Al llegar la mañana ambos estaban muy avergonzados pero felices, por fin se habían confesado sus sentimientos, ambos se querían y ambos querían seguir juntos.
- Candy, sé que esto es un tanto precipitado, pero no es correcto que vivamos juntos y yo te quiero con locura. Querrías hacer el favor de ser mi esposa? Antes de que contestes, sé que no tengo un anillo y sé que no te puedo prometer una vida de ensueño, no soy nadie, solo el ayudante de un médico con una clínica muy pequeña, no gano mucho dinero y sé que, aunque me duela, aun no podrás dejar tu trabajo y hasta dentro de mucho no podremos tener hijos, pero es mi deseo que los tengamos.
Se quedó mirándola expectante, las lágrimas empezaron a correr por el bello rostro de Candy, su sueño se había hecho realidad, por fin alguien que la quería tal y como era que no tenía problemas en hacerla su esposa, que la respetaba y que por sobre todo, la amaba.
- No necesito ningún anillo Albert, te quiero, y me casaré contigo, es la noticia más feliz que podría darle al tío abuelo William, como me voy a casar, no tendrá excusa para no cancelar la adopción.
- Cuanto me alegro, me has hecho el hombre más feliz.
Con una sonrisa de oreja a oreja, ambos se unieron en un abrazo que termino en un beso de amor infinito. Los dos se querían con locura y creían que nada los podría separar.
Candy había llegado a la casa Ardley, como siempre esa casa la intimidaba, era tan grande, tan llena de criados… pero tenía una misión, conseguir del tío abuelo que cancelase la adopción porque no quería saber nada más de esa familia que aunque le había dado alguna cosa buena, las malas pesaban mucho más porque habían sido muchas y muy dolorosas.
El mayordomo la hizo pasar a una salita, la sorprendió mucho porque otras veces George la había atendido en el despacho del tío abuelo y lo conocía.
Que estaba pasando?
Cuando una Elroy muy digna entro en la salita, se le cayó el alma a los pies.
- No, no puede ser, me has engañado, porque? Que quieres de mí? Yo no quiero nada con vosotros, quiero cancelar mi adopción.
- Niñita, eso es lo que yo más deseo, pero William se niega rotundamente a hacerme ese favor, por lo que necesito ponerte en vereda y quitarte de en medio, que mejor manera que casándote, y nadie mejor que Neil, así la fortuna de los Ardley no saldrá de la familia.
- Nooooo, me niego, yo no me quiero casar con él, es una persona despreciable, además me intentó violar.
- Pamplinas, eres una arpía mentirosa, tu que te revuelcas pecaminosamente con vete tú a saber cuántos más a parte del hombre que tienes en tu casa. No vas a volver allí, y ya está todo preparado para tu boda con Neil mañana mismo.
- Porque me odias tanto?, no por favor, con Neil no.
- Llévenla al cuarto que le han preparado, ciérrenlo bien y tráiganme la llave.
Dos hombres la agarraron de los brazos, uno de ellos el mayordomo, al otro no le conocía, la llevaron a rastras a un cuarto por demás espacioso, un cuarto de princesa, pero al fin y al cabo una cárcel.
Una vez dentro, oyó como cerraban con llave y se empezó a poner nerviosa, empezó a dar vueltas y vueltas, tenía que encontrar una forma de salir de allí, se la habían vuelto a liar, la habían vuelto a engañar y ella había picado como una tonta, tan contenta estaba esa mañana, con sus planes de matrimonio con Albert y con el anhelo de por fin encontrarse con el tío abuelo William, pero había sido una nueva artimaña de Elroy para casarla con el desgraciado de Neal, todo por dinero, porque al ser la "hija" del cabeza de familia, era la heredera más directa.
Porque no la hacían caso y le cancelaban la adopción de una vez, no le había traído más que desgracias.
