Anna despertó desorientada. Su ventana estaba cerrada y la persiana bajada, sin dejar entrar ni un mísero rayo de luz; era algo extraño, los fines de semana su padre siempre dejaba todo abierto de par en par para que entrase ruido y luz y no se despertara muy tarde. Estaba acurrucada en una esquina de la cama, así que estiró su cuerpo entero, dejando escapar unos cuantos crujidos de sus articulaciones. Sintiéndose mejor, se quedó mirando al techo de su habitación (ocupado por una bandera de un grupo de pop muy famoso, se la había regalado Kristoff en su último cumpleaños) mientras intentaba espabilarse. De repente su cerebro comenzó a funcionar y recordó la existencia de Elsa ¿Qué narices hago sola?

Metió rápidamente la mano debajo de su almohada para mirar la hora en su teléfono móvil: las 12:37. Los números blancos decorados con un fondo de pantalla con calabazas con caras sonrientes la estresaron de repente. Dejó el móvil en la cama y fue a bajarse de ella para ir en busca de su hermana, pero se topó con la otra cama al lado de la suya. Cuando al fin pudo pisar el suelo, se puso las zapatillas y salió de la habitación.

El hecho de que Elsa no la hubiera despertado le bajó un poco los ánimos. Al bajar las escaleras a la planta de abajo, se paró en mitad del pasillo para ponerse bien los bajos de los pantalones, que se le habían subido mientras dormía: la pelirroja se movía mucho por las noches. Mientras se los bajaba, notó una presencia delante suya, así que alzó la mirada. Su madre Gerda la miraba con el ceño fruncido.

"¿Tú crees que estas son horas para levantarte? Que ya eres mayorcita para madrugar tú sola. Y más teniendo a tu hermana aquí, esperando a que la lleves al centro." Se cruzó de brazos y esperó una respuesta convincente por parte de su hija, aunque sabía que no la había.

Titubeante, la chiquilla no supo qué contestar. Sin embargo sus ojos la dirigieron a la rubia, sentada en el sofá con un portátil sobre sus piernas. Se le hacía tan extraño verla allí, durante un segundo no fue consciente de que era su hermana. Se mordió el labio con nerviosismo al no saber de qué hablar con ella. Sí, quería a su hermana de vuelta, pero Elsa no era la misma que recordaba, igual que ella también había cambiado. Con una disculpa consiguió zafarse de su madre para ir a ver qué hacía la otra. "Buenos días, Elsa." Se sentó a su lado aún algo cansada y miró a su pantalla. Era una especie de formulario.

La mayor se acomodó en el sofá, girando un poco la pantalla del portátil con discreción para que no se notase que lo estaba ocultando. Le hizo un gesto con la cabeza en forma de saludo. "Perdona, bajé la persiana para que no entrara la luz y te despertara." Pensándoselo mejor, bajó la pantalla del portátil y lo depositó sobre la mesa de café que tenían delante. "¿Quieres un café?" Sin esperar una respuesta fue directamente a la cocina a cogerlo. Anna la examinó mientras se iba andando, siguiendo el movimiento de sus caderas y dándose cuenta de lo largas que eran sus piernas, tenía una muy buena figura a pesar de no haber hecho ejercicio en su vida. Vamos a ver Anna qué narices estás mirando, céntrate, que estás aún medio dormida.

Cuando Elsa volvió con una taza, Anna se lo agradeció sin mirarla directamente a los ojos, avergonzada. Al probarlo notó que estaba bien de azúcar, así que supuso que su madre le había dicho a su hermana cuánto echarle para que estuviera a su gusto. "Gracias por el detalle, pero como has podido observar, no es que pueda permitirme dormir mucho, siempre acaban sermoneándome." La pequeña no notó ninguna reacción por parte de su hermana así que siguió hablando. "Y bueno, ¿de dónde has sacado eso? ¿Lo tenías en el hospital?" Señaló al portátil y después miró con curiosidad a Elsa.

"Sí, me lo dieron papá y mamá para ir estudiando a mi ritmo, no querían que me quedase atrás con los estudios" La pelirroja la miraba boquiabierta al ver lo capaz que era su hermana. Si hubiera sido ella la hospitalizada, lo último que hubiera hecho sería estudiar.

En mitad de la conversación, su madre intervino, ya que estaba dando vueltas por la casa y las había escuchado hablar. "Anna, no lo sabes pero tu hermana lleva al día su educación. Estuvo estudiando a distancia y presentándose a unos exámenes globales cuando los doctores la dejaban." La pelirroja miró primero a su madre y posteriormente a su hermana, la cual miraba fijamente al suelo.

"En verdad llevo dos años de retraso, debería de estar en mi último año de carrera." Dijo muy bajito, como si no quisiera intervenir.

Gerda se sentó en una silla, dispuesta a seguir la conversación. "Pero eso no es nada, el año pasado hiciste primero de carrera a distancia y la sacaste bien, no es fácil estudiar desde un hospital. Sin embargo mírate, sigues intentándolo, porque eres muy inteligente." Elsa seguía sin alzar la cabeza, la conversación transcurría ajena a su persona. Ni se te ocurra seguir con el tema, joder. La rubia se mordió la lengua para no hablar. "¡Hasta estabas echando la solicitud para entrar a la Universidad de aquí! Ni siquiera te has instalado y ya estás pensando en tus estudios, esta muy bien que seas tan independiente."

Anna giró su cabeza esta vez esperando la respuesta de su hermana, ya que no tenía ni idea de todo lo que estaban hablando. Pensaba que los estudios para Elsa habían sido algo secundario, ni siquiera había pensado en ellos. La Universidad estaba apenas a 45 minutos, podría conseguir que Elsa se sacara el carnet de conducir y algunas mañanas se saltaría sus clases para ir con ella de copiloto y-

"Ya que tengo una salud de mierda al menos no soy tonta. Y tampoco es que yo haya querido ser tan independiente, no fue mi culpa haber crecido así." Elsa se levantó del sofá, cogió su portátil y subió al piso de arriba, dejando a su madre y a su hermana solas.

La pequeña se quedó boquiabierta. No había tomado a Elsa como alguien mal hablada, y tampoco se esperaba que el tema le molestase. Miró a su madre esperando algún tipo de explicación, pero seguía con su típico ceño fruncido. "Sigue tan delicada como siempre."

Ahora era el turno de Anna para fruncir el ceño y molestarse con su madre. "Que sea delicada o no es irrelevante. Si sabes que le molesta algo, no lo digas." Su madre se encogió de hombros y se fue también. Parece que todo esto va a ser más difícil de lo que esperaba. Cogió la taza de café y subió al piso de arriba, buscando a Elsa. Intentó entrar en su habitación pero estaba cerrada por dentro. Dio unos pequeños toques en la puerta y tras unos momentos, Elsa le abrió.

"Perdona por encerrarme en tu habitación." Iba a pasar por su lado rápidamente pero Anna la agarró del brazo y la detuvo, al ver que se había cambiado a ropa de calle, unos vaqueros y una sudadera gris. La rubia miró primero la mano que la detenía y luego a la pared que tenía al lado, esperando que su hermana hablase. Si quisiera, podría zafarse del agarre ya que era más grande y fuerte que la pelirroja, pero no tenía ganas de hacerlo.

"¿Vas a algún lado?" A lo que su hermana mayor respondió con un movimiento afirmativo de cabeza. "Entonces espera que me vista y te llevo en la moto." Ahora el movimiento fue de negación y se soltó del agarre de su hermana. Estaba bajando las escaleras cuando escuchó a Anna decirle algo desde la puerta de su habitación. "No te vayas sin mí, por favor" Esas palabras hicieron a Elsa detenerse en mitad de un escalón. Joder. Apretó la mandíbula y, sin decir nada, se sentó en el escalón de arriba. No sabía por qué pero no había sido capaz de decirle 'no' a su hermana. Supongo que sé lo que es que la gente a la que quieres se vaya sin ti.

Al poco rato Anna apareció vestida y con las llaves de su ciclomotor. Iba algo más arreglada que Elsa, con una camiseta y una chaqueta en lugar de la primera sudadera que había sacado de la maleta, aunque tampoco es que Elsa tuviera mucha ropa. Al pasar por al lado de su hermana mayor volvió a agarrarla del brazo, pero esta vez con más delicadeza, indicándole que era hora de irse. En la cochera, la pelirroja abrió la puerta con un mando a distancia y le dio un casco que tenía de repuesto a su hermana. Cuando se puso el suyo propio y se subieron a la moto, salieron de la cochera, dándole de nuevo al mando a distancia para que la puerta se cerrara.

Cuando llevaba ya cinco minutos conduciendo, Anna empezó a mirar a Elsa por los espejos retrovisores. Parecía algo más tranquila. La pelirroja estaba acostumbrada a llevar a alguien detrás, sus amigos la tenían de taxista, así que no tuvo problema en conducir con su hermana mayor detrás. Aun así, era una sensación extraña.

Elsa se sentía igual. No estaba del todo incómoda pero tampoco estaba bien. Ni siquiera quería agarrarse de la cintura de su hermana por vergüenza. Se sentía inútil porque tampoco le sonaban las calles por las que le estaba llevando la pequeña. Poco a poco iba apareciendo más gente por la ciudad, cosa que le dio a entender que estaban ya cerca del centro. Al poco rato, llegaron al destino y Anna aparcó justo delante de la tienda que buscaba.

Elsa se quitó el casco y miró desde el escaparate al interior de la tienda. Encontró rápidamente la sección que estaba buscando y se giró para ver a Anna, la cual tenía su típica sonrisa de extrovertida adornando su cara. Entraron en la tienda y fueron directamente a ver los juegos de la consola que encontraron en la habitación ayer. Parecía que iba buscando un título en especial, ya que no prestaba mucha atención a los juegos que encontraba. Anna, al no estar interesada, fue a la zona del merchandising, para entretenerse mientras.

Al cabo del rato se le acercó su hermana mayor con un juego en la mano pero no parecía muy ilusionada. "Me vas a llamar estúpida pero no me he traído dinero." Anna echó la mano al bolsillo de su chaqueta mientras se reía de su hermana para coger su cartera, pero tampoco la había cogido.

Se encogió de hombros y señaló el mostrador de la tienda. "Ya somos dos estúpidas, por algo somos hermanas. Podemos dejarlo reservado y venir esta tarde a por él." Elsa no le respondió, sólo emitió un sonido de aprobación y fue hacia el encargado de la tienda. Al terminar, Anna guió a Elsa hacia un parque cercano, para arrinconarla y poder hablar con ella a solas. Sabía que su hermana no estaba muy cómoda, ayer parecía mucho más feliz que hoy, más dispuesta a intentar llevarse bien con ella, y hoy se había vuelto muy fría.

Genial me ha traído a un maldito parque para hacerme una encerrona, por favor que caiga un rayo y lo incendie para poder salir de aquí. Elsa escogió el primer banco que vió a la vista para sentarse, dejando el casco a un lado, sin ánimo para andar mucho más. Metió las manos en su sudadera y esperó la lluvia de preguntas de su hermana mientras miraba al suelo.

Sin embargo Anna aún no se había sentado. Estaba de pie mirando a la gente que pasaba a su alrededor, pensativa. "No voy a obligar a que me cuentes nada que no quieras." Dijo mientras pisaba unas hojas del suelo, que se estaban ya empezando a caer por la estación. "Pero quiero ser tu hermana de verdad, no sólo de nombre, así que me gustaría saber qué pasa por tu cabeza." Esta vez sí que dirigió su mirada a la rubia, que estaba sentada, pareciendo mucho más pequeña en comparación.

Elsa seguía en su mundo, sin dirigirle la palabra. Anna podía ver cómo estaba apretando la mandíbula con una expresión triste. Esto hizo que se sentara a su lado, le pusiera una mano en el muslo y lo acariciase para tranquilizarla. No parecía tener mucho éxito, más bien lo contrario, así que cuando empezó a avergonzarle ese contacto tan extraño retiró la mano de su pierna. "Sabes, no quería tener esta conversación tan pronto, es decir es el segundo día que estoy contigo desde hace muchos años, pero no puedo evitarlo. Pensaba que pasaríamos unos días bien, semanas, igual meses; sin embargo, llegarías a tu límite, porque no estás acostumbrada y seguramente no estarías cómoda entre nosotros. Pero bueno, parece que la conversación reservada para ese momento la tenemos que tener ahora." Anna resopló sin saber siquiera de qué estaba hablando. Es decir, esa frase se la había preparado bien durante el camino en moto, pero no sabía qué conversación se supone que iban a tener. Por favor que me diga en qué está pensando y así no tengo que inventarme nada más, no puedo seguir improvisando por mucho tiempo.

Intentaba esconder su nerviosismo pero no paraba de morderse el labio. Esto es lo único que consiguió hacerle a Elsa alzar la vista, ya que después de escuchar a su hermana hablar, se fijó durante unos segundos en su boca, y posteriormente en sus ojos. "No tengo nada de lo que hablar, Anna, al menos por ahora." Rezó para que esto diera pie a la pelirroja para hablar y siguiera con su monólogo, pero se quedó callada. "Es que no sé qué quieres que te diga, no puedo venir a una casa y comportarme como si llevase aquí desde pequeña, sois prácticamente extraños para mí." Joder Elsa tu delicadeza sigue siendo brillante. Vas a acabar haciéndole daño.

"Pero ayer parecías estar bien" La confianza del principio se le estaba desvaneciendo. No sé si estoy preparada para que Elsa me diga lo mal que la he tratado. Le volvió el tic de pasar la mano por detrás de la oreja para recogerse el pelo, aunque tuviera las trenzas muy bien hechas y no hubiera ningún mechón que recoger.

Esta vez fue Elsa la que dejó escapar un largo suspiro. Sus ojos se habían vuelto a fijar en el suelo, no era capaz de hablarle mal a su hermana mirándola a los ojos. Ni siquiera quería hablarle mal. "Lo intenté. Pero no puedo mentir, no puedo forzarme a ser lo que queréis que sea. No puedo venir y formar parte de vuestra familia cuando habéis pasado años intentando deshaceros de mí." Estaba echada hacia delante, con los codos apoyados en sus piernas y las manos apretadas entre sí. "No quiero hacerte daño, Anna."

La hermana pequeña respondió con rapidez esta vez. "Pero nosotros te lo hemos hecho a ti, Elsa. Yo te he hecho daño a ti, y aquí estoy, siendo una hipócrita, intentando ignorar todo por lo que has pasado para que nos llevemos bien." Se sentía muy mal, estaba demasiado nerviosa porque era de lágrima fácil y ya sentía ese nudo en la garganta que se le formaba antes de romper a llorar. Apenas llevaban unos minutos de charla y no quería montar el número tan rápido. Anna se llevó la mano a la cara para frotarse los ojos e intentar aliviar un poco la sensación. Tiene todo el derecho a odiarme.

Elsa se levantó del banco y le extendió la mano a Anna, para que se levantara. "No, Anna, no estás haciendo nada malo. Tenemos que ser hermanas normales. Tengo que aprender. Mientras tanto, necesito ir despacio." Su hermana pequeña le tomó la mano y se levantó, quedando a pocos centímetros de ella. Esto hizo que por impulso Anna la abrazara brevemente por culpa de ser tan cariñosa. La mayor le devolvió el abrazo rápido para que no terminara siendo muy largo e incómodo, la apartó con delicadeza y echó a andar. "No te odio. Tienes menos culpa que papá y mamá. Pero tampoco quiero hablarlo ahora. Vamos a ir poco a poco con eso de hablarlo también." Elsa parecía más calmada que antes, había conseguido relajarse. Anna iba por detrás suya, pero la seguía de cerca. Respiró con profundidad para relajarse ella también e intentó reprimir la curiosidad que le estaba picando bajo la piel. "No quería decir nada de la Universidad aún. No quería que pareciera que vuelvo a casa para irme, sin tomarme un tiempo de descanso ni nada. Solamente quiero tener una vida normal, quiero ser normal, conocer a más personas y poco a poco ir conociéndote a ti." Esto último hizo que Elsa se ruborizase un poco.

Cuando llegaron a la moto, Anna se puso su casco mientras seguía escuchando a su hermana. "En el hospital nunca me hizo especial ilusión estudiar. Me obligaron nuestros padres. Por eso me molestó también que me alabase tanto mamá cuando sabe que he estado amargada, a parte de que te contara lo de la Universidad." Elsa se quedó mirando lo adorable que estaba su hermana con el casco y las trenzas asomando por debajo. Tomó aire, lo expulsó lentamente y se puso su casco.

Vale, pensaba que no iba a abrirse nada, pero por algo se empieza. Anna no podía dejar de mirarla. La incomodidad de su hermana alimentaba cada vez más la curiosidad de la pequeña. Por otra parte, no sabía qué responderle. Le dolía, claro que le dolía escuchar lo que le estaba diciendo Elsa, y seguro que no era ni el principio de todas las quejas que tenía y todos los sentimientos que había recluído por culpa de estar abandonada en un hospital de mierda por culpa de su corazón de mierda. Volvió la idea de disculparse, pero tampoco era el lugar ni el momento. Bajó la mirada hasta sus pies mientras pensaba una respuesta adecuada para zanjar la conversación, no quería seguir molestando a su hermana. Finalmente, alzó la vista. "Podemos empezar de cero, como desconocidas. Así no te sentirás tan incómoda." Fue la conclusión a la que llegó.

Elsa la miró con curiosidad, reflexionando sobre lo que había dicho. Después de unos segundos en silencio mirándola fijamente, abrió su boca. "¿Desconocidas que duermen juntas? Entiendo." Y se permitió a si misma reírse aunque su comentario fuera vergonzoso, relajándose al fin al ver que su hermana pequeña también se lo estaba permitiendo a sí misma.

Estaban de vuelta a casa en la moto, era la hora de comer, pero Anna no podía dejar de pensar en otra cosa que no fuera su hermana. Realmente el empezar de cero no era tan extraño, no se conocían. De esta manera podría conocerla más como persona, y no solamente como su hermana. Ni siquiera sé si la considero mi hermana. Puede pasar como mi mejor amiga de la infancia perfectamente. Es muy raro haber crecido sin ella. Al notar un pequeño tirón en su ropa volvió a la realidad, cuando se dio cuenta que Elsa esta vez sí se había agarrado a su chaqueta para no caerse de la moto. Esto hizo a Anna sentirse un poco mejor, la hizo sonreír; después de todo, la conversación había servido para algo.


¡Hola! Madre mía, cómo pasa el tiempo. Comencé esta historia hace años, pero nunca llegó a ningún lado porque la abandoné. Hoy me la he encontrado y quiero continuarla, aunque la fiebre de Frozen se haya pasado ya (el Elsanna estará siempre en mi corazón). He editado los dos primeros capítulos, había muchos errores y partes mal escritas, pero no he cambiado nada importante del argumento. Gracias a todos los que han leído esto y se van a animar con el resto, espero que seáis pacientes conmigo. ¡Gracias por leerme!