Espero de verdad que todos se encuentren bien después de todo lo que está pasando en mi país México, siento una profunda tristeza por las personas que conozco y que no conozco afectadas por el sismo…..Solo quiero darles un fuerte abrazo y decir que la vida nos pone pruebas que debemos superar porque no hay opción, somos fuertes México es su gente.
Dejando a lado ese tema delicado, empecemos con el Fic, haciéndoles mención que estoy a punto de terminarlo por fin, dándole cierre a esta bonita historia, esperando les haya gustado y hayan podido matar algo de tiempo leyéndolo.
Les deseo un excelente día, les mando un abrazo donde quiera que estén (si lo sé, estoy algo sentimental últimamente)
Les recuerdo que el Fic es mío, pero los personajes que participan son propiedad del creador de la serie Yu-Gi-Oh.
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El antojo de un dios.
- YA DEJA DE REIRTE Y DAME ALGO DE HIELO.- Exigió con clara molestia el espíritu de la sortija que se dejó caer sobre la silla de la cocina, se llevó una mano a la cabeza, esta vez no se sentía tan bien como quería aparentarlo, le dolía todo el cuerpo, sentía tanta pesadez al respirar que era un milagro no haberse ahogado al aventurarse a fumar un cigarrillo antes de llegar a casa de Mariku.
- Supongo que peleaste por ahí y perdiste. - Mariku sonrió encantado, por fin ¿alguien la había cerrado la bocota a su compañero? Tenía tanto tiempo que no veía tan lastimado al otro que ya no recordaba la última vez.
-Que ridiculez….Imaginas mal - Le recrimino arrebatándole la bolsa de guisantes congelados que dejo caer sobre su ojo morado, sentía que la cabeza le iba a estallar, con suerte esas lucecitas de colores que veía por toda la habitación serían migraña y nada más.
- Yo diría que te dieron una paliza amigo, mírate nada más ¿Quién fue? ¿Hay un video? -
- QUE NO ME ENFRENTE A NADIE Y SI NO TE CALLAS….Ryou. - El hombre se había puesto de pie escondiendo tras de sí la bolsa que le había arrebatado a Mariku de las manos, había hecho bastante escandalo como para que los dos chiquillos que estaban en la sala descansando no se hubieran despertado y ahí se encontraba su ángel parado frente al marco de la puerta, se veía tan pequeño, tan frágil, pero ahora ese bello color marfil de su piel lucia con más vida ahora esos bellos ojos preocupados brillaban con un tono castaño claro, con ese ligero toque rojizo, justo como le recordaba cuando era niño.
- Te lo dije, se despertarían, pero como siempre eres muy ruidoso como para hacerme caso.- Mariku se apresuró a abrir el refrigerador nuevamente con el único propósito de cubrirse con la puerta para evitar ser golpeado por esa bolsa que el de cabello gris le arrojo directo a la cara, fallando en el acto, esta vez estaba muy cansado como para hacer algo más.
- Bakura. - Ryou corrió directamente a donde su espíritu abrazándole con fuerza, sintiendo como este le apartaba ligeramente, sentía el temblor en sus manos y una debilidad que no había percibido en su agarre nunca.
- ¿Te desperté? Lo siento, fue culpa de Marik grita demasiado.- Se justificó con un poco de humor tratando de no preocupar al otro.
- Yo estaba dormido con Ryou en la sala, te refieres a Mariku.- Apunto con voz chillona el menor de los egipcio sonriendo, examinaba con sus ojos lavanda cada uno de los nuevos golpes que adornaban el rostro y la piel de Bakura.
- Es lo mismo, son iguales, ruidosos y entrometidos. - Comento sin darle importancia a su claro error, porque diablos no se cambiaban el nombre de una buena vez y elegían uno que no se le pareciera, es decir él tenía el mismo nombre que su compañero pero si había una clara diferencia cuando llamaban a Ryou y cuando nombraban a Bakura.
- ¿Te sientes bien? - El menor soltó por un momento a su guardián que lo agradeció infinitamente, ahora podía respirar mejor, sentía que algo se había clavado en su pecho y que ese mareo por fin lo derribaría pero no iba a hacérselo notar a ese jovencito que lo miraba con preocupación, a estas alturas ya habría notado todos esos golpes y rasguños en su rostro.
- Claro, ¿nos vamos a casa? -
- ¿Qué fue lo que te paso? ¿Te arrollo un coche? - Interrogo Marik desde su lugar con una sonrisa burlona, en verdad estaba disfrutando esto, el gran Bakura había recibido una golpiza, por fin el bully de las calles recibía su merecido.
El hombre respiro hondo sintiendo un intenso dolor al hacerlo, pero no importaba ese dolor valdría la pena, cerro su puño con fuerza haciéndose daño al hacerlo.
- No, no me atropello nadie, estoy bien. - Contesto calmadamente molesto, mostrando una sonrisa forzada de la que se escapaban sus dientes afilados.
- ¿Seguro? Estas sangrando. - Indico Mariku que había salido de su escondite para acercarse a los trapos de la cocina tomando uno para arrojárselo a Bakura a la cara, devolviéndole el favor por tratar de golpearlo en el rostro con los guisantes.
- Lo que me faltaba. - Respondió sonriendo tomando su mano para envolverla en ese pañuelo blanco tiñéndolo de rojo rápidamente.
Ryou lo miro con curiosidad, desenvolviendo su propia mano, cerciorándose de que la herida de su palma ya no estaba, ni si quiera había dejado una cicatriz, ahora por fin entendía de la que hablaba su amigo.
- ¿Es por la transferencia de energía? - Pregunto Ryou tomando la mano del hombre que lo miro extrañado para después dirigirles una mirada asesina a los otros dos que giraron las cabezas evitando esos diabólicos ojos rojos con los que Bakura los fulminaba.
- Él. - Pronuncio señalando a Marik que sintió un escalofrió recorrer su espalda. - Reconozco la cara de los soplones y tú eres una maldita ave cantora Marik. - Continuo tratando de avanzar hacia él dibujando en sus manos su cuello, iba a ahorcarlo esta vez, como se atrevía a revelar esos detalles con el chico, prefería que su protegido pensara que se había peleado por ahí, no le interesaba inventar cualquier historia para que el pequeño no se sintiera mal al respecto, pero conocía bien a Ryou, sabía que no aceptaría algo como lo que estaba haciendo.
- ¡Bakura detente! - Ryou lo detuvo en seco colocándose frente a él con los brazos extendidos, ese rostro tan hermoso, su cabello blanco ondeando, pensándolo bien su belleza podía desarmar a cualquiera.
- ¿Cómo lo supo? - murmuro impactado el moreno abriendo sus ojos lavanda dirigiéndose a su compañero corriendo tras el para esconderse a sus espaldas.
- Quiero que dejes de hacer lo que estás haciendo, no quiero que sientas dolor.-
- Lo siento pero no, ya está hecho además, no es para tanto Ryou, estoy bien.- Afirmo dirigiéndole una cálida sonrisa, haría eso una y un millón de veces con tal de ver a su bello amado bien, podía percibir la energía y la alegría de su compañero, se veía más vivo como si los colores poco a poco regresaran a su piel, sus ojos, su cabello.
- Esto es irónico, Bakura se dio su propio merecido él solito, eso es Karma. -
- ¡TÚ CÁLLATE ESCURRIDIZA RATA MENT…..!-
- Basta los dos.- La bella voz de Ryou había subido de tono, no iba a permitir que ellos siguieran peleándose enfrente de él.
- Me dijo rata….- Continuo lastimeramente Marik arqueando sus cejas rubias mientras juntaba los dedos, nadie le había dicho algo como eso en su vida, no sabía si sentirse ofendido o reír por todo lo que acababa de pasar.
- Si escuche niño rata. - Dijo el otro caminando al estante para sacar un par de pastillas de la gaveta que acerco a la mesa donde estaba Bakura para dárselas.
El hombre se dio la vuelta sacando un vaso del estante, vertiendo un licor castaño en su interior disponiéndose a tomar esos medicamentos cuando fue interceptado por el albino que le arrebato la botella de las manos.
- No vas a mezclar medicamentos con alcohol, toma agua Bakura. - Al parecer el hecho de sentirse mejor también había sacado un poco del carácter del jovencito que se dio la vuelta para guardar la botella en el estando donde se había extraído.
- No me va a pasar nada, ya estoy muerto ¿lo recuerdas? - Confirmo sonriendo el otro, necesitaba un buen trago de algo fuerte para calmar su dolor, las pastillas eran un extra, bebería no importaba que, si no lo hacía en casa de Mariku lo haría llegando a su casa.
- Espeluznante, él siempre es espeluznante.-
- Deja de molestarlo porque aun así de herido creo que te puede cerrar esa dulce boca tuya.-
- ¿Dulce? Es venenoso todo lo que escupe es vene….no- El mayor cerro la boca al ver esos bellos ojos de Ryou, sus cejas trataban de unirse y ese leve rubor se había posado con gentileza en sus mejillas.
El mayor volvió a sentarse sobre su silla, tomando el vaso que había servido para beber de un solo trago todo su contenido, pausadamente acerco la jarra de agua para llevarse un puñado de pastillas a la boca y beber el agua.
- ¿Feliz? -
- No, no estoy feliz tú y yo necesitamos hablar.-
- ¡Huy! Esto se va a poner interesante. - Murmuro emocionado el de piel castaña frotándose las manos.
- Aquí no podemos hablar, vamos a casa, andando - Con mucha pesadez Bakura se levantó de su silla para llevarse una mano al costado, si eso que sentía eran las pulsadas de dolor que sentía su luz entendía porque ese bello rostro siempre era opacado por el malestar.
- No, no puedes manejar así Bakura, golpeado, tomado y medicado; No es buena combinación.-
- Pero que dices si lo hago todo el tiempo….- Afirmo con extrañeza sonriendo, desdibujando su sonrisa al notar la clara molestia de su amado. - A veces lo hacía, cuando era necesario. - Se excusó tomando las llaves del auto.
- Pueden quedarse en la habitación de abajo, prometo que mi niño rata venenoso no los molestara, mañana cuando te sientas mejor podrás irte.-
Bakura iba a protestar, pero ese fuerte mareo le hizo cerrar la boca, tal vez permanecerían un rato en casa de Mariku, pero definitivamente no quería pasar la noche fuera de casa, además Ryou había dejado dentro al horrendo gato que podía visualizar acostado sobre su cama y su almohada.
- Nos quedaremos, muchas gracias Mariku. - Fueron las palabras del pequeño que por primera vez hizo su voluntad, no estaba dispuesto a regresar a casa en esas condiciones, no después de ver el estado de su oscuridad, a pesar de ser un hombre grande y fornido se veía lo suficientemente deteriorado como para que los demás insistieran en que reposara toda la noche.
Pasaron la tarde en compañía de los dos egipcios que se divirtieron en la cena junto al pequeño, Bakura le admiro por un momento, notando lo bien que le sentaba sonreír a su amado, esa bella sonrisa, esos ojos almendrados, sus comentarios tan respetuosos pero a la vez llenos de sarcasmo y alegría, Ryou florecía poco a poco, como si se hubiera quitado una piel vieja y dañada y ahora toda esa pureza de su corazón le iluminara por fuera.
Sin dudas era un chico muy hermoso, y con toda esa movilidad que ahora tenía podía verlo desarrollarse con alegría, notando que junto a ellos no había tartamudeado ni una sola vez, confianza eso era lo que le hacía falta a su pequeño, más confianza en sí mismo y en su entorno, pero con el amor de todos ellos lo lograría sin dudarlo.
- Buenas noches a los dos, que descansen muchas gracias por dejarnos dormir aquí. - Agradeció el pequeño inclinando su rostro para hacer una reverencia, estaba muy acostumbrado a ellas, Mariku lo miro un segundo ruborizándose ante el acto, una idea tonta había cruzado por su pervertida cabeza, el hombre sacudió la misma sonriéndole al menor.
- No hay porque, descansen si necesitan algo no duden en pedirlo, por cierto el botiquín de emergencias está en el baño, puedes usarlo Ryou. - Dijo dando la vuelta, en verdad era un niño muy bello, muy similar a como lucia Bakura a su edad.
- Gracias. -
La puerta de la habitación por fin se cerró, no escuchaban mucho movimiento en la parte de arriba, probablemente ellos tampoco querían hacer mucho ruido para no molestar a Bakura que se había quitado las zapatillas deportivas para dejarlas a un lado, se había sentado en la cama dándole la espalda a Ryou quitándose la camisa con lentitud, algo en su brazo le estaba molestando, pero no deseaba averiguar que era, no quería contar los golpes ni saber cómo se los había "auto realizado" se lo merecía, ese castigo estaba bien merecido y no se quejaría al respecto de ello, eso estaba garantizado.
Ryou dejo salir de sus labios un grito que ahogo con las manos, acercándose con cautela al otro, poniéndose de rodillas para mirar a Bakura, ahora su bello ojos habían adquirido un color violeta, por lo menos uno de ellos debido a la gran marca morada que cubría su parpado superior e inferior.
- Lo siento muchísimo….-
- ¿Te sientes culpable por verme así? - El hombre continuo con su labor, retirando esa delgada prenda negra
- Es….es que no te has visto.-
- No me hace falta, así te veías tú, y en verdad querías que no me sintiera culpable. - El hombre le sonrió para acariciar su mejilla sonriéndole.
- Hubiera preferido que no lo hubieras hecho. -
- Yo sano mucho más rápido que tú, me llevara un par de días, a ti te tomaría meses, para tu cumpleaños estaré como nuevo ¿Qué te parece? - Le dijo acercándose a la mesita de noche dejando de lado todos sus objetos personales.
- Gracias. -
- Por cierto tu profesor Okinawa es todo un marica. - El de cabellos grisáceos se recostó con cuidado sobre la almohada, extendiendo sus brazos contra su nuca, esos musculosos pectorales en verdad podrían infartar a quien los mirara, su cuerpo había sido esculpido por un Dios y ahora Ryou tenía miedo de acercarse a la cama, ¿Cómo se suponía que iba a dormir con el monstruo de Bakura?
- ¡Okuda! ¿Viste a mi profesor Okuda? - Ryou se dio la vuelta apenado frotándose el brazo, imaginaba que Bakura había hecho una rápida visita a la casa de su profesor, tal vez por eso había llegado tan tarde a casa de Mariku.
- Oh claro que sí, créeme no volverá a molestarte.-
- ¿Peleaste con él? -
- No, yo no lo llamaría pelear, se escondió y corrió la mitad del tiempo que estuve con él, solo quiero que sepas que no volverá a acercarse a ti ni a molestarte, y mucho menos a poner sus sucias manos en tu rostro.-
- ¿Porque todo lo tienes que resolver así? -
- Porque es más sencillo, con palabras entiende la gente pero con golpes les queda más claro.- Le afirmo sonriendo, extendiendo sus brazos para ofrecerle su lecho a su amado que dudo por un segundo, esperaba que el mal herido espíritu mantuviera sus manos quietas y su promesa de no hacer nada hasta que el menor estuviera listo aunque inclusive para Ryou dormir toda una noche al lado de ese bello hombre sin hacer nada era una tentación.
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- ¡POR FAVOR! - Exigió con lágrimas en esos hermosos color rubí, su rostro lastimado entristecía el corazón del monarca que sujeto sus manos para empujarlo nuevamente a la cama, donde volvió a ponerse de pie, para seguirle, siendo detenido solo por esas cadenas que mantenían su movilidad muy limitada, haciendo ese tan acostumbrado sonido metálico que hacía a cada paso que daba.
- ¡He dicho que no! - Repitió el de cabellos tricolor dando la vuelta para emprender el paso, no deseaba que el otro le alcanzara.
- ¿Por qué no? Por favor, no voy a escapar….- El niño trato de alcanzar los hombros del otro con las manos, estando a escasos milímetros de lograrlo. - Sé que no me he portado bien. -
- Que bueno que lo sabes. - Afirmo el elegido por los dioses avanzando hacia una mesa donde tomo entre sus manos su copa sirviéndose vino en el acto.
- Tú tampoco has cumplido nada de lo que me has prometido….¡QUIERO SALIR! - Ahí estaba de nuevo, esa dulce voz había desaparecido, ahora volvía a portarse igual que siempre, jalando las cadenas de sus manos para recargar todo su peso en ellas, intentado soltarse como acostumbraba.
- No estas para exigirme. - Le grito el otro dando la vuelta para mirarlo mejor, molesto por esa rebeldía del niño, sus regalos no eran suficientes, sus atenciones, su amor, el seguía queriendo salir, seguía escapándose a cada oportunidad que tenía.
-¡ENTONCES!¡ ¿A QUIEN LE TENGO QUE GRITAR PARA QUE ME DEJE SALIR DE AQUÍ?! ¡NO HABLO CON NADIE MAS QUE CONTIGO! -
- ¡Y ASI SERA SIEMPRE! ¡ ACOSTUMBRATE DE UNA VEZ, YA NO ERES LIBRE ERES MIO! -Atem tomo las cadenas entre sus manos jalando al chico, derribándolo en el acto, haciendo que cayera al suelo para después subir sus manos cargándolo para arrinconarlo en la pared, como si fuera un títere.
- Eso ya lo sé, no tienes que repetirlo todos los malditos días que te veo, estoy harto…..- Ahora que estaban tan cerca no podía desperdiciar esa oportunidad, muy a su pesar y con ese odio que sentía por ese hombre se aproximó lo suficiente para frotar sus suaves mejillas contra esa barba crecida, y besarlo con sutileza, siendo sorprendido por el otro que lo sujeto por la espalda para continuar besándolo, un poco más profundo, un poco más salvaje, cargando al muchacho para pasar una mano por todo su cuerpo, subiendo su falda, ese asqueroso toque lo conocía bien.
- Te daré lo que quieras, me portare bien, pero necesito salir, quiero ver la luz del sol, las estrellas, nadar en el Nilo, quiero sentir el viento en mi rostro, por favor…..Por favor Atem. -Insistió el menor tratando de detener las manos del otro, solo recibiendo una mirada asesina por parte de su agresor. - Odio estar encerrado aquí. - Esos preciosos ojos había logrado nuevamente hipnotizar y cautivar al mayor, que le admiro por un momento, esa belleza salvaje y a la vez dulce hacían pensar al sol de Egipto que esa vida no le bastaría para saciar su sed de ese muchacho.
- ¿Aun con las cadenas puestas? -
- ¡Si! no importa solo quiero salir, estar afuera. - El niño se llevó una mano al hombro, paseándola por el cuello, intentando sostener la mirada del otro pero sin tener éxito esta vez.
- ¿Con los guardias a los alrededores? -
- Si quieres puedes clavarme una antorcha en la cabeza para que no me pierdas de vista. -
- Deja de decir estupideces. - Le dijo aun de cerca, poder contemplar esos rasgos infantiles en el otro le provocaba una sonrisa recordar viejos encuentros, en verdad era un niño muy bello, sentía tanta curiosidad por verle crecer, se convertiría en un hombre muy apuesto sin duda, un hombre que seguiría siendo completamente suyo.
-Puedes llamar a Mahad, él puede vigilarme. -
- ¿Porque mencionaste a Mahad? ¿Te interesa? - Le dijo sosteniendo su quijada con una de sus manos, apretándola con esos grandes dedos anillados.
- ¡NO!, él es tu mano derecha, pensé que así tendrías más confianza en dejarme salir….Atem tienes hombres castrados cuidándome ¿qué más quieres? -
- Cocerles los labios para que no hablen contigo. - Le dijo dándole una fuerte bofetada que le hizo caer al suelo.
- Te odio….- Murmuro el jovencito llevándose una mano a la mejilla para ponerse de pie nuevamente, en verdad aborrecía a ese sujeto, maldecía el día en que se habían cruzado sus caminos, Atem podía tener todo lo que quisiera con solo pedirlo, después de todo él era "un dios sobre la tierra" y el un simple mortal que haya cautivado a la persona equivocada con su belleza.
- Yo te amo…..Saldrás esta noche, pero si intentas escapar, te juro que ninguno de los castigos que te he impuesto se comparara a esto. -
- Bien. -
- Agradéceme Bakura. -
- ¿Por qué? De vez en cuando es bueno que los esclavos salgamos a pasear. - El chico se alejó del otro que solo pudo ver ese largo cabello gris ondear tras su bella espalda desnuda, apreciando los huesos de sus hombros y esos hoyuelos en su espalda baja.
- Porque siempre tienes que hacer tu voluntad, aun estando conmigo nunca me permites ser tu dueño por completo, quiero que te doblegues Bakura, no sabes cuánto te necesito cuanto te deseo, pero quiero que me correspondas, ¡QUIERO QUE ME QUIERAS! - El hombre se abalanzó contra el chico colocándolo sobre la cama con la cara contra las suaves sabanas de seda.
- ¡SUELTAME! - Reprocho el chico empezando a moverse, tratando de zafar sus manos de ese fuerte agarre, pero era inútil, esas cadenas en sus piernas y manos le estorbaban para tratar de levantarse.
- Quiero que necesites de mí, que ruegues por tenerme a tu lado. - Le dijo apartando el cabello de su cuello para pausadamente subir esa falda que llevaba puesta ese día, esa seda de color violeta que el mismo había colocado por la mañana ahora se encontraba en el suelo de la habitación.
- ¡QUITATE DE ENSIMA SUELTAME! -
- Que quieras estar conmigo sin tener que usar estas cadenas.- A pesar de luchar sabía que no sería capaz de escapar de Atem, pero tampoco se lo dejaría tan fácil, pelear para el con ese hombre era el pan de cada día, algunas veces funcionaba otras no lo hacía. Podía sentir los labios del otro contra su espalda, el camino de su lengua sobre su piel, ese asqueroso hedor de su aliento tan cerca de su cuello, en verdad algún día se vengaría por todas esas humillaciones.
- ¡NUNCA! ¡ME OISTE NUNCA! JAMAS VOY A AMARTE, NO QUIERO TENERTE CERCA TE ODIO ¡TÚ ME DAS ASCO Y UN DÍA DE ESTOS TE VOY A MATAR! - Dijo luchando por tratar de mantener alejado a ese tipo, pero no sería así por mucho tiempo, después de todo, él era solo un niño que a penas y estaba alcanzando la adolescencia, aquel hombre mayor era capaz de someter ese cuerpo joven a su voluntad, lo que nunca pudo lograr fue adueñarse de su alma, de su cariño, nunca pudo recibir de sus manos una caricia sincera, un te amo verdadero.
Ante la primera embestida el cuerpo de Ryou se despertó de golpe, el chico casi salto de la cama, una ligera capa de sudor cubría su cuerpo, su pecho subía y bajaba sin control, tenía miedo, sentía mucho ardor en el rostro y esa adrenalina que recorría su cuerpo le mantenía alerta, quería huir, pero al girar el rostro se dio cuenta de que todo había sido un sueño…..Aunque había sido el más real que hubiera tenido en su vida, podía jurar que lo que había visto era un recuerdo de Bakura.
El muchacho se giró para mirar al otro pero no estaba en la cama, tal vez lo sabía, tal vez los dos habían tenido el mismo sueño, fuera como fuera tenía que averiguarlo, necesitaba saber si era solo un sueño tonto o un recuerdo, algo que en realidad si había pasado; Si era así entonces muchas cosas estarían claras a partir de ahora.
- Bakura….-Ryou se puso de pie notando lo frio del suelo, camino por la habitación buscando al dueño del anillo en la obscuridad, no iba a encender la luz, no deseaba ser descubierto por los otros dos que dormían en la parte de arriba, pero su guardián no se encontraba dentro, pronto ese olor tan característico le hizo salir, seguramente Bakura había salido al patio.
Sin pensar en lo frio del ambiente el pequeño salió de la habitación, la casa de Marik era bastante fría ahora que lo pensaba, atravesó el corredor y salió con dirección al pórtico de la puerta principal, ahí estaba el recargado en el barandal.
El pequeño se escabullo frente a la puerta, admirando a Bakura por un momento, el humo salía de sus labios con lentitud, lucia como si lo estaba disfrutando bastante, afuera la noche fría y negra era adornada por la nieve que estaba comenzando a defender poco a poco, ese color azul grisáceo combinaba a la perfección con el cabello del hombre, la piel de su tonificado cuerpo, esos golpes en su espalda, y el vendaje en su mano le hacían lucir realmente bien, como si fuera parte de un lienzo que había sido salpicado con un poco de morado a propósito.
- Sé que estás ahí, no salgas si no llevas puesto un abrigo. - Le ordeno aun de espaldas, era la primera nevada, no sabía si sería intensa o no, pero el frio afuera probablemente afectaría a su pequeño, no a él.
- No, no importa. - Le dijo saliendo de todas formas, su voz sonaba angustiada, sin darse cuenta había comenzado a llorar, las lágrimas no dejaban de salir de sus bellos ojos castaños, por algún motivo sentía una tristeza arrasadora, acompañada de una soledad que le asfixiaba.
- Tuve una pesadilla…..Fue muy real…..Eras tú con cadenas, cuando eras un niño…Y Atem…Él estaba encima de ti. -
- Necesitas ser más específico, eso pasaba todo el tiempo.- Respondió con tranquilidad el hombre apagando su cigarrillo para dar la vuelta y mirar a su angustiado hikari.
- Él….Atem y tu…. ¿Fue un sueño verdad? - El cuerpo del chico temblaba, esa delgada camisa negra a penas y le cubría la mitad de los muslos, el pequeño se había llevado las manos a la cara, no quería que el otro le viera llorar.
- Temo decirte que no. - Le dijo tomándolo por los hombros para acercarlo un poco más, limpiando sus lágrimas, no le gustaba verle llorar, un ser tan hermoso como ese niño no debía llorar, la voz de Bakura le consolaba, él estaba muy calmado ¿Cómo podía estarlo después de eso?
- ¿El? Pero tú eras un niño, ¿Cuántos años tenías? -
- No lo sé, antes no se contaban los años como ahora, imagino que unos trece, o doce no lo sé.- Ante esa respuesta el pequeño rompió en llanto abrazando al otro que le ofreció involuntariamente su pecho, acaricio su frente con los dedos, tratando de peinar esos flequillos blancos que se encontraban revueltos por todo su espeso cabello.
- ¿Porque no me lo dijiste antes? -
- Porque no es algo de lo que me gustara hablar, ¿Cómo iba a contarte algo así? Además no era necesario que lo supieras. -
- Era necesario ahora entiendo porque haces lo que haces, porque lo odiaste desde que llegamos a Japón, porque siempre te enojabas conmigo cuando salía con ellos, porque tus repetidas peleas a golpes con él, porque les haces lo que les haces a mis profesores. -
- Tranquilo, lo último es diversión, pero es verdad que no tolero que un adulto le ponga la mano encima a un niño de esa forma. -
- Perdóname por favor.-
- ¿Pero porque me pides perdón? - Solamente un ser tan sensible y tan puro como Ryou ofrecería perdón por algo así, eso le causaba mucha ternura.
- Por…No lo sé…..Nadie te protegió, nadie te ayudo, nadie se compadeció de ti estabas solo, yo no quería que sufrieras. - Bakura sonrió cálidamente ante las quejas de su pequeño, acariciando con suavidad su cabeza dándole un beso en la coronilla.
- Eso no es verdad, el idiota que está durmiendo con tu amiguito el pervertido me ayudo a escapar, él y un hombre muy parecido a tu mejor amigo Kaiba, así que no, nunca estuve solo aunque deseara estarlo. -
- Atem está enamorado de ti, no de mí…-
- No creo que me quiera ahora que soy mayor, le gustan los niños pequeños como tú. - Le dijo sonriendo, intentaba alivianar un poco la tristeza del pequeño, Ryou temblaba bajo sus brazos, pero no sabía si era de temor o de frio. - Descuida, jamás dejare que él te toque- El hombre lo cargo con facilidad para guiarlo dentro, pero Ryou aun quería preguntar algo antes de entrar a casa.
- ¿Porque nunca lo mataste? -
- ¿Cómo dices? ¿Ahora suenas como Mariku y Seth? Pero si ya lo mate una vez ¿Qué no les basta?-
- No, es…..No me explico cómo mataste a alguien por tocarme la cara y no mataste a el que…..hizo cosas peores. - Había enojo en la voz de su ángel.
- El problema con eso es que si yo mato a Atem y Yugi sigue vivo el continuara regresando, así que a quien debo eliminar es a tu amigo Yugi para destruir al otro, eso o disolver su rompecabezas que igual que tu sortija esta fusionado contigo para la protección de nosotros.-
- Perdóname por favor.-
- Yo no debo perdonarte, debo agradecerte porque por fin me estás dando algo que en mi otra vida me fue negado.-
- ¿Q-que es? - Ese frio roce, hizo que su corazón se detuviera, que ese pulso eléctrico bajara hasta sus tobillos, ese dulce beso había sido el más tierno que jamás le hubiera dado Bakura, entendía por fin que ese hombre también tenía corazón, y uno tan puro como el de el mismo.
- Amor Ryou, amor. - El hombre se separó para continuar su paso hacia el interior de la casa, no quería que el chico pescara un resfriado o peor aún que gracias a la transferencia él también se resfriara.
Al entrar Bakura cerró la puerta tras ellos, dejando en el suelo al chico que le abrazo por la espalda.
- Quiero irme de Japón, quiero regresar a Londres contigo.-
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Hasta aquí con el Fic, espero que tengan una buena tarde noche o día que tengan un excelente fin de semana, saludos
Con afecto
Olderskyland 18
Pd. De verdad estoy sentimental…. ¬ _¬ no me hagan mucho caso.
