Había desaparecido. Rin desapareció.

Estaba comenzando a amanecer, cuando sus ojos se abrieron y se percató de que la niña-no tan niña- con sus quince años no estaba cerca de la fogata, ya apagada ni a sus alrededores.

"¡No estaba!"

Agudizó su oído en un intento de hallarla, pero sus pasos tan únicos como ella, no los oía. Arrugó su nariz en un intento de olisquear su singular aroma, ese de humana que solo el de ella le gustaba, pero a pesar de que el rastro llegaba a un punto, luego se mezclaba con otros.

"¿Dónde estaba?" "¿Donde?"

Comenzaba a sentirse preocupado. Por lo tanto furioso, sus colmillos comenzaron a agrandarse. En cualquier segundo iba a pasar por todos los pueblos sin importarle destruirlos si su Rin no aparecía.

No obstante, antes de que comenzara a buscar -destruir todo a su paso- una sombra comenzó a vislumbrarse a la lejanía. Y la vio, estaba caminando hacia él, con un ramo de flores en sus manos. Se veía hermosa, alegre, quien la joven al verlo comenzó a correr hacia él.

— ¡Sesshomaru_sama! —Exclamó sus pasos oyéndose mas cerca, su aroma inundando las foses nasales del demonio— Le traje estas... —Sus manos estirándolas mostrándole el hermoso ramo, pero antes de que pudiera terminar la frase. Sesshomaru sorpresivamente la abrazo.

Por suerte, Rin aleó las manos ante de que pudieran quedar las flores aplastadas por la acción del demonio.

— ¿Sesshomaru_sama? —Articuló con sorpresa mientras un sonrojo aparecía en sus mejillas sintiendo como su corazón se aceleraba por estar en esa posición con su señor.

El susodicho la apretujó más a su cuerpo. Sus ojos cerrados, aliviado de que se encontraba bien. Que no la habían secuestrado, que unos asquerosos humanos o demonios no la hubieran maltratado.

— Estas bien —Fue una afirmación. Esa misma que acelero el corazón de Rin— ¿Dónde fuiste? —Su voz sonaba cerca de su oído. Estremeciendo su cuerpo, las manos de su señor en su espalda, aun sin libérarla.

— F-fui a buscar flores —Declaró, su voz nerviosa y balbuceante— La señora que ayude ayer, me dijo que había flores muy hermosas cerca del pueblo que pasamos... yo q-quería buscarlas para regalárselas.

— Pudiste haber avisado, que alguien te acompañara —Repuso su voz fría, soltándola y dando pasos para atrás— No desparecer como lo hiciste— Sus ojos dorados observándola.

— L-lo siento —Se disculpó, arrepentida sin poder mirarlo a los ojos, posando su vista en el ramo— No lo volveré a hacer.

El demonio no dijo nada, antes de que se diera vuelta como Rin supuso. Estiró una mano enfrente de Rin como esperando algo. Ella lo miró confusa sin entender hasta que su señor repuso: "¿No eran para mí?"

Ella le ofreció una dulce y alegre sonrisa antes de entregárselas. "Para usted" Él las tomó y se dio la vuelta mientras sentía que volvía la calma a su cuerpo porque Rin estaba bien. Estaba sana y salva, la misma muchacha que si era lastimada, el demonio sentiría un dolor inimaginable. Como si hubiera sido herido en su lugar, ya que Rin era su punto débil, si la lastiman, él sería lastimado.

Podían hacer lo que quieran con él, pero con ella era diferente. Si era ella la que tocaban, podía matarlos sanguinariamente sin tener compasión, podía destruir sin arrepentirse. Podía perder el control si Rin no estaba a su lado o al menos saber que estaba completamente bien.

— La próxima vez, al menos avisa a Jaken —Espetó dandole la espalda.

Ese mismo sirviente que estaba durmiendo desparramado en el pasto sin percatarse lo que ha pasado.

— Sí, señor.

Afirmó. El demonio al oír eso, se llevó las flores a su nariz.

"Para usted"

Una leve sonrisa se dibujo en sus labios siendo ocultada por el regalo de Rin.