Hola!
Lamento no haber podido subir el capítulo la semana pasada, pero me atrase un poco sinceramente me quede seca de ideas, se cómo va a terminar todo esto, pero no sé cómo llegar allí, así que eso me atormenta un poco, pero vamos bien... Creo.
Sin más empecemos con el Fic.
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Ballenas, nueces y la abuela.
La mesa ya estaba puesta, las cacerolas con distintos guisos estaban en la hornilla en el centro de la mesa, las tartaletas de fruta se enfriaban en el refrigerador y el té estaba listo para ser preparado en cuanto terminaran de comer; El menor de los dos albinos se había esmerado bastante, pero no estaba seguro de si era su debilidad era por la falta de aire o por el dolor que sentía en el esternón a cada respiración que daba.
El chiquillo abanico su rostro con las manos, sentía que una ligera capa de sudor se alojaba en su cuello y en su espalda, pronto un mareo se apodero de su ser, se recargo de la pared por un segundo mientras se sostenía el pecho con ambas manos, su respiración no era regular en esos instantes, trataba de no agitarse más de lo debido pero sus pulmones y su pecho no querían cooperar con él.
- ¿Estás bien? - Dijo una voz que le hizo abrir los ojos, era Bakura que ya estaba frente a él, le miraba con gesto preocupado.
- ¿Ah? Si si estoy bien, solo descanso un rato, es todo. - Le dijo Ryou sonriendo tratando de no preocuparle, pero las manos de Bakura ya estaban sobre su camisa, desabotonándola con mucha agilidad.
- ¿Q-que haces?- Las delicadas manos de su luz se colocaron sobre las de Bakura que lo miro por un momento, notando ese leve rubor en sus mejillas, ese toque frio le hizo rebobinar lo que estaba haciendo.
- Lo lamento. - Dijo separándose de inmediato, era cierto iba a quitarle la camisa así sin más. - Solo quería retirarte el vendaje, así estarás mas cómodo. - Agrego mirando el suelo, era un idiota, conocía a Ryou y lo tímido que era, no podía simplemente arrancarle la ropa y ya, aunque era lo que haría al final del día, pero con su permiso, necesitaba verificar que ese vendaje no fuera ajustado, de ser así sencillamente lo retiraría, no deseaba complicaciones como liquido acumulado en sus pulmones, neumonía etc.
- ¿Podemos hacerlo después? Aquí no, hay muchas ventanas y…- Insistió el dueño del anillo cerrado su camisa aun sin abotonarla, Bakura la había abierto casi a la mitad, eran una escena que deseaba recordar, por lo menos esa noche, el chico se veía tan inocente, tan dulce, tan deseable, que el espíritu solo pudo morderse la lengua para no hacer nada estúpido.
- Si tienes razón, pero ¿debo revisarte de todas formas de acuerdo? ¿Has tomado los medicamentos que te di? -
- Si, en verdad todo está bien, gracias por preocuparte. - El chico sonrió mientras abrochaba nuevamente su camisa blanca colocándose con cuidado ese suéter gris con círculos blancos que había dejado cerca de la mesa.
- Ryou. - El hombre le jalo con suavidad, conectando sus labios con los del niño que abrió ambos ojos como los platos de la mesa frente a ellos, poco a poco el menor se acomodó para acomodar sus brazos sobre los poderosos hombros de Bakura y poder sentir de lleno su fuerte agarre y respirar el perfume que emanaba su persona.
- Gracias - Dijo el hombre terminando con el beso y separándose un poco del chico que seguía extasiado.
- ¿gracias? - Dijo el otro dando la vuelta para tratar de buscar a su pareja, ese comentario había sido extraño.
- Por la comida que preparaste hoy. - El ladrón se sentó en la mesa tomando los platos para comenzar a servirles a ambos.
- C-claro también puedo cocinar mañana, ¿me vas a agradecer también con un beso? - El pequeño se sentó junto al mayor, acompañándole en la mesa, su rostro se veía completamente luminoso, sus ojos caoba habían adquirido una luz y una felicidad que no había visto en años; Pero ese comentario había sido muy gracioso para Bakura que no pudo evitar soltar una sonora carcajada.
-Te bese porque tenía ganas, te di las gracias porque hiciste algo para mí, son dos cosas diferentes Ryou, no debes hacer nada para ganarte mi afecto porque ya lo tienes. - El de cabello gris abrió la primera cacerola, encontrándose con la mejor de las sorpresas, un buen corte de carne.
- Nada asiático y crudo que felicidad. - Exclamo el rey ladrón tomando las pinzas para servirse un buen trozo que acompaño con la guarnición de vino y vegetales.
- Pensé que te gustaba lo asiático, es solo que hoy quise algo más normal para nosotros. -
- Si me gusta pero, creo que me gustaba más cuando vivamos en Inglaterra, la comida era excelente. - Era cierto, extrañaba un poco la antigua ciudad donde solía compartir su vida con Ryou, era muy distinta a Japón.
- No es cierto…..tal vez había más variedad tienes razón.- Respondió el menor rebobinando en su cabeza, recordando las veces que Bakura le había obligado a entrar a un pub a medio día "para comer algo".
- Oye, ¿esta es tu última semana de clases cierto? ¿Es la semana de festivales? -
- Si, toda la semana será así, pero me siento un poco inseguro de ir a la escuela - El miedo en el rostro de su ángel era algo que no deseaba volver a ver en su vida, no mientras él estuviera cerca, quería aliviar la tensión, no deseaba que su pequeño se vulnerable inseguro por la culpa del imbécil de Atem, del que se encargaría después.
- Si no te molesta cambiamos lugares. - Respondió el mayor haciendo el mejor trabajo posible por esconder su sonrisa, pero esos dientes afilados no consiguieron permanecer completamente cubiertos por sus finos labios.
- Todos se darán cuenta. - Su obscuridad tomo la botella de vino tinto y se sirvió un poco simulando sorpresa ante el comentario de su protegido. ¿Qué acaso no se había visto en un espejo? Eran dos gotas de agua, pensó en tono burlón.
- No somos taaaaan distintos. - Claro que eran muy diferentes, pero le gustaba llevarle la contra al pequeño por un rato, así le haría olvidar los malos momentos y le haría reír un poco, además ver de reojo el rostro de Ryou era lo más hermoso y lo más tierno que jamás había podio apreciar.
- ¿En serio? Marik y Mariku son iguales, Atem y Yugi también, ahora que él es más alto, pero ¿tú y yo?- Replico el pequeño que estaba comenzando a reír involuntariamente, como si fuera algo demasiado obvio, y sí que lo era.
- Creo que exageras. - Insistió el hombre alzando el rostro mientras se servía un poco de puré de patatas.
- Nuestras obvias diferencias, mmmm tu cabello es gris, el mío es blanco. - Señalo el dueño del anillo.
- Se puede arreglar. - Apunto soplando sobre uno de los flequillos blancos de Ryou que se movió produciendo cosquillas al otro que sonrió tomando sus cubiertos.
- Tu espalda es dos veces la mía y pesas más del triple que yo.- - Remarco su luz, su silla era jalada para quedar frente al otro que lo miro un poco más de cerca, acariciando su rostro, tener al chico cerca desataba algo en su interior que era difícil de controlar.
- Fuiste al gimnasio. - Esos ojos rojos, esa voz tan grave y suave a la vez, esa piel luminosamente blanca, y ese rostro tan masculino hacían que el menor se perdiera entre sus recuerdos, tratando de revivir tal vez un par, de aquella noche en la que estuvo fusionado con su obscuridad.
- ¿Fui al gimnasio? ¿O me inyecte esteroides? De acuerdo, como explicas que tú mides 1.92….y yo 1.70 - La sonrisa que Bakura le estaba regalando en ese instante era algo que guardaría en su corazón para siempre, era una sonrisa parecida a la que se forma en los labios de un niño travieso mientras cometía una fechoría.
-Tal vez si seamos diferentes, olvidaste un detalle más, mis ojos son claros y los tuyos castaños. - Le dijo bajando ligeramente la mirada, ¿era tal vez que Bakura sentía pena?
- Oh claro, mi error. - Se disculpó con falsa modestia el chiquillo mientras recibía gustoso el cálido beso que su Yami deposito en su frente, para después bajar directo a sus labios; Besar a Bakura era algo que se estaba convirtiendo en una adicción.
- Llamaremos a tu escuela para decir que no te sientes bien. -
- Hecho. -
- Ahora a comer que necesitas ganar peso. - El de orbes rojizas tomo el plato del chiquillo, llenándolo a tope de comida, muchos vegetales y mucha carne, eso era lo que necesitaba su luz para recuperarse.
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La ventana de la sala permanecía abierta mientras la blanca cortina ondeaba en lo alto, afuera la tormenta por fin había comenzado y traía consigo ráfagas de viento y relámpagos que caían de vez en vez iluminando el cielo nocturno; Uno de estos, el más estruendoso hizo despertar a Mariku de su sueño de golpe, el hombre se incorporó con rapidez sobre la cama, y miro a su alrededor.
- ¿Marik? - Interrogo, había estado teniendo un sueño placido, pero la abrupta forma de despertar le había alterado, estaba solo en su habitación, la ventana seguía abierta, las gotas de lluvia se habían colado al suelo de madera formando un charco considerable, obligando al moreno a levantarse de la cama.
Se rasco la coronilla mientras se acomodaba el pantalón de pijama azul que llevaba puesto, la televisión estaba encendida, la luz del baño estaba apagada, y el lugar de la cama que había ocupado su hikari se encontraba vacío ¿Dónde diablos se había metido?
- ¿Quién dejo la ventana abierta? - Interrogo al viento Mariku, suspirando pesadamente, sabía que la respuesta era obvia, Marik tenía calor y era el único de ambos que podía dormir con la ventana abierta en una noche de lluvia.
- ¿Marik? ¿Dónde estás? - Pregunto un poco más alto, pero lo único que podía oír eran las voces de las personas de la televisión que apago en un segundo quedando a oscuras dentro de su habitación, el mayor camino por el pasillo, notando que la luz de la cocina estaba encendida, probablemente al otro le habían dado ganas de comer algo por la madrugada, o solo quería prepararse un té.
Con sigilo se condujo por las escaleras, sin hacer ruido, bajando uno a uno los escalones, colocándose contra la pared y escuchando atentamente lo que sucedía dentro de la cocina.
- AY POR DIOS - Grito para su sorpresa Marik dentro de la cocina, siendo sorprendió por el otro que inmediatamente se metió de lleno a la habitación esperando encontrar a alguien junto a su protegido, dispuesto a atacar.
- Y TU QUE DIABLOS HACES, ¿ME QUIERES MATAR DEL SUSTO? IDIOTA. - Marik se llevó la mano derecha donde sostenía su galleta al pecho mientras le miraba extrañado.
-¡ TU GRITASTE! –
- ¡TU ME ESTAS GRITANDO AHORA! -
- ¡BAS….!- El otro extendió ambas palmas de sus manos inhalando y exhalando con fuerza tratando de calmarse. - Gritaste y pensé que estabas en peligro, te llame y no respondiste -
- No te escuche, perdóname es solo que me asuste y después tú me asustaste. - Explico su hikari acomodándose en la silla alta de la barra donde se había acomodado, por suerte no había derramado el vaso de leche que seguía lleno a su lado.
- ¿Qué estás haciendo? ¿Comiendo a media noche? No me digas, estas embarazado y tienes antojos nocturnos. -
- Ay que idiota, no podía esperar más de ti, tenía mucho calor y baje por algo, pero me entretuve en esto, ven mira. - Marik había puesto al principio una cara de fastidio, pero era común, su Yami siempre hacia ese tipo de comentarios hacia su persona, ya estaba acostumbrado, el menor estiro una de sus manos para indicarle que el asiento que le correspondía era a su lado, dando varias palmaditas en el para que este se sentara. - Anda ven. -
- ¿Es el cuaderno que se le cayó a Atem? - Interrogo el espíritu del cetro frunciendo el ceño, había jurado haberlo escondido.
- Si, lo encontré algún idiota pensó que esconderlo tras el horno de microondas era buena idea. -
- Que inquieto, porque no eres como las demás personas, porque siempre tienes que meter tu narizota en todos los asuntos de los demás. - Dijo el otro ocupando un asiento al lado de su ángel, había sido su error, un escondite un poco obvio.
- Bueno, sabemos que el libro tenía fotos de Ryou, pero si pasas esta página negra de aquí, tenemos la sección de ¡Bakura! - Anuncio con un falso animo dando la vuelta a la página mostrando el contenido del álbum, era verdad, las paginas mostraban con claridad al Rey ladrón, no a su pequeño.
Las fotografías eran a larga distancia, y podían encontrar al espíritu del anillo en diferentes escenarios, arreglando su auto, fumando en el escalón fuera de su casa, ejercitándose etc. Mariku tomo el libro entre sus manos pasando las paginas una a una, esto no era bueno.
- Creo que tiene una fuerte obsesión con los dos, no solo con Ryou.-
- Eso parece Sherlock. - Mariku continuaba pasando las páginas, había cientos de fotografías que inclusive a él le llegaban a molestar.
-Oye, ustedes tres ¿se conocían antes de llegar aquí? Es decir Bakura Atem y tú ¿Se conocían en su otra vida? -
- Si, Atem fue el Faraón, eso ya lo sabes. -
- Y exactamente qué relación tenia Atem con Bakura ¿eran amantes? ¿Se gustaban o algo? - Interrogo sin mucha preocupación el dueño del centro milenario proporcionándole una gran mordida a su deliciosa galleta con chispas de chocolate.
- Pero que cosas dices niño.- Mariku prácticamente se cayó de la silla al escuchar esa pregunta, si Bakura estuviera ahí mismo los asesinaría a ambos.
- Es solo que trataba de entender, su obsesión es fuerte, pensé que tal vez podía venir de otra vida. - Dijo Marik encogiéndose de hombros, frunciendo el ceño, pero el rostro preocupado de su contraparte le hizo dudar un poco.
- ¿Qué hacia Bakura antes en Egipto? - Continuo sorbiendo su vaso de leche fría.
- El….no lo sé. - Mintió el otro cerrando el álbum fotográfico por fin, demasiada información de su mejor amigo.
- Anda contéstame. - Insistió Marik sonriéndole al otro, ofreciéndole con una de sus manos una galleta como la suya, fingiendo pagarle por información valiosa.
- Bakura era ladrón. -
- Si tiene pinta de bandido sexy, es decir si me hubieras dicho que era, no se sacerdote no te hubiera creído. - Sonrió el menor de los egipcios dándole una mordida más a su galleta.
- Yo si era aprendiz de sacerdote idiota.- Le respondió al tiempo que Marik derramo un poco de leche en su camisa mientras se tapaba la boca con las manos.
- ¿Tu? Ya vi porque nunca lo fuiste, ¿Quién te iba a creer? - Su tono burlón solo se hacía más gracioso porque hablaba con la boca llena, al tiempo que trataba de evitar reírse y ahogarse con su comida.
- Que chistoso. -
- ¿De verdad eras aprendiz de sacerdote? -
- Si, eso es verdad, tú deberías saberlo si no, no tendrías el destino que tienes hoy. -
- Eso es tonto, Yugi seria Rey y Ryou ladrón igual que Bakura. -
- Bakura no solamente era ladrón, era el rey de los ladrones. - Continúo Mariku cerrando el álbum de fotografías, había encontrado un par en las que el aparecía a su lado, pero su rostro había sido tachada con marcador negro.
- O sea el mejor de lo peor. -
- Algo así. -
- ¿Él era famoso por eso? -
- Bastante, y mucho más porque no era de Egipto, si no de Roma.- Los ojos de Marik se iluminaron, dejando ver una gran sonrisa que le cubrió el rostro, era como si alguien le hubiera dicho que se ganaba la lotería, su alegría le hacía brillar de emoción.
- Wow, y ¿robaba oro? y ¿saqueaba tumbas? y ¿usaban falda? - Repentinamente el interés del chico se había alborotado.
- Si, todo eso, además tenía una extraña afición por prenderle fuego a todo, así que prácticamente fue la mayor calamidad de Atem. -
- Tal vez por eso se enamoró de él. -
- ¿Porque? -
- Porque del odio al amor solo hay un paso, eso dicen en mis tiempos.-
- Tal vez, pero desde que Atem era pequeño era distinto, su padre siempre trato de defenderlo, de guiarlo, de darle lo mejor, pero Atem nunca se enfocó en las cosas que importaban, a él solo le interesaba la magia, la vida fuera del palacio, los placeres banales - Mariku había crecido dentro del palacio, para servirle al Faraón, él era huérfano, pero aprendiz y protegido de los sacerdotes de Egipto, así que prácticamente ellos eran su familia, y el en algún tiempo había sido cercano a Atem.
- Y ¿Fue afuera del palacio que conoció a Bakura? -
- Eso ya no me corresponde contártelo, en cuanto termines de comerte todas tus galletitas limpias tus morusitas* te tomas tu lechita y guardas ese bendito libro donde lo encontraste, no tardes mucho porque mañana tienes todavía que ir a la escuela, pronto saldrás de vacaciones. -
- No espera no te enojes solo una pregunta más, por favor, una sola. -
- De acuerdo, te escucho. - Le dijo parándose en el marco de la puerta recargándose en ella al tiempo que se cruzaba de brazos.
- ¿Es verdad que los ovnis los visitaban en Egipto? ¿Alienígenas ancestrales? ¿Te suena? -
- Esa por mucho ha sido la pregunta más estúpida que he tenido que escuchar, en todos estos años nadie tuvo la osadía de preguntar tal estupidez, en todos estos años, todas estas vidas, nadie ha tenido la cabeza tan hueca como para preguntarme algo como eso. - Dijo dando media vuelta mientras seguía hablando murmurando un sin número de reproches en contra de la última pregunta de su protegido, era una duda real, pero tal vez no era un momento apropiado para preguntarlo, se dijo a si mismo regresando a sus asuntos con una sonrisa, esa leche y galletas no se terminarían solas.
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El chiquillo permaneció muy quieto mientras se colocaba todo el cabello blanco de un costado, Ryou se disponía a abrir su camisa, girándose un poco mientras observaba en el espejo como el otro acomodaba un par de cosas sobre la mesita de noche, donde probablemente le colocaría algo más que el vendaje.
- ¿Estás listo? - Esa suave voz, le erizaba la piel con solo pensar que pronto las manos de Bakura se posarían nuevamente en su piel desnuda.
- Creo que sí. - Ryou se sentó sobre la cama, dándole ligeramente la espalda al otro cerrando los ojos por un segundo, aun sentía nerviosismo y un poco de vergüenza por su lastimada persona.
- No te tocare más de lo necesario.- Dijo el mayor sujetando los extremos de su camisa para retirarla por completo, revelando poco a poco la espalda del menor; Por un segundo la luz tenue le hizo apreciar algo que se había negado a aceptar, algo que odiaba ver, y era esa inmensa cantidad de golpes, moretones y rasguños que tapizaban cada centímetro de la piel de su protegido (si era que se podía llamar así); Con delicadeza retiro con cuidado el vendaje, que revelo las vértebras del pequeño, podía contarlas sin dificultad alguna, podía distinguir las costillas del chico detrás de su espalda, notando lo exageradamente delgado que estaba, sus brazos eran tan pequeños, sus codos tan huesudos, que prácticamente el chico era solo piel y huesos.
Coloco con cuidado sus manos sobre la piel del pequeño, notando lo fría que era, lo delicado que se veía, la tonalidad de la piel de sus codos se veía azul, al igual que uno de sus omoplatos, creía haber contemplado mejor antes, pero no estaba listo para enfrentar los monstruosos actos que había cometido en contra de Ryou.
- ¿Aquí que te paso? - Interrogo colocando su mano en uno de sus brazos.
- No te conteste el teléfono. - El chico respondía con tanta naturalidad, que asustaba a Bakura, ¿que acaso no podía distinguir la clase de monstruo con el que se encontraba?
- Y ¿este de aquí? - Continúo con su interrogatorio, esta vez señalando una herida cerca de su nuca, justo en esos huesos que estaba comenzando a odiar poder apreciarlos con tanta claridad.
- Creo que me arrojaste un zapato, fue eso o tal vez una la jarra del agua, no me acuerdo bien. - Ryou noto como poco a poco la voz de hombre se cortaba un poco más, era menos potente, menos firme, menos como Bakura tal vez las capas que protegían las inseguridades del otro se estaban rompiendo una a una, al contemplar el daño que era capaz de hacerle al ser que más amaba.
- Y esto…- Continuo acercándose a su cuello, justo en su pequeño y delgado cuello se encontraban unas marcas rojizas y moradas que reconoció al instante.
- Me mordiste….esa noche….Bakura, ¿Qué estás haciendo exactamente? -El chico se dio media vuelta tratando de mirar al otro que evitaba sostenerle la mirada.
- ¡No te estoy haciendo nada…! -
- A mí no, pero a ti si, tú quieres sentirte mal por mi estado. -
- Y como no me sentiría mal si yo te hice todos y cada uno de esos golpes, los de la espalda los del pecho, los de tu rostro…. —Apreciaba lo que quería hacer el menor, pero era imposible ignorar ese sentimiento de remordimiento que lo abrazaba con fuerza.
- ¿Y pretendes preguntarme por cada uno de ellos? -
- Es solo que me doy cuenta de que soy un maldito monstruo, ¿¡cómo diablos..!? -El de orbes rojizas se levantó de la cama llevándose una mano a la cabeza, no era posible que se negara a ver sus actos, que se negara a tener un castigo por todo el maltrato que había ejercido en contra de un ser tan puro e inocente como Ryou, y que él lo mirara de esa forma, suplicando por su cariño, algo estaba realmente mal con ambos.
- ¡Bakura!-
- Ryou, si algún día encontraras a alguien que te amara te hiciera feliz y no fuera como yo…- El hombre se inclinó frente al menor, quedando de rodillas frente a él, tomando sus manos entre las suyas, sus palabras eran sinceras, si el quería marcharse, encontrar la felicidad en otra parte, él no se opondría, le dejaría vivir feliz, pero siempre cuidaría del chico, sería su esclavo, su seguidor, su verdadero espíritu guardián como debió ser en un principio.
- ¡Dije que no! ¿Que no ves que me lastimas más con eso?- El muchacho coloco su mano en el rostro del otro, ese toque tan frio y sutil, el aroma de la piel de Ryou, era algo que no podía evitar admirar, beso con suavidad su palma al mismo tiempo que colocaba su cabeza sobre el regazo que le ofrecía el menor involuntariamente.
- Por favor, oye….- El albino se inclinó un poco, necesitaba tener contacto visual, lo necesitaba ahora, y Bakura no iba a negárselo, no esta vez.
- Mírame por favor.-Esa voz, tan única, ese tono tan suplicante, si Ryou le hubiera ordenado que se tirara de la ventana lo haría, con tal de no escuchar tristeza en ella.
- ¿Para que quieres que te vea? cada vez que te veo encuentro un nuevo moretón, un nuevo rasguño, ¿¡Y ahora mordidas!? ¿Hoc enim nefas est mecum? * - Bakura se levantó de su lugar dándole la espalda a su hikari, se sostuvo del tocador por un rato no deseaba mirarlo, apretó los dientes y bajo la mirada.
- No uses latín, sabes que no te entiendo cuando me hablas así, por favor basta Bakura no quiero que te lastimes así - No era la primera vez que escuchaba a su espíritu hablar en otro idioma, odiaba tener que adivinar, fue hasta hacia unos meses que se había enterado que el idioma natal del otro era el latín.
- Yo creo que de los dos el más lastimado eres tú, siempre has sido tú, el que lleva la peor parte, el que paga por mis pecados por mis errores, por mi egoísmo por mis celos, mis arranques. -
- Justo como lo estás haciendo ahora….Bakura me lastimas alejándome de ti ¿Quieres dejarme solo? ¿No sientes lo feliz que soy cuando estoy a tu lado? ¿No te lo he demostrado? -
- No, no necesitas demostrarme nada. -
- Entonces ¿porque quieres irte? ¿Es porque no quieres compromisos? ¿O acaso…lo único que querías de mí ya lo tomaste? -
- No digas eso jamás Ryou, me entendiste jamás. - Esas palabras habían hecho que las orbes rubís de Bakura se despegaran de suelo y se clavaran en los ojos caoba del menor, había enojo en su voz, ahora se parecía más a la voz que conocía.
- Entonces no me hagas creerlo…. - El chico se levantó de la cama y camino directamente hacia el otro, extendiendo sus delgados brazos que rodearon al ladrón de tumbas, no tardó mucho en ser rodeado por los brazos del mayor, Bakura beso su coronilla acariciando su cabello, no deseaba lastimarlo, no deseaba alejarlo, tal vez Ryou tendría razón, pero era tan difícil sepultar esos sentimientos de culpa.
- ¿Te acuerdas cuando fuimos de vacaciones con Seto y Mokuba? Recuerdas que tuve la grandiosa idea de ver a las ballenas más de cerca y caí al agua - Dijo el chico sujetando la espalda baja del otro, dejándose envolver por el calor que despedía el cuerpo del ladrón.
- Fue la primera vez que tuve que tomar el control de tu cuerpo, no sabías nadar.- Respondió recargando su mentón sobre la cabeza del albino, dando una media sonrisa recordando esas bonitas vacaciones que habían tomado con sus amigos.
- Pero tu si, y me salvaste. -
- Ryou…-
- Y la vez que fuimos al Cairo con mi papá, recuerdas que me moría de sed y el me compro una bebida muy popular. - Las manos del chico ya no estaban en la cintura de su guardián, ahora se posaban en su pecho con suavidad acariciando esa camisa negra que le hacía ver tan bien.
- A base de nueces, lo único que puede cerrarte la garganta en segundos. - Recordó sonriendo, le parecía imposible que su padre fuera tan estúpido como para no darse cuenta de algo tan básico como eso, la única cosa sobre la faz de la tierra que podía matar al niño en un santiamén eran las nueces.
- Él era mi padre, él no lo sabía, él no me detuvo, ni si quiera yo me detuve porque no lo note, pero tu si, tu no dejaste que lo bebiera. -
- Lo sé, es… -
- Y cuando murió mi murió mi abuela -
- Yo… -
- Al principio me asuste porque tu voz ya no sonaba en mi cabeza, creí que te habías ido como ella, como mi padre, como Seto, como mis amigos…..Pero cuando entre a mi recamara estabas ahí, de pie frente a mi-
- Me necesitabas de otra forma…- Aun podía recordar ese día, había experimentado el dolor que sentía el niño al ver a su abuela morir, sus lamentos, sus sollozos en la obscuridad de su habitación, y que nadie fuera capaz de brindarle algo de calor, algo de consuelo, ni si quiera el imbécil de su padre, la única llamada que había recibido era la de Seto, que se encontraba en Estados Unidos en ese momento, fue cuando tomo la fuerza necesaria para poder materializarse proteger al niño era su propiedad, y el desapegarse de su mente y de su cuerpo era algo que no quería hacer, pero con un cuerpo material podía ser algo más que una voz en su cabeza.
- ¡Exacto! Y me diste lo que quería en el momento en el que más lo necesitaba, me recibiste con los brazos abiertos, te quedaste conmigo después de eso nunca más estuve solo, desde que tu llegaste a mi vida no tuve por qué estar solo…..No espero que entiendas lo que significas para mí, sé que te fijas más en las cosas malas y en el daño que me puedes hacer, sé que desde que venimos a Japón todo se ha complicado entre nosotros, pero….Antes no era así, antes de que Atem apareciera todo estaba bien, he vivido contigo más de la mitad de mi vida eres lo más bueno y constante que he tenido, como si un amigo imaginario se hiciera realidad, como si mi pareja ideal fuera moldeada en mi cabeza y de repente apareciera, yo no quiero a nadie que no seas tú, pero tampoco puedo obligarte a quererme…..- El chico se soltó del abrazo del otro alejándose un poco, suficiente para que el de orbes rubí sintiera ese vacío, ese frio que se apoderaba de su piel, donde alguna vez Ryou le había brindado su calor, implorando su protección ahora en sus brazos solo podía abrazar su ausencia.
- Decide lo que quieras pero no cambies de opinión, ayer me dijiste que te querías quedar conmigo y hoy me dices que quieres que me aleje de ti, que busque a alguien más…Tal vez te refieres a alguien lo suficientemente valiente como para permanecer a mi lado. - Con lentitud Ryou se alejó del otro, que solo pudo contemplar como su cabello blanco ondeaba tras de sí, su espalda desnuda pronto se cubrió con la camisa que había colocado justo al lado de la cama.
El hikari se sacó el cabello blanco de la camisa y dio la vuelta, sin mirar a Bakura, caminando hacia la puerta, esta vez quería estar lo más alejado del otro, si el ladrón del anillo deseaba irse de su lado, no quería volver a verlo jamás, sería muy doloroso, pero si su padre, su abuela, su familia e incluso su mejor amigo Seto le habían abandonado cuando más los necesitaba, era de imaginarse que Bakura no sería la excepción.
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Hasta aquí con el fic.
Una disculpa por la demora pero si algo no me agrada, no lo puedo dejar hasta arreglarlo, y este capítulo en particular me partió la cabeza.
Aclaraciones!
*Morusitas: Diminutivo de Morusas que son mejor conocidas como migajas, en México (de donde yo soy) se usan mucho los diminutivos, en especial cuando quieres hablar con los niños pequeños.
* ¿Hoc enim nefas est mecum? (¿que está mal conmigo?) esa es la traducción del español al latín.
