Capítulo 2

La mañana despertó con el sonido vibrante de un teléfono.

Serena abrió uno de sus ojos y miró por la ventana al cielo rojizo del amanecer. Luna, descansando a los pies de la joven, se estiró un poco, pero tampoco dió indicios de querer levantarse.

—Serena, hija — su madre abrió la puerta y caminó hacia la cama de Serena con pasos tan ligeros como sus palabras—Tu novio está al teléfono.

La adolescente tragó saliva al escuchar a su madre, Ikuko, hablar con tanta gentileza. No podía culparla, después de todo no había dicho a nadie que había roto con Darién, como si con su silencio pudiera cancelar la situación. Se fuerte, se recordó así misma mientras ocultaba su cara en su antebrazo.

—Darién y yo ya no somos novios — Serena susurró, casi ahogándose al decir esa corta oración —Dile...dile que me deje de molestar.

Su madre alzó una fina ceja antes de decidir acariciar la espalda de su hija. El calor de su mano lejos de reconfortar a Serena la hacía sentirse ansiosa, pero aún así, una parte de su cerebro reconocía el gesto como un símbolo de afecto y amor, por lo que no se alejó de su madre.

—¿Qué fue lo que pasó? — Ikuko preguntó mientras llevaba su amable mano a la cabeza de su hija —Por favor, dime.

—No funcionamos —Serena intentó hundirse en las sábanas, pues en en ellas quería esconder su dolor, y tras una larga exhalación sintió lágrimas recorrer sus cachetes y nariz. Las gotas cayeron sobre la cama en silencio.

—Ya veo, no te preocupes hija, seguro que todo se solucionará.

La joven llevó su propia mano a la de su madre, le dió un apretón y despues la soltó. Esa acción confundió a Ikuko y Serena aprovecho el silencio para acomodar sus ideas. Se recordó así misma todo lo ocurrido, y casi aún con el olor a muerte en sus labios, comenzó a hablar un guión que jamás había practicado.

—No es así, él ya no me gusta — Serena se sentó sobre sus piernas pero no volteó a ver a Ikuko, Luna se movió un poco pero se mantuvo al otro extremo de la cama, por lo que ninguna podía ver sus labios temblar— Estoy cansada de él. Siempre, lo amo y lo amo, y él...me cansé cansé mamá. Ya no lo soporto, ¡por favor!, ¡dile que me deje en paz!

Esta vez no pudo evitar el llanto y con una delicada mano tapó su boca para silenciar sus sollozos. Su madre le dió un fuerte abrazo, acarició su cachete con ternura y le dió un amable beso antes de bajar por las escaleras e ir a pedirle a Darién que dejará de molestar a su hija.

—¿Serena? — Luna saltó frente a ella y la observó con enormes ojos rojos.

—Por favor no, Luna — la joven gimió, despues cerró sus ojos y sintió que sus lágrimas ardían en su piel. El destino tenía algo contra ella sin lugar a dudas.


La cita con las chicas era hasta las cuatro, por ello Serena aun tenía varias horas para pensar en como dejarles claro a todos que no quería volver a ver a Darién. Especialmente a él.

Era una suerte de misión, algo que ella tenía que afrontar sola aunque su corazón estuviera roto. Pero podía conseguirlo. Romper su relación con su principe debía ser sencillo en comparación de enfrentar a Beryl cuando el cadáver de su amado era sepultado bajo rocas.

—¡No! —Serena sacudió su cabeza con fuerza para borrar la imagen de un inerte Darién y enfocó su vista en la libreta rosa en el escritorio — ¡Concentrate Serena!

Agarró la Pluma-P y recordó aquella vez que él había roto con ella y cada excusa que salió de labios que le juraron amor eterno.

Luna no estaba, así que Serena podía hablar en voz alta al respecto. Decían que hablar solo era un signo de locura, pero ella prefería creer que eso era solo en el caso de aquellos que no pudieran entender su propia voz y la considerarán desconocida.

—Bien, Serena — comenzó su monólogo en voz baja, su mano ya lista para escribir —Cuando él rompió conmigo, ¿qué excusas uso? Uno, que estaba harto de que nuestras vidas pasadas dictarán nuestra relación; dos, que yo era débil; tres, ya no me amaba; cuatro, una nueva novia; cinco...que si seguía con él yo moriría...

Una lágrima cayó sobre la hoja de papel y Serena sonrió amargamente. La opción cinco, terrible y honesta, tambien había hecho llorar a la joven años atrás, porque a pesar de lo que él decía, ella sabía dentro de su corazón que él la seguía amando.

—¿Serena? — su madre tocó la puerta y con cautela entró a la habitación, su cara era la imagen del cansancio — Darién está abajo, dice que sabe que estás aquí y quiere hablar contigo.

La muchacha limpió sus lágrimas con los nudillos de sus dedos y miró al papel rosa cómo si fuera su más nuevo enemigo. Pero las letras no desaparecieron.

—No quiero hablar con él.

—¿Te hizo algo malo? — su mamá tomó el hombro rígido de Serena y preguntó llena de preocupación, temiendo que él la hubiera lastimado.

—¡No! Él no...— ella detuvo sus palabras y apretó los ojos. Estaba confundida, herida, cansada y todo en la nueva situación la mareaba, sus ojos buscaron por inercia la foto de sus amigas y las Three Lights— Él, cuando se fue a América nunca me escribió ninguna carta.

—¡¿Qué?! ¿Por qué? ¿Te dió alguna explicación?

Serena tragó una bocanada de impotencia antes de negar con la cabeza.

—¿Estaba con otra mujer? —Ikuko preguntó de forma retórica, tomando el silencio de su hija como un sí —Lo voy a ir a correr en este instante.

La mujer se fue del cuarto, lista para mandar al ex de su hija por donde había venido tal mamá oso protegiendo a sus crías.

Serena comenzó a ahogarse en su sufrimiento, pero aún así, se forzó a escribir una carta donde cada palabra era pensada fríamente, algunas cosas eran sentimientos que ella había guardado por meses pero la mayoría eran una vuelca de las palabras de él. Escribió por largas horas, finalmente consiguió un buen borrador: corto, conciso y frío.

Darién, he estado pensando en nosotros. Cuando ocurrió lo de Galaxia, tras tu silencio yo comencé a sospechar de ti, muy poco pero lo hice. Y es que nosotros realmente no nos amamos, ¿verdad? Primero estuvimos juntos por el pasado y después por la promesa de Tokio de Cristal. Pero, ya no lo soporto más. Eres débil, siempre te están secuestrando para herirme, y tú te dejas. ¿es qué acaso te gusta? Luego te fuiste a América, debiste saber que eso me haría infeliz pero aún así lo hiciste. No te importo nuestro amor y yo, yo ya me cansé. Ya no te amo. Eres imposible de amar y lamento el día que nos conocimos. Aléjate de mi, ya no quiero verte o oírte o saber de ti. ¡Ya no más!

Serena leyó su último borrador con dientes apretados, lágrimas surcando sus mejillas y casi podía sentir su alma quebrarse. Las letras eran crueles y carecían de faltas de ortografía, pero aún así, se la daría a él en sus manos o la dejaria en la puerta de su departamento.

Su bipper comenzó a timbrar y ella recordó finalmente que tenía una cita con el resto de las scouts.


Rey fue la primera en hablar una vez que Serena llegó. No estaba molesta como otras veces y sus ojos violetas habían estado perdidos en un pensamiento por un largo rato, pero al estar todas ya reunidas se acomodó de nuevo en su puesto.

Las cinco Sailor Scouts estaban sentadas en la mesa, dos a cada lado y con Rey a la cabecera, listas para hablar de la nueva amenaza.

—Tuve la premonición de un enemigo — Rey dijo sencillamente, su piel erizada al recordar sus visiones — Un hombre con cabello muy largo y algo sobre un plan de corrupción de humanos. No pude obtener mas lecturas.

—Ayer, como les informe —Amy continuo dando su respectiva información—, hubo una energía en el centro comercial cerca a mi casa. Pero no pude encontrar pistas de algún enemigo o si está relacionado con el meteorito que estalló arriba de la ciudad. No he encontrado ninguna otra pista desde entonces. Lo siento.

—No hay de que disculparse —Lita dijo desde el otro extremo de la mesa. Su sonrisa era gentil y amable para aplacar la inseguridad de su amiga y logró calmar un poco la tension en Amy.

—Un nuevo enemigo — Mina colocó sus codos en la mesa antes de continuar hablando, sus cejas ceñidas en concentración—, últimamente hay muchos de ellos. Siempre triunfamos, pero aún así no hay que bajar la guardia, porque como dice el dicho "camarón que se duerme, despierta más temprano"

—Así no va el dicho.

Cuatro de las cinco chicas rieron un poco ante el mal refrán, lo que hizo sobresalir el carácter silencioso de Serena como un punto negro en papel blanco.

—No te preocupes Serena — Lita dijo con el mismo tono gentil que había usado con Amy— ¡Vamos a lograr vencer de nuevo! ¡No lo dudes!

—Sí, lo sé. Solo estoy cansada. Perdón chicas.

Rey abrazó a Serena por un lado y Mina por el otro, haciendo a su princesa un emparedado entre ellas. Ambas entendían que la joven estaba cargando con muchas presiones y después de tantas batallas, de haber visto la destrucción continua y ser ella la última mujer en pie, era normal que Serena fuera la más agotada tras enterarse del nuevo conflicto.

—Mejor cambiamos de tema por un rato — Mina dijo tras soltar el hombro de Serena y todas asintieron a la idea con sus cabezas.

Tras platicar de varios otros temas mundanos por espacio de media hora, Rey decidió que por su deber de amiga tenía que comentar sobre la llamada de Darién. No le parecía que fuera un tema merecedor de discreción así que lo llevó a la mesa sin reservas.

—Serena, ayer habló Darien, me preguntó si estabas molesta con él.

—¿Lo hizo? — Serena observó su pequeña taza de té y llevó una de sus manos al bolsillo de pantalón, desde el punto de vista de Rey, se podía ver el borde rosa de una hoja de papel —Mañana les digo. Tengo que irme, prometí a mamá llegar temprano.

—¡Yo te acompaño! —Mina se puso de pie al mismo tiempo que Serena y un segundo despues la sujetó del brazo mientras le guiñaba el ojo. Ambas salieron de la habitación y se fueron juntas.

—Eso fue raro —Amy atinó a decir y las otras dos admitieron que era verdad, aunque ninguna se aventuró a dar ninguna teoría.


Darién no sabía por qué motivo estaba corriendo por la mañana en el parque vestido en una camiseta elegante de vestir y unos buenos pantalones que reservaba para idas a los restaurantes.

Su mente le estaba jugando una mala broma, de otra forma no entendía porque había preparado ese atuendo para la cita con Serena de esa tarde. Excepto, que solo dos días atrás Serena había roto con él sin darle un buen motivo.

La mañana anterior, la madre de Serena había amenazado con llamar a la policía si lo volvía a ver por ahí y él había decidido encerrarse en su departamento el resto del día para pensar la situación.

Estaba confundido por la extraña actitud de la que aun consideraba su novia, y lo único que se le ocurrió fue que él había olvidado algo de nuevo y por eso ella estaba molesta con él. Aún así, como si ya lo hubiera hecho antes, alistó ropa para una cita que jamás había hecho.

—Darién — Serena lo detuvo en medio de su correr y él la vió ahí, parada junto a un letrero, usando un sencillo vestido azul largo que resaltaba sus hermosos ojos azules, parecía sonreír mientras lo miraba—¿Qué haces vestido así?

—¿Nuestro desayuno? — él contestó en trance. El recordaba que el día anterior se lo había propuesto y ella accedió. Típico de Serena, olvidar la hora de una cita, se dijo así mismo.

—¿Eh? Es hasta la tarde ¿Ya lo olvidaste? — Serena jaló su brazo con fuerza y lo llevó hacia ella. Parecía estar muy preocupada, su mano apretando con demasiado fuerza era casi dolorosa, pero lo más impactante es que sus ojos estaban vidriosos, ella le dió una última repasada a su apariencia antes de volver a hablar—Rompimos.

Serena liberó su brazo, se alejó rápido de él y Darién lo último que vio fue el borde de su falda rosa desaparecer en la vuelta de una esquina. Estaba confundido por todo lo ocurrido.

—¡Darién! ¿Estas bien? — un gato blanco saltó desde una barda de ladrillo y observó al humano de pies a cabeza — Si no hubiera sido por Serena ese carro te hubiera golpeado.

—¿Qué carro? — Darién observó las marcas de una llanta en la acera, e indistintamente recordó el sonido de los frenos de un carro unos segundos atrás. Aún así, desde niño, jamás le había gustado hablar de los problemas con su memoria y por ello decidió sacudir su cabeza y no comentar sobre ello —No pasó nada. Estoy bien.

—Ya veo — Artemis dió una vuelta a su alrededor y volvió a ponerse frente a Darién—¿Es cierto? ¿Rompiste con Serena?

—¿Cómo te enteraste? —el joven preguntó molesto. Habían pasado dos días, y la furia de Serena no había desaparecido. Darien se había empezando a cansar por la incertidumbre, así que no estaba feliz al escuchar que su novia quizá sí era su ex-novia.

Artemis miró hacia atrás, como si esperará que Serena apareciera desde la esquina que se fue y dijera que todo había sido una broma, pero Darién sabía que eso no pasaría. Su novia, su ex, no era tan cruel como para pasar dos días enteros haciendo sufrir a Darién por una carcajada.

—No creo que sea tan grave — el gato dijo tras unos segundos de reflexión — Lo que sea, lo van a superar. Mejor será que te disculpes con ella pronto.

Darién no recordaba haber hecho nada malo pero esa era también su conclusión, así que accedió con la cabeza. Su nuevo plan listo en su mente, le llevaría flores, una caja de chocolates y pediría que lo disculpara de cualquier falta que él hubiera cometido.

La idea en su cabeza, era que Serena se alegraría tanto que correría a sus brazos y todo el fiasco del rompimiento quedaría atrás.

Aún así, al sentir el anillo de Serena sobre su pecho, sujetado en una cadena alrededor de su cuello, Darién no pudo evitar tener que en realidad ella ya no lo quería. Era demasiado cruel de su parte verlo sufrir por una pequeña falta.

Él tragó saliva y comenzó a correr, intentado alejarse de la idea de que ella ya no lo amaba.


Serena deslizó el sobre bajo la puerta del departamento de Darién. Su cabeza recargada en la fria madera le recordó que él era uno de esos afortunados con aire acondicionado y lo extraño que era que ella no le conociera benefactor.

Había tantas cosas de él que ella no sabía y no estaba segura si en algún momento en el futuro sabría.

Por el rabillo de su ojo vio unas zapatillas rojas y se colocó de pie rápidamente para quedar parada frente a Setsuna, quién la miraba con amables ojos cafés casi rojos.

—Princesa — la mayor de las dos inclinó su cabeza en reverencia y observó la puerta de madera con cautela, como si temiera ser escuchada.

—Me encontré con Darién a unas cuadras de aquí. Casi lo atropella un carro — Serena se recargó en la pared, intentado no dejar que la fatiga del evento la volviera a arrasar. Después de irse de ahi lo primero que haría sería comer dos hamburguesas y tres nieves —Él dijo que iba a un desayuno conmigo.

Setsuna removió uno de sus cabellos oscuros de su hombro sin apartar su vista de la princesa, obviamente esperando una continuación y Serena continuó su relato en voz baja.

—Rompí con él hace dos días — la joven no pudo soportar el peso de su cuerpo y se dejó caer sentada al suelo, sus ojos mirando un punto en la pared frente a ella —Incluso estaba vestido para la cita.

—Entiendo — la scout del tiempo cerró sus ojos y se sumió en un estado de contemplación por varios segundos—. Enfócate en el nuevo enemigo, pero no intentes nada extremo. Debemos proceder con cautela, sus métodos son extraños a mí, por eso debemos detenerlos cuanto antes y no darles una oportunidad de hacerlo de nuevo.

Serena no había despegado sus ojos de la pared pero accedió con la cabeza al plan de la otra scout. Debía confiar en ella y aunque partiera su corazón, mantendría un bajo perfil.

—Por favor, dime que todos podemos salir vivos de esa batalla — Serena suplicó casi al borde de las lágrimas.

Setsuna suspiro y negó tristemente con la cabeza aunque Serena, desde su posición en el suelo, no pudo ver el gesto. Sin despedirse, la scout del tiempo se dió la vuelta y caminó hacia el elevador, el sonido de sus zapatillas sordo en los oídos de Serena.


Era la hora en que los niños jugaban en el parque, y Zeint sintió una punzada de dolor al ver a un pequeño de cabello negro correr a brazos de un padre vestido con traje de oficina.

Él también estaba vestido con un traje marrón bastante común, lo único destacable era una corbata roja con manecillas de reloj que había comprado en cuanto la vió en el aparador.

Su esposa no hubiera aprobado algo tan exótico, pero incluso cuando ella vivía, él había sido la clase de hombre que adoraba un poco de caos en la normalidad.

Al pensar en ella, como siempre, sintió sus ojos humedecer, y con dedos torpes buscó en el bolsillo interior de su saco el guardapelos que ella le regaló una tarde lluviosa en un tiempo y lugar muy lejano.

Los dos sonreían en la imagen, su pequeño, especialmente, parecía un triunfador pese a tener su cabello llenó de lodo, y su esposa intentaba parecer molesta pero sus labios contaban la historia de una carcajada no dada.

Ellos habían confiado en él la vida de la misma forma que su majestad confiaba en él la misión. Era una pieza vital para la victoria. Aún así, no podía evitar la punzada de dolor al ver tantas familias felices dichosas en su ignorancia. Aunque, él estaba convencido de que el rey no les haría nada, los accidentes en la guerra son algo de esperar, como el mismo había descubierto al llegar a una casa destruida.

Zeint estaba tan inmerso en sus pensamientos, que tardo en reaccionar cuando un muchacho le arrebató el objeto de las manos.

Parpadeó una vez antes de poder darse cuenta que el joven estaba escapando, su espalda perdiéndose en la multitud de gente.

—¡No! — gritó mientras se abría paso entre las personas —¡Devuelvelo!

Las personas se apartaban un poco para dejarlo pasar, pero nadie se molestaba en prestarle la ayuda que necesitaba. En su adolescencia, Zeint había sido un buen corredor, pero la falta de entrenamiento cobró factura de la forma más ruin.

Lo último que tenía de su amada esposa y adorado hijo había sido robado frente a él. Por su mente, la dulce mirada de ella apareció para ser consumida en las llamas. Él cayó derrotado al suelo, su respiración cortada por el esfuerzo y el dolor.

Una joven se acercó a él, pero Zeint la alejó con un manoplazo. En ese momento no quería piedad.

Se incorporó y caminó como muerto entre las calles, agotado por todos los eventos de su pasado ya deseaba estar de vuelta en su frío cuarto para dejarse ahogar por el silencio.

—Disculpe —una voz agradable al oído llamó su atención y Zeint observó de perfil a un hombre muy elegante caminar hacía él, algo negro en su mano izquierda volvió a la vida a Zeit.

—¿Eso? ¿Eso es...? —no se atrevió a decir más por miedo a que todo fuera una ilusión conjurada por su mente.

—Creo que es suyo — el joven abrió su mano para extender el guardapelos a Zeint .

—¿Cómo? — tomó el objeto con cuidado y sus ojos grises observaron en una nueva luz al misterioso hombre —Juzgando por la luz del sol, ya van varias horas desde que me lo robaron.

—Lo encontré —el joven alzó ambas manos desnudas y continuó hablando—;En manos de alguien que intentó robar mi billetera.

Pese a su intento de sonrisa, el joven parecía melancólico, y al verlo de cerca, sus ojos tenían el aspecto vidrioso de alguien cercano al llanto. Por su forma de vestir, parecía haber salido de una cita, aunque su cabello estaba desparpajado y en otro toque caótico, llevaba un pequeño collar de plata en su cuello.

—Debo compensarte, este objeto es muy valioso para mí —Zeint apretó el recuerdo de su esposa entre sus manos antes de continuar — Es de mi amada y yo de verdad estoy muy agradecido de recuperarlo.

—No hay necesidad — el muchacho negó con su cabeza, tragó saliva y sus ojos parecían contemplar algo en su pasado con melancolía — Yo se lo que es perder un objeto de tanto valor. Así que fue un placer ayudarlo.

—¡Espera! — Zeint casi gritó desesperado —Tengo que darte algo en recompensa. Si ella viviera querría que te devolviera el favor.

—¿Viviera? — el joven preguntó extrañado y luego palideció — Lo lamento, no fue mi intención.

La actitud del joven era extraña para Zeint, pero decidió guardar silencio ante lo que le parecía una disculpa sin sentido.

—El objeto de valor que perdiste, ¿dónde fue? Quizás pueda ayudarte a recuperarlo — Zeint sabia que estaba ofreciendo imposibles, pero necesitaba una forma de mostrar su gratitud.

—No hay necesidad. Fue hace años y ella..

El muchacho perdió el resto de la sangre en su cara y pareció haber perdido su habilidad de respirar por un segundo.

—¿Ella está bien?

—Sí. Sí, lo está. Disculpe, me tengo que ir.

Zeint sonrió al creer entender la situación.

—La vida le da muchas pruebas al amor. No desistas — Zeint dijo alzando un poco el puño en el que sujetaba el guardapelos. Él estaba seguro que ni el tiempo ni el espacio lo frenarían y al ver al joven tan afligido decidió impartir su sabiduría a él.

—¿Prueba? — el muchacho repitió en un susurro y su cara se iluminó, despues dió la primera sonrisa honesta de la tarde —¡Muchas gracias!

El joven se fue sin decir su nombre, pero Zeint no lo detuvo de nuevo. Hasta dónde él sabía el joven iba a hacer las pases con su amada.


Oh... Zeint...como me agrada crear ocs...

Gracias por leer.