importarle el puesto que el mayor tenía.
—Ese no es mi nombre, Hak-kun. – se quejó con una sonrisa desganada en el rostro, sentía pena de sí mismo y un gran enojo con su suerte.
— ¡Oye, Hak! – a pocos metros de la salida Yona y tu llegaron para ir juntos como era su costumbre.
Te paralizante al ver quien acompañaba al pelinegro, el hombre no lucía mucho mayor que ustedes pero tampoco tenía aspecto de ser un estudiante.
—Usted...– murmuraste sin despegar tus ojos de él y después de unos segundos te enfocó, sus ojos se abrieron con sorpresa reflejada en las pupilas al lograr reconocerte, en ese instante quiso estrellar su cabeza contra el muro más cercano.
—¿Lo conoces? – preguntaron tu hermana y su amigo al mismo tiempo.
—¿Eh? No, yo lo vi de camino a la escuela. – respondiste sin perder detalle de sus reacciones, querías saber el porqué de la insistencia de su mirada en aquella mañana.
—Mi nombre es Jea Ha, soy el nuevo profesor de arte del instituto, es un gusto conocerlas Bellas jóvenes. – después de un prolongado silencio y un suspiro resignado hizo una reverencia delante de ustedes y su rostro adoptó un gesto seductor, tanto tu hermana como tú se desconcertaron por el cambio del hombre.
—Esa no es la manera de actuar de un maestro. – le recriminó Hak con una vena palpitando en su cien y apretando sus puños.
—Lo siento, no puedo ignorar la belleza de la gente, después de todo yo me dedico a apreciar el arte, Hak-kun. – comentó como si nada, una sonrisa burlona se formó en su rostro al ver la molestia en la cara del pelinegro.
—Yo soy Yona y ella es mi hermana (N), mucho gusto Jea Ha-Sensei. – dijo tu hermana con una amable sonrisa y la molestia de Hak aumentó.
El hombre de cabellera verde devolvió la sonrisa y después se excusó para retirarse. Sentiste una fuerza especial en su mirada al despedirse de ustedes y te llamo la atención la falta de genuinidad en su expresión pero decidiste dejarlo para después, mañana te tocaba clase de arte y aprovecharías la ocasión para preguntarle.
—¿Dónde está Soo Won? – tu hermana comenzó a avanzar junto a Hak restándole importancia a lo recién acontecido y tu decidiste seguirlos.
—Papá llegará tarde otra vez. – informaste a tu hermana leyendo la nota que reposaba en la mesa del comedor.
—No se le puede hacer nada. – respondió encogiéndose de hombros. Con el pasar de los años se habían acostumbrado a las constantes faltas de su padre por sus asuntos laborales y de cierta manera aquellas ausencias las habían convertido en chicas independientes. —¿Quieres pizza o comida China? – preguntó con naturalidad dispuesta a marcar el número de teléfono de la opción elegida, de más pequeñas habían comprobado por las malas que la cocina no era uno de los mejores dotes de tu hermana.
—Yo me encargaré de hacer la comida. – dijiste divertida por las salidas fáciles que tomaba tu hermana, ella te miró con ojos enternecidos y asintió.
—Me encargaré de lo demás. – dijo feliz subiendo a la segunda planta.
Tomaste el dinero que su padre dejaba todos los días en la segunda repisa de la alacena y te dispusiste a salir a comprar lo necesario para la comida, tampoco eras demasiado buena en la cocina pero te ibas perfeccionando cada vez más, después de todo no podían vivir solamente de comida rápida y tu hermana no parecía contar con la paciencia suficiente para aprender artes culinarias.
—Así que Jea Ha-Sensei... – mientras caminabas tus pensamientos comenzaron a rememorar la extraña mañana que habías vivido.
—Ah, (N)-chan, buenas tardes. – levantaste la vista para encontrar a la señora que se encargaba del puesto de verduras y sonreíste tontamente, sin darte cuenta habías llegado al mercado.
—Mei-san, buenas tardes. – devolviste el saludo amablemente.
—¡Fenómeno!
El grito y el sonido unos botes de basura cayendo atrajeron la atención de todos los que estaban cerca.
—¡Levántate!
No muy lejos de ustedes un grupo de chicos, probablemente de tu edad, rodeaban y agredían a otro que yacía en el suelo.
El joven que era molestado no realizaba ni el más mínimo movimiento para defenderse, vestía un pantalón negro y una sudadera azul con el gorro puesto y tenía el rostro agachado con los ojos cerrados.
— ¡Oigan chicos! – un Policía cercano se acercó ahuyentando automáticamente a los abusadores.
Sin tener concretamente un por qué, te acercaste al chico que no se había movido, te colocaste a su lado y el permaneció inerte, pensaste que prontamente no había notado tu presencia o que tal vez se encontraría ignorándote adrede.
— ¿Estás bien? – te inclinaste para tener mejor visión de su rostro, su cabello era de color azul claro y no era demasiado largo. El hombre sólo asintió ante tu pregunta sin producir sonido y sin abrir los ojos en ningún momento. — ¿Seguro? – insististe sin querer retirarte y solo recibiste otro mudo asentimiento. —Déjame ayudarte. – entendiste tu mano hacia el esperando a que reaccionara.
En el instante en que el abrió los ojos para enfocarte sentiste que tu corazón dejaría de latir en cualquier momento, el color dorado de su mirada te hipnotizo por completo y ambos quedaron estáticos sin apartar la vista del rostro del otro. Lentamente el chico tomó tu mano y se incorporó, su complexión era atlética y su altura considerable pues te pasaba por lo menos por unos 20 centímetros.
—G-Gracias. – murmuró despegando su mirada de ti. Todo tu cuerpo vibró ante su voz, tenías la impresión de haberla escuchado antes.
—D-Disculpa tu...– el nerviosismo invadió tu cuerpo, aquel chico se veía tan fuerte y tan débil al mismo tiempo, era casi como si la suave corriente de aire que se colaba entre ustedes fuera capaz de derrumbarlo.
— ¿(N)? – una pesada mano se posó en tu hombro y al voltear te encontraste con la inquisitiva mirada de Soo Won fija en tu acompañante.
—Soo Won... ¿Qué haces aquí? – cuestionaste tratando de hacer que dejara de ver de esa manera al chico, por alguna razón te desagradaba que lo hiciera.
— ¿Eh? Ah, y-yo venía a comprar algo para... ¿para qué?– Dijo con nerviosismo quitando su mano de tu cuerpo y retomando su actitud usual.
—A-Adiós – el chico peliazul escapó aprovechando la distracción que representaba el rubio. Ambos se quedaron viendo en completo mutismo como el joven se alejaba cada vez más.
— ¿Quién era él? – el tono usado por el rubio logró que reaccionaras, al dirigir tu mirada hacia él te diste cuenta de que seguía con la vista fija en la ruta que el desconocido había tomado y que sus ojos tenían una extraña sombra opacando el color turquesa de sus orbes.
—No lo sé...– dijiste soltando un suspiro. —Unos chicos lo estaban molestando y decidí acercarme. – confesaste avergonzada.
El mayor te observó con un grado de pesar, comprendía tu empatía hacia las personas abusadas por tus experiencias pasadas, empero, aquel desconocido no parecía nada débil ante sus ojos.
— ¡Ah, la comida!– murmuraste recordando por que estabas ahí en primer lugar. Soo Won te observó confundido y decidió seguirte en cuanto retomaste la dirección inicial.
Estar cerca de Soo Won fuera de clases no era tan malo pero tampoco podías bajar la Guardia al cien por ciento, jamás se sabía cuándo una chica obsesionada podría mal interpretar el verlos juntos, la mayoria de las personas tendía a confundir su amistad con algo más en el pasado.
— ¿Te sientes mejor?– el rubio se había ofrecido a cargar con tus bolsas mientras seguías comprando y a pesar de haberte negado rotundamente el terminó ganando al retirar de tus manos dichos objetos.
— ¿En? ... Si– tardaste en identificar la razón por la cual te cuestionaba sobre aquello y se te vino a la mente todo lo acontecido en el Instituto y también lo de esa tarde. Vaya que había sido un día extraño. – Debo de irme ya, seguramente Yona se muere de hambre. – Extendiste una de tus manos para que te entregara tus pertenencias y el sólo te observo con una cálida sonrisa en el rostro.
—Iré contigo, hoy quedé de visitar a Hak.
—Oh... e-está bien. – sentiste que el calor subía a tu rostro, no querías parecer grosera pero tampoco querías estar demasiado cerca de él.
Durante el trayecto el joven rubio te comentaba alegremente acerca de varios temas pero tu cabeza se encontraba centrada en otros asuntos. El chico de mirada turquesa te observaba cada cierto tiempo de soslayo mientras caminabas con él, tu mirada parecía perdida en la extensión de pavimento por la cual transitaban y tu rostro normalmente apacible se encontraba carente de expresión en esos momentos. Se sentía ampliamente impotente al no ser capaz de descifrar que pasaba en esos momentos por tu mente y por no ser capaz de comprenderte y ayudarte con tus problemas, desde aquel accidente en secundaria el vínculo que los unía se deterioró hasta pasar sólo a una cordial convivencia, no había plena confianza ni complicidad, todo eso que habían compartido anteriormente ya había desaparecido.
—Llegamos muy rápido. – alzaste la mirada al escucharlo, ciertamente estaban ya frente a la entrada de tu casa, al estar tan absorta en tus pensamientos no te habías percatado de como avanzaban. Nuevamente tu rostro enrojeció, dirigiste tu mirada de manera disimulada hacia tu acompañante.
—G-Gracias por a-acompañarme. – bajaste el rostro otra vez intentando que el tono carmín de tus pómulos no fuera descubierto por él. Estabas consciente de que habías ignorado en todo el camino al chico y no podías estar más avergonzada en ese momento, más aún por la comprensible mirada que él te dedicaba.
—No, no, Gracias por dejarme hacerlo. – amplio su sonrisa. —Bien, nos veremos mañana. – te entregó tus bolsas y sus manos se rosaron por el acto, un leve sonrojo apareció en las mejillas del mayor.
— ¡(N)! ¿Dónde te habías meti...do?– la puerta de tu casa de abrió estrepitosamente y tu hermana asomó su pelirroja cabellera. — ¡Soo Won! – todo rastro de preocupación o coraje se evaporó con la sola presencia del chico.
—Y-Yona. – comentó con nerviosismo y deshizo el contacto de sus manos.
— ¿Qué haces aquí? – cuestionó acercándose a ustedes. Cuando se situó al lado de ti pudiste percibir un brillo especial en sus ojos, el mismo brillo que había aparecido desde que eran niñas.
—Me encontré a (N) en el camino y decidí acompañarla– el rubor se extendió un poco más en su rostro, te miro por unos segundos y después desvió su cara.
—Eres muy considerado con (N) – sonrió. —Ah ¡Ya sé! – exclamó tu hermana ganando la atención de ambos. — ¿Quieres quedarte a comer? (N) cocinará hoy. – sonrió ampliamente y tus ojos se llenaron de susto, nadie más aparte de tu padre y tu hermana había probado tu comida y el hecho de que Soo Won lo hiciera provocaba que tu pulso se acelerara, aun no estabas segura de tus habilidades.
— ¿eh, (N) sabe cocinar? – te miró con emoción. Dirigiste tu mirada a él con un muy notable sonrojo y gran nerviosismo, asentiste con la cabeza y un pequeño nudo se formó en tu garganta.
—Sí y lo hace bien. – respondió tu hermana. Querías que la tierra te tragara en ese instante, tu comida era apenas "pasable" para tu familia, aunque aprobaba con creces al lado de las creaciones de tu hermana no era todavía algo que pudieras compartir con el mundo.
—Será mejor en otra ocasión, quede de ver a Hak y ya se me hizo tarde. – volviste a enfocarlo y pudiste distinguir un poco de tristeza en su mirada. Bajaste la vista una vez más en ese día, apenada por tus acciones. Lo que los ojos de ese hombre gritaban no coincidía en absoluto con lo que su rostro demostraba.
— ¿eh? Lástima – tu hermana también bajó el rostro, dentro del instituto no podía pasar mucho tiempo al lado del chico por lo que disfrutaba al máximo en cada ocasión que aquello le era permitido.
Mientras tu hermana charlaba un poco más con él te escabulliste hacia el interior de la casa, más específicamente a la cocina con la intención de darles un momento a solas.
Después de un rato Yona entró a la casa con una enorme sonrisa en su níveo rostro, terminaste de preparar los alimentos y ambas comieron en un silencio cómodo, cada una tenía una serie de pensamientos que ordenar. Una vez terminando de degustar lo preparado por ti cada quien se retiró a su habitación.
—Qué día. – dijiste al dejarte caer en tu cama sin ninguna delicadeza.
Repasaste tus apuntes y realizarse tus tareas antes de irte a dormir. Un largo día te esperaba y debías de estar concentrada si querías afrontar a Jea Ha-Sensei.
Caminaste decidida por los pasillos, tu tercera clase del día sería arte, convenientemente después de esa clase tendrían un descanso de 15 minutos y lo aprovecharías para interrogar al hombre peliverde.
—Buenos días alumnos. – La profesora ingresó al salón y todo el mundo a acomodó en su lugar. —Hoy se incorporará un nuevo alumno así que compórtense. – su voz autoritaria dejó en claro la advertencia escondida en sus palabras. Era por eso que Gi Gan-Sensei te agradaba a pesar de su carácter, gracias a ella nadie a había metido contigo en lo que llevaban de curso escolar. —Pasa. – se dirigió a la puerta y un chico de cabello azul claro ingresó al aula. —Preséntate. – le indicó.
Tus ojos estaban abiertos reflejando tu sorpresa, al frente del aula se encontraban el chico al que habías ayudado ayer.
— ¡Ah, tu...! – te levantaste de tu asiento mientras señalabas de manera poco disimulada al chico logrando atraer la atención de todos en el salón.
—Señorita (N), veo que conoce al joven. – la dura mirada de la profesora de poso en ti y tragaste con dificultad. —Pero el resto de sus compañeros no así que tome asiento. – obedeciste con el rostro extremadamente rojo escuchando las risas burlonas de algunos compañeros de tu clase.
—M-Me llamó Shin Ah. – el tímido joven término su presentación con esa simple frase y la profesora lo mandó a sentarse un asiento atrás de ti.
—Ya que está familiarizada con el joven Shin Ah, usted será la encargada de mostrarle las instalaciones y de ponerlo al corriente con las materias, señorita (N). – declaró la estricta docente antes de comenzar a impartir su clase.
Dejaste caer tu cabeza sobre tu pupitre sintiéndote plenamente avergonzada ¿en qué te habías metido por ser tan impulsiva? Definitivamente recordarías no interrumpir de nueva cuenta a Gi Gang-sensei a menos que quisieras sentir todo su rigor sobre tu persona.
Bien se que me he ausentado mucho ultimamente pero entre mi mudanza, trabajo y demás cosas no me quedaba mucho tiempo. ¡Perdón!
sobre mi otra historia, estoy acomodando los últimos detalles del capitulo, lo tendrán subido más tarde... o a más tardar mañana.
