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Llevaban viviendo apenas un par de semanas en el pequeño apartamento de Candy y ya se habían acoplado totalmente a sus rutinas, la chica estaba estancada en el turno de noche en el hospital, y Albert había conseguido un trabajo en la clínica del doctor Leonard, cuando ella despertaba para ir a trabajar, él había llegado de su trabajo y le tenía preparada la cena para que ella pudiese preparar e irse a trabajar.
Su vida era muy tranquila, ambos se apoyaban el uno en el otro, y aunque Albert no recuperaba la memoria, su amistad iba creciendo.
Debido al trabajo de Candy nocturno, no habían necesitado comprar otra cama, ya que no coincidían en dormir, por lo que compartían la cama de Candy.
Albert todas las noches cuando se metía en la cama se dormía con su aroma y la soñaba toda la noche.
Candy todas las mañanas después de desayunar juntos, un desayuno que también preparaba él se acostaba en la cama y le pasaba lo mismo.
La cama con el aroma de Albert la envolvía y la hacía coger el sueño rápidamente y también soñarlo.
Poco a poco sin ninguno reconocerlo, iba naciendo el amor.
Los vecinos sabían que compartían la casa, pero ninguno pensaba mal de ellos porque sabían que no compartían sus días.
- Pobre chica, no puede compartir con su marido, es una enfermera tan dedicada, por lo que no la sacan del horario nocturno.
- Me han dicho que él también está de enfermero en una pequeña clínica, pero él tiene un horario normal, me dan pena, vaya pareja más triste.
Así departían todas las vecinas cuando veían pasar a uno y al otro volviendo o yendo a sus trabajos o cuando los veían despedirse en el rellano de la puerta, ambos muy castos.
Todos apoyaban a la joven pareja que por sus arduos trabajos no podía llegar a vivir junta.
Un día que Candy acababa de despedir a Albert en la puerta, se estaba preparando para ir a la cama, ya tenía puesto su camisón y se encaminaba a la cama en donde lo volvería a soñar, así no se sentía sola.
Un fuerte llamado a la puerta la asusto, pensando que era Albert que había olvidado algo abrió la puerta sin mirar.
Un Neil Legan furioso se introdujo en el apartamento empujando a la chica.
- Eres una guarra, he visto salir a un hombre de tu casa
- Neil, ¿Qué haces aquí?
- Si te regalas a cualquiera, también lo vas a hacer conmigo.
- Noooo, suéltame Neeeil
Los vecinos al ver la puerta abierta y el alboroto llamaron a la policía. Mientras varios entraron en el apartamento para ayudar a la muchacha. Como era muy pronto en la mañana aún no habían salido todos a trabajar y pudieron ayudarla.
El muchacho al verse rodeado y viendo que su plan no había funcionado, escapo gritándola:
- Furcia! Te vas a enterar, se lo voy a decir a la tía Elroy.
Y salió corriendo a más no poder.
Cuando llegó a la calle se subió a su coche y se acomodó sus ropas mientras conducía a ver a la tía Elroy, ella estaría despierta ya que madrugaba mucho para encargarse de los negocios de la familia.
Mientras tanto Candy rodeada de sus vecinas recobraba el resuello, había pasado un susto terrible, pero gracias a ellas se había salvado.
