El tiempo estaba pasando relativamente rápido para ellas. Anna pensaba que su relación iba ser más incómoda pero Elsa no se había vuelto fría y distante, simplemente la trataba como a una persona más a la que acababa de conocer. No estaba segura de si lo prefería o no, pero ahora mismo estaba feliz con su situación, mejor eso que nada. La pelirroja era más cariñosa, eso sí, y a veces al hablar con su hermana se frenaba por miedo a entrar demasiado en su espacio personal. Parecían más amigas que hermanas.

Por otro lado, la mayor ya estaba atendiendo a la Universidad. Tenía clases por las tardes, al contrario que Anna, así que apenas coincidían en casa. Aún así, pasar las noches juntas era una ventaja ya que era cuando más se ponían al día y más hablaban; Anna aprovechaba los recuerdos que compartían de pequeñas para intentar poner nostálgica a su hermana y que así se abriese más a ella. Ya se estaba acostumbrando la familia entera a la presencia de Elsa en casa, sus padres estaban ablandándose cada vez más.

Cuando Anna volvía del instituto, apenas tenían una hora para comer y que Elsa se fuera a clase. La Universidad estaba al otro lado de la ciudad, así que por ahora iba en autobús. Habían estado hablando las chicas sobre lo útil que sería que la rubia tuviera el carnet de coche, pero Kai estaba completamente en contra, le daba miedo que Elsa tuviera una recaída mientras conducía (cosa que no tenía sentido porque ella estaba perfectamente, pero bueno, era normal que fuera sobreprotector al principio). Las comidas eran ya muy amenas; aunque Anna hablase más que nadie, Elsa también estaba bastante emocionada por sus clases. Había entrado un mes más tarde que la mayoría de los demás, sin embargo había sido capaz de hacer amigos.

Secándose las manos con un paño de cocina al haber terminado de fregar una sartén, Elsa resopló satisfecha. "Menos mal que hoy sólo tengo tres horas de clase, estoy muy cansada." Aunque le tocase a ella recoger la cocina después de comer, Anna la había ayudado con el lavavajillas. Al ser cuatro, se turnaban para recoger la mesa cada día, aunque las hermanas solían hacerlo juntas para terminar antes. Al ver la mirada interrogante de la menor, siguió hablando. "Apenas he dormido por estar hasta tarde jugando, encima esta mañana mamá me despertó y no pude seguir durmiendo." Anna puso los ojos en blanco, ya que no era la primera vez que pasaba lo mismo. Elsa era la más vespertina de la casa, siempre la última en dormirse; cuando se quedaba hasta tarde se bajaba a la sala de estar, para no molestar a su hermana ya que aún seguían durmiendo juntas.

Las obras en su habitación ya estaban en marcha. Durante la semana anterior se dedicaron a limpiar la habitación. Elsa se enfadó un poco con sus padres al haberla mantenido en unas condiciones tan deplorables, como si directamente se hubieran querido olvidar de ella. Ni que estuviera muerta, joder. Anna se encargó de animarla, aunque se sintiera culpable igualmente. De todos modos, decidió no darle muchas vueltas; quería empezar de cero tal y como le dijo a su hermana pequeña, y eso significaba deshacerse del rencor. El propio lunes habían ido a una tienda de muebles para encargar lo que sería la reforma de la habitación, con todo nuevo. Decidieron pintarla también, las pareces (solían ser blancas) estaban ya algo amarillentas. El dueño de la tienda era amigo de sus padres de manera que en una semana más tendrían todo listo.

La pelirroja se había quedado en la planta de abajo hablando con sus padres, intentando convencerles sobre el carnet de coche de su hermana. Al ver que no iba a llegar a ninguna parte, decidió volver a su habitación, algo desilusionada. Esperaba que estuviera Elsa en el baño, arreglándose o peinándose para ir a la Universidad, pero al abrir la puerta de su habitación se la encontró allí. De pie, con las puertas del armario abiertas y sin camiseta. Estaba con las manos en los pantalones a punto de bajárselos cuando su hermana la interrumpió. "¿Vas a entrar, Anna?" A la rubia pareció no importarle, se quedó en ropa interior y posteriormente se empezó a poner los pantalones granate que había escogido.

Esta, en cambio, había entrado a la habitación con la mirada fija en el suelo, intentando evitar cualquier contacto con el cuerpo de su hermana. Anna, respira hondo. Es tu hermana, tía. Esto es normal entre hermanos. ¿Supongo? Se sentó frente a su ordenador, dejando a Elsa a su espalda. Miró de reojo al espejo que tenía en su escritorio y pudo ver que tenía rojas hasta las orejas. Era cuestión de tiempo que coincidieran mientras alguna de ellas se cambiara. "¿Quieres que veamos una peli o algo cuando vuelvas esta tarde?" Le preguntó intentando no parecer afectada al verla en ropa interior. Se giró lentamente y pudo comprobar que Elsa ya estaba completamente vestida, había acompañado sus pantalones con una camiseta blanca y una chupa de cuero, le sentaba realmente bien ese conjunto. "Pero nada de la mierda esa intensa que te gusta, no quiero irme a dormir con cinco dudas existenciales más" Con una sonrisa malévola se burló del gusto de su hermana. Pensándolo mejor, si ya no le da vergüenza cambiarse delante de mí, significa que tenemos más confianza que antes, ¿no? Diez puntos para Anna.

"Tranquila, podemos ver una mierda adolescente de las tuyas. ¿Vampiritos u hombres lobo?" Elsa sabía de sobra que a su hermana tampoco le gustaban esas películas fantásticas pero se sentía igualmente ofendida porque hacía varios años estaba obsesionada. "Es broma, escoge la que quieras, me fío de tu gusto" Se fue de la habitación guiñándole un ojo antes de que la pequeña pudiera abalanzarse sobre ella y empezar una batalla campal. Cuando escuchó la puerta de la casa, se levantó de la silla y se asomó por su ventana para ver a su hermana caminando hacia la para de autobús. Se cruzaron sus miradas y Anna la despidió con la mano.

Cuando vio que no había señales de Elsa, volvió a su ordenador. Decidió buscar la peli para ver esa misma noche con su hermana, no le apetecía hacer nada productivo. Buscó alguna película por género, a ambas le gustaba la ciencia ficción o los dramas. Se metió a buscar en este último género. Tras un buen rato mirando y descartando películas, se cruzó un drama romántico. Anna lo reconoció rápidamente y se le volvió a enrojecer las mejillas. Era una película sobre dos chicas. Una película lésbica. Ignorándola, siguió bajando en la lista de películas ya que no le parecía apropiado verla con su hermana. Sin embargo, no podía sacarse el tema de la cabeza.

Dejo escapar un suspiro que la dejó sin aliento mientras se levantaba de la silla. Escogió un CD de música y lo metió en el reproductor, con poco volumen. Cuando empezó a sonar la primera canción de In Utero de Nirvana, se dejó caer en la cama. Siempre que estaba enfadada o no quería pensar escuchaba este disco. Tenía esa energía que conseguía sacarla de su mente, así no podía autodestruirse desde dentro. Pero hoy era diferente. Cuando iba por la tercera canción decidió incorporarse y echarse sobre la pared, que estaba justo detrás de la cama. Sacó el móvil y volvió a buscar la película. Se quedó un rato mirando el cartel publicitario, en el que salían las dos chicas que se enrollaban en la película. Bloqueó el móvil mientras apretaba la mandíbula, cansada de darle vueltas a lo mismo, y se vio a si misma reflejada. "Hey, sexy". Al principio le pareció graciosa la idea de piropearse a sí misma pero luego se sintió estúpida y se avergonzó.

Volvió a desbloquear el móvil y buscó a la protagonista de la película. Entre las imágenes, salió una de la escena de sexo que había casi al principio, haciéndole a Anna sentir un cosquilleo en el estómago y un calor excesivo en la entrepierna. Se quedó mirando finamente la imagen mientras sentía cómo se le humedecía cierta zona de su cuerpo. Cuando quiso darse cuenta le latía tan fuerte el corazón que estaba sintiendo el pulso en las sienes de la cabeza. Se llevó las manos a la cara y se la frotó lentamente, enfocándose en los ojos, masajeándolos con movimientos circulares. Cuando se había relajado un poco, se levantó y apagó la música. Me gustan las chicas.

Mientras Anna estaba en el jardín tomando el aire e intentando enfriarse un poco, Elsa Había comenzado ya sus clases. Estudiaba Biología, siempre había sido de ciencias. A su izquierda se sentaba su nueva amiga, a la que había conocido el primer día de clase. Se le acercó durante unas prácticas que iban por parejas y se le presentó; Rapunzel, se llamaba. La miró de reojo para estudiarla un poco y vio que estaba con el móvil debajo de la mesa mientras se reía de una foto. Es un poco extraña, pero bueno, es más una cualidad que un defecto. "No esperarás que esté prestándote todos los días mis apuntes, ¿no?" Le dijo susurrando y con una sonrisa juguetona.

Rapunzel envió un último mensaje y guardó el móvil. "Estaba hablando con Flynn, que no tiene clase después y se ha venido a este edificio a verme." El campus de la Universidad era lo bastante grande como para que la mayoría de los edificios pertenecieran a varias carreras que se asemejaran entre sí. Por ejemplo, Flynn estudiaba Filología, así que el edificio de letras estaba en una esquina del campus. El suyo, perteneciente a los alumnos de Biología y un par de carreras más de ciencias, estaba en mitad. "De todos modos, seguro que eres tan buena persona que no te importaría dejarme los apuntes si algún día me pongo mala de repente y no puedo venir a clase, ¿verdad?" Miró a Elsa ojitos de cordero degollado esperando que diera su brazo a torcer, pero la rubia no parecía muy convencida.

"Si por enfermar te refieres pasar la tarde en la cama de Flynn intentando tener hijos, lo siento pero no vas a ver apuntes." En el fondo sabía de sobra que no le importaría pasarle sus apuntes, era su amiga al fin y al cabo, pero le gustaba no ser tan fácil. Rapunzel, por su parte, lo único que pudo agregar es que de hijos nada, demasiado joven era para pensar en ello. Bueno, es dos años más pequeña que yo, ella sí lleva al día la carrera. Creo. Si no me equivoco, Flynn sí tiene 21 como yo y ella tiene 19. Se imaginó a ella misma embarazada y le entraron náuseas sólo de pensarlo.

Después de las tres horas de clase, recibió una llamada de Rapunzel, que se las había saltado para irse con su novio. "Elsa, ¿has salido ya de clase? Estamos en el piso de Mérida, ¿te acuerdas de ella?" Le respondió que sí mientras andaba por el campus. " Pues estamos en su piso, que como no es de aquí vive sola, vente y nos echamos unas cervezas."

Pero si apenas son las 7. "¿No es muy temprano para beber cerveza? Además, me da vergüenza, que apenas la conozco." En verdad le apetecía ir, no era una persona muy sociable pero siempre le había hecho ilusión conocer la vida universitaria, sobretodo las fiestas. Aunque dudo que esto termine siendo una fiesta, pero bueno.

"Deja de poner excusas, te envío la dirección por el móvil, ahora nos vemos." Colgó la llamada y fue a mirar la dirección del piso. No tenía ni idea de dónde estaba pero como le daba vergüenza preguntar, lo buscó en internet. En apenas 15 minutos estaba llamando al timbre, estaba sorprendentemente cerca de la Universidad.

La recibió Mérida, la saludó y entró al piso. No era el más grande del mundo, pero tenía una decoración increíble y era muy acogedor. Se notaba que la muchacha era de artes. Cuando llegaron al salón, estaban todos sentados en el sofá. Saludó en general con la mano y se dejó llevar por Mérida alrededor de la casa mientras se la enseñaba. Dejó la mochila y la chaqueta en su dormitorio y salió con los demás. Rapunzel le hizo un gesto con la mano para que se acercara, así que se sentó a su lado. Antes de que se diera cuenta, tenía el mando de una consola en las manos. "Si no recuerdo mal, dijiste que te gustaban los videojuegos, ¿no? Vamos a echar un torneo. El que quede último de entre nosotros en una partida se tendrá que beber una cerveza." Miró la pantalla y vio que era el Mario Kart, por lo cual aceptó entrar en la competición. Este juego es muy del 2007, se me hace raro jugar ahora. Me esperaba que hubieran sacado un shooter de mierda.

Fueron jugando de cuatro en cuatro, Elsa quedando primera en todas las carreras. Empezó a pensar que los demás no estaban jugando bien a propósito con tal de beberse una cerveza. Sin embargo, al fin Mérida había terminado de preparar unos aperitivos y los sacó, dándole también una cerveza a Elsa y sentándose a su lado. "Ve preparándote, rubita, que voy a ganarte y te vas a beber esto." Se escuchó un uhhhhhhh por toda la sala, alentando a las dos chicas a jugar juntas. Esta vez estaban solas en la carrera, sin contar al resto de personajes, controlados por la máquina.

Elsa, que era muy competitiva, aceptó el desafío sin pensarlo dos veces. Sin embargo, después de una larga carrera, Elsa quedó segunda. Joder he quedado fatal. Mérida abrió la lata de cerveza y se la entregó a la rubia con una gran sonrisa en la boca. "Esto es tuyo. No te enfades, es que no eres la única a la que le gustan los videojuegos." Elsa le pegó un buen trago y tras dejar la bebida en la mesa de café que tenían delante, le pidió la revancha. Y volvió a perder. Ya tenía dos cervezas delante de ella, la pelirroja se había molestado en levantarse e ir a por ella por tal de ver cómo la rubia se irritaba más y más. Por suerte, a la tercera ronda Elsa ganó, y a la cuarta, pero a la quinta no. Llegó un punto donde, después de unas cuantas latas de cerveza, dejaron de beber y se concentraron en jugar. Los demás ni siquiera les prestaban atención, estaban a su rollo.

Después de unas horas, y estando todos un poco achispados por la cerveza, la anfitriona les invitó a quedarse a cenar. Elsa estaba mucho más extrovertida después de haber bebido, de manera que se animó y les mandó un mensaje a sus padres y a su hermana. Para compensar el "enfado" durante el juego, ayudó a Mérida a preparar la cena, para mostrarle que quería sacar una bandera blanca de la paz. Siguieron hablando mientras de videojuegos y vieron que tenían varios en común, así que acordaron en agregarse mutuamente y echar algunas partidas juntas.

Elsa sabía que debería de dejar de beber pero siempre había querido experimentar lo que estaba viviendo en ese mismo momento. Era una tontería, ella misma lo sabía, no estaban haciendo nada especial. Sin embargo, se sentía muy bien. Acogida. No conocía a casi nadie de las personas que estaban allí, pero todos la habían tratado con amabilidad. La misma anfitriona de la casa había estado hablando con ella toda la tarde. Nunca había tenido la oportunidad de tener muchos amigos y pasar tiempo con ellos. Podría acostumbrarme a esto.

Cuando quiso darse cuenta, eran las doce de la noche pasadas. No había autobuses tan tarde y no había avisado a sus padres sobre dormir fuera. "Oye Punz cómo vais a volver a vuestras casas Flynn y tú?" Tenía esperanza de poder pillar un viaje en coche de vuelta, sabía que Rapunzel conducía y hacía unas cuantas horas que se había tomado su última cerveza.

"Nos vamos a quedar a dormir, hemos venido andando desde la Universidad y no tenemos coche." La chica vio la cara de decepción en la rubia y se sintió mal por ella. "Oye, pregúntale a Mérida a ver si puedes quedarte también, hoy sus compañeros de piso no duermen aquí y hay más camas libres."

No le disgustó la idea, pero preferiría dormir en su casa. Sacó el móvil sin saber si contactar a su padre o a su hermana. Se decantó por la pequeña, no quería enfadar a su padre y estaba segura de que se lo podría compensar a la pelirroja de algún modo.

"Anna, ¿estás despierta?" A los pocos segundos, le respondió al mensaje.

"Claro, ¿qué pasa?"

"Estoy en el piso de una amiga, pero no me había dado cuenta de la hora y no tengo viaje de vuelta a casa. ¿Sería demasiado pedirte el favor de que me recogieras con la moto?" A medida que escribía el mensaje se iba sintiendo peor. Debería de haber previsto la situación y haberles dicho a sus padres que iba a dormir fuera. Anna no respondía y se empezó a preocupar. ¿Me está ignorando?

"Ya estoy lista, dime la dirección." Suspiró del alivio y se la escribió, esperando que conociese la calle. No recibió otro mensaje así que supuso que no iba a haber problema.

Aunque la ciudad no fuese muy grande, Anna iba a tener que conducir durante un rato hasta que llegase al piso de Mérida. La hermana mayor no quería hacerla esperar, por lo que fue a ponerse la chaqueta, su mochila y se despidió de todos. Mérida la acompañó a la puerta, la abrió y le dio un abrazo para despedirse, a lo que Elsa no supo reaccionar muy bien por no ser tan cariñosa. "Es una pena que no puedas quedarte. Mi piso está abierto para ti, cuando quieras vuelves y nos volvemos a picar a cualquier juego."

Al pisar la acera de la calle, notó que ya estaba empezando a hacer bastante frío. Era mediados de octubre, así que era normal. Esperaba que Anna se hubiese abrigado, aunque su moto no pudiera ir muy rápido seguro que pasaba mucho frío en ella. Se llevó las manos a los bolsillos de la chaqueta para mantenerlas calientes. Al cabo del rato, llegó la pelirroja y aparcó justo delante de su hermana mayor. Lo único que le decía era "lo siento lo siento lo siento" a lo que la pelirroja la mandó a callar, diciéndole que se pusiera el casco y se subiera. Esta vez Elsa se abrazó completamente a su hermana, su chaqueta no abrigaba mucho y se estaba congelando.

Cuando llegaron a casa, Elsa saludó a sus padres y subió a la habitación de Anna. "¿Has bebido?" La pelirroja se dedicó a reírse de su hermana mientras veía que intentaba quitarse los pantalones y perdía el equilibrio.

"Pueeeede ser. Pero sólo cerveza." Se cambió muy rápido y se metió bajo las sábanas, aunque en la cama de Anna. "Tengo mucho frío, duerme conmigo por favor." Le hizo un puchero a su hermana pequeña, la cual se quedó de pie pensando en si dormir con ella o no. Le resultaba muy cómica la actitud de Elsa. Ojalá estuviera siempre medio borracha. En verdad no le importaba dormir juntas, también había pasado frío en la moto. Aprovechando que la rubia se había dado la vuelta y estaba mirando a la pared, se cambió también allí en medio, un poco abochornada. Al entrar a la cama, Elsa se giró de nuevo y se quedó mirando a la pelirroja. "Muchas gracias por recogerme, de verdad. Te lo recompensaré cuándo y cómo quieras." Le puso la mano sobre la cintura y cerró los ojos.

Anna sin embargo estaba más inquieta, y si no hubiera sido su hermana, juraría que esa última frase había sonado sexual. Le daba vergüenza abrazarla en la cama ya que ni quisieran lo hacían mucho normalmente. Le dio varias vueltas pero al final se acercó más a ella y la abrazó también. Me siento como si tuviéramos 10 años. "No seas tonta, no me ha importado recogerte, sabes que haría cualquier cosa por ti." Le dio corte decir esto último, así que alzó la cabeza para mirar a su hermana a los ojos, aunque los seguía teniendo cerrados. "Pero... sí que voy a pensar algo para que me lo compenses." Se quedó esperando algún tipo de respuesta, pero no llegó. "Te has dormido, ¿verdad?"

Tampoco le respondió, por lo que volvió a su posición, con la cabeza en el pecho de su hermana y abrazada a ella. Mañana seguro que le da toda la vergüenza del mundo cuando se despierte y nos vea abrazadas.


¡Buenas! Pensaba que no iba a tener mucho feedback al principio, pero habéis dejado hasta reviews y estoy muy feliz. Me alegro de que os esté gustando la historia tanto como a mí escribirla. Muchas gracias por leerme, si tenéis alguna queja, duda o sugerencia, ¡ya sabéis!