Capítulo 2
Espejito, espejito, ¿quién fui en mi última vida?¿Hitler?
Después de varias horas si tenemos en cuenta la falta de luz que vislumbro por la ventana del dormitorio, me despierto.
Nunca he sido particularmente religiosa en mi infancia, la religión no es algo que me llamara la atención, la existencia o no Dios no incidía en mí día a día. Desde luego Dios no se presentó cuando murieron mis padres, y tampoco cuando poco a poco se iban muriendo mis compañeros del ejército. Cuando finalmente dejase este mundo, yo misma observaría cual era la verdad, de todos modos. Bueno, más bien, lo vería o simplemente desaparecería de la existencia. Mi presencia se extinguiría, solo quedaría mi recuerdo en las mentes de las personas que alguna vez me conocieron, e incluso eso iría desapareciendo con el tiempo. Muy tétrico y dramático, lo sé.
Así que, bueno, estoy consciente, y estoy en el mismo lugar en el que me he dormido. Es la primera vez que me pasa, quiero decir, cuando me voy a dormir en un sueño siempre despierto en la vida real, pero aquí sigo, y, aunque me cueste admitirlo, esto no se siente como un sueño, se siente muy real. El viento que entra por la ventana de la habitación roza mi piel, mi pecho sube y baja con cada respiración, y la cabeza todavía me duele. No quiero pararme a pensar en las ramificaciones de todo esto, de qué significa que no esté en el hospital en el que debería estar después de ese accidente, de lo que he visto a gente haciendo a mi alrededor, ese tipo de … ¿magía? Todavía recuerdo como crujió mi cuello al caer al suelo, debería estar muerta, o por lo menos no debería poder mover el cuello. Es difícil creer que esto es real, dejando a un lado las evidencias, pero nunca me ha gustado mentirme a mi misma.
Abro otra vez los ojos, me alzo en la cama hasta sentarme y miro todo a mí alrededor por primera vez, ya que cuando entre en la habitación mi foco solo estaba en la cama. Estoy en una habitación, por lo que puedo observar un dormitorio, oh dios, pedazo de deducción. Las paredes están pintadas de un rosa muy pálido, no sabría decirte el nombre del color exacto, hay un tocador en una de las esquinas de la habitación y estoy rodeada de estanterías llenas de libros, no exagero, en esta casa, piso o lo que sea vive un gran amante de la literatura, o un científico, o alguien que utiliza libros en vez de madera para darle fuego a la chimenea.
Bueno, a ver, centrémonos Claire. Me levanto de la cama y empiezo a observar los libros para intentar obtener algo de información de el propietario de esta casa.
La cosa no va bien, porque dime que clase de persona tiene en la mesilla de noche un libro titulado "Presagios de Muerte: Qué hacer cuando se sabe que lo peor está cerca". A lo mejor a quien pertenezca este lugar le gusta lo relacionado con el tema de la muerte, ya sabes, tipo gótico, me digo para intentar calmarme (o a lo mejor está loco, me grita una pequeña vocecita en la cabeza). Continúo hacia la estantería para intentar encontrar algo que me ayude a saber dónde estoy, pero solo hay libros, libros y más libros. Me acerco a mirar los títulos, "Amando Dippet: ¿Maestro o Imbécil?, de Rita Skeeter", "Historia del Mal, de Godelot", "Muggles idiotas", y la lista sigue y sigue, todos dan a entender que hablan de la magia.
Vale, creo que alguien tiene una malsana obsesión con Harry Potter, aunque no sabía que vendieran libros de este tipo.
J.K. Rowling se tiene que estar forrando.
Alejándome de la estantería, me acerco a la ventana medio escondida entre las estanterías. Asomándome observo a mí alrededor. En la calle hay mucho tráfico así que tengo que estar en una ciudad, de hecho estas calles me suenan, creo que estoy por el centro de Londres.
Sigo caminando por la habitación hasta que me paro frente a un espejo y me da un microinfarto. Soy yo, pero al mismo tiempo no lo soy.
Mi pelo sigue siendo un rubio cobrizo, pero en vez de liso, tengo ondulaciones en él. Mis ojos siguen siendo marrones, pero hay una pequeña cicatriz justamente al final de mi ojo izquierdo que no recuerdo tener. Y mis cicatrices. No hay ninguna. La cicatriz que me hice en el moflete derecho cuando era pequeña no está, y la que tenía en el cuello por un ejercicio en el ejército que salió mal tampoco. Hay una redondez en mi cara que antes no tenía, y mis ojeras han desaparecido.
Mi hombro.
Me levanto la camiseta y lo observó, y no está, la cicatriz no está, aunque ahora que lo pienso debería haberme dado cuenta desde el principio que las molestias continuas habían desaparecido, pero estaba demasiado preocupada por mi desconocida localización.
Dios, dios, dios, que está pasando. Porque esa persona que se encuentra reflejada en el espejo no puede ser yo, simplemente no puede, me niego a…
"Cariño, esa expresión está afeando tu cara, si continuas así te van a aparecer arrugas", dice, bueno, no se quien acaba de decir eso, miro a mi alrededor pero no hay nadie, y yo me estoy volviendo loca y…
"Hoy te pegaría esa blusa blanca que tienes en el armario ¿no crees?", y me doy cuenta de que el espejo me está hablando.
Ya está, no puedo más, esto es demasiado, esto es el sueño más surrealista que he tenido en mi vida, es el último pensamiento que tengo antes de desmayarme.
…
Vuelvo otra vez lentamente a la conciencia, parece que esto se va a convertir en mí día a día como siga así. Siento algún tipo de presión en mi cabeza que nada tiene que ver con el dolor sordo que tengo por el golpe.
Me voy levantando, observando cuidadosamente el espejo, cuando de repente información invade mi mente y ENTIENDO, joder si entiendo: para que sirve el espejo, dónde lo compre, cuánto pague, todo lo relativo a él.
La información pasa tan rápida por mi mente que casi no me da tiempo a procesarla, se siente extraño, como si fueran cosas que debería saber, que solo estoy recordando. Me recuerdo comprando el espejo, recuerdo al vendedor de la tienda comentando que venía con la voz incorporado de Gilderoy Lockhart y a mí pagando con galeones.
Todo esto es muy raro.
Me quedo un tiempo de pie, sin moverme, procesando está nueva información.
Ante una situación desconocida, lo primero es investigar, investigación que he dejado a medias. Tengo que encontrar algo que me diga dónde estoy, y a quien pertenece este lugar, AHORA.
Las estanterías no han resultado muy útiles, a parte de saber que contienen libros de magia. Magia, todavía estoy dudando de si verdaderamente existe o mi mente está enloqueciendo.
Primero investigo en el armario, donde solo hay ropa, ropa y te dejo adivinar, sí, más ropa. No hay mucho que ver más en la habitación, está bastante desnuda si quitamos los libros, así que me toca investigar el resto del lugar. Pero saliendo de ella recuerdo mi costumbre de pequeña de guardar cosas debajo de la cama, bueno, por probar no se pierde nada, y voila, hay un pequeño baúl.
Lo arrastro de debajo de la cama y lo abro. En su interior hay un álbum, una llave, dinero y algunos libros.
Empiezo por el álbum. Al abrirlo la primera imagen que me saluda es la de mi familia. Están mis padres, mi hermano, que en esa imagen tendría unos doce o trece años, y yo, con unos seis o siete. Es una imagen de los cuatro saludando a la cámara, no hay nada extraño en ella.
Sigo observando las imágenes, este álbum parece idéntico al que tengo yo en mi casa, todas estas fotos las tengo puestas en él. Es a partir de una foto donde todo empieza a desviarse. En la foto salgo únicamente yo, sonriendo de oreja a oreja a la cámara con un palo de madera en la mano, un palo que se parece mucho al que he dejado en algún lugar de la habitación cuando me he acostado. El patrón de las inconsistencias continua, en las siguientes fotos solo estoy con mi familia en navidad o en verano, y mi hermano parece siempre estar de mal humor en las pocas que sale.
Empiezo a resignarme ante la verdad en la última foto. En ella aparezco yo, vestida con una túnica negra con el diseño de Ravenclaw rodeada de una serie de chicas y chicos que no he visto en mi vida, pero esto no es lo más impactante. La imagen se mueve.
En mi cabeza empieza a formarse una idea muy aterradora. No se que es peor, que en realidad este en coma por el accidente y todo esto solo sea el resultado de mi mente hiperactiva, o que de verdad esté aquí, en el mundo de Harry Potter, sueño de quizás mucha gente, pesadilla para mí.
Sea una cosa o la otra no puedo quedarme aquí de pie lamentándome, hay que seguir adelante y ver que pasa, y en el futuro veré que es lo que de verdad está pasando. Quién sabe, quizás la próxima vez que me despierte esté de vuelta en mi vida.
Bueno, pues eso, seguir adelante.
