Stan miro la pequeña lapida, en ese desolado cementerio al norte de Jerusalén
- Te amo – susurro casi al borde de la desesperación – te amo – volvió a decir
Que tan diferente hubieran sido su vida estos últimos tres años si hubiera dicho esas palabras antes de que fuera demasiado tarde, tarde para amar, tarde para olvidar, tarde para arrepentirse de todo por igual
Te amo – sonaba tan necesario pero al mismo tiempo tan innecesario en esos momentos, pequeñas lagrimas rodaron por sus mejillas mientras se arrodillaba para besar la pequeña lapida
Una solitaria rosa fue lo único que quedo como testimonio de su visita a ese recinto fantasmagórico, ya no había nada que hacer en Jerusalén, el chico que alguna vez conoció y amo, había muerto en su lucha por defender sus ideales, ironías de la vida, muerto por un judío, enterrado por cristiano en un cementerio musulmán
Incluso cuando esa solitaria rosa se hubiera marchitado ante el sol de medio oriente, a un quedaría esas dos simples palabras que unidas formaban una de las formulas mágicas mas poderosas de la humanidad
TE AMO
