— Auch.
Sesshomaru alzó una ceja en su dirección, al oír el quejido de Rin, ese, que realizo cerca de una rama de un árbol.
— ¿Estas bien?
Ella asintió efusivamente mientras su vista se posaba en su dedo, ese, que ahora tenía un rasguño y una línea de sangre.
— No es nada —Repuso para no preocupar a su señor. Cerrando su mano en un intento de ocultarla, el demonio, sospechando que algo había pasado, se acercó a ella.
— Muéstrame la mano —Los ojos marrones de Rin se agrandaron— Muéstramela —Repitió al notar como Rin no quería obedecer.
Al rato ella, lentamente, estiró su mano y se la mostró. Sesshomaru tomó su diestra rápidamente y la giró. Hasta que encontró esa pequeño corte, pero en fin, herida.
— No tiene que preocuparse por eso —Espetó— De verdad, Kagome me dio estas —Buscando entre su ropa con su mano izquierda.
Sin embargo, Sesshomaru no soltó su pequeña mano, quien sus ojos ambarinos seguía posados en la sangre que salía de esa herida.
— "Curitas" dijo que así se llamaban. La pones en tu dedo y...
No obstante, no la dejo terminar porque de repente el demonio comenzó a acercarse mucho más al dedo de Rin y ella enmudeció sintiendo como sus mejillas se encendían al sentir como la calidez del aliento de su señor chocaba contra su índice, para después sacar su lengua y deslizarla por la herida que tenía en su dedo. La niña sintió su corazón latir desenfrenado, completamente paralizada no sabía qué hacer, ni cómo moverse y mucho menos cuando el demonio terminó por introducir su índice dentro de su boca, succionando.
Cuando terminó, Sesshomaru quito el dedo de su boca tan tranquilamente como si hace tan solo unos segundos, no hubiera hecho algo vergonzoso. Rin lo miraba pasmada y a punto de desfallecer luego de esa acción.
— ¿P-por qué u-usted...? —Su voz salía temblorosa y balbuceante, quien seguía roja hasta la orejas.
— Yo curare todas tus heridas —Repuso— Sin importar lo leve que sea.
"La herida de su corazón, causado por la soledad y el maltrato de su infancia." Esa era un herida que desde la conoció se encargó de curar.
— Solo me necesitas a mí.
Los ojos grandes y marrones de Rin se quedaron viendo a su señor, ese, que seguía mostrándose sereno.
— ¿Te sigue doliendo?
Negó con la cabeza.
— No —Y en ese momento se percató de algo, que en realidad desde que lo conoció supo— Nada me duele.
Porque desde que conoció a su señor, ya no tenía heridas físicas ni psicológicas... por primera vez era realmente feliz y no había esa clase de heridas ni ese dolor.
— Sesshomaru_sama —Ella sonrió— ¡Gracias!
El aludido no dijo nada, pero eso no significo que no se sintió complacido por esas simples palabras.
