.- Jet nos pregunta si podemos ir por provisiones.
Spike se detuvo en lo alto de la escalera. Faye estaba en la sala limpiando su Glock. Levantó la vista y le apuntó. Spike no se inmutó, sabía que estaba descargada.
.- Si me acompañas a un sitio.
Spike arqueó una ceja.
.- Tengo que ir a la Tierra.
.- Como quieras. Te veo en el hangar.
Faye terminó de limpiar el arma, la cargó y la guardó en la cartuchera. Lo había pensado toda la noche y necesitaba ir. Otra vez, sí. Era la oportunidad porque estaban en la colonia Luna 2, es decir, muy cerca. Algo le hacía ruido, le carcomía despacito la cabeza y sabía que si no iba y ponía la cara no iba a poder dejarlo atrás jamás.
Si hubiera podido hubiera preferido que Spike la llevara pero tanto la Swordfish II como la Redtail eran monoplazas. Salvo emergencias no era posible llevar a otra persona dentro. Decidió ir primero a la Tierra y después hacerse cargo de las compras. Mejor, lo segundo le despejaría la mente de lo que lo primero le dejara.
Guió a Spike al planeta, siempre hermoso a la distancia. Spike no iba mucho, no le interesaba, después de todo ni siquiera era su planeta natal y lo que sabía de él lo había aprendido en su brevísimo paso por la escuela.
Cuando las naves aterrizaron por fin lo hicieron en una zona calurosa. Brillaba el sol entre las nubes y soplaba una briza húmeda. Había una pequeña ciudad construida a la vera de una ciudad mayor en ruinas y a unos cien metros se alzaba una casa de tres pisos, enorme, un complejo edilicio en realidad, y en funcionamiento.
.- ¿Qué sitio es este? - le preguntó Spike cuando pasaron por la puerta de rejas y dejaron atrás la garita de control.
.- Un hogar de ancianos. - Faye caminaba un paso delante de él, seria. Tenía los brazos cruzados. Spike se preguntó si acaso había aparecido algún pariente y ella quería conocerlo. Entonces, ¿qué hacía él ahí? Suspiró.
Llegaron a la entrada principal donde los esperaba una enfermera que los hizo dar la vuelta al edificio. Del otro lado se extendía el jardín, sobre una loma que miraba al mar había una terraza donde hombres y mujeres ancianos tomaban el sol, leían o charlaban y algunas otras personas estaban en el césped, bajo los árboles, sobre el malecón.
La enfermera le señaló a una anciana en sillas de ruedas que estaba a unos 30 metros, mirando el mar. Faye le pidió que la esperara, que diera una vuelta por ahí, que ella volvería pronto. La vio alejarse despacio, como si quisiera retrasar el encuentro. La anciana debía tener unos 80 años y la cuidaba una jovencita. Se quedó lo suficiente como para ver que la mujer la reconocía y extendía su mano arrugada para tocarle el rostro.
Se dio vuelta y miró el edificio. Hora de pasear por ahí. Estuvo la siguiente hora mirando una serie de viejas fotografías que estaban en exhibición en el recibidor del hogar de ancianos. Todas fotos de la Tierra en su esplendor y de esa ciudad en particular. ¿Estaba después de todo en Singapur? ¿No era ese el nombre del lugar donde había nacido y crecido Faye?
Marte era tan rojizo y seco en comparación con la Tierra. Dos mundos distintos habitados por la misma gente y con los mismos problemas. ¿Tendrían un destino parecido? Otra vez se encontró pensando en el pasado de Faye, o más bien, en su presente. ¿Cómo sería despertar 50 años en el futuro? ¿Tener 20 y pico cuando deberías estar cerca de los 80?
Los pasos lo llevaron de vuelta a la terraza. El sol se había movido en el cielo, tan celeste que lastimaba la vista. Se sentó en un banco y encendió un cigarrillo. Faye y las dos mujeres estaban conversando. Ella estaba sentada y la señora en silla de ruedas le sostenía ambas manos sobre su regazo. Faye la escuchaba con atención y a veces sonreía. La muchacha más joven sostenía un libro y al cabo de un rato se lo entregó. La vio dudar, tomarlo y después volver a dudar al momento de despedirse. La abrazó apenas, parecía entre avergonzada o contrita.
Después se alejó. Unos pasos más tarde lo distinguió en el banco y se le acercó. Le sonrió.
.- Perdón por la demora, ¿vamos por las provisiones, Spiegel?
Se alejaron por el mismo camino por el que habían llegado. Él le convidó su cigarrillo y ella, tras un par de pitadas, se lo devolvió. Iba silenciosa, con el libro apretado en el pecho.
.- ¿Todo bien aquí?
Ella lo miró y asintió.
.- Gracias por acompañarme- le susurró, cuando llegaron a las naves.
.- Te va a costar un trago.
De allí fueron derecho al puerto libre de impuestos a comprar provisiones. Pasaron la siguiente hora llenando un carro con fideos, caldos, carne deshidratada, bebidas, agua y una buena provisión de cigarrillos.
Terminaron a la caída del sol en un bar. Dentro no podía decirse si era de día o de noche. Pidieron algo para comer y unas cervezas heladas.
.- La señora que viste hoy... ¿alguna pariente, tal vez? - le preguntó Spike, tras un rato de cómodo silencio.
.- Una amiga. La que más recuerdo... la vi por primera vez hace un par de años, poco antes de... que te fueras. - comió una patata frita- Pero me dio tanta impresión que salí huyendo. No estaba muy estable por ese entonces...
Sonrió con cierta tristeza y siguió comiendo. Spike la miró en silencio.
.- ¿Y eso que te dio, qué es? -el libro descansaba en la silla vacía, junto a ella.
.- Viejas fotos. Ya las veré, todavía no, me da... no sé, todavía no quiero. - lo miró también- ¿tú no tienes fotos de cuando eras niño?
.- ¿Fotos de papel, dices? ¿Esas cosas de viejos? -la miró sonriendo - Nop, tal vez Annie tenía alguna pero no sé dónde habrán quedado... - le dio un mordisco a su hamburguesa. Increíble que estuviera comiendo carne.
.- Esta buena, ¿no? - Faye no pudo evitar notar su gesto de satisfacción - Jet nos va a matar por gastar en esta cena, sabes.
.- A la mierda con Mr. Ahorro... - masculló, con la boca llena.
Ella rió, pero era mucho más delicada para comer. De todas maneras se terminó por completo la hamburguesa, las patatas y el helado de postre que venía con el menú. Y siguieron con el alcohol, conversando a veces, a veces escuchando música, a veces mirando la gente que entraba y salía del bar.
Faye lo observaba. Spike estaba acomodado en el taburete, de espaldas a la barra, con los codos apoyados en ella y las piernas enganchadas en la parte baja de la silla. Un cigarrillo se consumía entre sus dedos. Ella giró a ver hacia donde estaba mirando. Una mujer con un hombre estaban sentados en un rincón y la mujer era una rubia de pelo largo, un cabello parecido al de Julia. Sin saber porqué sintió un nudo en la boca del estómago.
.- Si quieres me ocupo yo de las provisiones y tú te quedas. - le dijo, sin saber bien por qué. ¿Tal vez por qué de golpe no tenía ganas de ser testigo de que él mirara a otra mujer, y encima rubia?
Él volteó la cabeza y se encontró con los ojos verdes de Faye.
.- ¿Por qué? ¿Estás apurada?
Ella hizo un gesto con la cabeza en sentido de la rubia y dos mujeres más que estaban por allí, probablemente putas.
.- Tal vez quieras algo de acción y menos paja - le guió un ojo.
Él pareció meditarlo. ¿En serio tendré que irme? ¡No me jodas!
.- Nop, no hace falta. - dijo por fin - Nobleza obliga, te hago el mismo ofrecimiento.
Recorrió el bar con la mirada.
.- Tienes varios candidatos que seguro querrían irse contigo.
Ella sonrió y revisó el bar.
.- Pues yo tampoco estoy de humor. - contestó. Bebió el whisky y encendió otro cigarrillo.
Pasó otra hora y decidieron emprender el regreso. Fuera era de noche, la gente iba y venía por el distrito nocturno. Se detuvieron en una tienda de conveniencia a comprar cigarrillos y se dieron el gusto de comprar un helado que fueron comiendo mientras se acercaban al estacionamiento donde habían dejado las naves. Era una noche cálida, despejada, tranquila y caminaban en silencio, a la par.
Abonaron la tarifa del estacionamiento y después pasaron unos minutos repartiendo la compra entre las dos naves, bajo las farolas.
.- Bueno, eso es todo - dijo Faye, acomodando detrás de su asiento la última caja. Se dio vuelta y se encontró con Spike a medio metro de distancia. La observaba. Ella se quedó allí, devolviéndole la mirada y preguntándose si estaba pasando algo que se le escapaba... porque no quería que nada se le escapara.
Al final había pasado todo el día con Faye, creía que la mayor cantidad de horas que pasaba con una mujer en toda su vida. Y horas más o menos normales, sin tiroteos de por medio. Por lo menos por ahora. Y en el caso de Faye, sin discusiones, lo cual era todo un logro.
Habían salido de compras y cenado en paz, conversando de vez en cuando, otro tanto en silencio. Y habían sido silencios cómodos, otra cosa extraña. En algún momento del día se había descubierto mirándola, como caminaba, cómo movía las manos cuando hablaba, como se tapaba la boca si quería hablar y estaba comiendo. En un momento se molestó consigo mismo y se obligó a clavar la mirada en otra cosa. Por suerte el bar le daba opciones.
Pero ella lo había notado y entonces le había obligado a mirarla de nuevo. Y no solo a mirarla sino a pensar en sexo. ¿Qué era eso de ofrecerse a dejarlo solo? ¿Qué era eso de las pajas? No, no tenía ganas de levantarse ninguna mujer. No todavía, no ese día...
Podía ver cómo la miraban los tipos que entraban y salían del bar. Al principio la miraban con disimulo pues pensaban, seguro, que estaba con él, pero después, cuando no había gestos íntimos entre ellos las miradas adquirían otro tono. Ese traje amarillo dejaba poco a la imaginación, revelaba su cintura, su vientre, la parte baja de su espalda. Las piernas largas a veces se cruzaban, a veces se enganchaban en las patas del taburete. Faye, tenía que aceptarlo, era un banquete para la vista y la imaginación.
Hasta el pobre vendedor de la tienda de conveniencia se había quedado embobado cuando tras comprar el helado lo abrió allí mismo y empezó a chuparlo. No creía que ella fuera al 100% consciente de lo que despertaban sus acciones. Ojo, no era inocente pero tampoco tenía la culpa de la mente verde que tenían ellos, los tipos.
Recordó lo suave que se sentía la piel de su espalda cuando, vaya a saber porqué, había terminado haciéndole masajes. ¿Qué tenía en la cabeza para tocarla? Tal vez su imagen vestida de colegiala que hasta se le colaba en algún que otro sueño. Había sido algo curioso, incómodo incluso porque ella no cerraba el pico y más que masajes parecía que la estaba follando. ¡La cara de Jet, por Dios! Mejor sería no tocarla mucho.
Entonces, cuando llegaron al estacionamiento tenía la cabeza confundida y los ojos se le iban solos mientras ella se estiraba dentro de su nave acomodando las cajas de provisiones. Un segundo después Faye estaba mirándolo y estaba seguro de que había dicho algo pero no recordaba qué. La luz de la farola le daba apenas y tenía los labios brillantes, podía imaginarlos algo fríos por el helado...
Estaban tan cerca. Los ojos verdes lo miraban directamente, preguntando en silencio algo de lo que él no quería hacerse cargo. Entonces ella estiró la mano y la apoyó en su pecho. Se inclinó hacia él.
.-¿Estás bien, Spike? -le preguntó con cara de preocupación. ¿Qué mierda te pasa? ¿Por qué me miras así?
.- Sí, sí... Con unas ganas rarísimas de comerte la boca.
.- Regresemos que Jet debe estar esperándonos con la cena. Mejor no, mejor sigamos charlando y bebiendo por ahí. Y de paso tal vez me anime a robarte un beso.
.- Claro. Nos vemos allá. Dios, Dios, Dios...
Efectivamente Jet los estaba esperando porque se había quedado sin nada para cocinar. Además, los esperaba con noticias ya que Ed había decidido visitarlos por una temporada. No había dicho cuando pero a Jet lo ponía contento y aunque no lo decía era evidente.
