Un leve sonrojamiento cubrió sus mejillas, al notar que llevaba demasiado tiempo, contemplando en silencio a su "mejor amigo" el cual seguía caminando, a un, por la calle principal, sin todavía notar que su "mejor amigo" hacia minutos estaba estático admirando su cuerpo.

Stan sonrió al poder contemplar detalladamente su cabello pelirrojo rebelde, las pequeñas pecas que adornaban su perfecto rostro, o el color verde brillante que iluminaba el mundo desde sus ojos.

¿Acaso existía algo más bello que Kyle Broflovski? Era la duda que venía persiguiéndolo, desde que tuvo conciencia de que simplemente no podía mirar a su mejor amigo, con otros ojos que no fueran, los de un chico, completa y estúpidamente enamorado.

Levanto su mano, indicándole donde estaba, ante las miradas algo nerviosas del joven judío, mientras caminaba de nuevo a su encuentro, adoraba ver esa tímida sonrisa que alumbraba su rostro, mientras su corazón latía desbocado, al notar que traía una de las playeras que hace un tiempo le regalara de cumpleaños.

Observo complacido, como se sonrojaba al tomarlo de la mano, porque no importaba cuanto tiempo llevaran conociendo, y hasta ahora se daba cuanta, de lo que en verdad quería hacer, sonrió como un gatito juguetón, mientras arrinconaba al pelirrojo, contra la fachada de una de las tiendas de la calle principal de ese miserable pueblito montañés, su sonrisa se ensancho, al notar como el aire escapaba del cuerpo de su "mejor amigo" de dos agiles movimientos, atrapo esos dulces labios, con los que tanto había soñado.

Y lo demás, bueno lo demás lo dejaba a la suerte, aun que estaba agradecido de que su"mejor amigo" no le estuviera partiendo las bolas.