Capítulo 1
El sol se estaba ocultando en el horizonte y sus últimos rayos permitían a las sombras extenderse al punto que se empezaban a mezclar con la oscuridad de la noche. Era casi poético, pensó Rey mientras bebía una taza de té sentada en el pasillo del templo.
—Señorita Rey —Nicolás abrió una puerta de papel y dió una pequeña reverencia a la sacerdotisa antes de dar su mensaje —En el teléfono está Darién, el novio de Serena, ¿gusta que le dé un recado o prefiere hablar con él?
Al decir el nombre del otro muchacho, la voz de Nicolás casi había parecido venenosa, como si Darién lo hubiera ofendido alguna vez en su vida. Mina más de una vez había comentado en los celos del ayudante del templo, sentimientos que hubieran agradado más a Rey si no fuera por la falta de valor de Nicolás.
Dos años y él nunca se había arriesgado a invitar a Rey a tomar siquiera un cafe y ella se había prohibido dar el primer paso pues cuando Nicolás la invitará sería un signo de madurez y crecimiento. Mientras tanto, los celos hacía Darién eran muy irritantes.
—Ire a hablar con él —Rey se coloco de pie, su taza olvidada en el suelo —Ah, y Nicolás, limpia aqui y el patio.
Nicolás aceptó el trabajo sin dudar, casi con alegria por ser requerido por ella. Eso era algo que definitivamente le gustaba a Rey.
Fue a contestar el teléfono de la sala, dispuesta a hablar con Darién sobre lo que sea que hubiera pasado con Serena, pues no podría haber otro motivo para que él le hablara por teléfono a esa hora de la tarde, pues los dos no eran precisamente amigos.
Era algo triste, aunque Darien era un hombre cortés y amable, siempre había sido la clase de persona que rara vez buscaba contacto humano por su propia voluntad. Ella tenía teorías al respecto del porque de su personalidad tan cerrada, pero prefería guardarlas en caso de estar equivocada.
—Rey aquí — dijo tras contestar el teléfono, mirando por la ventana los últimos vestigios del sol.
—Soy Darién.
—¿Qué paso? ¿Ahora que hiciste? — Rey recordaba que la última vez que Darién había usado un tono tan lleno de duda fue cuando él había "olvidado" el cumpleaños de Serena.
—No sé, ¿ella no les ha dicho nada? — su voz empezó a escucharse mas triste tras cada sílaba —¿Nada? ¿Segura?
—¿Esta todo bien?
—¡Sí! — la mentira fue dicha con tanta desesperación que de haber sido otra clase de mujer, la sacerdotisa lo hubiera dejado en paz para no incomodar.
—¿Que hiciste? ¿La hiciste llorar? ¿Olvidaste algún aniversario?
—No, no es nada ¡Olvídalo!— pudo escucharlo golpear algo pequeño de metal contra la mesa repetidas veces mientras hablaba pero antes de comentar sobre el sonido, Darién se despidió —Gracias, Rey. Nos vemos.
Ella observó el teléfono antes de colgarlo. La brisa de la noche acarició su cabello negro y su piel se erizó de la nada. Algo estaba mal, podia sentirlo en su estómago. Colgó el teléfono y fue a hacer lecturas en el fuego sagrado, esperando encontrar la respuesta en sus llamas.
Amy salio de la regadera en cuanto escuchó el bip de su mini computadora. Tras mucho esfuerzo había conseguido que monitoreara la red eléctrica de la ciudad, parecía no ser mucho, pero las fluctuaciones irregulares en la electricidad eran una enorme señal de dónde había aparecido un enemigo.
Aun con agua escurriendo por su cabello, revisó el pequeño monitor. El lugar no estaba lejos, unos cinco minutos a pie, y a esas horas de la noche estaba cerrado así que no había riesgos de víctimas. Sin dudarlo, envió las cordenadas al resto de las scouts y se transformó en Sailor Mercury.
En unos minutos, estaba dentro de una pequeña plaza comercial. La luz de fuera del complejo parpadeaba de vez en cuando, regando el pasillo con colores naranja solo para perderlo unos segundos después.
El posible enemigo debía seguir cerca, pero el visor de Sailor Mercury no detectaba ninguna presencia cercana aunque seguia buscando una huella por los alrededores, por lo que la Sailor comenzó a avanzar hacía el centro de la plaza, lo cual significaba alejarse de las entradas y salidas.
Sus pasos eran ligeros sobre el suelo, por eso, cuando su pie izquierdo golpeó contra un objeto el sonido vibrante la asustó y soltó un pequeño chillido entre sus dientes. Por suerte no había nadie.
Buscó el objeto que había pateado por accidente, y encontró lo que parecía ser un guardapelos negro. Sus dedos recorrieron las elevaciones, los pequeños relieves que dibujaban un reloj de arena eran bastante inocentes y no sentía ningún tipo de energía proveniente del objeto. Tampoco lo hacía su computadora.
—Alguien debió haberlo olvidado en la tarde— se dijo así misma y observó de un lado a otro, como si el dueño fuera a aparecer desde las sombras de una maceta, sin embargo, la tranquilidad permaneció imperturbable.
Finalmente, su escáner dejó de sentir los remanentes de la energía anómala y la joven chica decidió que tendría que esperar a la siguiente perturbación y dejar a su computadora contrastar la lectura anterior contra la base de datos.
Envió un mensaje a las demás de que no había encontrado nada y que al dia siguiente hablaría con ellas.
Amy volvió a su casa y dejó correr el programa mientras revisaba su agenda en búsqueda de un número. Cada página que volteaba la hacía sentirse mas nerviosa, e incluso llegar al nombre no calmo el latir de su corazón.
Tomó el teléfono y marcó, intentando calmar su respiración. Después de lo de Galaxia, Amy se sentía más nerviosa, no recordaba mucho de su tiempo como semilla estelar, pero aún asi, el hecho es que podia recordar algo similar a hundirse en el agua la angustiaba.
—¡Bueno! —Darién contestó emocionado al primer timbre del teléfono y Amy volvió a respirar.
Los últimos enemigos parecían tener como objetivo al novio de Sailor Moon, por eso era él al primero que ella llamó. Tenía que cerciorarse que estaba vivo y que no era víctima de alguna nueva energía maligna.
Lo segundo era mas difícil de descubrir, aunque por su tono podia detectar que algo era distinto. Nunca había sonado tan feliz al contestar una llamada.
—Buenas noches, Darién. Soy yo Amy — ella comenzó y pudo escuchar como el inhalaba profundamente —¿Esta todo bien?
—No se, ¿qué dijo Serena?
—¿Pasó algo con Serena? —Amy observó el intercomunicador y sin despegar su oído del teléfono, envió un mensaje a las chicas pidiendo que reportarán su estado actual. Todas habían contestado unos minutos atrás, pero quizá Darién había detectado algo en ese breve lapso.
—¿No dijo nada? — Darién volvió a preguntar casi en un suspiro, pero después recuperó su voz —Seguramente no fue nada ¿Me ocupabas para algo?
—Hubo unas lecturas raras de energía, así que te llame para que no bajes la guardia.
Varios mensajes llegaron al intercomunicador haciendo distintos ruidos, pero del otro lado de la línea de Darién había un aterrador silencio, incluso la respiración de Darién parecía haberse desvanecido.
—No—Darién volvió a hablar, como si no se hubiera mantenido callado por al menos quince segundos, su voz contestado una pregunta que Amy no había hecho — No, no ví a nadie, ¿segura que viste a alguien más?
Amy sintió el terror volver a ella.
—Darién, ¿con quién estás hablando? ¿hay alguien más en tu departamento?— preguntó mientras tecleaba un mensaje a Mina en dónde informaba que algo estaba mal con Darién y necesitaban ir a verlo con urgencia.
—Estoy hablando contigo, ¿esta todo bien? — él preguntó confundido y era obvio que las palabras de Amy lo habían alterado más.
—Me gustaría hablar contigo cara a cara —Amy comenzó a jugar con el cordón del teléfono para distraerse —¿Estaría bien que Mina y yo fuéramos a tu departamento en este momento?
—No —Darién constestó fríamente y colgó.
Pese a los deseos de Darién, Mina y Amy sí consiguieron entrar al departamento de él y ver que estaba en una sola pieza y, aunque claramente malhumorado les había ofrecido té, no había rastros de que su estado mental estuviera comprometido de nuevo.
Aún asi, tras lo de Galaxia y Nehellenia lo mejor era actuar con cautela, por lo que Mina lo había comenzado a cuestionar sobre diferentes tópicos, que iban desde dónde había estudiado a nombrar a todos los villanos de su vida o cosas mundanas que un hipnotizado no podría contestar.
—¿Comida favorita?
—No tengo. Si ya terminaron con su "inspección" ,—Darién señaló hacia la puerta — largo.
Mina sacudió su cabeza, alzó su barbilla y miro a Darién como si él fuera más bajo que ella. Era una clásica pose de Mina satisfecha y Amy podía notar que el joven frente a ellas también había reparado en la actitud de Mina, por ello su respuesta era inflar su pecho y poner sus manos en sus caderas sin ceder terreno.
Una lucha de egos en la que no podría haber victoriosos.
—Mina, mi computadora no detecta nada — Amy sujetó el hombro de su compañera y después sonrió a Darién —Quizá haya un nuevo enemigo en la ciudad, solo estamos tomando precauciones.
La otra mujer parecía apunto de agregar algo más, pero Amy la jaló hacía ella para distraerla de cualquier palabra que estuviera apunto de decir, Darién mantuvo su cara de molestia a pesar de todo y de vez en cuando mordía el interior de su cachete izquierdo para evitar gritar.
Mina dejo sus hombros caer y por primera vez pareció darse cuenta de algo en Darién, porque abrió su boca y sus ojos adquirieron el brillo de la epifanía.
—Perdón Darién, Amy y yo ya nos vamos. Tenemos que ver que las demás estén bien — Mina comenzó a arrastrar a Amy hacia la salida, su sonrisa nerviosa y manos sudorosas la hacían parecer culpable pero Darién las dejo marchar sin hacer preguntas —¡Cuidate!
Ya lejos del departamento, la scout de Venus recobró el aliento, aunque sus pensamientos obviamente estaban sobre alguna pista que Amy había sido incapaz de detectar.
Antes de poder preguntar, la mini laptop de Mercury volvió a sonar dentro de la bolsa de Amy, su pequeño sonido perturbando el canto de los grillos y casi al mismo instante el cielo reventó con un enorme estallido.
Las alarmas de los carros y gritos de personas se oyeron en todas las direcciones, pero las dos jóvenes no les prestaron atención, sus ojos fijos en un asteroide rojo que se partía en pedazos a la distancia.
Antes de poder procesar lo ocurrido, alguien se dirigió a ellas.
—¡Amy! ¡Mina! — una mujer de cabello corto y vestida como hombre llegó corriendo a su lado —¿Vieron eso?
—Sí, ¿qué haces aquí Haruka? —Mina estaba decidida a no perder tiempo y fue directo a la interrogación sin preocuparse en saludar.
—Buscaba a Setsuna —la mayor contestó con una agradable sonrisa —¿Y ustedes?
—Hubo una extraña energía en un centro comercial y...—Amy no pudo continuar su explicación porque le parecía vergonzoso admitir que habían ido a verificar que Darién seguía vivo, por suerte la otra mujer no comentó sobre el silencio.
—¿Estará relacionado con eso? — Haruka preguntó señalando el último punto en donde se había podido ver el meteorito, pero Amy solo alzó los hombros en respuesta —En cualquier caso, Michiru y yo iremos a investigar.
La mujer se despidió y volvio por donde había llegado, dejando atrás a dos jóvenes confundidas por todos los eventos del día.
Serena miró a través de la ventana, su padre había tenido que salir fuera de la casa para apagar la alarma del carro y la escena era ligeramente cómica con él en pijamas quejándose por despertar a tales horas de la noche.
La joven recargó su cachete en el vidrio y dejó a su mente vagar a los recuerdos de la tarde. A Darién sorprendido por todo, con sus brillantes ojos azules llenos de confusión y la rigidez del resto de sus facciones mientras ella rompía con él.
Una vez, años atrás, Serena había estado en el lugar de Darién. Incapaz de entender qué estaba pasando, con su corazón roto e inventado excusas en su cabeza. Quizás Darién lo tomaría mejor y ya estaba compartiendo sus sueños con otra mientras comían una malteada de chocolate olvidando por completo su amor.
Llevó sin querer su mano derecha a su dedo anular izquierdo, buscando una joya que ella había abandonado en el suelo sin darle despedida alguna. Las lágrimas brotaron por sus ojos pero ella no se permitió dar sonido alguno.
Tenía que ser fuerte en su resolución.
—¿Aquí, en este planeta de cuarta, se encuentra el Cristal de Plata? — un hombre blanco como el marfil y con un largo cabello rojo preguntó mientras observaba el planeta azul desde una dimensión escondida en el espacio.
Estaba vestido con un elegante saco negro lleno de condecoraciones doradas, su pantalón igual de oscuro tenía líneas rojas bordadas a los lados e incluso sus botas altas compartían el mismo color.
—Sí, su majestad. Ya enviamos a un grupo de exploradores — una bella mujer igual de blanca y con cabello corto magenta contestó desde su posición incada en el suelo.
—Esto será fácil — él dijo con una sonrisa sin apartar sus ojos grises del planeta azul. Pronto, se dijo así mismo, tendría el mayor poder de la galaxia en sus manos.
Las buenas noticias es que de este fic si tengo un borrador. Las malas es que la próxima semana y todo marzo será una locura.
Gracias por leer.
