Llegaron a la casa, y él solo pudo ayudarla a acostarse, estaba tan dormida…
No se atrevía a dejarla sola, pero tenía que trabajar, debían pagar el alquiler, eso sí, llamo al hospital para avisar del ataque a Candy y que probablemente llegaría tarde a trabajar.
Varios días habían pasado sin ninguna novedad, la policía no tenía ninguna pista, obvio, Neil no se movía en ningún ambiente en el que le pudieran acusar de nada más, y como no tenían su nombre nada se podía hacer.
La tía Elroy tenía prácticamente terminados los preparativos para la boda, ya solo le faltaba atrapar a la novia en su telaraña y no dejarla escapar nunca más, por lo que debía hacerla llamar a la casa.
Como sabía que si decía que era ella quien la llamaba tendría que ir a buscarla a la fuerza, hizo creer a la muchacha que quien la llamaba era el tío abuelo William.
Por supuesto funcionó.
La muchacha, muy emocionada se preparaba para conocer al tío abuelo William, por fin el tan ansiado día en el que iba a conocer a la persona que hizo posible que tuviera una educación de prestigio y que conociera a una de sus mejores amigas, Paty.
Había pedido la noche anterior libre porque no quería ir cansada a la cita, pero no había dormido mucho porque estaba preocupada ya que Albert había tenido que dormir en el sofá, y al ser más pequeño que su largura, había tenido los pies colgando, pero que se le iba a hacer, ambos habían decidido que no podían compartir la cama, aunque algo estaba cambiando entre ellos, ella seguía siendo una joven casadera decente que no podría tener nada con un hombre antes de su matrimonio.
Esa noche ambos habían tenido una conversación en la que las cosas habían cambiado drásticamente.
- Albert! Tengo una cita mañana con el tío abuelo William, quizá consiga que cancele la adopción y ya no tendré nada que ver con esa familia
- Candy! Es maravilloso- y se lanzó a abrazarla, en ese momento, sus corazones se detuvieron, era la primera vez que tenían un contacto tan íntimo y ninguno de los dos quería romperlo.
Albert acaricio su mejilla mirándola intensamente a los ojos y su corazón empezó a latir rápidamente.
Candy estaba parecido, no podía dejar de mirarlo fijamente a los ojos, y sus mejillas empezaban a colorearse.
Hombre y mujer se unieron en un beso intenso, lleno de necesidad y de promesas, lleno de un amor que ninguno de los dos había querido reconocerse.
- Albert… - dijo la muchacha en un susurro- no podemos, yo te…- no pudo continuar, sabía lo que iba a decir, pero él era un hombre sin pasado que solo la tenía a ella.
- Shhhhh- le chisto el poniéndole un dedo en sus carnosos labios- no digas más, no vamos a hacer nada, solo déjame tenerte así abrazada, porque yo, veras… yo Candy, creo que te quiero.
Ella intensifico el abrazo con una sonrisa.
- Yo también Albert, te quiero tanto que me duele el pecho, no podía con este amor que me llena, incluso más que en anteriores ocasiones.
- Yo no te puedo decir eso Candy, porque como sabes no recuerdo nada de mi vida anterior, pero sé que te quiero tanto que me duele.
Su abrazo se mantuvo por mucho tiempo, no sabían si horas o minutos, de vez en cuando se daban algún beso que los llenaba a ambos de un profundo amor.
Pero ambos tenían que madrugar mañana por lo que llegado el momento tenían que separarse.
El dolor de la separación fue intenso, pero sabían que los días por venir poco a poco su relación iría a más.
