Faye cargó el canasto con la ropa recién lavada hacia la cubierta trasera donde Jet solía colgarla. La colada le tocaba a ella y aunque la había postergado todo el día por lo menos convenía que la ropa estuviera colgada la noche entera. Corría una briza cálida así que sin dudas se secaría toda.

El canasto era pesado pero logró, pateándolo la mayoría de las veces, acercarse a las sogas. La luz de la luna y las luces de posición daban una buena iluminación y le permitían hacer el trabajo. Estaba de buen humor así que tarareaba la canción de Britney Spears que se había aprendido para el concurso de cosplay.

De aquella salida por provisiones había pasado una semana. Las madrugadas seguían siendo un terreno curioso y poco regular: a veces Spike no le hablaba, a veces la evitaba, sí, a veces lo evitaba ella y a veces miraban juntos una película, jugaban a las cartas o simplemente fumaban.

Sacudió una toalla y la briza la pegó en su cara. Lanzó una puteada y se apresuró a colgarla, sosteniéndola con fuerza con tres broches. Le siguió el turno a sus sábanas y algo de su propia ropa, unas bragas, sostenes y shorts. Y un calzoncillo a rayas naranjas. Por Dios, qué poco gusto tenían los hombres para la ropa anterior. Era un espanto.

Faye estaba tan metida en su labor que no me distinguió, sentado como estaba con las piernas colgando fuera de cubierta, del otro lado de las sogas. No estaba fumando, si no tal vez me hubiera visto por el resplandor del cigarrillo en la oscuridad. Así, yo podía observarla sin que ella me viera.

Faye se había duchado y tenía puesto su pijama: unos pantaloncillos cortos y una camiseta con una enorme lengua roja. Estaba en medias y saltaba de acá hacia allá colgando la ropa, incluso mi calzoncillo naranja. Cantaba algo, ah, esa canción con la que había bailado. Qué baile, por Dios...

¿Esa había sido la primera vez?, la pregunta me sorprendió a mí mismo. No... si era sincero conmigo mismo la había mirado muchas veces, incluso antes. Pero antes era antes. Antes era un tiempo inalcanzable, con otras reglas, con otros rostros.

Ay, Julia... qué tormento conocerte, tenerte y perderte... Qué poco tiempo habíamos compartido al fin de cuentas, ni siquiera en nuestro reencuentro. Siempre esa sensación fea, esa sensación de que algo no estaba bien, gustarse, enamorarse, dormir juntos, engañar, planear escapar... Y todo para que terminara en un par de horas, sin un beso, sin una explicación, sin un te amo. Y con esa misma sensación de fatalidad y vacío en el medio.

Tres años había sido mucho tiempo, al fin de cuentas, demasiado. Yo no era el mismo. Quería serlo, esperaba serlo pero al verla de nuevo supe que no, no era el mismo. Tampoco era el mismo amor, la misma historia. Los años fuera del Sindicato, con Jet, con... todos, me habían cambiado. La amaba igual, la deseaba igual pero... no de la misma forma de antes. Antes éramos ella y yo y ver cómo podíamos escaparnos del mundo. Después fueron mis nuevos compañeros, amigos a la postre...

Escuché que Faye interrumpía su canto con una puteada porque había pateado sin querer el canasto. Saltaba en una pierna tomándose el pie, furiosa. La chica sí sabía de puteadas. Recordé una noche en la que habían competido con Jet y ella había ganado diciendo quince puteadas al hilo sin dudar un solo instante. Eso me hizo sonreír. En toda esa tristeza igual había habido buenos momentos.

Debo haber hecho un ruido porque Faye se detuvo cerca mío.

.- ¿Qué haces aquí afuera? - me preguntó al verme, sorprendida - ¿Planeas suicidarte?

Siempre tan comprensiva.

.- Estaba tomando aire nada más.

.- ¿Ningún ataque de depresión entonces? - se mofó ella. Corrió el canasto, lo dio vuelta y se sentó arriba. Sacó el atado de cigarrillos del sostén, encendió dos y me pasó uno. Últimamente eso se nos había hecho una costumbre: encender el cigarrillo para el otro si este no estaba fumando.

.- Lamento desilusionarte.

.- Es que es my shakespeareno lo tuyo: muchacho con el corazón roto se suicida arrojándose a las aguas contaminadas de nefasta colonia especial perdida en el sistema solar.

.-¿Acaso no lo rescata anciana de 70 años que luce como de 25?

Ella lanzó una risita y cruzó las piernas. Se inclinó hacia mí.

.- Puede ser... te he salvado ese culo flaco muchas veces. - me dijo. Me arrojó el humo del cigarrillo en la cara, a propósito.

No dijo nada por unos minutos.

.- No es la primera vez que estas aquí, en la oscuridad - la escuche decir después. Tenía razón aunque no nos habíamos encontrado antes - Salías al principio, cuando la herida empezó a sanar y podías moverte. Si no estábamos en el espacio nos íbamos a dormir y tu salías y te quedabas casi hasta el amanecer...

Así que mis movimientos no habían sido tan sigilosos. No pensé que Faye se hubiera dado cuenta.

.- Después dejaste de hacerlo... - siguió. La voz baja, casi un susurro - Y ahora estás aquí de nuevo, así que... ¿estás bien?

No estaba mirándome mientras hablaba. Las aguas más allá eran un caldo negro y profundo. La briza soplaba moviendo a nuestras espaldas la ropa colgada, haciéndola susurrar.

.- Recuerdos... - me animé a decir

Ella asintió.

.- Uno puede olvidar rápido trabajos y amigos, o enemigos incluso, pero no puede olvidar el amor. Más si es el primero. - dijo de golpe.

Me sorprendí, a veces Faye largaba pensamientos profundos. Tenía razón porque lo que me atormentaba en noches como esa no era ni la muerte de Annie o Mao o Shin y mucho menos la de Vicious sino la de Julia.

.- ¿Whitney? - le pregunté, tratando de descentrar el tema de mi persona.

Ella se rió con tristeza.

.- ¿Whitney? - repitió, mirándome brevemente - No, no lo digo por él.

De golpe levantó viento más fuerte, una ráfaga que nos despeinó. Fue una sola y tras ella volvió la calma. Faye terminó el cigarrillo, se levantó y me acomodó un mechón que me había quedado tapándome los ojos. Me sonrió.

.- Nos vemos, trata de descansar. - me dijo, y se marchó con el canasto a cuestas, dejándome solo de nuevo, con mis viejos pensamientos y con otros nuevos.