Castigo.

Su mundo daba vueltas a su alrededor, sus oídos ya no distinguían el sonido de afuera, solo escuchaba ecos sordos, probablemente con ese fuerte golpe uno de ellos se había reventado, se sentía a desfallecer, permanecía bien sujeto por las muñecas, podía ver con claridad el corte de flujo de sangre en sus manos, ya eran moradas y ni si quiera las sentía, pero sabía que su castigo ya había terminado, él había sido muy rudo esta vez, le había lastimado por su puesto, había desquitado su enojo con su cuerpo, su frustración, ese rencor acumulado con los años, probablemente su rostro reflejaba todo ese dolor que sentía en su ser y en su alma, le costaba respirar, se ahogaba con su propia sangre, sus piernas y brazos temblaban contrayendo sus músculos, tenía tanto frio, pero lo único que podía agradecer era haberle visto una vez más, haber sentido su piel por un instante, perderse en esos ojos rojizos, con ese brillo deslumbrante, que ni los rubís más preciosos de Egipto podían igualar.

Era estúpido pensar que se sentía feliz por detalles así, su cuerpo había sido molido a golpes y aun así luchaba por mantenerse despierto para seguir admirándole, ese hombre gallardo y alto parado frente a él le fascinaba, deseaba dedicarle una sonrisa, unas palabras, pero esa quijada rota no se lo permitía, aun así, no podía ocultar su erección al recordar a Bakura sobre él, castigándole, era masoquista y un loco sin duda. No tenía ni la menor idea de que esa noche terminaría tan mal, había salido a beber con Anzu, llevándola a un motel de paso para divertirse un rato, la chica había accedido y se había portado muy bien hasta que Atem subió la intensidad, ella había corrido al baño para encerrarse y pedir auxilio, a pesar de destruir el móvil esa llamada había revelado su ubicación, algo que aún no comprendía, él y la tecnología no se llevaban bien.

Era la primera vez que se acostaba con Anzu, esa chica había engañado a Yugi en repetidas ocasiones, pero esta vez se había metido con el hombre equivocado, esta vez había tomado una terrible decisión que marcaría su vida para siempre y que haría que su forma de pensar cambiara radicalmente.

¿Pero porque Joey había venido precisamente con él? Porque Bakura había accedido con tanta facilidad ¿acaso sentía cariño por alguno de esos dos chicos? ¿por Anzu tal vez? Esas preguntas en su cabeza le provocaban celos, Bakura debía volver a pensar en Atem, tenía que encontrar la forma de hacerlo pensar en él, de recordarlo, el espíritu del anillo había venido para castigarlo, para encargarse del problema que tenían años sin resolver, aquel lejano lugar había sido testigo de la violencia que aquel ladrón era capaz de ejercer sobre alguien, y en especial en contra de su viejo agresor.

Pero a pesar de sentir dolor en cada milímetro de su piel, de sentir que tenía más huesos rotos de los que pudiera contar estaba feliz de verlo, era un hombre sin duda alguna muy atractivo, había crecido bastante, no se asemejaba a Ryou en lo absoluto, y mucho menos a ese pequeño niño de Egipto que tuvo el placer de tener a su disposición, este era un ser nuevo, con esa belleza salvaje y ese magnetismo animal que sacudía todo su ser.

Trato de enderezar una sonrisa antes de momentáneamente perder la conciencia, su energía por fin se había agotado, Atem estaba exhausto, y esa posición fetal le hacía sentir un poco más cómodo, si permanecía de esa forma y vomitaba seguramente no se ahogaría con su propio vomito.

- ¡CREO QUE ESTÁ MUERTO! ¡DIOS MÍO HE VISTO MORIR A ALGUIEN! - Grito el rubio llevándose una mano a la cabeza para comenzar a llorar, todo eso había pasado tan rápido, ni si quiera recordaba bien como había comenzado, cuando él y Bakura entraron a la habitación del motel que Anzu les había indicado habían visto a ese maldito de Atem sobre la chica, la ahogaba con una mordaza, él la estaba violando, y ella permanecía atada a la cama, sus gritos ahogados, sus ojos cerrados, su maquillaje corrido y su cuerpo maltratado, jamás olvidaría esa escena, nunca podría sacársela de la cabeza, el solo se había quedado recargado en la puerta mientras Bakura se encargaba de Atem, para después reaccionar con los gritos del novio de Ryou y tratar de desatar a Anzu que seguía luchando por respirar y soltarse de sus ataduras.

¿En qué momento había ocurrido todo eso?, esa tarde tan tranquila de escuela, todo su día pasaba en cámara lenta en su cabeza, para después proyectar esa madrugada, a ese maldito y perturbado espíritu del rompecabezas perpetrando a su amiga, mordiéndola hasta hacerla sangrar, él y Anzu no tenían tal vez la mejor relación del mundo, pero ella había sido su amiga desde mucho tiempo atrás, por supuesto que la protegería, daría mucho por ella y por sus amigos, y ese castigo no lo merecía nadie, aunque ella hubiera accedido a engañar a su mejor amigo esa violencia jamás estaría justificada.

- ¿E-está muerto? - Continuo la castaña que se mantenía bien sujeta al brazo izquierdo de Bakura ocultándose tras sus anchos hombros, sentía terror, no podía controlar el flujo de sus lágrimas, ni tampoco la sangre que seguía corriendo con libertad por sus torneados muslos, solo aferrada a Bakura se sentía a salvo, protegida de cualquier mal, ese hombre desconocido le había salvado la vida, había hecho más por ella en unos minutos que la mayoría de las personas en toda su vida.

- Claro que está muerto, yo estoy muerto ¿lo recuerdan? - Respiro hondo, estaba cansado todavía, el haber cambiado tanta energía con Ryou le estaba fatigando más de la cuenta, pero el peligro ya había pasado. - Dejen de llorar los dos por favor, y tu quítate esa peluca blanca quieres ¿Qué diablos paso aquí? - Su voz entrecortada debido a la agitación del momento asusto a la joven castaña que inmediatamente se arrancó la peluca blanca que llevaba puesta.

- Él me puso la peluca, me decía Ryou mientras…Él…..me tocaba con sus repugnantes manos y…..- Por un breve instante un par de escenas se vinieron a la cabeza de la chica reviviendo su ataque, había luchado por sobrevivir esa noche, no pudo evitar romper a llorar y aferrarse nuevamente al pecho de Bakura aun desnuda, el hombre instintivamente la abrazo para después quitarse con rapidez esa larga gabardina negra que llevaba puesta esa noche y cubrirla por completo, rodeándola nuevamente con sus brazos tratando de brindarle un poco de confort, podía sentirla temblar bajo ellos, Anzu era extremadamente bajita, una chica pequeña de la misma edad que su Ryou.

Nunca había estado a solas con esos dos, a penas y sabia como se llamaban, les había visto un par de veces claro, pero eso era todo, y esa noche cuando Joey llamaba desde su camioneta a toda velocidad a la casa de Ryou buscando a Bakura este se había sorprendido un poco, pero al oír su versión había decidido ayudar, dejando a su preocupada luz en casa junto al horrendo gato, prometiendo regresar sano y salvo.

-Tranquila no llores, ya todo está bien ¿ese bastardo te hizo mucho daño? -Interrogo apoyando su mentón sobre la cabeza de la chica que lo abrazo con más fuerza, habían pasado cosas horribles, cosas que quería borrar de su memoria para siempre, pero este hombre, el hombre del que sus amigos se quejaban, que decían que era un ogro, que era la peor persona del mundo, este hombre era amable, estaba siendo amable con una perfecta desconocida, había arriesgado su integridad por alguien que no era Ryou y ahora le cobijaba con esa larga y negra gabardina negra, brindándole protección, estaba tratando de calmarla, sin dudas ese hombre no era el Bakura del que todos hablaban, todo ellos estaban equivocados y si alguien alguna vez llegaba a dudar de la generosidad o hablaba mal del Rey Ladrón ella misma se encargaría de cerrarles la boca a como diera lugar.

- Es un maldito un maldito. - Repetía Anzu sacudiendo la cabeza contra el pecho de Bakura que seguía acariciando su cabello tratando de darle paz a la joven, ver a Anzu tan afectada le recordaba un poco a él cuándo era menor, cuando lo único que quería era eso, un abrazo sincero de alguien que le protegiera, alguien a quien no tenerle miedo, alguien fuerte que le transmitiera un poco de su fortaleza. Los ojos azules de la jovencita se giraron para ver a su compañero de clases; Katsuya estaba igualmente afectado como ella, juraría que él también quería ir a abrazar a Bakura temblaba de miedo, del horror de las horas pasadas.

- Ese monstruo, quiere a Ryou deberíamos destruirlo…Quiero matarlo por lo que me hizo, seguramente no era la primera vez que lo hacía…. A cuanta gente más pudo herir… - Esa rabia y esa determinación en los ojos azules de Anzu le compaginaban el mismo había dicho esas palabras tantas veces, podía empatar su coraje con el de la castaña que apretaba los dientes y cerraba los puños con fuerza, limpiando las lágrimas negras de su rostro debido al maquillaje que en este punto de la noche era un desastre.

- No lo sé, si lo "mato" otra vez regresara en un par de meses, dependiendo de la energía de Yugi, ahora ellos están fusionados…- Bakura se giró un rato para volver a ver a Atem, no quería darle la espalda mucho tiempo, sabía que despertaría en algún momento y prefería tenerlo bien vigilado.

- Debe haber alguna solución, algo que podamos hacer para destruirlo, Yugi no sabe que Atem está así de enfermo, si se lo contamos…- Pero la voz de Joey fue cortada de golpe por su compañera.

- NOOOO POR FAVOR NOOO NO LE CUENTEN A YUGI, NO LE DIGAN LO QUE ME HIZO POR FAVOR. - Grito la castaña volviendo a llorar, se sentía tan sucia y tan avergonzada, sabía que su noviazgo con Yugi terminaría pronto no soportaría ver la cara de su agresor reflejada en la de su novio, no era tan fuerte como para poder hacer una diferencia.

- Descuida no le diremos nada a Yugi, no llores. - Le conforto Bakura dirigiéndole una mirada fulminante al hermano de Serenity que se encogió sobre su lugar guardando silencio.

A pesar de ser una chica molesta, rebelde, ruidosa y sobre todo caprichosa, Anzu era una buena persona, había tomado malas decisiones y no se conducía de la mejor manera, pero nadie tenía el derecho a ponerle la mano encima a una adolescente y menos a obligarla a hacer lo que Atem le había hecho.

- Quiero matarlo, ayúdame a matarlo por favor. - Suplico desde su lugar, separándose del agarre de Bakura tratando de buscar su rostro con sus ojos, ahora que lo apreciaba mejor era un hombre muy alto y fuerte, imponente y extremadamente atractivo, Ryou tenía mucha suerte pensó furtivamente.

- Joey ayúdala a vestirse. - Ordeno, movilizando al rubio que se dispuso a recoger la ropa de Anzu de la habitación, había muchas manchas de sangre, vasos rotos, y juguetes sexuales tirados por todos lados, las esposas seguían en la cama, las velas en el baño, esa habitación le parecía repugnante, ¿Por qué Anzu accedió a eso? Todos sabían que algo no andaba bien con Atem, pero ella y Yugi eran los únicos que se negaban a creerle.

Anzu empezó a vestirse lo más rápido que podía, seguía llorando, tenía todo el maquillaje corrido, sus muñecas se teñían de un rojo carmín, y sus rodillas eran un desastre, esas medias de red estaban tan cortadas que solo en las pantorrillas se podía apreciar el dibujo de red de ellas.

- Debe haber alguna forma. - Continuo el rubio molesto, no quería dejar suelto a ese depredador en las calles, quien se cruzará en su camino estaba en peligro, no podía llamar a Bakura cada vez para que lo golpeara, debía haber algo más, algo que no involucrara lastimar a Yugi.

No podían solo irse y ya, ese maldito merecía un castigo mayor, pensaba tanto en su hermana, en un ser así de vulnerable como Anzu, ¿Qué ocurriría si ella se topaba con él? Si la seducía y le hacía exactamente lo mismo, su indignación y repudio crecían a cada segundo.

- Si hay una forma…- Ante el comentario de Bakura los dos chicos corrieron para verlo, pisando accidentalmente una mano de Atem que ni si quiera se quejó.

- ¿Cuál es? te ayudaremos dinos cual es. - Ambos sujetaron ambos brazos de Bakura, Anzu el derecho y Joey el izquierdo, esos ojos curiosos dispuestos a ayudar le producían escalofríos.

- Destruir el rompecabezas del milenio, así Atem se ira y Yugi seguirá con vida. -

- Yugi…..El ya no tiene el rompecabezas, está pegado a él. - Afirmo Joey, ni si quiera recordaba la última vez que lo había visto en vivo.

- Exacto, él debe querer sacarlo de su interior, debe cooperar. -

- No creo que exceda a prestárnoslo, o a sacarlo de su interior sin una buena razón, él quiere mucho a Atem…..Sabe que corre peligro si el rompecabezas se pierde o algo similar. - El gesto preocupado de Joey lo decía todo, pero si Yugi sabía lo que había ocurrido entonces el accedería, pero Anzu no se lo permitiría….

- Yo lo hare, yo puedo hacerlo, Yugi confía en mi - Afirmo la más bajita de los tres, ella si había podido ver el rompecabezas, muchas veces le pedía a Yugi ver como salía de su pecho, solo por diversión.

- Gracias. - Bakura sonrió, era una sonrisa de alivio, ahí estaba la respuesta para todos sus problemas, al parecer esa noche si estaba escrita en su destino, había encontrado la solución que tanto había buscado y la había encontrado en la persona menos pensada, la que menos había cruzado por su mente.

- Cuando lo tenga ¿qué debo hacer? -

- Quemarlo claro. - Continuo Katsuya con emoción, eso era lo que él creía que debía hacer, en todas las películas que había visto el mal se acababa con el fuego.

- No, es oro a menos que tengas una fundidora industrial dudo que le pase nada, pero puedes darme una pieza, para que yo la destruya y así nunca más podrá estar completo ese rompecabezas. -

- Tomare otra pieza para arrojarla al mar. - Dijo determinada la colegiala, ella podía arrojarla en el crucero en el que vacacionaría en estas fechas.

- Dame una a mí, iré a visitar a Serenity en unos meses, Hawái tiene un volcán, la arrojare ahí, jamás volverá a la vida. - Joey no se quedaba atrás, quería ayudar, sentía responsabilidad con su amiga, quería hacer algo también para ayudar a ese espíritu guardián de Ryou que le había tendido su ayuda sin chistar.

- Es una excelente idea. - Bakura los miro por un momento, esa emoción, ese deseo de ayudar era muy similar al que sintió con sus amigos hacia milenios atrás, tal vez ese era el verdadero motivo por el cual su destino lo había llevado a Japón, para liberarlo de ese mal que lo perseguía a donde quiera que fuera y por fin encontrar paz interior.

- Pero ¿lo dejamos amarrado aquí? - Interrogo Joey mirando con desprecio a Atem, ese tipo no se iría sin un castigo, si no podía morir entonces debería sufrir un poco más, el castigo de Bakura había sido bueno, pero ambos Anzu y Joey necesitaban más.

- Si él no puede morir entonces no importa si uso esto. - Dijo repentinamente Katsuya llamando la atención de Bakura que se había distraído con sus pensamientos.

Sus manos temblaban demasiado, pero con convicción saco el revolver que llevaba escondido en la chaqueta verde, apunto con dirección a la cabeza de Atem, tratando de rogar que su puntería fuera buena, jamás había usado un arma de fuego.

Con suma calma Bakura se acercó a Joey dándole un pequeño golpe en la cabeza para arrebatarle el arma de las manos y desarmarla en un santiamén. - Esto no es un juguete si no sabes cómo usarla no lo hagas, vas a salir herido. - Regaño haciendo que la situación que alguna vez fue de peligro se extinguiera por completo.

- N-necesitamos castigarlo, antes de destruirlo, n-no podemos dejarlo así, atacara a alguien más….- Chillo por lo bajo Anzu tratando de subir aún más su top rosado, ahora se sentía más vulnerable que nunca, siempre se sintió orgullosa de poder usar ropa diminuta por las calles para mostrar su bella figura, pero ahora gracias a esto solo quería cubrirse por completo y que nadie más volviera a mirarla nunca.

Bakura se separó un poco de los dos pequeños, guardando las balas en su pantalón grisáceo inclinándose un poco para levantar un poco el rostro de Atem por los cabellos tricolor.

- Así que ahora también fastidias a las niñas he, vaya pervertido imbécil que eres. - El de cabello blanco se llevó una mano a la quijada frotando su mentón por un segundo, esa idea ya había cruzado su mente, pero probablemente hoy la llevaría a cabo.

- Debería cortarte el pene para que dejaras de fastidiar a los demás ¿Ustedes que opinan? - Tal vez si estaba haciéndole un favor al mundo al cortarle ese miembro inquieto que siempre había traído desgracias a la vida de los demás, giro su rostro para mirar a la asustada joven que se despegaba de la mejilla derecha esa pestaña postiza que horas antes había colocado con sumo esmero, la chica temblaba tratando de bajar aún más su minifalda, mirando a Bakura como nunca nadie le había visto jamás, una mezcla de amor paternal y el asombro que te invade cuando conoces a un super héroe cuando eres pequeño, sin duda a partir de hoy Bakura era su salvador. Joey también lo miraba de esa manera, ¿en qué momento se volvió tan popular? El rubio asentía con la cabeza con mucha velocidad.

- Yo diseccione a un conejo en la secundaria, puedo ayudar. -

- S-se lo merece….Si le toca un cabello a Ryou…..Y-Yo -Con dolor Anzu se llevó instintivamente una mano a su entrepierna cerrando su puño con fuerza y desprecio recordando cual rudo fue el maldito hombre que estaba tirado a los pies de Bakura.

- Si no se lo cortas tú se lo cortare yo misma, es un maldito animal. - Se limpio las ennegrecidas lagrimas que bajaban por sus mejillas y con enojo pateo el rostro de Atem con esos grandes tacones de aguja que llevaba puestos otra vez.

- Esa es mi chica. - Le sonrió el mayor acercándose a Anzu y llamando a Joey que se giró junto a ellos, tomándolos por los hombros para mirarlos fijamente, impactando a ambos al principio, un hombre así de alto y fuerte era intimidante para cualquiera, pero para ambos era el héroe perfecto, el caballero de la armadura reluciente, el hombre ideal y del que Anzu estaría agradecida para toda la vida. - Preferiría hacerlo solo, ustedes son menores y….Me recuerdan a Ryou, prefiero llevar todo esto conmigo. -

-¡YO QUIERO PARTICIPAR, EL MALDITO ME VIOLO! El me violo tú no sabes lo que es eso. - Recrimino la mujer llorando, para su desgracia sí que lo sabía, había experimentado ese horror en carne propia hacia milenios atrás, pero era algo que nunca había dejado de doler.

- Entiendo, Joey tu limpia la habitación y trae hielo. - Ordeno dando la vuelta para sacar esa bonita navaja plateada que Ryou se había arrepentido de regalarle en Navidad.

- Trata de quitar esa cara triste. - Le dijo guiñándole el ojo a lo que la de ojos azules le sonrió; Empatía, eso era lo que Bakura sentía por la chica, empatía pura, podía ver a su yo del pasado cobrar por fin su pequeña venganza antes de acabar con el problema de una vez.

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Las horas seguían transcurriendo frente a sus ojos, Ryou trataba de mantener la calma sentado en la sala, esperando ver por los ventanales de su casa la camioneta del rubio, estaba sumamente preocupado, Bakura casi no le dijo nada y salió de inmediato con Joey a quien sabe dónde, ¿Qué había pasado? Jamás había visto a Joey llorando y temblando de esa forma, y ¿venir a buscar a Bakura? Nunca se hubiera imaginado esa situación.

Muchas ideas cruzaban su mente, pero una era más improbable que la otra, sabía que si Joey pedía la ayuda de Bakura era porque necesitaba de alguien fuerte, pero su espíritu a penas y se estaba recuperando por su culpa, los golpes en el rostro y en el cuerpo del ladrón se estaban desvaneciendo, pero aun así no estaba en las mejores condiciones ¿y si ahora alguien le estaba lastimando? Si estaba herido junto a Joey y él no podía ayudarles ¿Qué iba a hacer?

- Es Bakura el sabrá que hacer… ¿Verdad Coco? - El gato maulló subiendo a su regazo, dejando a Ryou exactamente igual de preocupado, acaricio sus orejas regalándole mimos al minino mirando nuevamente por la ventana, no había señal alguna de Joey o de Bakura.

Ese día después de dejar la casa de Marik habían ido directamente a su hogar, y después de su pequeña platica habían subido a dormir por horas y horas, habían hablado un rato más, comieron juntos, y estaban a punto de volver a la cama cuando la llamada de Joey altero su tranquilidad.

- Tengo miedo…Si él estuviera muy mal yo lo sentiría ¿cierto? - Con pesadez tomo su inservible teléfono en sus manos la pantalla era un mosaico de cristal quebrado que no encendía, no habían salido para nada de casa, así que seguía sin poder comunicarse con nadie, un mensaje de Joey le vendría bien.

El pequeño se recostó sobre el sillón subiendo los pies para poder ver sus calcetines contra el techo, le gustaba estar descalzo por toda la casa, Coco ya se había acomodado en el cabello que Ryou que caía sobre el cojín; el chico movía sus pies de un lado a otro tratando de distraerse mientras los minutos seguían avanzando, no deseaba encender el televisor, prefería mantenerse en silencio, así escucharía las llantas del vehículo sobre el asfalto helado.

Después de un rato de cambiarse de lugar y prepararse varias tazas de té por fin vio las luces de la camioneta de Joey, eran ellos, salió del comedor inmediatamente olvidando colocarse el abrigo quería abrir la puerta para recibirlos.

- Los zapatos, los zapatos Bakura me regañara si no tengo zapatos. - Se dijo rápidamente volviendo a la sala para buscarlos con rapidez, pero no los veía por ningún lado, ¿los había dejado arriba? No importaba, corrió a la puerta principal y la abrió para salir corriendo a recibirlos.

Al apagar el motor de la camioneta descendió Joey en el asiento del copiloto, el rostro del rubio mostraba signos de que había estado llorando, se veía muy serio, Bakura bajo del asiento del conductor, abriendo la puerta trasera donde tomo a Anzu en brazos.

- ¿Anzu? ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que paso? - La chica llevaba aun puesta la gabardina de Bakura y escondía su rostro con sus manos, podía jurar que le había escuchado llorar, los ojos de Ryou examinaba la escena, pero no entendía nada de lo que sucedía.

- Te explicaremos adentro. - Afirmo Joey sonriéndole al albino, una sonrisa seca y amarga para su gusto, lo miro por un segundo sin saber que más hacer, temblaba de frio, pero su preocupación lejos de irse por verlos a todos bien había aumentado por ver lo afectada que estaba su compañera de clases.

- ¿Sin zapatos otra vez? - Bakura se detuvo frente a Ryou, que lo miraba preocupado.

- ¿Qué? - Pero no pudo decir más, el mayor acomodo a la chica en uno de sus brazos para con el otro cargar al chico por el costado, como si fuera un balón de futbol y continuar su paso dentro de casa.

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Hasta aquí con el Fic.

Saludos a todos en especial a Pequebalam *que bueno que ya tienes computadora otra vez te mando un abrazo!

Gracias por leer ^u^!