Capitulo 3
Una prueba.
Darién intentó calmar su necesidad de correr a algún lugar vacío y gritar de felicidad. Sus esfuerzos conseguían mantener sus labios cerrados, pero aun así, de vez en cuando se descubría dando pequeños saltos mientras se dirigía a su departamento.
Unos minutos atrás había devuelto un objeto a un hombre de mediana edad. Al principio, cuando descubrió a un muchacho intentando robar su billetera, Darién casi la había dado hasta que vio el borde del medallón negro en el pantalón del ladrón.
El pequeño objeto recordó a Darién un tesoro perdido.
Años atrás, Darién había tenido una caja musical en forma de estrella. Él recordaba vagamente que era un obsequio de la princesa Serenity a Endimión que de alguna forma se había encontrado de vuelta a las manos de Darién milenios después.
Una noche, vestido como Tuxedo Mask, se lo había obsequiado a Sailor Moon, y después de ello, le era imposible recordar haber visto el objeto de nuevo, pero su triste melodía había estado presente en el Polo Norte, en aquella batalla contra Beryl que para él era menos que la imagen de un sueño a a punto de olvidarse.
Al ver el medallón, tan semejante a su caja de musical, Darién decidió someter al ladrón, recuperó su billetera y utilizó poderes que muchas veces prefería olvidar para encontrar al dueño.
Psicocopía, la habilidad de obtener información de un objeto con el tacto. Había conseguido suprimir ese poder durante años, pero trás lo de Galaxia, por accidente lo había re-descubierto al abrir una carta de Serena. Inmediatamente había cerrado los ojos y apagado esa habilidad.
Pero el medallón lo llamaba incluso sin que Darién lo tocará, suplicando volver a su dueño con la fuerza que su caja musical lo había hecho. Él no pudo ignorar el llamado.
En cuanto sus manos tocaron el metal negro, pudo ver la cara ovalada de un hombre, obtuvo también su ubicación a varias cuadras de distancia. Habían aparecido otras imágenes (Besos, amor, lágrimas, un cielo claro, un niño sonriendo desde una ventana, fuego, un hombre de cabello rojo prometiendo el pasado). Darién borró de su mente aquellas extrañas imágenes y simplemente se dedicó a buscar al dueño por las calles de la ciudad.
Al encontrarlo, ambos habían hablado un poco, y sus palabras sobre el amor le recordaron a las del rey Endimión quien, altanero, había hablado del amor como una serie de dolorosas pruebas. Paradójicamente, esa idea era el salvavidas que Darién esperaba desde que Serena rompió con él dos días atras y él se aferró a esa noción como un náufrago.
Él sentía que la verdad se había revelado ante él y eso lo volvía feliz.
Abrió la puerta de su departamento, la cerró con cuidado y, después de asegurarse que estaba completamente solo, corrió hacia el teléfono, su corazón palpitando fuertemente en su pecho mientras mariposas revoloteaban en su estómago.
Sin embargo, al alzar el aparato, sus ojos observaron los números con reservación. Necesitaba hablar con alguien sobre su descubrimiento pero su primer instinto era siempre Serena, así que ya con el el teléfono en la mano, se encontró así mismo dudando sobre qué hacer.
Por su mente cruzó su ex compañera de preparatoria Saori. Ella había sido siempre buena para hablar de importantes elecciones en la vida, aunque Darién fuera incapaz de decirlo en voz alta, él carecía de la madurez de ella. Ella sabía mucho de las personas y la vida, así que las cinco veces que quizo conversar con alguien sobre algún proyecto (como la elección de su carrera) buscó la opinión de Saori.
Pero, su relación con Serena era algo muy personal, lleno de secretos que iban desde sus vidas pasadas o que tenían una hija en el futuro. El recuerdo de Rini, su amada hija, causó en Darién mayor confianza en su teoría de que todo era una prueba y su deseo de revelar a alguien su hallazgo incrementó con cada segundo que sostenía el teléfono.
Siguiente persona en su lista personal fue Andrew. Ambos eran hombres y se conocían ya de un par de años, además era buen amigo de Serena y él había estado presente durante aquel período que Darién había roto con ella. Pero la idea de llamarle a Andrew también terminó dejando un mal sabor de boca. Andrew era tan ignorante como Saori o quizá más.
Comenzó a marcar un número casi en automático.
—¿Se encuentra Rey? — al final, en lo que parecía ser costumbre, llamó a una de las mejores amigas de Serena, y como era habitual contestó el joven que trabajaba en el templo.
El muchacho le informó que Rey no se encontraba y Darién, sin dejar algún mensaje, colgó el teléfono y se sentó recostado en la pared, una sonrisa feliz en su rostro pese a la falta de alguien con quien hablar.
Sin darse cuenta, se quedó dormido en esa posición.
Ella estaba caminando entre las llamas como un fantasma etéreo, siendo rodeada por todos lados por el fuego sin poder ser tocada. Estaba en el interior de alguna especie de nave, pues podía ver las paredes de metal distorsionadas por el aire caliente y le recordaba a la nave alien que Dark Moon había usado.
A unos metros de ella una mujer con largo cabello oscuro veía todo el caos provocado por las llamas sin inmutarse.
No podia ver su rostro, pero estaba segura de que la silueta le era familiar. Un sonido agudo a su izquierda la distrajo, y al voltear de nuevo al frente, el fuego y la mujer habían desaparecido, en su lugar, un hombre de largo cabello rojo estaba dando vueltas alrededor de otros tres hombres vestidos con ropa de oficina. Estaban incados en el suelo, cabizbajos y con las manos atadas detrás, solo uno de ellos tenía rasgos japoneses, otro parecía americano y el último africano. Era una extraña combinación de personas.
El hombre de cabello rojo estaba de espaldas a ella, más en un momento pareció notar su presencia, pues sus hombros se tensaron e hizo el ademán de voltear su cabeza para intentar ver a la intrusa. Antes de que él pudiera terminar de verla, un mar de fuego rojo la consumió para salvarla de ser descubierta.
Al abrir sus ojos violetas pudo darse cuenta que estaba de nuevo en casa, sentada frente al fuego sagrado y vistiendo su traje blanco y rojo de sacerdotisa.
—Señorita Rey —Nicolas dijo desde atrás de la delgada puerta — El desayuno está servido.
La sacerdotisa limpió su frente con la manga de su traje y contempló por unos segundos el hecho de que no había dormido toda la noche por haber estado haciendo lecturas en el fuego.
—Obtuve una muy buena visión —Rey se felicitó así misma, orgullosa de su azaña. Cerró sus ojos y sin quererlo, se durmió en el suelo como una querubín.
Serena miró el reloj de su habitación por enésima vez. Las manecillas del reloj avanzaban lento hacia el siguiente número y ella estaba ganando mayor conciencia de que estaba esperando algo, aunque no sabía qué.
Aún seguía en pijamas, acostada en su cama pese a que su madre la había llamado a desayunar varias veces. Serena era una comedora nerviosa y otras veces, la forma en la que lidiaba con el estrés era llenando su boca de comida. Pero en ese momento, mientras contaba los segundos, no deseaba comer, únicamente quería dormir.
Cerró sus ojos y abrazó la colcha contra su pecho, dejando que el único sonido dentro de su cabeza fuera el tictac del reloj.
¡Brip!
Serena abrió uno de sus ojos con lentitud, bostezó un poco y finalmente busco el reloj de mano que a veces fungía de comunicador para las scouts. Brevemente pudo ver qué había dormido hasta entrada la tarde.
—¡Chicas! — la cara pálida de Amy apareció en la pequeña pantalla, sus ojos serios prometían malas noticias — ¡Hay una energía oscura en el teatro de Juban! ¡Las esperó allá!
—¿En el teatro? — Serena preguntó con una ceja alzada, y aún medio dormida continuó hablando— ¿No era en la pista de patinaje?
—Mis sensores no detectaron nada en ningún otro lado. Si viste algo raro en la pista investigaremos después. Yo ya voy en camino al teatro ¡apresurense!
Un segundo despues de que terminó la señal, Serena se transformó en Sailor Moon y sin pensarlo mucho saltó por su ventana y corrió rumbo a la localización de Sailor Mercury, saltando por los techos de las casas con tal suavidad que sus pasos ni siquiera hacía ruido en las tejas.
Abajo, la mayoría de las personas caminaban por las calles sin saber el peligro que les esperaba. Ella los ignoró también.
Zeint sintió el fantasma de una sombra pasar por encima de él, y con cansados ojos cafés, miró para el cielo. Al alzar la vista, pudo divisar lo que parecía ser cabello amarillo y una falda rosa, pero no le tomó importancia, así que siguió caminando por las calles del distrito Juban.
Cada paso que daba lo llenaba de una sensación de Dejá Vu que él quería sacudir inmediatamente, pero después la misma idea lo agitaba y la ignoraba para seguir su cansado caminar. Esa simple acción era una lucha constante entre curiosidad y apatía.
Las personas a su alrededor le sacaban la vuelta pues su traje estaba desalineado y le faltaba un zapato. Lo inteligente hubiera sido adquirir un nuevo cambio de ropa, pero su mente estaba enfocada en algo completamente distinto.
—Debo encontrarlo —dijo en voz alta y sus labios formaron una risa maniática —Mi familia, debo salvarlos...el tiempo es solo una barrera...debo encontrarlo.
Estaba tan perdido en su conversación de una sola persona que sin querer terminó tropezando contra la espalda de una mujer. Ella retrocedió un paso y lo miró por encima de su hombro mientras él la observaba con aún mayor detenimiento.
La desconocida tenía unos profundos ojos azules, pestañas largas, labios pintados de rosa y una fina piel digna de portada de revista. Su cabello ondulado le llegaba unos centímetros por abajo del hombro y se movía como olas en el mar con el viento de la tarde..
Zeint sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al ver a la mujer, que aunque de increíble belleza y delicada complexión femenina, llevaba cada sentido de su cuerpo a algo similar al pánico, como si al estar cerca de ella, él pudiera terminar muerto de un segundo a otro.
Había un poco de magia en la joven, pero nada que debería causar tanto miedo en su ser, y él no estaba seguro de cómo proceder, pues consideraba que huir sería más peligroso.
—Michiru, ¿estas bien? — quién Zeint asumía era un apuesto hombre de cabello claro llegó al lado de la mujer y colocó una mano protectora en su blanco hombro.
Hacían una linda pareja, pensó él mientras los miraba. Eran del tipo que sin lugar a duda veía el sol y la luna cuando sus ojos veían a su amada otra mitad.
—Por supuesto Haruka — la mujer, Michiru, comenzó a avanzar arrastrando al que Zeint creía era su novio con ella, olvidando por completo al hombre.
Él vio a la amorosa pareja alejarse y reflexionó en que el amor era realmente bello, pues incluso parecía que el viento se desdoblaba al ver a los enamorados. Pero el momento de lucidez paso tras tres segundos de ver la espalda de la pareja y él volvió a su reconfortante locura.
—Lo conseguiré...lo haré mi amor. Los salvaré — comenzó a hablar de nuevo solo, inconsciente de que había perdido de nuevo su quicio.
Tan enfrascado estaba en su propia voz y mundo de ilusiones, que no se percató que la pareja había comenzado a ser seguirlo.
La mayoría de los enemigos a los que se habían enfrentado las Sailors tenían forma humanoide o eran humanos en sí, pero eso no volvía menos terrorífico enfrentarse a una persona que obviamente estaba siendo manipulada.
Sailor Mercury esquivó una llama de fuego lanzada contra ella sin importarle la sillas atrás de ella que empezaban a quemarse trás el ataque, sus ojos estaban clavados en el hombre que había logrado conjurar fuego de sus manos desnudas.
Parecía americano, estaba vestido con uniforme similar al de una academia militar, exepto que era totalmente negro con líneas rojas y en el pecho tenía incrustado un medallón escarlata que era demasiado caro para pertenecer a un soldado.
La scout tenía activado su visor, buscando algún indicio de cómo detener al hombre frente a ella sin lastimarlo mucho o sin que él consumiera su vida haciendo ataques mágicos.
—¡Alto ahí! ¡El teatro es un lugar para disfrutar Carmen, por atreverte a intentar destruirlo, no te perdonaré! ¡Soy la Sailor Scout que lucha por el amor...¡Hey!
El hombre no esperó a que Sailor Moon terminará su sermón y le lanzó una bola de fuego que la superheroina logró brincar sin ningún problema para terminar en el mismo lugar en el que había aparecido en la luneta, con la única diferencia de que estaba molesta por haber sido interrumpida.
—¡Sailor Moon! ¡Necesitas curarlo! ¡Esta siendo controlado por una energía maligna! —Sailor Mercury alzó su voz y consiguió de nuevo obtener la atención del hombre, quien de nuevo intentó quemar a la Scout vestida de azul—¡Burbujas de Mercurio, estallen!
Su ataque impacto contra el fuego del hombre y todo el salón se llenó de neblina. Con esto, ella logro distraer al enemigo y antes de que él se pudiera dar cuenta estaba siendo envuelto en una lluvia de corazones cortesía de Sailor Moon.
El pobre hombre calló entre dos sillas al finalizar su curación. Antes de poder festejar la victoria, un miasma rojo lo capturó y frente a la mirada de las dos mujeres, él desapareció en un flash negro dejando como unica prueba de la batalla el fuego que seguía consumiendo las sillas.
A diferencia de lo que Mercury esperaba de Sailor Moon, está no gritó por desesperación, aunque sus labios estaban apretados y había fuego casi vengativo en sus ojos.
La estudiante prodigio sintió algo de calor detrás de su nuca, como solía ocurrir cuando presentía estar frente a un misterio, pero decidió ignorar la actitud de su líder en favor del asunto de mayor importancia.
—Tenemos que ir al templo e informar a las chicas de esto.
La otra mujer accedió con un breve si y en un salto calló al lado de Mercury. Las dos se retiraron del lugar tras apagar las llamas.
Una hora después, cinco jóvenes estaban de nuevo reunidas para discutir al nuevo enemigo y los eventos del día.
—¿Un hombre americano? —Lita preguntó preocupada — ¿Segura?
—Era rubio y parecía occidental —Amy contestó sin alzar por completo su vista de su mini laptop, sus anteojos puestos para leer las brillantes letras blancas le daban una apariencia de cinetifica de pelicupe —Lo que me imaginé..
—¿Qué? ¿Qué pasa? —Mina cuestionó casi saltando en su asiento, una parte de ella curiosa, la otra ya calculando extraños escenarios mortales.
—El hombre estaba usando su energía vital para hacer magia —Amy cerró su mini laptop y observó las caras confundida de Lita y Rey; la inquisitiva de Mina; y la triste de Serena.
—¿Qué significa eso? —Lita se aventuró a preguntar lo que las otras no se atrevieron.
—Algunas personas tienen dones para la magia, hasta cierto punto, y dependiendo de la persona, pueden realizar distintas proezas. Por ejemplo Greg, puede ver el futuro —Amy comenzó a explicar —. Otras veces, por medios artificiales, como las brujas de la Academia Mugen, una persona es capaz de adquirir habilidades mágicas y usar poderes que de otra forma no le serían posibles.
Las cuatro otras chicas movieron sus cabezas de arriba a abajo, siguiendo la idea de Amy con diversos niveles de entendimiento. Ella continuó hablando con solemnidad.
—Pero hay una forma en la que las personas pueden usar poderes mágicos más allá de sus límites — los ojos de todas viajaron al broche de Serena, el lugar donde residía el cristal de plata.
Cada una de ellas sabía que usar el poder del cristal más allá de las habilidades de Serena podría matarla. Amy tenía sospechas de que la reina, quizá hasta las mismas Scouts, habían cedido años en su muy longeva vida para causar la serie de milagros que les habían concedido la oportunidad de volver a vivir.
—El hombre de hoy, estaba usando su energía vital para hacer sus ataques — Amy cerró los ojos pero no dejo su voz titubear, y tras inhalar aire, se armó de valor para continuar —Solo con los ataques de hoy, cortó su vida tres años.
Todas las chicas se volvieron pálidas tras estas noticias. Saber que estaban enfrentando a personas que estaban hipnotizadas era algo horrible, sin embargo, si en el transcurso de una batalla de media hora, el hombre había perdido tres años de vida, ellas no podían evitar sentirse agobiadas.
—¡Agh! ¡Cada nuevo enemigo es peor que el anterior! —Lita dijo intentado controlar sus puños.
—¿Hay alguna otra pista? —Mina preguntó en un hilo de voz, intentado mantener la compostura pese al enorme peso sobre sus hombros.
—Estoy investigando. En cuanto obtenga más información se las daré.
Después de dar esa información, para aliviar un poco la preocupación comenzaron a hablar sobre las nuevas películas de moda, únicamente Serena se mantuvo callada en su asiento, apretando la tela de su pantalón en silencio.
Para su suerte, ninguna de las chicas le preguntó nada.
Todo su cuerpo dolía. No podía ver pues ya no tenía ojos, no podía gritar pues su lengua había sido cortada. Lo único que podía hacer era recordar.
Muchos habían sido niños, y los habían matado frente a él.
—¿Dónde está el cristal de plata? Eres el guardián de este pequeño planeta, ¿verdad? ¡Habla o el niño muere!
No, eso no había pasado. Lo habían capturado junto a otras cinco personas, adultas todas, y después una criatura inhumana los comenzó a torturar uno a uno.
Entonces, ¿por que recordaba que él había estado libre la primera vez que vió al enemigo, al hombre de cabello rojo que quería destruir el planeta? Quizás el dolor de la sesión de tortura lo había hecho enloquecer.
Darién despertó tosiendo. Estaba en su departamento, acostado en el suelo y al intentar mover sus dedos, estos se movieron tímidamente como si llevará días sin usarlos.
—Qué sueño tan horrible —dijo en voz alta, soltando un suspiro de alivio al darse cuenta que aún tenía lengua — Debo...
Dejo la idea revoloteando en el aire, inseguro una vez más de lo qué tenía que hacer. Tal vez Serena había tenido visiones iguales y por eso ella había fingido haber roto con él. Así que lo lógico era hablar con ella, pero la última vez ella había llorado mucho por la preocupación cuando le conto sobre sus sueños. Y aún así él le falló.
Darién parpadeó un par de veces y sacudió la cabeza. Recordaba cosas que nunca habían pasado y eso lo perturbaba.
Necesitaba hablar con alguien urgentemente, ocupaba interactuar con una persona real y asegurarse que lo que estaba pasando era real y no una ilusión.
Desde niño, había tenido visiones de cosas que habían pasado o flashes del porvenir. El psiquiatra le había recetado pastillas y él las había tirado en el inodoro, incluso a los diez años había aprendido a lidiar con esas imágenes guardando el silencio y fingiendo que se habían ido.
Pero, al final, las visitas al psiquiatra y la burla de las personas, habían conseguido que él dudará de su mente en increíbles extremos. Incluso ahí, en su cuarto, con cinco pequeñas cicatrices redondas en su pecho, Darién aún seguía olvidando que Fiore si había sido real.
Sus ojos se volvieron cristalinos al recordar a su amigo de la infancia y las horas en las que él lloraba amargamente porque todos le llamaron mentiroso. Su doctor diciendo que tener amigos imaginarios era normal mientras escribía en su libreta que Darién sufría esquizofrenia.
La sonrisa de aquel hombre había sido falsa, tanto como su matrimonio. El reloj de pulsera del doctor se lo había mostrado a Darién, junto a imágenes que un niño había sido muy joven para comprender y había tenido que tirar el reloj como si quemará (el doctor no dijo nada, solamente tomó de nuevo el objeto y volvió a lanzar su falsa sonrisa)
"Esta loco, pobre huérfano amnésico, viendo cosas falsas y robando comida para su amigo imaginario...esta mal de la cabeza"
Mientras yacía en el suelo recordando su pasado, deseaba a alguien a su lado. Alguien real, a Serena.
—Es una prueba, el amor que ha sufrido varías cicatrices es más fuerte para afrontar la adversidad.
Incluso mientras susurraba esas palabras sintió lágrimas formarse en sus ojos. Decían que los locos se hablaban solos, y él lo acababa de hacer de nuevo.
Quería hacerse un ovillo para llorar sin reserva. Deseaba gritar el nombre de Serena y suplicarle que volviera a su lado, que terminará la prueba y arrancará el dolor en su pecho como únicamente ella sabía hacerlo.
Deseaba decirle tanto y anhelaba su reconfortante mano sobre la suya.
Al final tragó saliva y consiguió recuperar una respiración normal, aunque su nariz y ojos seguían húmedos. Se recordó que seguramente Serena sufría más que él y por eso él debía ser fuerte también.
Limpió sus ojos y nariz al mismo tiempo con las dos manos, pero una sensación le pareció distinta a lo que esperaba. Al revisar sus palmas, descubrió que estaban manchadas de rojo y por inercia relambió sus labios, edescurbiendo un sabor metalico por encima de su labio superior.
Hacía años que no sangraba por la nariz sin haber sido golpeado, pero aún así decidió no asustarse mucho cuando vio, al ponerse de pie, que en el lugar donde su cabeza había estado, había un pequeño charco de sangre.
Tenía que ser valiente.
Notas.
Gracias por leer y comentar, espero que les haya gustado.
