No se extrañó cuando se despertó y vio a su hermana pequeña entre sus brazos. Tampoco se extrañó cuando extendió el brazo que tenía libre hasta la estantería que estaba encima de la cama para coger su móvil y ver que era más temprano de lo normal. No estaba acostumbrada a dormir con alguien, por mucho que le hubiera gustado dormir algo más parecía que su incomodidad no la iba a dejar.
No podía verse a sí misma pero sabía que tenía algo de color en las mejillas. Era extraño que estuvieran durmiendo juntas, sin duda. Por muy hermanas que fueran, era demasiado íntimo ya que no tenían complicidad entre ellas; habían pasado demasiado poco tiempo juntas. Elsa estaba empezando a pensar demasiado en ello y poco a poco le estaba empezando a parecer más extraña la situación, pero al notar el aliento de la pequeña en su cuello le hizo volver a la realidad y le dio más vergüenza aún: tenía el cuello sensible. Anna estaba acurrucada en él mientras la abrazaba. Movió su mano hacia la cara de la pequeña para hacerle una caricia, en verdad le parecía muy tierno que la noche anterior accediera a dormir con ella por culpa del frío. Anna era tierna, en general, una persona muy dulce; de pequeña lo era más, Elsa se acordaba muy bien de cómo era su hermana de pequeña, pero era por culpa de la inocencia. Ahora sabía de sobra que Anna no era nada inocente, y menos a los diecisiete.
Apenas habían pasado cinco minutos cuando se deslizó fuera de la cama intentando no molestar mucho a la pelirroja, se puso las zapatillas y bajó al salón para estar un rato con el ordenador. Se acordó de la tarde anterior y le envió una petición de amistad a Mérida en diferentes juegos.
Cuando Anna se despertó era algo más tarde pero aún seguían sus padres durmiendo. Normalmente ya se habría ido a clase y faltaría poco para que sus padres se fueran a trabajar, pero era fin de semana. Cuándo bajó las escaleras se encontró a su hermana con un descafeinado en la mano y el portátil en sus piernas. La saludó brevemente y no se sentó a su lado hasta que se echó su propio café (aunque este sí tenía cafeína).
Subiendo las piernas al sofá y cruzándolas, comenzó a hablarle a la mayor. "Me debes una película y hacer lo que yo quiera, cuando quiera" esta última parte la dijo con un intento fallido de poner la voz sensual, acompañado de un guiño de ojo. Sin embargo, hizo el efecto deseado en Elsa, que apartó su mirada del ordenador y la fijó en Anna, ojiplática.
"¿Cómo?" Tragó saliva, descartando que pudiera haber ni una pizca de inocencia en su hermana.
"Fuiste tú la que quisiste ligar conmigo anoche, te ofreciste tú misma diciéndome esas palabras exactas"
Elsa esta vez tardó un poco en reaccionar pero decidió seguirle el juego, alzando una ceja para acompañar la pregunta. "¿Y qué harías si estuviera ligando contigo de verdad?"
No se esperaba esa respuesta, al ver la sonrisa de satisfacción de la rubia sabía que lo que le estaba diciendo era una broma, pero el pensar en ligar con alguna chica le ponía nerviosa. "Me lo creería, das esa sensación de estar enferma y hueles a homosexualidad a kilómetros" Anna era demasiado cabezona como para dejar que su hermana ganara este pulso.
Elsa sin embargo se quedó mirando a Anna con un gesto extraño, como si estuviera pensativa, esperando unos segundos más a dar su contestación. "Pensaba que los heteros no tenían gaydar."
Ahora sí se había quedado sin respuesta. El corazón le latía mil. Era la primera vez que hablaba del tema con alguien; como mucho había comentado con sus amigas el nombre de cualquiera que hubiera salido del armario en el instituto, aunque no eran muchos. Apenas sabía nada de su sexualidad, no podía explicársela a otra persona tan pronto. Lo único que hizo fue reírse para intentar darle tiempo a su cerebro a pensar una respuesta. Joder ya podrían estar bajando papá y mamá por las escaleras y sacarme de esta. Pero no lo hicieron. Bebió café y fingió quemarse para huir a la cocina a beber agua y calmarse un poco. Sabía de sobra que había sido demasiado extraño y no había funcionado, pero necesitaba salir de ahí. Elsa podía verla así que bebió agua y subió al baño. Intentó tranquilizarse.
Por otra parte Elsa ni siquiera se preocupó por su hermana; ni por la quemadura ni por la situación tan extraña. Simplemente volvió a su ordenador, ajena a la situación y a los pensamientos de la pequeña. Sin embargo, le rondaba un pensamiento que se le acababa de pasar por la cabeza. Creo que acabo de perder una oportunidad bastante buena para salir del armario con Anna.
Elsa sabía desde muy pequeña que hetero no era. No tuvo ni que pensarlo mucho, simplemente aceptó la idea y pasó a segundo plano. Cuando entró en la adolescencia la curiosidad le hizo empezar a querer conocer más el tema, las etiquetas, tanto tiempo libre en el hospital le permitió entrar en el mundo LGBT. A estas alturas Elsa volvió a dejar de lado su sexualidad, se había acostumbrado a ella. Debería de contárselo también a los de clase.
El sábado pasó sin mucha interacción entre las chicas. Anna seguía preocupada por si su hermana la estaba juzgando tras la conversación de por la mañana, nada más lejos de la realidad. Al ver que la pelirroja se estaba pasando el día estudiando, Elsa no quiso molestarla y apenas pasó tiempo en su habitación. Sus padres se habían ido después de comer a hacer unos recados, dejando a las niñas solas. La mayor tenía el salón libre así que se pasó las horas jugando con Mérida.
La pequeña podía escuchar las risas desde su habitación, estaban hablando a la vez que jugaban y no la dejaban concentrarse. Tampoco le había cundido mucho el estudio, su cabeza volvía a pensar en lo mismo todo el rato. Elsa no parece una persona con muchos prejuicios, creo que le va a dar igual quién me pueda gustar pero me daba miedo que al haber estado tanto tiempo en un hospital no tenga ni idea de nada y bueno no sé parece ingenua, ¿y si alguien le comió la cabeza? No creo, no parece tan fácilmente influenciable. De todos modos... Ni siquiera ella misma quería aguantarse el monólogo interno, así que se levantó y bajó a hablar con su hermana.
Se quedó en la puerta mirándola fijamente mientras intentaba mantener su respiración lenta y profunda, para no volver a ponerse nerviosa. Al cabo de un rato prácticamente eterno para la pequeña, Elsa se desconcentró de su partida y miró a su hermana. "Anna, no te había escuchado llegar, perdona" Siguió jugando pero habiendo desconectado el micro, para que Mérida no pudiera escuchar su conversación.
"No pasa nada. ¿Estás ocupada? Me gustaría que hiciéramos algo. ¿Sabes en qué fechas estamos?" Le salió todo muy rápido de la boca, ni siquiera respiró hasta que terminó de decirlo.
Elsa tenía el ceño fruncido, parecía estar en un momento de tensión en el juego. Cuando quedó satisfecha, volvió a dirigirse a Anna. "No estoy haciendo nada, vamos a terminar ya la partida. Y no sé, estamos... ¿a finales de octubre?"
Lo único que se escuchaba entre contestación y contestación era el rápido tecleo de la rubia. "La semana que viene es Halloween, ¡tenemos que decorar la casa!" La pelirroja se sentía ya más cómoda. "Así que ve terminando y venga, a vestirte. Este año quiero preparar todo contigo."
Elsa estaba acostumbrada a los adornos de calabazas y murciélagos, siempre que se acercaba alguna fecha importante o celebración se decoraba el hospital entero. Originariamente no era una celebración típica de su país pero desde hacía unos años se había ido introduciendo y ya habían tomado la costumbre de festejarlo.
"Dame dos minutos." Tardó un poco más en terminar la partida y despedirse de su amiga, pero se vistió rápidamente y fueron al centro comercial de la ciudad. Como iban a volver cargadas de bolsas, decidieron ir en autobús.
Después de unas paradas y de Anna estar todo el rato hablando sobre música, Elsa reconoció a Rapunzel subiendo al autobús. Después de pagar y avanzar un poco, se miraron y sonrieron mutuamente.
"Elsa, no esperaba verte aquí, ¿llegaste bien a casa después de lo de anoche?" Como se habían saludado desde lejos, no hubo más interacción entre ellas cuando Rapunzel se acercó.
"Sí, Anna me hizo el favor de venir a por mí." Señaló a su hermana. "Y bueno, os presento; esta es Anna, mi hermana pequeña, y esta es Punz mi amiga de clase."
La pelirroja se acercó a darle dos besos como saludo. "¡Encantada! Y De favor nada, me tiene esclavizada." Esto último se lo dijo susurrando, pero con intención de que su hermana la escuchara. Esta la miró con cara de pánico, sintiéndose culpable. Antes de que pudiera abrir la boca para excusarse, Anna se rió y le quitó importancia. "Era broma, tonta. Haría cualquier favor que me pidieras."
Rapunzel las interrumpió después de sentarse en el asiento de al lado, para poder seguir hablando con la pareja. "He tomado una decisión: Anna, vas a pasar a ser ahora mi hermana, eso último que has dicho ha sido adorable." Se le subieron los colores a las pecas de las mejillas al escuchar esto, no solía relacionarse con gente mayor que ella, aunque Rapunzel le sacaba solamente dos años.
Elsa negó con la cabeza. "Lo siento, es mía. Y que no te engañe, está intentando compensármelo por todos estos años." Al escuchar esto, Anna tenía un conflicto de sentimientos. No sabía si estar avergonzada por la primera frase que había dicho o si entristecerse por la segunda. Terminó sintiendo dolor. Fue un golpe seco en el pecho, no se lo esperaba. Se quedó en silencio, cabizbaja. Ni siquiera pudo disculparse.
Por otro lado, la rubia se dio cuenta de lo que había dicho cuando era demasiado tarde. No se atrevió a mirar a la pequeña, que estaba a su derecha. Rapunzel, por su parte, le hizo un gesto de comprensión a Elsa. Le había contado toda la historia con su familia y lo desplazada que la habían hechos sentirse. Antes de que se volviera aún peor la situación, Rapunzel sacó un nuevo tema de conversación, en el que sólo participó Elsa hasta que llegaron al centro comercial.
Una vez que entraron, decidieron no separarse y hacer todas las compras juntas. Primero fueron a por lo que quería Rapunzel, un regalo para su novio Flynn. No tardaron mucho en encontrarlo ya que tenía decidido qué comprarle antes de bajar, así que rápidamente fueron a por la decoración. La sección de Halloween estaba a la vista y destacaba mucho, no necesitaron buscarla. Elsa pudo ver cómo empezaban a iluminarse los ojos de su hermana y suspiró aliviada. Anna se animó en cuanto se vio rodeada de objetos naranjas y negros. Parece que tiene diez años, concluyó la rubia viéndola ir de un lugar a otro examinando todo con una sonrisa en la boca.
"No tenemos mucho presupuesto, así que escoge bien". Anna asintió y comenzó a elegir los adornos que más le gustaban. La única ayuda que le proporcionaba Elsa era la de desechar los que no le gustaban a ella. Después de menos tiempo de lo esperado, la pequeña estaba satisfecha con lo que había escogido, así que se fueron a pagarlo.
En el camino de vuelta, ya subidas en el autobús, el ambiente estaba bastante mejor que en la ida. "Y bueno, ¿tenéis pensado algo para Halloween o vais a decorar la casa por diversión?"
Las hermanas se encogieron de hombros pero Anna fue la primera en responder. "Si diéramos una fiesta en casa, nuestros padres nos matarían." Elsa le dio la razón mientras se reía.
"Genial entonces, porque voy a dar la mejor fiesta del año en mi casa. Espero que vengáis, las dos." Anna no pudo contener la emoción, cogió las manos de Rapunzel, que estaba dos asientos a su izquierda, y comenzó a darle las gracias efusivamente.
Elsa, que estaba entre las dos, pensó en si aceptar o no la oferta. Realmente no tenía otra opción después de ver la ilusión que le había hecho a su hermana. Cuando Anna se relajó un poco y siguió hablando de la fiesta con Rapunzel, decidió unirse a la conversación. "Pero..."
Rapunzel la cortó. "Ni pero ni nada, tenéis que venir. Y os quedáis a dormir, que no se puede conducir borracho." Dijo mientras señalaba a la pelirroja.
"Anna no va a beber, es menor. De todos modos, no te voy a negar que lo de dormir allí nos viene bien." La pequeña le dio un pequeño golpe en el brazo, cosa que hizo que se girase a mirarla con el ceño fruncido.
Antes de que pudiera hablar, su amiga lo hizo primero, leyéndole el pensamiento. "Tiene diecisiete, ya es mayorcita para beber, le falta menos de un año para ser mayor de edad. Además, va a terminar haciendo lo que le de la gana, por mucho que le prohíbas." Rapunzel terminó con una sonrisa malvada y una cara triunfante de Anna.
Elsa prefirió no seguir hablando, se encargaría ella misma de evitar que emborrachasen a su hermana. Además, sería la más pequeña de toda la fiesta, no quería que se aprovechase nadie de ella. A lo mejor no es tan buena idea esto de la fiesta. Tampoco quiero estar detrás de ella toda la noche, es verdad que es responsable pero hay mucho estúpido suelto. Miró a Anna, deliberando de nuevo la oferta. Estaba radiando felicidad, le asombraba cómo una pequeña noticia buena podía ponerle de tan buen humor. Qué adorable, así no puedo decirle que no.
¡Hola! Al fin otro capítulo, un poco más corto esta vez. Necesitaba dejarlo aquí para poder ir avanzando y no ir muy lenta con la historia. También me gustaría aclarar que está basado en España, que es de dónde soy yo; lo digo por eso de ser la mayoría de edad a los 18 pero poder conducir una moto pequeña desde más joven, etc. Muchas gracias por leerme y tener paciencia, espero que os esté gustando.
