Boba, pensó. Boba, qué boba eres. Estaba sentada en su cama, la luz apagada, el cigarrillo en la mano. ¿Qué bien le hacía pensar en Spike? ¿Qué bien le hacía recordar lo bien que la habían pasado aquel día cuando él le había acompañado al hogar de ancianos y habían salido de compras? Ninguno. Además, el tipo era raro, a veces le hablaba como si nada, a veces la miraba en silencio, a veces le hacía enojar porque sí y a veces la miraba como... como advirtiéndole algo, que le gustaba otra, que ya estaba enamorado... de otra.
Suspiró. Si pensaba mucho le dolía el pecho. Podía llorar por su pasado, podía putear por su pasado pero no podía llorar por su presente. Ella lo estaba construyendo. Desde su encuentro colgando la ropa no había vuelto a salir por la madrugada. Lo estaba evitando, la verdad era que no quería saber si él salía a cubierta, si bebía whisky hasta reventarse el hígado o si se quedaba mirando tele. No quería saber nada así que se había obligado a fumar dentro de su habitación y tratar de conciliar el sueño. Como esa misma noche.
Pero el sueño no llegaba así que prendió el velador y después de un segundo de duda encendió la tele y el reproductor beta. Si iba a llorar por algo, si iba a sentirse una mierda por algo que fuera por su pasado y no por su presente. Rebobinó el tape y le dio play. Dios, qué pequeña que se veía, qué fresca, qué ingenua, qué buena.
Observó su habitación de la infancia, lo poco que se veía del exterior por la ventana, sus cosas, sus libros... No reconocía nada. Nada. Nada. ¿Por qué no había filmado a sus padres? ¿Por qué no había filmado otro rincón de su casa? Era muy raro observar sus rasgos en otra persona. Suspiró y las lágrimas empezaron a rodar libremente. Utilizaría ese llanto para limpiar un poco el alma, pensó.
Cuando terminó de ver el tape se dio cuenta de que no había sido una buena idea. Obvio. Especialmente esa parte donde hablaba de "alguien maravilloso a su lado". Ni un gato tenía, ¿dónde estaba ese ser maravilloso que ella soñaba? Qué imbécil.
Cogió el cenicero de vidrio de la mesa de luz y lo estrelló contra la puerta, furiosa. Un trozo del cenicero dio de lleno en la tecla que abría la puerta y esta se deslizó rápido. Antes de que pudiera siquiera lanzar una puteada vio que en el corredor estaba Spike con cara de sorpresa. La miró, después al cenicero roto y a las colillas en el piso. La luz del televisor empezó a parpadear. Puta suerte. Sobre llovido, mojado.
.- ¿Me cierras la puerta, por favor? -le dijo, sin mirarlo, avergonzada y con brusquedad. Spike no se movió así que ella se levantó y caminó hacia la puerta pero pisó un vidrio en el camino. Lanzó un grito. Cuando levantó la mirada Spike se había movido y lo tenía dentro del cuarto.
. - Ay, Dios... ¿me dejas sola? - le pidió, sin apoyar el pie lastimado.
.- Ya, déjate de joder, te vas a volver a cortar y cortarse el pie es de lo más incómodo. - la empujó hacia la cama - Siéntate, ya regreso.
Faye se sentó y en dos minutos él había regresado con el botiquín del baño. Entró al dormitorio, cerró la puerta y esquivó los vidrios rotos, pateándolos para que no estorbaran. Le indicó que le pasara el pie y lo estudió.
.- Nada grave, por suerte el corte no es en la planta exactamente. - dictaminó. Faye no dijo nada, observaba sus manos grandes tomando su pie pequeño. Tenía las manos tibias y ásperas. Mojó un algodón con antiséptico. Ardió y ella pegó un gritito. Él sopló y entonces el ardor calmó pero su corazón empezó a latir con fuerza.
.- No es profundo, tampoco. -la miró un segundo- Tuviste suerte.
¿En serio? Sacó una venda y se la colocó con cuidado. Apenas dolía pero vio que se manchaba con un poco con sangre. Quiso mover el pie, sacarlo de encima de las piernas de Spike, pero él no se lo permitió.
.- Eso - señaló con la cabeza la tele y el reproductor de beta - Es veneno.
.- Es mi pasado...
.- Como el mío, es veneno. - Le soltó el pie y ella retrajo la pierna y juntó las rodillas bajo la barbilla. Estiró la mano y cogió de la mesa de luz un pañuelo de papel para sonarse la nariz. Spike se levantó, se estiró por sobre ella y desconectó todo el equipo. Lo juntó y lo apoyó sobre la mesa. Después se apoyó contra el mueble, justo en frente de ella. Faye todavía no lo miraba.
.- ¿Tengo que suponer que hasta hoy dormías como un bebé y por eso no te encontraba por ahí o tengo que pensar que estabas machacándote el cerebro con esta cosa?
Ella lo miró brevemente.
.- Pues en tu estado tampoco estás para levantar el ánimo a nadie. - le contestó - ¿Te imaginas a dos tarados melancólicos tratando de darse apoyo emocional? Nop.
Lo vio sonreír y dos segundos después tenía un cigarrillo encendido frente a ella. Lo cogió. Fumaron en silencio unos minutos, arrojando la ceniza sobre un papel en la mesa de luz. de vez en cuando ella aspiraba su nariz, tratando de eliminar los últimos rastros de llanto aunque sentía los ojos hinchados y calientes.
.- Mi habitación es un desastre pero la tuya no se queda atrás. Aunque huele mejor, eso sí.
Faye levantó la mirada y se encontró con los ojos café de Spike. Hacía días que no se miraban así.
La habitación de Faye olía a flores y ahora a cigarrillo, pero el aroma floral era intenso. El champú, la crema corporal, algo de lo que ella usaba para acicalarse impregnaba el cuartito. Había ropa por todas partes, cosméticos, bolsas vacías. La mesa de luz era un lío de cigarrillos, vasos, pañuelos, golosinas a medio terminar y otras cosas.
Se la veía triste. ¿Qué me había hecho entrar en su cuarto en lugar de cerrar la puerta y seguir? Su expresión, esa tristeza que nunca dejaba ver, revelada ante la sorpresa de verme en el corredor. Meses antes, ¿un año ya?, hubiera cerrado la puerta y seguido mi marcha al baño, pero esa noche no. No después de todo ese tiempo nuevo compartido. Algo me atraía hacia ella aunque tenía la sensación de que podía quemarme si me acerba demasiado. Así que en lugar de hacerle caso entré y cerré la puerta. Le curé el pie y hubiera sido el momento de irme pero encendí un cigarrillo y me quedé. ¿Por qué? No lo se, no lo quiero pensar mucho.
Y entonces Faye levantó la mirada y sus ojos verdes me taladraron.
.- Esa no soy yo. - me dijo - Es como ver a otra persona. Quiero ser yo, necesito que sea yo pero... no me queda nada de esa niña, sabes.
Fumó.
.- Igual, ya está. Debería guardar eso en otro lado y no verlo más. Es que... ¿viste que a veces uno tiene ganas de regodearse en la propia miseria? Misery loves company.
Eso sí lo entendí. Apagué mi cigarrillo y me senté a su lado, allí el aroma a flores era más fuerte, parecía salir de las sábanas. Estiré las piernas y las crucé. Debería irme, pensé de nuevo. Ella no dijo nada más. La habitación era pequeña, Faye era una miniatura a mi lado, la cama era enorme ahora que no tenía el tele o el reproductor. Miré el techo.
.- Puedes irte si quieres. - escuché que decía. Volteé para mirarla. No, no quería. Ella tenía los ojos muy rojos y estaba despeinada. El tirante de su camiseta se había resbalado del hombro. Un hombro blanco níveo, con una clavícula delgada que llegaba a la base de su cuello de cisne. Sin pensarlo estiré mi mano y lo acomode en su lugar. Tenía la piel tibia. Ella contuvo el aliento y vi que separaba los labios para decir algo y volvía a cerrarlos. Bajé la mano y la apoyé entre los dos, sobre las sábanas.
Entonces supe que ella no iba a hacer o decir nada. Solo estaba mirándome con intensidad y mil preguntas silenciosas, logrando ponerme nervioso. Sí, nervioso. No sabía ni qué pensar ni qué hacer. Faye me confundía. ¿Era posible? ¿Después de tanto tiempo, de tantas cosas? ¿Por qué me sentía así? Era mejor verla todas las noches, me daba tiempo para acostumbrarme... Era mejor discutir, pelear, putearse. Sentirse a gusto era peligroso. Estar allí, en una cama, era más peligroso. Dios, si hacía siglos que no me acostaba con nadie. ¿Sería por eso? ¿Era la ausencia de sexo la que me ponía así? Y Faye era tan hermosa...
Entonces, despacio, me acerqué. Ella no se movió. Vi que sus ojos se clavaban en mis labios y yo ya no pude despegar los míos de los suyos. ¿Cómo sabrían? Eran pequeños y en ese momento no estaban con lápiz labial. Respiraba rápido, el pecho subía y bajaba. Nada de Dama de Hielo esta noche, pensé. ¿Qué iba a hacer? ¿Qué no iba a hacer?
Dios, hacía mucho tiempo que no besaba a una mujer. Mucho. Creo que mientras pensaba eso mi cuerpo se movía solo así que de golpe la estaba besando. Ella se sorprendió primero y se relajó después. Abrió la boca y dejó que introdujera mi lengua. Sentí sus manos tomándome de la nuca y las mías volaron a su cintura, tan pequeña... Fue un beso lento, intenso y largo, hasta nos separamos para respirar.
Ella abrió la boca para decir algo pero volvió a cerrarla sin decir nada. Levantó la mirada y me miró, interrogante. ¿Y ahora qué? ¿Y ahora qué? ¿Y ahora qué?
.- Spike...
No quiero escuchar nada, pensé, y volví a besarla sin dejarla terminar. La hice retroceder y quedamos contra la cabecera de la cama. Ya no solo eran las bocas, eran los cuerpos que se buscaban con intensidad. Quería tocarla, así de simple. No podía sacarle las manos de encima. ¿Cómo había podido no tocarla durante tanto tiempo?
Ella sintió sus manos en la cadera, en el vientre, apretando su espalda, en sus senos. Por donde anduvieran dejaban una estela de fuego. ¿Ella lograba el mismo efecto en él? Parecía que sí porque Spike dejaba escapar gemidos bajos, roncos, rotos. Lo sentía duro así que abrió las piernas y él se acomodó entre ellas. Lo atrapó y suspiró de placer.
Faye resbaló hasta quedar acostada sobre su espalda con Spike arriba cuan largo era. Se estaban frotando allí de manera desesperada, como si fuera el fin del mundo o tuvieran 15 años. ¿Podía desnudarla? Despegó sus labios. Ella lo miró, la respiración agitada y Spike se quedó, interrogante. ¿Seguían? Era la oportunidad para decir que no, para separarse, para dejar allí lo que fuera que estuviera pasando. Porque... ¿qué iba a pasar después? Supuso que ambos estaban pensando en eso pero sus cuerpos todavía juntos, calientes, sus labios todavía con el sabor del otro en ellos... ¿en serio se podía decidir en esas circunstancias?
Faye me besó otra vez y respondí. Me abrió la camisa y yo le levanté la camiseta, liberando sus pechos sin sostén. Gruñí y ella gimió cuando mis labios los besaron. Sus manos me abrieron el pantalón y se metieron en mis calzoncillos. Dios, di un respingo y enterré mi cara en la base de su cuello quedándome momentáneamente quieto. Ella se dedicó a tocarme unos segundos agónicos... Hacia tanto tiempo que nadie me tocaba así, tanto tiempo que alguien especial no me tocaba así...
Faye me bajó los pantalones. Yo le bajé los shorts y ella terminó de sacárselos. ¿Hay algo más sexy que correr las bragas para enterrarse dentro de una mujer?, fue mi último pensamiento coherente en los siguientes minutos.
Me vuelves loco. Escuchó Faye. Abrió los ojos, la vista clavada en el techo de su habitación. Los dedos de Spike se clavaban en su trasero, empujando. Se sentía volar, estallar...Hundió sus manos en el pelo de él y aguantó un grito cuando llegó al orgasmo. Él siguió unos segundos más... Después quedaron quietos, en silencio, recuperando la respiración.
Spike se movió hacia el costado, quedando del lado de la pared, boca abajo, recuperando el aliento. Movió la cabeza y Faye vio que la miraba. Ella desvió la vista. No podía mirarlo, le daba... ¿vergüenza? Estaba sin palabras, por primera vez en su vida. Normalmente era el momento en que ella sonreía, decía algo rápido, aprovechaba para levantarse, vestirse y huir. Pero estaba en su propia habitación con un tipo que le gustaba...
Se bajó la camiseta y se quedó quieta, mirando el techo. En algún momento debía ir al baño, sino las sabanas se mancharían. Dios...
.- ¿Qué tiene de interesante el techo? - escuchó que decía Spike. Volteó la mirada. Él la miraba desde su posición boca abajo, la mejilla apoyada contra las sábanas.
.- Es el techo o tu culo flaco asomándose de los pantalones bajos - le contestó, refugiándose en la mordacidad para evitar la vergüenza. Él sonrió y se los subió. Dobló los brazos y se apoyó sobre ellos, todavía boca abajo. Faye ya no sabía que decir.
.- ¿No vas a mirarme nunca más?
.- No... no sé qué decir - susurró, y después dijo - Voy al baño.
Antes de que él pudiera tomarla del brazo se había levantado y salido de la habitación. Spike quedó con la mano en al aire.
Ahora el aroma a flores, tan intenso en las sábanas, se mezclaba con olor a sexo. Un olor que hacía mucho tiempo que no sentía. Me di vuelta y quedé de espaldas. Tenía todo el cuerpo relajado. Me terminé de acomodar el pantalón y lancé un suspiro. Menudo lío tenía ahora.
Faye había huido al baño, dejándome solo. Pues yo tampoco sabía que decir. Me rasqué la cabeza. Había sido genial. Acostarme con Faye había sido ... genial. Me había vuelto loco con sus manos pequeñas, tan delicadas, tan insistentes, tan... ¿amorosas? ¿Qué habíamos hecho exactamente? ¿Es porque no tengo sexo hace rato que me siento así? Las noches con las chicas de los bares no contaban, era sexo rápido, satisfacción sin tanto... ¿sin tanto qué?. Ay, puta madre... Pensé en Julia, así, de golpe, y me sentí mal, raro. ¿Culpable? No lo sé...
Faye terminó de limpiarse y se miró en el espejo. Tenía los labios hinchados. Se los tocó y recordó sus besos. Todavía tenía el cuerpo sensible. Suspiró, cansada, llena de dudas. Se lavó la cara con agua fresca y se cepilló los dientes, tratando de hacer algo rutinario que le despejara la mente. Por suerte no tenía que preocuparse por un embarazo no deseado. Tenía implantes hormonales anticonceptivos, la decisión acertada de una mujer que iba sola por la vida y encima era caza recompensas. Un dolor de cabeza menos.
Estuvo largos segundos mirándose en el espejo sin mirarse, juntando valor para regresar. ¿Él seguiría en su habitación? ¿En su cama? Tal vez se hubiera ido... si se había ido, ¿qué pasaría? Si estaba allí todavía, ¿qué significaba? ¿Significaría algo?
Lo deseo de nuevo, pensó. Ahora entiendo porque no funcionó con Masahiro. Desde el día del cosplay, cuando vio la mirada de Spike sobre ella, la tuvo de nuevo en sus manos. Boba. Qué perdición. Ese tipo sería su condena. Se miró por última vez, suspiró y dejó el baño. Pasó primero por la cocina y cogió una botella de agua fresca. Los pasos hasta su cuarto fueron eternos. Pulsó la tecla para abrir la puerta pero antes miró la puerta de la habitación de Spike, interrogante. A lo hecho, pecho, atinó a pensar, y la abrió.
Faye apareció en la puerta de su habitación, vestida con la camiseta que a duras penas le llegaba por debajo de las nalgas. Tenía el pie vendado y la boca hinchada. Por mis besos. Recordé cómo me había besado el cuello y desee más. ¿Cómo seguía esto? Le tendí el cigarrillo que tenía en mi boca y recién cuando se acercó a tomarlo me di cuenta de que lo había hecho para que no guardara tanta distancia. La quería cerca.
Faye tomó el cigarrillo y se sentó en su cama, la espalda contra la cabecera. Hombro a hombro. Me pasó la botella de agua que había traído y yo bebí unos tragos. Ella fumó en silencio. Un par de pitadas y volvió a pasarme el cigarrillo pero me tocó desprender las cenizas así que crucé el brazo sobre ella y lo hice sobre la mesa de luz. Tocarla así parecía lo más normal del mundo. Estar en su cama parecía lo más normal del mundo... Lo que no sería normal era la charla que en algún momento tendríamos...
El cigarrillo llegó a su fin así que pasé por sobre ella de nuevo para aplastarlo sobre una revista. De paso dejé también la botella. Su cuerpo desprendía calor, era suave. Me quedé arriba de ella y le atrapé los brazos a los costados. Ella contuvo el aliento y me clavó sus ojos verdes.
.- ¿Qué estás haciendo? - me preguntó. Cómo si supiera, pensé. Cómo si pudiera pensar...
Me incliné para besarla pero ella retrajo la cara un poco, sin dejar de mirarme. Le robé un beso rápido y pareció dudar. Ella tenía mil preguntas pero no iba a hacerlas, yo lo sabía. Ella tenía otras mil dudas pero yo también sabía que podía hacérselas olvidar si la seguía besando. Entonces supe que siempre lo había sabido. Que ese día cuando descargó su arma contra el techo de la nave no solo estaba frustrada conmigo, estaba furiosa con ella misma.
Ay, Faye, si supieras que aquel día al estar tan cerca tuyo tenía ganas de besarte en lugar de contarte esa historia sobre mis ojos... En ese momento, en esa situación, sí, yo había pensado en eso.
Pero las cosas tenían que pasar de la manera en que habían pasado. Ella no entendía que aunque la hubiera besado yo no tenía opciones. Tampoco si ella hubiera derretido ese corazón suyo y me hubiera besado primero. Ese no era el momento para nosotros.
Ahora, acostada en su cama conmigo arriba me miraba igual. Sus ojos verdes, tan cerca de los míos como entonces, me miraban con la misma frustración, la misma furia. ¿Qué estás haciendo?, me preguntaban. En serio, ¿qué estás haciendo? Pero yo no quiero pensar, no quiero hablar, solo quiero sanar.
Volví a besarla y no me detuve más hasta que ella respondió. Creo que no estaba siendo justo, que estaba siendo un poco egoísta.
