Capítulo 1

Esto es un sueño, ¿no?


Me duele la cabeza, me duele MUCHO la cabeza.

Eso es en lo primero que puedo pensar cuando recupero la conciencia. En verdad no es como si pudiera pensar en nada más, porque el dolor es abrumador, estoy empezando a preocuparme de que de un momento a otro mi cabeza vaya a explotar.

Solo he tenido la oportunidad de echar un vistazo a la habitación antes de que tuviera que volver a cerrar los ojos por el dolor. Habitación blanca, sin ventanas y sin mobiliario, por lo que he podido observar, solo la cama donde estoy acostada y una mesilla de noche a mi lado. Mi mejor suposición es que estoy en el hospital. Después de ser arrollada por un coche solo podrían llevarme allí o a la morgue, y teniendo en cuenta que estoy respirando no hace falta ser Sherlock para llegar a una conclusión.

Estoy en un hospital entonces, decido, pero uno bastante anormal porque no hay ninguna máquina a mi alrededor, ni un medidor de los latidos del corazón, se llame como se llame, ya sabes, el que suele aparecer en las películas. He estado inconsciente, deberían haberme conectado a uno. De hecho ahora que presto atención e intento distanciarme un poco del dolor, no escucho nada en el pasillo tampoco. Debería escuchar enfermeras paseándose, o médicos, o pacientes, o cualquier persona, no soy muy quisquillosa. He estado lo suficiente en los hospitales como para saber que son muy ruidosos. Es un poco inquietante.

El dolor empieza a calmarse, pasa de martillazos al cerebro a pequeñas agujas clavándose. Una mejora, dentro de lo que cabe. Es curioso, porque noto como si mi mente estuviera rodeada de niebla, imposible de agarrar, sensación nueva. Supongo que me habrán drogado, analgésicos everywhere, eso explica la falta de dolor en el cuerpo después del atropello. Dios, va a ser una pesadilla cuando pasen los efectos.

"Veo que ya estás despierta", me dice de pronto un hombre que acaba de entrar por la puerta, lleva bata blanca, así que supongo que será un médico, bastante joven, pelo castaño, alto. Debería preocuparme de que no me haya dado cuenta de que alguien la había abierto, me entrenaron para ser mejor que eso. "Soy el Dr. Gabe Wells, ¿cómo te sientes?"

"Demasiado bien para alguien a la que han atropellado", le digo de forma honesta, "simplemente tengo dolor de cabeza."

"¿Atropellada?", pregunta, con sorpresa en la voz, "me habían dicho que te habías desmayado en el trabajo, puede que todavía no estés despierta del todo", dice, mirándome con recelo.

"¡Qué demonios!", exclamo con sorpresa e ira, "¿cómo que desmayada en el trabajo?, ¡si me ha arrollado un maldito coche!", no entiendo porque han mentido de esa forma.

"Cálmese por favor, si hubo un malentendido se solucionará, pero por favor, primero déjeme examinarla, desgraciadamente no hemos podido descubrir la causa de su desma-"

"¡Qué no ha sido un desmayo!", grito, esto es impresionante salvo a un chico que acababa de hacer una de las interpretaciones más patéticas de la historia de Hamlet de morir, y así me lo agradecen, un poco de reconocimiento.

"Está bien", dice, está empezando a parecer un poco estresado, incluso puedo observar gotas de sudor apareciendo en su frente, "lo siento, pero déjeme examinarla primero, después llamaré a un auror si usted quiere y le cuenta su versión."

Iba a volver a soltarle una diatraba sobre como no existían varías versiones de los hechos sino solamente la mía cuando saca un palo de su bolsillo, si efectivamente, un palo. No me da tiempo a preguntarle si es que se habían reducido tanto los presupuestos del hospital, porque de pronto una frase en algún idioma diferente (¿latín?) sale de sus labios, mueve el palo y una luz rodea mi cuerpo. Siento en mi interior como si una niebla rodeara todos mis miembros. Cabe decir que me quedé paralizada de … bueno, de lo que haya sido eso.

Mi cabeza empezó otra vez a martillear, y un flujo masivo de imágenes empezó a recorrer mi mente, demasiado rápido para poder fijarme en alguna. Escuchaba por la periferia al médico diciéndome que no había encontrado nada fuera de lo normal en mí, solo un leve dolor de cabeza (¿¡leve!?), y que iba a llamar a mi acompañante para que pudiera ir a casa. ¿Qué acompañante?

El médico abrió la puerta de la habitación, llamó a alguien fuera y entró una mujer. Cabello rubio pajizo, ojos azules, casi grises, con una nariz respingona y labios finos, vestía una túnica morada, sí, una túnica.

Una serie de imágenes pasan en frente de mí de esa misma mujer más joven, con una túnica negra y un escudo azul, con una pequeña sonrisa presentándose: Hola, soy Alice Wilson, espero que nos llevemos bien estos próximos siete años.

"El Dr. Wells me ha dicho que ya puedes ir a casa, Claire", dijo la mujer, Alice, supongo, tengo la cabeza un poco escacharrada, lo próximo será no recordar mi nombre, aunque, bueno, tampoco es que sepa quién es ella.

"Aunque no hemos encontrado nada fuera de lo normal, nunca está de más ser un poco precavido, intenta no hacer mucho uso de tu magia durante el día, lo que significa nada de aparición", intervino el Dr. Wells.

"Yo la llevaré a su casa", dice Alice, "no se preocupe Dr. Wells, Claire no va a realizar ninguna actividad mágicamente extenuante, ya me encargaré yo de que no lo haga", finalizó, lanzándome una intensa mirada.

Ahora, para cualquiera que me conozca un poco, debe sentirse extrañado de que esté tan callada mientras los demás hablan de mí como si yo no estuviera delante, sin embargo, dadas las circunstancias, creo que que merezco un poco de perdón. Mi cabeza sigue colapsada con imágenes, yo no se que esta pasando ni quien es esta gente, y estoy empezando a pensar que todo esto es un sueño y todavía sigo en coma.

Olvida lo de estoy empezando. Esto tiene que SER UN SUEÑO, y yo tengo que estar en coma. Pues vaya mierda, lo que necesitaba.

Mientras sigo despotricando en mi mente, mi cuerpo se ha puesto en piloto automático y ya se ha levantado de la cama y ha ido caminando lentamente hacia la puerta para salir de la habitación siguiendo a Alice.

"Espere, señorita Hansen", exclama Wells, con un palo en la mano, "se deja su varita".

"Oh sí, mi varita, cómo la he podido olvidar", digo con la cara más agria que consigo poner, porque en serio, ¿una varita?

Cojo el palo, porque es un palo, y sigo a Alice fuera de la habitación a un pasillo, nada más cruzar el umbral de la puerta los sonidos del exterior invaden mis oídos. Es como si hubiera habido una barrera de sonido en la puerta, imagínate. El pasillo está bastante transitado, puedes ver a varias enfermeras y doctores yendo de un lado a otro. Yo me mantengo siguiendo a Alice hasta que llegamos a una pequeña habitación.

De pronto Alice me coge del brazo, y lo próximo que sé es como si pasara por un túnel y este me estrujara. Una sensación muy desagradable. Cuando vuelvo a abrir los ojos (no me había dado cuenta de que los había cerrado), estoy delante de la puerta de un apartamento.

Alice debe haber visto algo en mi cara (por ejemplo mis ganas de vomitar, no es nada agradable que te estrujen todo el cuerpo, en serio), porque de repente suelta, "siento no haberte avisado antes de aparecer, pero ya es un poco tarde, ¿no?", dice soltando una pequeña risita, "de todos modos, tengo que ir a trabajar, mañana vendré a visitarte y ver cómo estas. La señora Bones me ha dicho que tienes toda esta semana de vacaciones así que relájate, que falta te hace, más relax menos trabajo", dice mientras me da un abrazo, " hasta mañana, y acuérdate, nada de magia durante el día.".

Y donde antes estaba, ya no hay nadie, solo un pequeño sonido de explosión.

Me quedo mirando la puerta en frente de mí, preguntándome por qué estoy aquí. Solo tengo ganas de acostarme en una cama y poder despertar de este sueño. Un sueño muy raro y muy largo, con magia al parecer, o chakra, o energía, como quieras llamarlo. Más que un sueño, una pesadilla.

Una repentina ráfaga de imágenes asolan mi mente y tengo que apoyarme en la puerta para no caerme, sin embargo al tocar la puerta esta se abre y me meto una hostia contra el suelo, señor suelo, conozca mi cara. Dios, mi cabeza, mi pobre cabeza.

Cuando consigo levantar la vista del suelo la veo, una luz la rodea y pequeños ángeles bailan a su alrededor. UNA CAMA. Al final del pasillo, dentro de lo que debe ser el dormitorio de este apartamento. Mi mente se centra solo en ese objeto hecho por dioses y no puedo hacer otra cosa que levantarme del suelo e ir caminando hasta que estoy frente a ella. Esta preciosa cama.

Quizás si me acuesto en ella podré despertar y volver a enfrentarme a la realidad, es lo último que pienso antes de acostarme y cerrar los ojos.

...