Abandono.

Ese dolor en el pecho ya no era producido por sus costillas rotas, o por su golpeada persona, ahora el dolor que podía experimentar, era esa sensación de soledad y abandono que había tenido que soportar durante toda su vida.

Cuando era un niño pequeño su padre constantemente le rechazaba, enviándolo con sus tías, a la casa de su abuela, o sencillamente con las empleadas domésticas, en cuanto el chico creció le envió nuevamente a casa de su abuela, ausentándose por meses enteros, hasta que poco a poco se convirtió en un extraño para él; Su abuela nunca había sido una persona dulce, era más bien dura, recta, pero indulgente con el muchacho, desde muy temprana edad le envió al internado, donde constantemente le visitaba, solo para asegurarse de que todo seguía en orden, jamás olvidaba un cumpleaños, siempre maximizaba los triunfos de Ryou, "fue el mejor de su clase" "aprendió el francés muy rápido" "gano un torneo de polo" "monta a caballo mejor que lo hacia su abuelo", eran las frases que siempre escuchaba cuando su abuela estaba en las reuniones familiares. Pero con los años, inclusive su deteriorada abuela comenzó a abandonarlo, las tarjetas, los regalos, las visitas, todo poco a poco se le raciono, hasta que no quedo nada y finalmente, un día de Enero su abuela se fue para siempre. Fue tal vez el peor día de su vida, el dolor por su abandono era inmensurable, se sentía como si le hubieran arrancado algo del pecho, como si su corazón se quebrara en mil pedazos y esos pedazos se clavaran, uno a uno en sus pulmones impidiéndole respirar, sentía tanta presión, tanto dolor, ese nudo en la garganta que no podía ser disuelto con nada; Cuando se leyó el testamento y supieron que el heredero de la mayor parte de la fortuna del al difunta Helen era Ryou tuvo un muy mal acercamiento con su padre, pero toda su familia estaba ahí, "lo que sea que quiera de ti, no es tu cariño créeme" fueron las palabras que salieron de una de las hermanas y hermanos de su madre "La fortuna es tuya no dé el, el dejo morir a mi hermana y te abandono, no deberías tener su apellido, deberías ser un Henstridge" "tu fidecomiso está congelado por el momento sobrino, el no podrá arruinarte de eso me encargo yo" "manejaremos tu dinero por ahora, jamás tendrás escases, sabes que tendrás voz y voto en cuanto cumplas los 21" …..Tantas opiniones, tantas caras cubiertas por mantillas negras o por sombreros del mismo color, todos opinaban, todos tenían una idea, todos sabían qué hacer con su situación el solo tenía que relajarse y dejarse llevar, como siempre. Pero cuando por fin cayo la noche y la casa quedo en penumbras, todos se ofrecieron a quedarse recordando los deberes, los compromisos, y lentamente retirándose uno a uno, ofreciendo sus más sinceras disculpas, recordándole que por la mañana todo estaría mejor, el por otra parte debía permanecer en la inmensa mansión de su abuela, completamente obscura, repleta de sirvientes, que a esas horas de la madrugada, se disponían a terminar por sus servicios.

La sala vacía, ese sillón junto a la chimenea, la tetera de plata sobre la mesita, y la porcelana fina ya nunca serian ocupadas por él y su abuela, las tardes lluviosas y los días de sol, tampoco serian parte de su vida ahora, él estaba solo. Con melancolía y los ojos y la nariz roja subió a la que era su habitación, se sentía abatido, cansado a morir, lo único que deseaba era permanecer en cama y no despertar jamás.

Subió las escaleras, camino por los pasillos contando las puertas de una en una, deteniéndose en la de su abuela, estaba abierta, el pequeño se introdujo dentro de ella en la oscuridad, apreciando el perfume que emanaba de su habitación "chanel número 5" por supuesto, las perlas de su abuela y sus uñas pintadas de un color carmín era algo que le provocó una risa involuntaria. Poso sus dedos sobre el tocador de madera de sauco moviendo las fotografías junto a su cama. Ella era fanática de las mismas, había de todo tipo, ella mucho más joven posando en una avioneta, ella junto a su abuelo, su boda, sus hijos y su madre por su puesto, un sin número de fotografías del pequeño Ryou en todas sus facetas, siendo un bebe, su primer diente, los primeros pasos, su graduación del prescolar etc. El albino no soporto más, una lagrima rodo por su mejilla ¿Quién va a estar conmigo ahora? Dijo soltándose a llorar, la única mujer que le había cuidado, que había estado en cada festival, que se preocupaba por su persona, que le regalaba su afecto, se había ido para siempre, no había forma humana posible de que ella volviera, con ella se estaba yendo su corazón.

- No puedo…..No quiero que te vayas, no me dejes solo por favor. - Ese dolor que oprimía su pecho, que esperaba encontrar alivio dejando caer sus lágrimas le estaba consumiendo, no quería estar solo, no quería estar ahí, no podía seguir sin ella ¿Qué iba a ser de él?

Con nulo interés camino de regreso a su habitación, limitándose los ojos y las lágrimas con las mangas de su suéter, no podría dormir, tal vez lloraría toda la noche, recordando a esa mujer que llamaba abuela.

- Ven aquí. - Fueron las primeras palabras que escucho en cuanto encendió la luz, no podía ser, el conocía a esa persona, conocía esa voz, era el, el ser imaginario de su cabeza, su mejor amigo, su conciencia, él era real o ese dolor le había hecho perder la cordura.

El chico cerro las puertas de su habitación, esperando que el ser se desvaneciera en cuanto este le alcanzara, pero no fue así, su pecho, cálido y acogedor sus brazos largos y fuertes le rodearon, y ese latido acelerado, fuera una alucinación o no, iba a aferrarse a él con todas sus fuerzas.

-Nunca me dejes, no quiero que mueras como los demás, quiero que estés conmigo siempre, siempre.- Dijo hundiendo su cabeza en el cálido y reconfortante pecho de aquel sujeto, que le abrazaba con fuerza, acariciando su espalda y su cabello corto y blanco.

Desde ese momento nunca tuvo porque permanecer solo, Bakura estaba ahí, ahora físicamente con él, podía verle, hablarle, reír, jugar, él era su compañía, y poco a poco ese cariño fue madurando, pero la indecisión del menor en revelar su interés le carcomía por dentro, y una vez en Japón cuando pudo entrar a la preparatoria, ese sentimiento era mucho más claro para ambos.

Bakura cerró la puerta con las manos, recargándose en ella, de ninguna forma iba a permitir que el menor abandonara la habitación, no después de lo que acababa de pasar, de las cosas que acababa de decir, entendía que el sentimiento de culpa le hubiera vencido esa vez, ese sentimiento no había desaparecido, pero si había algo más fuerte que su culpa era el amor que sentía por ese chiquillo, que ahora se cubría el rostro con las manos, ¿estaba llorando? ¿Lo hiciste llorar idiota? Pensó apretando uno de sus puños.

- ¿A dónde crees que vas? Me llamas cobarde y ¿tu hules de mí? - El hombre se acercó al albino tomando sus hombros con ambas manos, buscando apartar sus manos de su rostro, necesitaba verle.

-Si eres un idiota Bakura, si está llorando. - Pensó para sus adentros, siendo interrumpido por la repentina bofetada por parte del pequeño que lo sorprendió por completo, probablemente le había arañado pues sintió un ligero ardor en la mejilla, pero no se había inmutado en absoluto.

- ¿Ahora yo soy el cobarde? Yo no te dije que fueras a buscar a otra persona, para que quieres que busque a alguien, ¿para que me abandone como tú? estoy harto de ser el perro abandonado que nadie quiere, que regalan cuando les fastidia. -

- No, no quise decir eso Ryou, mírame…..- Pero lo único que recibió fue otra bofetada, en el mismo lugar que la anterior. - Esa me la merecía más, pero oye mírame por favor, no llores, en serio ¿crees que yo soy capaz de vivir lejos de ti? Tú en verdad crees que voy a dejar que te vayas por ahí a buscar pareja? Me conoces, mis celos nos llevaron a esto…..Y tus malas amistades - Ahora por fin había conseguido la atención de su pequeño que sonreía por lo bajo, aun con lágrimas en los ojos.

- Eso es, así me gusta más, no eres un perro abandonado, conozco a tu padre a tu familia, y todo lo que ha pasado en tu vida, créeme, yo nunca voy a dejarte solo. -

-Porque dijiste que me ibas a dejar que buscara a alguien más.-

- La emoción me gano, no me creí capaz de ser, así como soy.-

- Una bestia salvaje.-

- No me habían dicho así hace mucho tiempo, pero si, si eso te hace reír di lo que quieras. - Bakura tomo una de las manos del pequeño, la que tenía el vendaje, donde se había enterrado un pedazo de cristal hacia unos días, la estiro contra la suya, las delicadas manos del deño del anillo, tan suaves, tan delicadas, las suyas por el contrario doblaba su tamaño, fácilmente la apreso contra la suya, acercándola a su pecho.

- No me creí capaz de lastimarte tanto, de dañar de esta forma al ser que más amo, pero no me di cuenta de todo lo que estaba pasando a mi alrededor, quería protegerte de…..de los demás que me convertí en un peligro para ti-

- Nunca fuiste tan malo.-

- Si lo fui, te trate como me trataban a mi…Esto me hace aun peor pero no quiero dejarte, sé que puedo ser mejorar, se lo feliz que eres cuando estás conmigo.- Bakura beso los labios del chico. - Nunca podría estar lejos de ti, estoy loco por ti.-

-Yo ya te perdone por el daño que me hiciste, yo quiero estar contigo, de verdad quiero…..- Antes de que el menor terminara su frase sus labios fueron ocupados por Bakura, que lo cargo con facilidad para acomodarlo sobre la cama, colocándose sobre él, desabotonando uno a uno los botones de la camisa blanca nuevamente, sintiendo la suavidad de la piel del chico entre sus dedos, ese tacto suave y cálido hicieron que el chiquillo rompiera con el beso, sentir las caricias del otro le habían hecho gemir involuntariamente. Pero las inquietas manos del espíritu ya rodeaban la piel de su ajustada cintura.

- B-Bakura…-

- Solo quiero sentirte cerca, no te hare daño. - Le dijo al oído colocando sus labios sobre el largo cuello del niño besando con la mayor sutileza posible su piel, esa frescura, ese olor, le hacían recordar las caderas del pequeño, esta vez no podía dejarse llevar aunque lo quisiera, el maltratado cuerpo del chico no lo soportaría.

Ryou podía sentir esta vez el aliento de su contraparte contra su dulce piel, provocando ese pulsar eléctrico que le hizo enderezar la columna vertebral involuntariamente proporcionándole un dolor agudo en el pecho, "muy pronto para esto" pensó, pero esta vez no deseaba que Bakura se detuviera, sentirlo tan cerca, mirar sobre sus hombros el techo de la habitación, le hacían sentir un nerviosismo contagiado de emoción que era muy diferente a lo que había sentido la primera vez. Con un poco de timidez Ryou coloco sus manos sobre el abdomen de Bakura tratando de subir su camisa, deseaba sentir su piel, no quería provocarle más de la cuenta, pero el tener a ese hombre sobre el besando su cuello de esa forma le hacía vibrar y envolverse en un torbellino de emociones que nunca había experimentado.

- ¿Quieres quitarme la camisa? - El rey ladrón se incorporó un poco tomando esa delgada prenda negra con ambas manos para poder retirarla, pero antes de hacerlo pudo sentir las manos del chico, deteniéndolo, Ryou tenía el rostro completamente rojo, trataba de ocultar su emoción, pero era algo demasiado notorio.

- N-n-no no no no, y-yo n-no no n-no estoy b-bien así. -

- Tranquilo, no va a pasar nada…- Le dijo sentándose al lado de la cama, -"De todas formas no podrías conmigo estando así.-- Pensó furtivamente riendo en sus adentros, nunca había recibido quejas sobre su desempeño como amante.

- Gracias. - Ryou trato de cubrir nuevamente su pecho con aquella prenda, pero Bakura se lo impidió.

- ¿Te acuerdas que quería revisarte? Podemos intentarlo otra vez antes de dormir.-

- C-claro, ¿q-quieres que...? - Poco a poco y con ayuda de Bakura el chico se sentó sobre la cama, sintiendo como las cálidas manos del espíritu milenario reconfortaban su lastimada piel, sentía algo de dolor, pero nunca lo expreso en voz alta, no deseaba preocupar de más al otro.

- Sanaras muy pronto, ya verás. - Le dijo a sus espaldas el hombre suspirando, él se esforzaría para que todo ese dolor se fuera de una vez por todas.

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Las campanas de la escuela sonaban dentro del plantel, indicando que la jornada estudiantil debía estar dentro de sus salones, a estas horas, los alumnos estaban reunidos en sus lugares como era acostumbrado, pero con una pequeña diferencia, esas caras perezosas eran remplazadas por unas de felicidad, empezaba la semana de festivales estudiantiles, habría eventos deportivos, vendimias de caridad, sorteos, juegos y muchas actividades extracurriculares, los exámenes y las actividades por fin habían concluido, esperando ahora las vacaciones.

Yugi permanecía sentado en su pupitre, moviendo inquietamente uno de sus pies, mirando el escritorio vacío de Ryou, ¿acaso iba a faltar hoy también? Había prometido conseguirle un poco de tiempo con Atem, y esa semana seria perfecta para que su amigo pudiera charlar con el albino, pero él no se encontraba por ningún lado, jamás se le hacía tarde, pero este día, probablemente no se presentaría.

- Oye, Marik ¿tú crees que Ryou venga a la escuela? - Pregunto algo inquieto al rubio que estaba hablando con Katsuya sobre las actividades del día de hoy.

- No lo sé, creo que el fin de semana tuvo un….accidente en una moto y probablemente no venga esta semana, pero no te preocupes Katsuya va a tomar su lugar hoy en la venta de bebidas, nos estamos organizando Ryou se encargaba de las bebidas calientes, tu puedes seguir con lo de los alimentos y yo con las bebidas frías. -

- ¿Accidente? ¿Está herido?-

- No es tan grave hable con él hace poco, creo que tomo la moto de Bakura o algo por el estilo, no lo he visto yo tampoco, en cuanto conteste su celular te informare. - Mintió el moreno tratando de seguir la corriente, muy temprano esa mañana cuando los dos egipcios habían ido a recoger el auto, Bakura le había pedido documentación a Mariku, tarjetas, recetas médicas, identificaciones etc. Para justificar las inasistencias del chiquillo, al parecer se haría pasar por su primo para que no tuvieran que llamar a su padre y se armara un alboroto por la condición física del dueño del anillo.

- Ya no tengo su teléfono, ¿podrías pasármelo? -

- Ham….c-creo que es…-

- Que no Ryou perdió su teléfono hace una semana, todavía no compra uno, ya sabes lo distraído que es. - Intervino Katsuya sonriendo abrazando a Marik para sujetarlo por el cuello.

- Cierto, no tiene teléfono todavía que tonto soy.- El moreno suspiro mirando al rubio por un segundo murmurándole las gracias por ello, sabía que para mantener a raya a Yugi y a Atem podía contar exclusivamente con "Joey".

- Si, bien si saben algo pueden informarme, quiero hablar con él.-

- Seguro viejo, él debe estar bien, seguro y su casa está repleta de familiares. -

- Sí, todos hablando cosas que no entenderíamos, mucho ingles jamás he sido bueno hablando inglés y tu Joey?...- Miro a Joey incitándole a que le siguiera la corriente, tratando de alejar a Yugi de su plática, era algo grosero pero no deseaba darle armas a Atem para que siguiera atacando a Ryou.

Yugi se giró sobre su pupitre, evitando la plática que Marik tenía con Katsuya, sabía que algo andaba mal, pero no entendía que, sabia lo cercano que era el moreno con Ryou, y que Joey también le tenía muy alta estima, pero ambos amigos siempre parecían alejar a esos dos a propósito.

- A menos que vaya a visitarlo a su casa con el pretexto de ver como esta después del accidente, pero el que va a abrir la puerta será Bakura, seguro y me corre a patadas del lugar.- Pensó desanimado el de cabellos tricolor, en verdad quería ayudar a su compañero, pero si el albino no se presentaba a la escuela en esa semana seria casi una misión imposible verlo en vacaciones, aun no sabía si asistiría a la boda de Seto, pero añoraba que fuera así.

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La suavidad de las sabanas limpias de la habitación de Bakura le hicieron sonreír, recordaba el toque del espíritu milenario sobre su piel, sus besos, su perfume, había pasado una noche increíble, sabía que pronto su cuerpo no aguantaría tanta presión, y terminaría cediendo ante el control del otro, el pequeño respiro hondo, ese agudo dolor en el pecho esta vez ya no le afecto tanto como antes, tal vez su verdadera medicina era la felicidad que le producía el estar bien nuevamente con Bakura. El albino estiro una de sus manos sintiendo la almohada vacía de su acompañante.

- ¿Bakura? - El pequeño abrió los ojos lentamente, el hombre no estaba en la cama, pero le había dejado dormir un rato más, podía percibir el olor del ya tan característico café americano que el espíritu tomaba todas las mañanas.

Ryou se incorporó poco a poco, mirando el reloj de la mesita de noche, eran las 9:30 de la mañana, ¿Por qué Bakura le había dejado dormir tanto? Últimamente era así, el chico dormía muchísimo más de lo habitual, y el ladrón lo dejaba descansar, e incluso le incitaba a hacerlo.

Con impaciencia el chico se levantó de la cama colocándose un suéter en el acto, un escalofrió recorrió su espalda sentía frio, toda la noche había estado muy poco abrigado, pero el calor que le brindaba el cuerpo del de ojos rubí le brindaba el confort necesario, podría decirse que esas noches con el habían sido muy reparadoras, tanto para su cuerpo como para su alma.

Entro a la cocina, dándose la vuelta de inmediato regresando al corredor donde se colocó contra la pared, llevándose las manos a la boca, podía sentir como rápidamente toda su sangre subía hasta sus mejillas y sus orejas, su rostro hervía, ahora sus manos sudaban, ahí estaba el, hablando por teléfono, con el torso desnudo, podía contemplar esa tremenda musculatura en su máximo esplendor, el cuerpo del rey ladrón estaba muy bien definido, era firme y muy atlético, probablemente Bakura se había levantado temprano para hacer ejercicio en el sótano como era habitual, y debido al calor se había quitado la camisa.

-Ya lo he visto así, ¿porque me sigo poniendo tan nervios? ¿Porque no recuerdo bien como fue esa vez…?- Murmuro el niño llevándose las manos al pecho, por algún motivo aquella noche el miedo le había hecho olvidar o dejar de percibir las cosas que hoy quería recordad, podía revivir las sensaciones del cuerpo de Bakura, pero probablemente había tenido los ojos cerrados la mayor parte del tiempo.

-….lo que no me queda claro es que usted afirma estar muy pendiente de mi primo, pero si vio todas esas alertas ¿Por qué no llamaron a mi familia?, si mi tío no contestaba sus correos o mensajes bien podían preguntarle a Ryou por alguien más, no está solo aquí en Japón…..-

El chico agudizo un poco más su oído, ¿Bakura estaba peleando por teléfono? Se escuchaba distinto, menos agresivo, pero no por eso más amable, ¿con quién estaba hablando?

- Por supuesto que estoy molesto, ¿lo ha visto usted?... Tiene terapia a eso de las 11, ¿le parece bien si me reúno con usted a la 1?…..Él está preparado estoy seguro de eso-

A pesar de sentir algo de vergüenza por espiar al otro, esa plática le intrigaba, necesitaba saber más, con sigilo se acercó a la puerta nuevamente esta vez siendo descubierto por el espíritu que lo miro de reojo dando media vuelta, señalando la ventana.

- Coco quiere entrar.- Dijo tapando la bocina para regresar a atender su llamada.

Coco era el gato que Ryou alimentaba casi todos los días, era un bello gato blanco que vivía cerca de los alrededores, Bakura siempre lo echaba fuera, odiaba a los gatos pero Coco adoraba pasearse por los pies del espíritu y dormir en su regazo o mejor aún, sobre su cabeza; El albino se acercó a la ventana abriéndola tomando al pequeño gato entre sus brazos para cerrar nuevamente el cristal, en verdad hacia mucho frio afuera.

-Pobre Coco, no te he dejado entrar últimamente, ni tampoco he podido alimentarte pero hoy te quedas dentro de casa todo el día ¿quieres? - Ryou acaricio al mínimo que maulló inmediatamente, el albino trataba de ignorar la clara señal de su espíritu que negaba con la cabeza y con las manos.

-Ven voy a darte algo rico de comer. - El chico tomo el plato donde siempre alimentaba al gato, sirviendo en una de los espacios leche, en otro agua, y al otro lado una lata entera de atún.

-Olvide comprar más comida, pero te lo compensare, imagino que esto te molesta ¿verdad? - El chico se alejó de la entrada de la casa, que era donde generalmente comía el gato, para regresar a la cocina, encontrándose de lleno con el pecho de Bakura, el cual no pudo evitar tocar para detenerse.

- ¿Q-qué ocurre? - Pregunto el jovencito mirando al suelo, sentía el calor que irradiaba el ardiente cuerpo del ladrón, podía ver lo bien trabajado de sus abdominales desde esa perspectiva, pero no deseaba distraerse ahora, quería prestar atención, pero era tan difícil.

- Te explicare todo lo que debes saber respecto a las cosas que dije para justificar tus inasistencias, peeeeeero… ¿No fuiste a clases el jueves, ni tampoco el viernes? Recuerdo el viernes, pero ese jueves en particular, llegaste tarde a casa. - Le dijo caminando directamente a él, arrinconándolo contra la pared. - Tampoco traías puesta tu ropa, ¿te acuerdas? -

La boca del chico se abría y se cerraba, ver a Bakura así de cerca, así de desnudo y así de seguro habían logrado que su cabeza adolecente estallara.

- Contéstame cariño, será que acaso Ryou si tenía un novio después de todo.- Le dijo tomando su rostro por la barbilla subiéndolo un poco para poder mirarle mejor.

- N-n-no! No no tengo novio, bueno si a ti, pero….no quiero estar así de cerca me pones muy nervioso.- No quería empujarlo porque implicaría tocar ese perfectamente marcado torso que podía apreciar tan de cerca y claro que quería hacerlo, pero eso alentaría a Bakura a continuar, y sabía cuál sería el resultado, un resultado deseado e inevitable pero necesitaba aplazarlo la mayor cantidad de tiempo posible.

- Eso no te lo discuto. -

- Por favor s-solo aléjate u-un poquito…..p-para que pueda explicarte.- El hombre retiro las manos del menor, sonriendo mientras lo hacía, poner nervioso al chico era algo que le gustaba hacer, era tan sencillo.

- Te escucho.- Le dijo dando la vuelta para servirse un poco de café.

- D-de acuerdo, esa semana, recuerdas que llamo mi padre, que peleamos porque…-

-Porque llamo para pedirte dinero y yo dije que no íbamos a darle nada, si lo recuerdo.-

- Y-yo quería... -Trago saliva bajando el rostro, se sentía avergonzado. -Que te sintieras mal físicamente…..quería hacerte sufrir un poco…y-y….deje de comer….- A medida que el chico hablaba se encogía cada vez más, haciéndose pequeñito, sentía un poco de remordimiento y pena por las acciones que había cometido en esos días.

- ¿Quién lo diría? El lado vengativo de Ryou.-Respondió sonriendo regresando a su café, ese dolor de cabeza entonces no había sido provocado por su exceso en la ingestión de bebidas alcohólicas, sino por su pequeña luz que se había hecho daño una vez más para dañarle a él.

- Lo siento mucho…..Estaba molesto….Ese día iba a ir a la escuela, pero me desmaye de camino allá, Marik estaba conmigo, llovió bastante, el me llevo a su casa, y como mi uniforme estaba mojado me presto una sudadera….me dejo dormir en su casa y no me despertó, eso fue todo lo que paso.- El pequeño niño se sujetaba las manos entrelazándolas, jugando con sus dedos y apretándolos de vez en vez, ese tipo de movimientos le indicaban al de cabello gris que Ryou verdaderamente estaba incómodo y apenado por la situación.

- No sé si pueda creerte….No me convence del todo, además ese sentimiento de venganza….No se no va contigo, te desconozco- Le dijo el de ojos rubí cerrando los ojos inhalando alto, ante tal acción su definido pecho distrajo al pequeño niño de sus pensamientos.

- E-es la verdad.- El tartamudeo constante del pequeño era algo que muchas veces odiaba, pero esta vez, le resultaba bastante tierno.

- Déjame ver.- Le dijo dejando de lado su taza, caminando con dirección al chico, cargándolo para subirlo a la barra de la cocina y poder alcanzar la altura deseada, algunas veces, el que fuera mucho más bajito le provocaba dolor de cuello.

- Mírame a los ojos y dime la verdad, si me estas mintiendo lo sabré y no quieres que se repita lo del otro día o si? - La voz de Bakura era fuerte y clara, sus manos sobre los costados de su cabeza le presionaban ligeramente pero con firmeza, esos ojos rojos le inquietaban, no sabía si Bakura estaba jugando o estaba hablando en serio, fuera cual fuera el chico dudo de su versión de la historia, recordaba eso, pero tal vez en realidad no había ocurrido ¿o sí?

- Y-y-yo…-El espíritu abrió las piernas del muchacho con bastante facilidad para poder estar aún más cerca, tomo su rostro y lo guio contra el suyo, besándolo con suavidad, podía sentir las manos del otro en su diminuta cintura y su lengua jugando con la suya.

- ¿Porque dudas de ti mismo si lo que dices es verdad? Necesitamos trabajar en eso. - Aclaro sonriendo, acariciando su mejilla. - Mariku estuvo aquí temprano por la mañana, me entrego unos papeles y cosas que vamos a usar hoy y de paso me entrego tu uniforme limpio y planchado. - Le sonrió el otro, pero ese rubor no desaparecía del rostro del pequeño.

- Trabajar en mi confianza, entendido gracias, ¿Quién llamo? - Interrogo colocando los brazos sobre los hombros del hombre que lo bajo al suelo para emprender el paso de camino al comedor dejando a un colorado Ryou sujetando su ropa con las manos, eso había sido muy repentino, ni si quiera había intentado poner un poquito de resistencia ante el agarre del otro, que separo sus rodillas con mucha facilidad, algunas veces le asustaba ver lo fácil que Bakura era capaz de someter su cuerpo a su entera voluntad. Ahora solo le quedaba ese sabor a café americano en los labios y esa extraña sensación de cosquilleo en el pecho.

- Llamo el director de tu escuela, el día que dormiste en casa de Marik tenías examen de química, necesitas hacerlo para que puedas continuar sin ningún problema, insistí en que debías permanecer en cama y que tenía que cuidarte pero el muy imbécil quiere hablar conmigo, tu maestro estaba muy preocupado por ti, tuve que inventar algo y sé que no te va a gustar, pero antes de que te molestes conmigo y decidas no sé, beber cloro para que me muera debes escucharme.-

-Solo deje de comer unos días, no estaba tratando de suicidarme…creo - Le respondió girando los ojos para dar la vuelta y mirar al otro que se había sentado en el comedor. - ¿Qué dijiste? - Se le unió en la silla continua tomando una taza también pero en ella vertió un poco de agua hirviendo y un sobre de té.

- Bueno, hoy seré tu primo, Lance…-

- ¿Usaste el nombre de mi primo Uggys? - Le dijo sirviéndose un poco de leche sobre su taza para removerla con una cuchara de plata.

-Lo sé, pero debes prestar atención a lo que te digo, no a quien pretendo ser de acuerdo. -

- Es cierto esto no me va a gustar…-

- Todavía no llego a la parte que no te va a gustar…. —Le dijo esbozando una media sonrisa. - El día miércoles recibiste la llamada del perfecto desconocido de tu padre, que te dijo que iba a casarse próximamente y que no estabas invitado a su boda, eso te deprimió bastante y….-

- Bebí cloro…- A completo un muy animado albino que sonrió burlonamente mirando al otro que inhalo y exhalo profundo.

-No me interrumpas, continuando con la historia se te ocurrió que querías vengarte como haces siempre, a escondidas de la gente y tomaste mi motocicleta, que no será mía si no de tu padre, manejaste por los alrededores y te estrellaste aquí en el garaje, eso justifica las heridas que tienes en las manos, las costillas rotas y esos pequeños raspones y moretones en el rostro; Lastimado triste y deprimido llamaste a Inglaterra donde tu tío Bennett… -

- Uggys….Lance es hijo de mi tía Blare no de mi tío Bennett.-

- Lo que sea, el no pudo venir, y me enviaron a mí, tu primo favorito mayor de edad y que vivirá contigo a partir de ahora. -

- No suena tan mal, podría ser verdad, entonces a partir de ahora ¿te llamo Lance? -

- Noo! Es solo por hoy frente a tu director - Insistió el otro subiendo los codos a la mesa para acomodarse mejor.

- Todo suena lógico y supongo que si tengo tendencias suicidas pero… ¿Cuál era la parte mala? - Mirar a Ryou algunas veces le distraía de todo lo que sucedía a su alrededor, la suavidad de su voz, lo delicado de sus movimientos, el hecho de verlo tomando te por las mañanas sabiendo que la noche anterior había estado bajo su mando (casi por completo) hacia que Bakura realmente deseara que esas heridas sanaran para poder disfrutar del chico a voluntad, poder consumir su fuego en su cuerpo, deseaba tanto que el día llegara que apretó los puños y se mordió los labios para distraer su atención de sus pensamientos y concentrarse en lo que debía de decirle al jovencito que lo miraba con esos bellos ojos chocolate, que hoy en particular se veían más claros de lo normal.

- Es que no he llegado a ella…Ya justifique tus faltas, pero el menciono lo pequeñito que te ves, el bajo peso le preocupa un poco….Y bueno después de saber que habías dejado de comer imagino que mi mentira no era tan mentira después de todo.- Dijo acercando su taza de café para darle un largo sorbo.

- ¿Qué les dijiste? - El chico bajo su taza, acercándose un poco más al otro que le sonrió tímidamente.

- Sabias que hoy tus ojos se ven muy claros, un tono avellana…Te sientan bien.-

- Bakura ¿qué les dijiste? - Lejos de sentir alegría por esos halagos, le intrigaba que el otro le negara la información o acaso ¿estaría nervioso?

- De acuerdo, bien, les dije que probablemente habías regresado a tus viejos hábitos…-El hombre acerco el azúcar a la taza del pequeño que seguía mirándolo extrañado.

-Define viejos hábitos.-Ahora por fin los ojos del rey ladrón miraron a los del chico, esa sonrisa traviesa no se podía despegar de sus labios, el hombre abrió la boca para pausadamente meterse los dedos a la boca, simulando vomitar en el acto.

- ¿Les dijiste que soy bulímico?- El rostro de Ryou reflejaba el repudio que sentía al escuchar esas palabras.

- Te dije que no te iba a gustar -

- P-pero la depresión bastaba para bajar de peso, ahora van a vigilarme cuando estoy en el almuerzo.- Pronuncio el pequeño arqueando las cejas, regresando sus manos a su taza, siempre se sentía algo vigilado en la escuela, pero ahora sabría que esos ojos escrutiñadores serian de sus profesores y ya no tanto de los alumnos o el stalker a su alrededor.

- No estaría de más. -

- Imagino que así debe ser…. ¿Yo también debo decirles eso cierto? Pero si me envían al psicólogo de la escuela ¿Qué voy a hacer? No puedo mentir todo el tiempo, ni si quiera sé cómo inducirme el vomito -

- No te preocupes por eso, se supone que hoy te llevare con una psicóloga de nuestra confianza para "tratar tu problema "en tu escuela no van a mencionar nada, solo era para zafarnos de eso y de que siguieran tratando de comunicarse con tu padre, van a apoyarme para que tu recuperación sea la adecuada, además les di un nuevo teléfono, el de Mariku el fingirá ser tu padre y estar muy ocupado - Bakura coloco una de sus manos sobre las del chico que lo miro por un segundo con una sonrisa haciendo esa clásica reverencia japonesa que Bakura estaba tan acostumbrado a recibir.

- Gracias por ayudarme con mis problemas en la escuela. -

- Te acabo de decir inestable, depresivo, suicida, bulímico y ¿me agradeces? Esperaba un par de bofetadas como las de ayer.-

- Lo sé, pero lo hiciste para ayudarme a salir del problema, y conseguiste todo esto, que es falso para que no me molestaran más y poder recuperarme en casa, es por eso que te estoy agradeciendo. - Respondió el chico sonriendo, sabía que esas mentiras a sus directivos eran algo que ya habían imaginado, era tal vez una forma rápida de salir de ese problema y ganar tiempo para su recuperación, además se alegraba mucho de poder pasar su cumpleaños en casa y no ir a la escuela en ese día en particular, sabía que sus amigos organizarían algo, y entre ellos Yugi se ofrecía como el anfitrión, dándole entrada a Atem para estar presente y poder "abrazar" al muchacho por su cumpleaños.

- Bueno, me alegra que no estés molesto, ahora. - El hombre se puso de pie repentinamente para girar la silla de Ryou y mirarlo mejor. - ¿Te parece si tomamos un baño y desayunamos afuera? Debemos estar a las 12 en tu escuela. -

Ryou lo miro con la boca abierta, cerrándola el mismo para pasar saliva, ¿tomar un baño juntos? No saldría vivo de esa.

- ¿B-baño juntos? -

- Si, y para eso tienes que quitarte la ropa. - Le dijo jalando ligeramente el suéter café que Ryou traía puesto para desnudar uno de sus hombros y besarlo con sutileza.

- N-no…no yo no….No aun no….P-porque no te b-bañas en tu baño y….y y-yo en el mío. - Ryou subió inmediatamente su suéter cubriéndose con rapidez sonriéndole nerviosamente al otro que acaricio una de sus mejillas.

- Correcto, no perdía nada con preguntar ¿o sí? Andando, ve a bañarte. -

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Hasta aquí con el Fic, espero les agrade y que tengan un excelente inicio de semana.

Por mi parte he estado algo ocupada con el trabajo, las fiestas patrias y mi familia, pero por fin pude terminar de editar el capítulo.

Att. OlderSkyland18