Disclaimer: Los personajes pertenecen a la excelente escritora JK Rowling, yo solo juego con ellos.

Summary: Tras los acontecimientos vividos en el Mundo Mágico: tres Slytherin, dos Gryffindor y una Ravenclaw se ven obligados hacer terapia grupal con un muggle. ¿Qué puede salir mal?

ADVERTENCIA: No soy psicóloga, así que perdonen si meto la pata con algunas de las cosas que escriba. Y por supuesto, no pretendo trivializar, ni quitarles importancia a muchos de los problemas que nombre. No quiero que nadie se sienta ofendido, por lo que aviso desde ya, que no tengo ninguna intención de herir a nadie.


Relatos Salvajes

Capítulo once:

De enredos y enredados.

"El subconsciente y sus señales"

.

El ambiente era diferente desde aquel primer día de convivencia en la biblioteca.

Draco y Theodore habían dejado de lado su aislamiento forzoso y ahora se sentaban juntos en la mesa de Slytherin. Obviamente, este hecho se llevó a cabo por insistencia de Blaise, que también los acompañaba.

Desde la distancia, Hermione observaba detenidamente al trío. El moreno no paraba de parlotear y gesticular en exceso mientras reía, el ojigris se veía fastidiado mientras que Nott, desayunaba tranquilamente ignorando por completo lo que ocurría a su alrededor. Este hecho no desanimaba en absoluto a Blaise, que continuaba hablando a pesar de la falta de entusiasmo de los otros dos. La castaña hizo un barrido rápido con la mirada por la mesa Slytherin verificando, que efectivamente no había sido la única en darse cuenta del nuevo actuar de esos tres. Prácticamente, todos los estudiantes de la mesa echaban miradas de reojo y desaprobación a los muchachos.

Cuando la castaña volvió a dirigir la mirado a los chicos, se encontró atrapada por las orbes aceradas del rubio y su típica ceja alzada como interrogación a su escrutinio mañanero.

La chica alzó la barbilla desafiante y le sacó la lengua de forma burlona e infantil antes de llevar toda su atención hacia la pelirroja, su amiga llevaba un buen rato removiendo la cucharilla en la taza que tenía entre las manos entre murmullos incomprensibles.

– Ginny. A ti nada te quita el apetito, me estás preocupando. – Cuestionó en tono maternal mirando el desayuno intacto con reprobación.

– Hay días que incluso mi café necesita un café. – Aclaró suspirando con dramatismo.

– ¡Tú ni si quiera tomas café! – Contraatacó echando un ojo al contenido de su taza que efectivamente, tenía café.

Hermione pestañeó repetidamente extrañada.

– Quizás ahora lo haga, total, ya ni si quiera sé que me gusta. – Respondió dándole un gran sorbo a su taza, para acto seguido, escupirlo como un aspersor de forma escandalosa sobre toda la mesa mojando en el proceso además, al pobre de Neville. Contra todo pronostico, Hermione tuvo buenos reflejos y pudo cubrirse a tiempo con el brazo – Bueno, definitivamente el café es seguro que no me agrada. Algo claro en mi triste vida – Masculló – Por cierto, lo siento, Neville – Dijo apurada mientras el chico se limpiaba la cara con la manga de su túnica.

Hermione apartó el café de sus manos y le puso un té con tres cucharadas de miel, como ella solía tomarlo todas las mañanas, antes de que decidiera experimentar con otra cosa.

– Ginny. – Llamó tratando de captar su total atención – Anthony no te conoce y mucho menos a Harry. – Abordó el tema que sabía traía a su amiga en las nubes desde la última consulta.

– ¿Y sí tiene razón? – Cuestionó en un susurro provocando que Hermione torciera el gesto – ¿Y sí todo esto es una falsa? ¿Y sí estamos juntos porque era lo que se esperaba? ¿Y sí estoy confundiendo las cosas? Hay demasiados 'Y sí' en mi vida... ¡Estoy dudando! – Soltó a bocajarro mientras removía su té con fuerza.

– Ginny... Harry te quiere, muchísimo. Y tú a él. – Suspiró tomando la mano de su amiga para calmarla e infundirle apoyo.

– ¡Por supuesto!, ¿Pero de qué forma? – Preguntó mirándola a los ojos fijamente – Ron y tú también os queréis. Pensabais que acabarías juntos y no fue así, porque os disteis cuenta que lo vuestro era fraternal. – Recordó Ginny haciendo que su amiga hiciera una mueca al recordar el beso que compartieron en la cámara de los secretos. Su mayor error. – Puede que a mi me esté ocurriendo lo mismo con Harry.

Hermione se limitó asentir, era una probabilidad y ella no era nadie para rebatirlo.

– ¡Mi vida es una mentira! – Dramatizó teatralmente alzando las manos al cielo llamando la atención de algunos leones más jóvenes que le miraron entre sorprendidos y divertidos por el arrebato.

– Baja la voz o todo Hogwarts sabrá de aquí a final del día sobre tus dudas amorosas. – Profirió mientras tiraba de la túnica de su amiga para que dejara caer los brazos.

– Podría gustarme cualquier persona más que Harry Potter, puede que esté cegada por él y todo lo que hizo por mí. – Explicó retomando de nuevo su duda existencial y las palabras dichas por el psicólogo. – Aquel mismo podría ser el mago de vida – Señaló a un águila de su año que tenía el dedo metido en la nariz hasta el fondo y lo giraba de vez en cuando, como intentando llegar a lugares misteriosos.

Hermione arrugó sus facciones con asco.

– No lo creo. – Moduló apartando la vista, se le estaba revolviendo el desayuno.

– No lo sabremos hasta que no le de una oportunidad. Tampoco está tan mal, tiene unos rasgos asimétricos y bonitos. – Apostilló Ginny mientras se encogía de hombros. Parecía no estar afectada por el pasatiempos favorito del águila.

Ambas volvieron a mirarlo. Al chico no parecía importarle tener público, se hurgó aún más en las fosas nasales y tenía la mirada perdida. Parecía en trance. Su momento zen. A Hermione le recordó a primer año cuando fue atacada por un trol y la varita de Harry acabó impregnada en moco de trol por introducirla en su nariz.

Iugh. El chico troll definitivamente no era para Ginny.

– Y unos orificios nasales bien despejados para olerte mejor. – Bromeó la castaña haciendo reír a Ginny.

– ¿Y qué me dices de ojitos seductores? – Ambas enfocaron la mirada en la desgarbada serpiente que como atraído por un imán, alzó la cabeza de su desayuno y miró fijamente y sin pestañear a las leonas – Aún no consigo entender como hace eso, es imposible que nos escuche a esa distancia. Me eriza la piel solo con una mirada y no en el buen sentido. – Aclaró antes de que se malinterpretada. Hermione lo saludó con una mano tímida y él se limitó alzar un poco el mentón como respuesta para luego volver a sus quehaceres.

– Está demasiado acostumbrado a ser observado... y deja de llamarlo así. – Pidió con tono reprobatorio.

– Solo me faltaría que el destino me tuviese preparado un regalito como ese pretencioso arrogante. – Habló ignorando el regaño de su amiga y enfocando sus ojos en la serpiente junto a Nott.

La castaña miró en esa misma dirección topándose con la silueta de Draco, que tomaba su té tranquilamente ajeno a nuestra selección de pretendientes inadecuados.

– Merlín no lo quiera. – Respondió sorprendida.

– Es totalmente inestable.

– Bipolar, diría yo.

– Irritante por sus continuas bromas. – Gruñó por lo bajo.

– Aunque hay que reconocer que suele ser ingenioso, pero no por ello menos fastidioso. – Concordó la castaña mientras recordaba muchas de sus conversaciones o más bien, discusiones.

– Una serpiente venenosa.

– Estamos de acuerdo, de las más letales y rastreras.

– ¿Y qué me dices de su incesante parloteo?.

– Siempre incordiando. – Asintió conforme.

– Un fanfarrón de cuidado. – Continuó mientras achicaba los ojos observando como el moreno bromeaba con una alumna de tercero sentada a su lado que no paraba de sonreír como boba.

– Y narcisista. – Añadió la castaña mientras lo veía intentando domar los rebeldes mechones platinos que caían sobre sus ojos.

– Él sería una muy mala decisión. – Aclaró Ginny cruzándose de brazos con fuerza.

– De las peores sin duda. – Estuvo de acuerdo Hermione imitándola en los gestos.

– Con esa cara tan infantil siempre sonriente que me saca de quicios.

Hermione ladeo un poco el rostro para analizar mejor las facciones de Draco.

– Bueno... yo más bien diría que su cara es puntiaguda y peligrosa, como un puercoespín.

– ¿Qué? – Preguntó extrañada la pelirroja girándose para mirarla confundida. – Lo único que puede pinchar en la cara de Zabini, son sus colmillos de víbora – Comentó riendo por su propia broma.

– ¿Zabini?

– ¿Quién más sino? – Preguntó ahora sorprendida. Tardó dos segundos exactos en entender lo que estaba pasando. – Espera, espera, espera. ¿tú pensabas que yo estaba hablando de Malfoy?. – Espetó, mientras se fijaba por primera vez en el rubio que estaba sentado justo al otro lado del ojiazul.

– No, no, no. Jamás. – Negó fervientemente Hermione sin llegar a entender porque se había fijado en el rubio antes que en el moreno. Se había quedado lívida.

Era absurdo e inadecuado. Y surrealista, ya de paso.

Aún así, no convenció a la pelirroja.

– ¿Por qué me iba a fijar en Malfoy?, ¡no estoy tan perturbada!. ¡Por Circe!

– ¡Yo qué se!, Miraste justo al lado de Nott, podría haber sido cualquiera de los dos. – Se defendió la castaña hundiéndose en su asiento de morros por lo ridícula que se sentía.– Además, solo para que lo sepas, algo demente tienes que estar si pensabas en opciones como ese águila mocoso, Nott o el payaso de Zabini. – Puntualizó sabihonda.

– ¡Era simplemente por abrir el abanico de posibilidades! – Se justificó sonrojada – Pero lo de Malfoy... eso ya sería pensar que el destino es un cabrón retorcido. – Sentenció horrorizada. – Su padre estuvo a punto de matarme, las reuniones familiares por navidad serían dignas de fotografiar. – Ambas se quedaron pensando en lo que supondría una reunión de esa índole, donde los Weasley y los Malfoy se dieran regalos. No se imaginaban a Draco o sus padres vistiendo un sueter tejido por Molly. Ginny rompió a reír escandalosamente. – Definitivamente, estamos perdiendo la cabeza desde que vamos a terapia. Estas conversaciones tan variopintas lo demuestran. – Rió con más fuerza mejorando su estado de ánimo y apetito, porque no dudo en tomar un trozo de pastel y devorarlo en cuestión de segundos.

– No podría estar más de acuerdo – Apoyó la castaña sonriendo divertida.


El día de hoy los leones compartían clase de Aritmancia Avanzada con Sltyherin. Y Hermione tenía muy claro que el mensaje grabado sobre la madera de su pupitre nada tenía que ver con las serpientes. Había sido alguien de su Casa, algún león de aquellos que creía compañero o incluso amigo.

La castaña volvió a leer las palabras que sabía, eran dirigidas a su persona. No habían sido al azar.

'Amante de Mortífagos'

Estúpidos. Pensó rabiosa mientras apretaba los puños con rabia.

Desde que la chica había entrado al aula, notaba el peso de cien ojos sobre su persona, giraba el rostro de vez en cuando en la dirección del escrutinio pero nunca topaba de frente con ninguna mirada, aunque sabía a ciencia cierta que estaba siendo vigilada.

Ahora entendía un poco lo que vivía a diario Nott o inclusive, Malfoy.

– ¿Cuál es la respuesta, señorita Granger? – Preguntó el profesor sacándola de sus cavilaciones asesinas.

Hermione alzó la cabeza sobresaltada para dirigir su atención al hombre que la miraba sonriente esperando por su respuesta. La chica quería ser tragada por la tierra en aquel momento, había estado tan distraída y ofuscada por la dichosa frase que no estaba prestando atención a la lección.

Algo inaudito e imperdonable. Poco habitual en ella. Y más rabia sintió por dejarse influenciar por la maldad ajena.

– Y-yo... Yo no... Profesor yo... no lo sé, profesor. – Acabó confesando sonrosada tras su titubeo infantil.

Hubo un silencio generalizado, la tensión podía ser cortada con un cuchillo sin afilar o de plástico. Hermione estaba mortificada en aquel momento.

– Veinte puntos menos para Gryffindor, señorita Granger. – Informó con tristeza mientras negaba con la cabeza mirando a su alumna más brillante fracasar. – Damos por terminada la clase.

Todos comenzaron a recoger con apremio y abandonar el aula, Hermione se quedó unos minutos con la mirada gacha sobre su pupitre regodeándose en su miseria. No entendía porqué había dejado que una estúpida frase de niñatos inmaduros le afectara hasta el punto de no prestar atención a la clase de Aritmancia Avanzada, quedarse en blanco y perder puntos para su propia Casa.

Malfoy, que era de los pocos que también cursaba esta asignatura, se acercó sigilosamente hasta pararse frente a la leona siendo vigilado de cerca por Nott, que se encontraba tres puestos más allá.

Movido por un impulso que no sabe muy bien de donde vino, dio unos golpecitos en la frente de Hermione, sin rozar demasiado sus nudillos, para llamar su atención.

– Toc, Toc, Granger. ¿Sigue habiendo vida inteligente ahí dentro?

La voz de Draco se introdujo en el torbellino de sus pensamientos. Hermione fue traída a la realidad por segunda vez en menos de quince minutos. Apartó su mano de un manotazo y le miró con el ceño fruncido.

– ¡Quítame las manos de encima!

– Te tengo dicho que no me toques. – Rebatió enfadado metiendo los puños apretados en los bolsillos de su pantalón para evitar hacer otra tontería.

– ¡Eres tú el que me ha tocado en primer lugar! – Siseó frustrada.

– Tampoco creas que lo disfruté. – Aseguró frunciendo la nariz como si estuviera oliendo mal, irritando a la leona. – Solo quería comprobar que no habíamos perdido al ratón de biblioteca. Quedaste como una idiota hace un momento.

– Como si te importara. – Hermione rodó los ojos con exasperación.

El rubio echó un vistazo al pupitre sin recoger y los puños cerrados con fuerza sobre este, solo tardó dos segundos en encontrar el grabado sobre la madera.

Alzó las cejas con fingida sorpresa y consternación.

– ¡Uy!, tus leales y valientes compañeros no parecen muy felices contigo. – Ironizó socarrón. – ¿A quién debo enviarle flores por tu mudez en clase?

– Cállate y métete en tus asuntos, imbécil.

– Suficiente, Malfoy. – Intervino cortante Nott, acercándose a ellos. Se habían quedado solos en el aula.

– Señalaba lo obvio, sois unos ilusos si pensabais que 'nuestra pequeña y extraña familia' no iba a levantar ampollas. – Objetó mientras admiraba sus uñas con desinterés.

– Eres libre de no sentarte con nosotros. – Puntualizó el ojiazul sin inmutarse.

La castaña comenzó a reír falsamente mientras recogía sus cosas, captando la atención de los muchachos.

– Malfoy necesita gente a su alrededor para sentirse superior, personas a las que poder insultar y humillar. – Intervino cerrando su bolso y colgándolo del hombro derecho.

– ¡Genial! – Vitoreó con falsa alegría – Entonces, a partir de ahora ¿estudiaremos y haremos las comidas siempre juntos? Prometo ser mas original con mi bullying que tus compañeros de Casa. – Sonrió de forma empalagosa.

– Desde el primer día que te vi supe que quería pasar el resto de mi vida evitándote. – Escupió Hermione enfadada.

– Pues no se te da muy bien. Cada vez pasamos más tiempo juntos.

– Tu presencia es una imposición de la que no me puedo librar. – Rechinó los dientes.

– Renuncia a las terapias. – Rebatió encogiéndose de hombros con simpleza.

– ¡Eso supondría suspender! – Dijo espantada.

– La vida a veces requiere sacrificios. – Sonrió cínicamente.

– Eres... Eres... ¡Arg!

– Hoy estás de lo más elocuente. – Rio divertido.

– ¡Olvídame, idiota!

– Pareces una mandrágora chillona. – Se quejó mientras cubría sus orejas – Voy a tener que comenzar a utilizar orejeras a tu alrededor.

Hermione lo golpeó con su mochila sin remordimientos.

– ¿Pero qué haces? ¡Te has vuelto loca! – Gritó Draco sobándose el hombro adolorido.

– ¡Me sacas de quicio!

– ¡Eres una muggle salvaje y bruta!

– ¡Y tú un idiota insensible!

– ¿Habéis terminado ya? – Preguntó con voz profunda y sin un ápice de paciencia Theodore, que los observaba de brazos cruzados sentado sobre uno de los pupitres.

El rubio respondió encogiéndose de hombres con desgano.

Hermione arrugó la frente, confusa por su repentino cambio de humor, pero no se dejó engañar por su falsa fachada serena. Le conocía lo suficiente como para saber que aquella rendición no era más que una trampa.

– ¿Pero todavía estáis aquí?

El trío dirigió la mirada a la entrada del aula, donde Luna, Blaise y Ginny acababan de aparecer.

– Este par no pierde oportunidad para despellejarse. Tengo que arbitrar. – Respondió Nott con su típica voz de ultratumba.

– ¿A dónde vais vosotros tres juntos de todos modos? – Pestañeó confusa la leona.

– Veníamos a buscaros. – Comentó dulcemente Luna entrando al aula con suaves saltitos, parecía que iba flotando. Dio tres vuelta sobre sí misma y se paró frente a ellos con una reverencia.

– Vamos a la biblioteca. – Añadió Blaise sonriendo ampliamente.

– Luna nos capturó a Zabini y a mi al salir de clase y nos obligó a venir por vosotros, los cerebritos de clases avanzadas y exclusivas. – Reveló la pelirroja que se veía fastidiada.

– Anthony dijo que siguiéramos haciendo cosas juntos fuera de terapia. – Intervino de nuevo Zabini.

– ¿Desde cuando le haces caso? – Inquirió confusa Hermione.

– No sé. He descubierto que me gusta estar aquí, rodeado de vuestras buenas vibras y amabilidad. – Agregó alegremente.

– ¡Es genial estar unidos!. – Lo apoyó Luna sin darse cuenta de nada.

Nadie más añadió nada más y salieron juntos del aula para dirigirse a la biblioteca.

– ¿Quién creéis que será el próximo en terapia? – Preguntó con curiosidad la rubia mientras caminaban.

– Malfoy. – Respondieron a coro todos menos el aludido, que avanzaba cabizbajo sin mirar a nada en particular.

– Es el único que aún no ha sido hostigado por las preguntas del muggle. – Aclaró Ginny.

– Y está el asunto de Voldemort. – Matizó la castaña.

– ¡Deja de nombrarlo! – Bramó Draco.

– Llevo días planteando las futuras preguntas y respuestas que pueden darse en terapia, y está más que claro, clarísimo, que pronto nos sacará el tema.

– A veces tengo ganas de robarle el cuaderno, me inquieta que no pare de escribir allí. – Declaró la pequeña Weasley – Sabríamos que piensa de verdad de todos nosotros y sería más fácil planear una estrategia.

– Que estamos chiflados, de eso no me cabe la menor duda. – Concluyó divertido Blaise mientras le echaba un brazo por encima a la pelirroja que fue retirado de un golpe por esta.

– Oye, ¿estás bien? – Preguntó con preocupación Luna al rubio. El chico tenía la cara descompuesta.

– Nunca he estado mejor en mi vida – Se limitó a responder con sarcasmo.

– Tienes pinta de necesitar un abrazo. Mi padre siempre me abraza cuando me ve triste, es muy reconfortante. – Prosiguió la rubia sonriendo con nostalgia – ¿Quieres que te abrece? – Propuso mirándole con sus enormes ojos soñadores y sin rastro de maldad.

Ahora entendían todos porque siempre andaba regalando abrazos en las terapias.

– Ni muerto. – Sentenció Draco apartándose cien metros de la delirante chica.

– ¿Cuándo fue la ultima vez que te dieron un abrazo? – Interrogó Ginny con curiosidad. Definitivamente, Malfoy no se veía como una persona cariñosa o que le gustara el contacto físico en general.

– Cuando Voldy lo abrazó en la batalla final. – El humor negro de Zabini era único y siempre aparecía en las peores situaciones.

Draco gruñó por lo bajo y se lanzó hacía el moreno con la intención de golpearlo, Merlín sabrá como, el chico tuvo buenos reflejos y pudo sacar su varita a tiempo para hechizarlo.

– ¡Petrificus totalus!

El cuerpo del rubio se quedó totalmente rígido en medio del pasillo con el rostro desencajado por la furia y los brazos adelantados, como si fuera a estrangular a quién se pusiera frente a su persona.

– ¿¡Pero qué has hecho!? – Le gritó Hermione escandalizada.

– ¡Me iba atacar! – Se defendió – Mira el lado positivo, ahora que no puede defenderse podremos abrazarlo todos. – Ofreció burlón mientras miraba de cerca la figura de su compañero de Casa. – Se ve que lo necesita y no lo va a pedir. Es muy orgulloso.

Sin que nadie pudiera evitarlo, Luna salió corriendo y se enredó como una boa constrictor al cuerpo del rubio con un abrazo mortal. Ginny y Blaise rompieron a reír alborotadamente, la primera jocosa, el segundo con histeria. Theo miró a Luna aún más petrificado de lo que estaba Draco, intentando mantener su rostro inexpresivo como era habitual aunque a Hermione no se le escapó, que las comisuras de sus labios intentaban estirarse en una leve sonrisa, algo siniestra, pero era un avance en la muestra de otra emoción en sus rasgos. La castaña por su parte, se había quedado sumamente sorprendida tras el actuar inesperado de la águila.

Tras un minuto que pareció eterno, la chica se desenganchó del cuerpo rígido y plenamente feliz se giró hacía sus compañeros.

– Vuestro turno. – Invitó con una sonrisa soñadora, como si el simple hecho de tocar a Malfoy fuera la actividad más normal del día a día.

– Ni hablar. No, no, no. – Se negó Hermione en rotundo, horrorizada por el simple hecho de que Luna lo planteara.

– ¡Abrázalo, abrázalo! – Coreaban a dúo Luna y Blaise mientras la pelirroja no dejaba de reír de fondo.

– No le voy abrazar, esto es positividad tóxica. – Volvió a negarse pegándose contra la pared más cercana.

– Vamos, hazlo. Estamos juntos en esto. – Agregó Blasie infundiéndole valor con la mirada.

Ginny pegó un saltito para alcanzar el cuello del rubio y lo abrazó rodeándolo con fuerza, aunque desde fuera parecía que lo estaba ahorcando.

– ¡Lo hice, lo hice! Te toca, Hermione. – Vitoreó sin parar de reír contagiada por la situación.

Sin previo aviso, la castaña se vio empujada hacia el muchacho. Cerró los ojos con fuerza para dejar de ver las puntiagudas facciones rígidas de Malfoy y esas orbes tormentosas como dagas que parecían mirarle fijamente y con desaprobación. Lo abrazó rodeándole el pecho con sus brazos y acomodando su cabeza en el hueco bajo su barbilla. Encajaba a la perfección como en un rompecabezas. Podía notar como el corazón del rubio latía alocadamente y una corriente inexplicable le recorrió agradablemente el cuerpo de pies a cabeza haciéndola sonrojar.

¡Cielos!, me he vuelto loca. Malfoy nos va a matar. Pensó antes de ponerse a contar en silencio. 1,2,3,4,5,6,7,8,9 y 10.¡Ya!

– ¡Ya!,¡Ya! – Gritó en voz alta soltándose como si estuviera sujeta a una bomba a punto de explotar, lo que no se alejaba mucho de la realidad.

– Pero, ¿Qué habéis hecho?. ¡Ahora será poseído por Salazar! – Les recriminó Blaise llevándose las manos a la cabeza.

– ¡No lo sé! Ha sido el momento, ¡La culpa es de Luna! ¡Y de Ginny! ¡Y tuya! – Aulló Hermione espantada por lo que se había atrevido hacer.

– ¡No creí que fuerais capaces de hacerlo!

– ¡Ha sido maravilloso! – Aplaudió Luna encantada con el actuar de sus compañeros.

– ¡No vayas a contar nada de esto en terapia! – Advirtió Ginny señalándola con un dedo.

– Pero, Anthony se pondrá muy contento cuando lo sepa. – Rebatió pletórica.

– Pórtate bien, no vayas a lanzarnos una imperdonable cuando ya no estés hechizado. –Reía desquiciado el Slytherin palmeando el hombro rígido del rubio. – ¡Hey, chicos!. Juraría que lo he visto mover una mano.

– Pues será para estrangularte. – Aseguró Ginny riendo.

– ¿Y ahora qué hacemos? No lo podemos dejar aquí petrificado para siempre. – Preguntó Hermione mordiéndose las uñas de los nervios.

Todos se quedaron mirando fijamente la figura de Draco Malfoy.

– Podemos llamar a algún alumno de otro curso para que deshaga el hechizo cuando ya estemos lejos. – Solucionó Blaise rascándose el mentón pensativo.

– Yo me hago cargo. – Intervino por primera vez Theo captando la atención de todos.

– Joder, Nott. Eres mi héroe. – Respondió el moreno apretándole el brazo en agradecimiento. – A partir de ahora, tienes mis más sinceros respetos.

– Huid. – Se limitó a responder mirándoles con sus pálidos ojos sin emoción.

– Gracias, Theo. – Luna se puso de puntillas y besó la mejilla del chico con suavidad. Todos pudieron ver como la nuez del ojiazul bajaba y subía con rapidez, estaba nervioso.

– ¡Theo, campeón! Cuidaré de tu chica. – Vociferó Blaise alzando el puño al cielo.

Sin necesidad de volver hablar, Ginny sostuvo la mano de Hermione con fuerza, la castaña atino a agarrar la de Luna con rapidez y esta a su vez, la de Blaise. Los cuatro salieron a correr como niños de parvulario despavoridos pasillo abajo, riendo y con la adrenalina por los cielos. Cualquiera que los viera desde fuera pensaría que eran un grupo de amigos divirtiéndose sin más.

Tras unos minutos de huida, un aullido furioso se pudo escuchar de fondo.

– ¡No volváis a ponerme un dedo encima! ¡Os voy a despedazar!.


Continuará…


Lo prometido es deuda. Dije que volvería y aquí estoy :)

¿Cómo están chicas? Espero que la espera haya valido la pena. ¿Qué os ha parecido? Ya tenemos más acercamientos (insertar risa malvada) ¡Ay! mi Luna y Blaise y sus locuras.

Voy despacio, pero iré actualizando, espero me tengan paciencia.

A quién ya me conoce, me gusta responder los reviews que me llegan incluso, suelo dar pistas del próximo capítulo ;)

Hay 'alguien' que me dejó un review en el capítulo anterior hace relativamente poco y me gustaría responderle por aquí, ya que no tiene cuenta en FF, porque me puso muy feliz su comentario, es el siguiente:

Guest chapter 10 . May 30

Es uno de los mejores fic que he leído y releído, me acordé hace poco de él y lo busque para volverlo a leer, me da gusto ver qué has reeditado, espero pronto la actualización, pero sin presiones, saludos y felicidades por tu manera de escribir.

¡Mil gracias por tus palabras! Me honra tener lectores de años atrás y que además, relean mi historia. Eso para mí es un orgullo y refuerza mi decisión de haber vuelvo cuatro años después, para terminar mis historias. Espero que este capítulo esté a la altura de las expectativas. Gracias y ¡nos leemos!

Espero vuestros reviews :D

Un abrazo,

Eishel Panakos.