Festival.

La escuela entera era un mar de gente yendo y viniendo de un lado a otro, faltaban 2 días para el inicio del festival cultural, los preparativos estaban casi terminados y la emoción de los estudiantes podía percibirse en el aire. Tus compañeros de clase habían adaptado su salón correspondiente para las subastas y se encontraban terminando de confeccionar los uniformes de los participantes.

— ¡N-No pienso usar eso!— exclamaste al ver el corto vestido delante de ti.

— Todos lo usarán.— aclaró la presidente de la clase viéndote con diversión impresa en su rostro.

Sabías que nada bueno podía venir de ella y sus ideas, no eran mal intencionadas en lo absoluto pero si solían ser extremistas en muchos casos.

— (N)-San.— volteaste hasta toparte con una chica de cabellera castaña corta y ojos marrones. — Recuerde venir antes de la última ronda de subastas para arreglarla para el concurso.— tu compañera finalizó su anuncio con una cálida sonrisa y tú sólo asentiste con resignación.

— Ahora por favor ve por los botes de pintura que están en la bodega número 2.— la presidente de clase te ordenó salir para que no tuvieras más oportunidad de quejarte y obedeciste desganadamente, sabías por tratar con Tetora que reñir a alguien tan extrovertido no conducía a nada pues siempre terminaban haciendo lo que a ellos les placía de alguna manera u otra.

Las clases se habían suspendido por esos días para darles tiempo a alumnos y maestros de terminar de organizar todos los espacios pero resultaba obligatorio asistir al Instituto y ayudar en lo más posible. Irónicamente el tutor de tu clase se encontraba ausente desde hacía ya varios días.

— Jea Ha-Sensei...— murmuraste mientras mirabas por una de las ventanas del pasillo. No habías logrado verlo mucho desde que lo nombraron tutor de tu clase, normalmente desaparecía 5 minutos antes de que terminara su clase y después no lo volvías a ver en todo el horario escolar, por lo tanto las preguntas que deseabas realizarle no habían podido salir de tu cabeza.

— Vaya, es halagador que una chica tan bella suspire mi nombre.— te sobresaltaste tirando los botes de pintura que llevabas entre tus manos al sentir su aliento a centímetros de tu cuello. — Eso estuvo cerca.— volvió a hablar habiendo atrapado los botes antes de que tocarán el suelo.

— ¡J-Jea Ha-sensei!— exclamaste entre molesta y asustada.

— Veo que te gusta repetir mi nombre.— sonrió y todo rastro de vergüenza se esfumó de tu rostro, ahí estaba nuevamente esa sonrisa enigmática que te provocaba la sensación de tristeza. — ¿Me buscabas para algo?— habló al notar el cambio en el ambiente.

Negaste incapaz de despegar tus ojos de su rostro, su expresión despreocupada llamaba tu atención. A simple vista Jea Ha parecía un hombre seguro de sí mismo, relajado, libre y seductor pero esa imagen no lograba convencerte, algo dentro de ti dictaba que él no era lo que aparentaba pero que tampoco era alguien de quien debieras cuidarte.

— Entonces si me disculpas debo ir al salón de maestros.— te entregó de nueva cuenta los botes y amplió su sonrisa para después darte la espalda y caminar en dirección contraria a la que tu seguirías.

— ¿Qué oculta... Jea Ha-Sensei?— murmuraste en voz audible escondiendo tus ojos con tu fleco, lo habías dicho de manera inconsciente y de nueva cuenta la vergüenza regresó a tu cuerpo cuando lo observaste detenerse y ponerse rígido ante tu voz para después girar y mirarte sin ningún tipo de expresión. — L-Lo lamentó... y-yo no quise...— apretaste los botes contra tu pecho e intentaste esconder tu rostro de su vista.

— No me gusta...— su voz sonó intensamente fría al principio de su frase y logró provocarte un escalofrío que recorrió tu espina dorsal. — No me gusta que se metan en mis asuntos, (N)-chan.— forzó una sonrisa para no asustarte pero pudiste percibir melancolía y enojo a través de sus ojos. Se volteó y continuó caminando mientras tú permanecías estática en tu lugar. Sentías un dolor a la altura de tu pecho, estabas segura de que en cualquier momento las lágrimas se desbordarían de tus ojos, Pero ese dolor no era tuyo, no provenía de ti. La espalda del hombre de cabellera verde te pareció más frágil conforme se alejaba pero esa sensación en tu pecho no hacía más que incrementarse.

— Oh, (N)— la amable y alegre voz de Soo Won atrajo tu atención, te percataste de la calidez de tus lágrimas descendiendo por tus mejillas y torpemente intentaste limpiar el rastro de tu llanto. — ¿Qué sucedió?— la preocupación en su voz sustituyó a su habitual calma. Se acercó lo suficiente y colocó sus manos sobre tus hombros, te negaste a verlo directamente, bajaste tu cara sin poder controlar el flujo de tus lágrimas y él te atrajo hacia su pecho sin importarle los botes que apretabas con vehemencia contra tu torso, acarició tu cabello de manera suave esperando a que te llegara la calma.


Desde la esquina continua del pasillo, no muy alejado de la escena pero tampoco siendo visible, el hombre de cabellos verdes había estado observándolo todo. Había tenido la firme intención de ser duro con esa chica pero su mirada compasiva lo había desarmado y terminó mostrándole parte de lo que le aquejaba con una simple sonrisa, pensó en regresar y disculparse pero observó al rubio junto a ella y desistió, se recargó en la pared continua y alborotó su pelo con una de sus manos, la situación se le estaba saliendo de control.

Sonrió amargamente ante la visión del chico de ojos turquesa abrazando a la joven. Sabía lo trágico de esa historia, se había repetido por miles y miles de años hasta la época actual. No cabía duda de que el ciclo estaba comenzando a repetirse, la ruleta estaba girando nuevamente pero dudaba mucho de que las jugadas fueran diferentes, más ahora que se descubría a si mismo vulnerable ante la influencia de la chica, su férrea determinación de salir de esa rutina se había tambaleado al verla llorar por su causa.

— ¿Despertarás esta vez, Hiryuu?— miró al cielo con añoranza, una vez que el rey despertara todo llegaría a su fin. Así debía de ser... ¿cierto?

Decidió no darle más vueltas al asunto por el momento, pensar en eso sólo le provocaba un enorme dolor de cabeza que le impedía conciliar el sueño en las noches e intensas jaquecas durante el día.


— Lo l-lamento.— te alejaste suavemente de Soo Won y limpiaste con delicadeza tu rostro, agradecías que todos los alumnos se encontraran en el patio de la escuela o en sus respectivos salones pues así no había posibilidad de que alguna chica miembro del club de fans de tu amigo los viera y mal interpretara la situación. — Gracias, Soo Won.— le sonreíste sinceramente, el peso en tu pecho había disminuido pero no desaparecido por completo.

— ¿Qué pasó?— sus ojos te gritaban el grado de preocupación que tenía dentro de si el chico.

— No quería preocuparte...— te quedaste inmóvil sin deshacer el contacto pero también sin querer agregar más palabras. — Fue algo infantil.— le sonreíste para tranquilizarlo. Aquellas muestras de apoyo te recordaban a tu niñez, Soo Won siempre estaba cerca para sostenerte cuando querías caer, para consolarte cada vez que llorabas, él siempre fue un respaldo para ti y aún te sentías culpable por haberlo alejado pero odiabas ver la desilusión en Yona cada vez que los veía juntos y te aterraba el hecho de que alguna otra persona pudiera volver a amenazarte por ser cercana a él como en tus tiempos de secundaria. Un estremecimiento te abordó al recordar los abusos sufridos en ese tiempo.

— No quería aceptar la petición de tu clase.— murmuró con la mirada baja. Tus ojos se fijaron en su expresión y en la indescifrable emoción que se ocultaba en sus ojos.

— Mi salón está emocionado en participar...— le sonreíste con ternura. — Sólo estaba siendo egoísta... no me gusta ser el centro de atención.— sentiste el calor acumularse en tus mejillas.


Tenías una extraña sensación en el pecho aquella mañana, la lentitud de los últimos dos días había logrado abrumarte por completo, tu mente se debatía entre asistir o no ahora que el gran día por fin había llegado.

— ¡Vamos (N), se nos va a hacer tarde!— Yona te movió frenéticamente por sobre el bulto de cobijas que te protegía.

— Ya voy, ya voy.— respondiste adormilada. Tu hermana rara vez se emocionaba a tal grado por asistir al Instituto pero supusiste que las palabras de Soo Won eran ciertas, varios alumnos disfrutaban de participar en el festival cultural.

Se vistieron con su uniforme habitual y después de un ligero desayuno se encaminaron hacia la escuela. La sonrisa de Yona no desaparecía en ningún momento y aquello te provocaba curiosidad.

— Te ves muy feliz.— comentaste observándola de reojo mientras esperaban el autobús.

— ¡Sí!— su sonrisa no hizo más que Ampliarse. — Le pediré a Soo Won que vaya conmigo al baile.— declaró observando al despejado cielo.

Comprendiste entonces el porqué del gran entusiasmo en tu hermana y no pudiste evitar sonreír con ella. Sus sentimientos eran claros y se fortalecían con el pasar de los años.

— Nos veremos en el concurso.— te sonrojaste ante sus palabras, ustedes jamás habían competido por nada durante su niñez por lo que el hecho de participar ambas en el concurso de belleza, donde sólo una podía ganar, te provocaba un grado elevado de incomodidad.

Al llegar a tu salón aquella sensación no hizo más que incrementarse, la mayoría de tus compañeras estaban vestidas con el uniforme que habían confeccionado, un vestido corto y elegante con detalles en dorado o plateado, dependiendo del color del vestido.

— (N)-san llega tarde.— Minami, la chica encargada de arreglar a las demás te recriminó.

— Lo siento.— la chica inmediatamente te hizo colocarte tu uniforme sin mediar más palabras para empezar a maquillarte.

— ¡Shin Ah, te ves genial!— escuchaste la exclamación de Midori y no pudiste evitar voltear, un leve sonrojo se posó en tus pómulos al ver al chico pulcramente enfundado en un traje. El chico se mantenía ajeno a los comentarios y halagos de las demás chicas y por alguna razón mantenía la vista fija en ti, le sonreíste y su mirada se suavizó.

— Bien ¡Hora de comenzar!— exclamó la chica de cabellos verdes al momento de verlos a todos listos.


Te escondiste dentro de la bodega de Deportes más apartada de la escuela esperando a que los pasos se alejaran.

— No está por aquí.— la voz logró que un escalofrío te recorriera de pies a cabeza.

— No pudo haber ido muy lejos.— declaró una segunda voz y sentiste que tu cuerpo comenzaría a temblar en cualquier instante.

Los pasos comenzaron a sonar cada vez más distantes y te permitiste liberar el aire que, de manera inconsciente, habías estado reteniendo.

— ¡Te encontré!— reaccionaste lo suficientemente rápido para evitar que te agarrara y con renovadas energías saliste de la alejada bodega con la intención de regresar a tu salón y huir de las desquiciadas chicas. - ¡No escaparás enana!- gritó y aceleraste el paso chocando con varias personas al ingresar nuevamente al área de gente.


— Parece que todo va bien.— el rubio observaba los diferentes puestos en compañía de Ki Ja y de Joo Doh-sensei.

— Umu, Va muy bien.— rectificó el chico de cabello blanco con una sonrisa alegre.

— ¡Vuelve aquí!— a lo lejos una chica era claramente perseguida por otras tres causando cierto alboroto entre los visitantes y alumnos.

- ¡Oigan ustedes! - Joo Doh gritó enojado.

— Yo iré a ver.— Soo won asintió y Ki Ja se alejó de ellos con paso apresurado.

Una extraña sensación se instaló en el pecho del chico más decidió ignorarla, Ki Ja se haría cargo de la situación, nada podía salir mal.

— Vamos chico, aún debemos supervisar los salones.— el pelinegro continuó caminando hasta adentrarse en las instalaciones.

— El salón 1-B.— se detuvieron al ver el letrero que anunciaba las subastas. — Es increíble que hayan aprobado esto.— lo miró con un grado minúsculo de ironía.

— No quería hacerlo.— murmuró con voz neutra. — Pero como presidente del consejo no puedo imponer mis decisiones a los demás por ideologías personales.— declaró abriendo la puerta del salón. Joo Doh sonrió, era por esa madurez que demostraba el chico que se permitía confiar en él la mayoría de las decisiones del Consejo, sabía que el buscaba lo mejor para el Instituto antes que para el mismo.

— ¡Soo Won-sempai!— la chica de cabello verde casi saltó hasta situarse al lado del joven. — ¿Viene a participar en la subasta?— Su expresión de ensoñación delataba el grado de emoción que sentía.

— Eh, no, no.— el rubio negó con sus manos y observó a todo el salón. — Sólo estoy supervisando las actividades.— sonrió con amabilidad.

— Qué lástima, (N)-san no tardará en llegar.— dijo la joven estando al pendiente de la reacción del de ojos turquesa.

— Eh ¿Qué?... y-yo no.— un tono entre rosa y rojo se apoderó de las mejillas del chico mientras desviaba la mirada hacia algún otro lado.

— ¡Oh Dios!— la exclamación llamó la atención de todos los presentes.

— ¡Es (N)-san!— las miradas se dirigieron a donde la chica apuntaba.

Las expresiones de angustia y miedo no se hicieron esperar en el público general tan pronto como pudieron distinguir a la figura de la chica nombrada subiendo las escaleras de emergencia del edificio delante de ese mientras era seguida de cerca por otras tres chicas y más abajo de ellas el encargado de disciplina de la escuela.

— ¡Soo Won!— Joo Doh intentó detener al chico pero fue inútil, tan pronto como se lo permitió su cuerpo comenzó a correr en dirección al edificio de enfrente. El pelinegro comenzó a perseguir al joven al que parecía no importarle pasar en medio de gente que le hablaba y pasar de largo de ellos.

— Hey Soo Won.— Hak intentó hablar con el chico tan pronto lo vio pero el pasó sin hacerle caso con una expresión indescriptible en el rostro. — ¿Qué le pasará?— se cuestionó el moreno.

— ¡Joven Son!— el llamado del maestro lo sorprendió. — Por favor avise a los directivos que una estudiante está siendo agredida por visitantes.— ordenó para volver a seguir al rubio.

Hak tardó un par de segundos en comprender la situación, dejo las cosas que llevaba en sus manos en el suelo y corrió hacia la dirección. Sólo conocía a un par de personas que lograban que su amigo perdiera la compostura, había estado con una de ellas hacía unos minutos por lo cual quedaba descartada y eso era peor, porque la otra persona que descontrolaba a su amigo ya había sido blanco de agresiones en el pasado.


Subías tan rápido como te lo permitían tus piernas, las chicas detrás de ti se acercaban cada vez más.

— Por favor ábrete.— murmuraste con voz entrecortada al llegar a la azotea del edificio y dirigirte a la puerta que daba al interior para descubrir que estaba atorada.

— Vaya, vaya.— la primera chica en aparecer fue Suki, una chica de cabello negro y ojos verdes, detrás de ella aparecieron Mei, una rubia de ojos azules y Ai, una castaña con ojos color avellana.

— N-No me hagan d-daño por favor.— suplicaste alejándote de ellas hasta que tu espalda topó con la pared.

— ¿Dañarte?— las chicas se miraron entre sí y soltaron una horrible carcajada.

— Claro que no queremos dañarte.— habló Suki y se acercó a ti, tomó un mechón de tu cabello y lo jaló de manera ruda, logrando sacarte un gran quejido de los labios.

— ¡Aah!— te quejaste cuando volvió a jalarte para acercar tu rostro al suyo.

— Sólo nos queremos divertir... como en los viejos tiempos.— agregó la rubia y sentiste las lágrimas acumularse en tus ojos. Tu expresión reflejó el miedo que te invadía.

— ¿Te asusta?— la castaña sonrió y se acercó con brutalidad jalando tu rostro. — ¿Has olvidado todo lo que hiciste? todo el mundo te veía como una santa ¿Quién iba a decir que te irías a ofrecer en toalla de baño a las duchas de los hombres?— su sonrisa se amplió. En aquella ocasión esas tres chicas se habían encargado de llevar todas tus pertenencias y tu ropa al baño de hombres después de la clase de deportes, te obligaron a entrar por tus cosas y de no haber sido por Soo Won y Hak no querías ni imaginar lo que los chicos de tercero pudieron haberte hecho.

— ¿Olvidaste la vez en que te encerraste con tres miembros del equipo de béisbol de la escuela en la bodega del gimnasio?— Mei soltó una risa hiriente al mencionar eso. En aquella ocasión ellas te habían arrestado hacia el lugar y habías terminado con varios raspones al escapar por una de las ventanas rotas antes de que los chicos te hicieran algo.

— Oh, también aquella ocasión en la que te metiste a nadar desnuda en la piscina ¿planeabas quedarte a solas con el conserje? mira que tapar la piscina para que nadie te encontrara.— tus lágrimas comenzaron a desbordarse ante el último recuerdo, aquel día te encerraron en la piscina estando desnuda y la sellaron para evitar que salieras, estuviste todo el día y toda la noche ahí dentro, ese día elevaron el nivel del agua y casi mueres ahogada, pasaste una semana en el hospital después de eso debido a la hipotermia y una cantidad peligrosa de agua en tus pulmones.

— ¡Déjenla ir!— tu llanto se incrementó cuando la firme voz de Ki Ja resonó en la azotea.

— Vaya, que chico tan guapo.— exclamó con burla la castaña. — ¿Es tu nuevo juguete (N)-san? Veo que los malos hábitos no se olvidan.— te tomo de la muñeca y la apretó con mucha fuerza.

— ¿Juguete?— se cuestionó el albino y avanzó hacia ustedes.

— No, yo que tu no me acercaría cariño.— se burló la chica y te aventó contra la pared con una fuerza bruta increíble sin soltar tu muñeca.

— ¡Aaah!— gritaste por el intenso dolor que se extendió por tu brazo.

Ki Ja se sintió frustrado, la rubia y la de cabello negro se habían puesto como barrera para evitar que él se acercara a ustedes.

— ¿No puedes dañar a una mujer, cierto?— la burla en la voz de la rubia sólo acentuó la frustración del chico.


Había escuchado todo desde el otro lado de la puerta, sentía una enorme ira crecer dentro de él ¿cómo era posible que esas chicas guardaran tanta maldad dentro de sí? Las recordaba, siempre habían sido amables con él, buscaban llamar su atención y esta vez sí que lo habían conseguido.

—¡Ábrete maldita sea!— golpeó con su puño el vidrio de la puerta y este se rompió lastimando su mano en el proceso pero no le importó, volvió a golpear y la puerta cedió.

— ¡Párate!— ordenó la chica apretando su agarre en tu brazo. — ¡Dije que te pararas!— dobló tu brazo para alzarte provocándote más dolor.

— Suéltala ahora mismo.— entreabriste tus ojos abnegados de lágrimas y pudiste ubicar a Soo Won en la puerta que ahora estaba abierta. La chica te soltó y la falta de fuerzas hizo que cayeras de nuevo al suelo impactando duramente tus rodillas contra el concreto, sentiste un ardor recorrer tus piernas y evitaste lanzar otro grito.

— ¡S-Soo Won-sama!— exclamaron las tres, Ki Ja aprovecho su distracción para inmovilizar a Suki y Mei.

— Soo Won-Sama, su mano.— Ai se acercó con la intención de tocar la herida sangrante pero él la apartó de un manotazo logrando sorprenderlos a todos, el jamás había sido descortés con nadie.

— ¡(N)!— Yona llegó en compañía de Hak, Shin Ah y Ayura. Se acercó a ti rápidamente, sus ojos mostraban coraje y molestia. — ¡¿Qué le hicieron a mi hermana?!— gritó molesta a las tres chicas que sólo desviaron la mirada siendo indiferentes a ella.

— Y-Yona.— susurraste. Ella centró su atención en ti relajando nuevamente su mirada e intentó ayudarte pero al tocar tu brazo una mueca de dolor cruzó tu rostro y el aire volvió a escapar de tus pulmones.

— Ki Ja-kun.— el tono gélido del rubio provocó un escalofrío general. Con dificultad dirigiste tu vista hacia él, sus ojos estaban oscurecidos por la ira y la mirada que les dirigía a tus agresoras era hostil e intimidante. — Llévalas a la dirección.— habló y el albino asintió comenzando a avanzar con las dos chicas inmovilizadas de las manos.

— ¡Maldita enana!— exclamó Ai e intentó correr hacia ti siendo detenida por Ayura quien le propinó un fuerte golpe en el estómago inmovilizándola por completo.

— Él es todo un caballero por lo que no le pondría ni un dedo encima a una mujer aun si fuera necesario.— comentó con indiferencia tu amiga pelinegra haciendo referencia a Ki Ja. — Pero yo no soy como el, has lastimado a mi amiga y eso tiene un precio.— el rostro de Ayura se transformó en una mueca sombría de enojo.

— Ayura.— Hak detuvo el puño alzado de la chica y las otras cómplices lo vieron esperanzadas.

— Estamos dentro de la escuela, dejaré que los maestros se encarguen de ellas.— habló el rubio y las chicas estaban por comenzar a agradecer cuando completó su frase. — Espero no volver a ver sus caras cerca de nosotros o no me importará el lugar en donde me encuentre, haré que paguen por lo que le han hecho.— declaró y las chicas se aterraron.

— (N), ¡(N)!— el llamado de tu hermana se hizo cada vez más distante, te encontrabas consciente y al mismo tiempo fuera de ti.

—Se desmayó Yona, no la muevas mucho.— pudiste escuchar la voz lejana de Hak.

— Llévenselas.— volvió a hablar Soo Won y supusiste que se refería a las tres chicas.

— Ustedes deben de ir a la enfermería.— nuevamente Hak tomó la palabra, tu cuerpo que hasta ahora se había sentido pesado fue levantado fácilmente.

— Y-Yo la llevaré, tú debes atender tu mano.— el suave tono de Shin Ah te reconfortó, el peligro había pasado.

— Bien, gracias por la ayuda.— fue lo último que escuchaste antes de quedar inconsciente por completo.


Volví!

Bueno no tengo excusas solo no tenía inspiración, tal parece que cuando estoy bien (emocionalmente) todo rastro de inspiración desaparece pero cuando estoy mal... BOOM! Aparece!

Y aprovechando que el bloqueo mental se fue, a actualizar se ha dicho.