Capituló 2 - Cuando Sufre un Corazón
sofia the first no me pertenece.
Roto, herido, molido, así se sentía desde que lo supo. Era la mañana siguiente a la noche de la fiesta y la verdad no quería ni pararse de la cama, no tenia ánimos de nada y no quería ver ni hablar con nadie.
La mujer que amaba se iba a casar con otro, ¡casarse!, no entendía como su mundo se había desmoronado tan fácilmente.
Y lo peor era que lo conocía, Federico y él se conocían por la cercanía entre sus reinos, no sabía en qué momento había viajado de ese extremo del mundo para el otro continente y ver a Sofia y más aún, no sabía cómo ella puedo enamorarse de un hombre así, porque él lo conocía realmente.
Déspota, creído, egoísta, adulador, mentiroso, machista y con una gran avaricia, por su culpa lo habían regañado varias veces cuando eran niños puesto que siempre le echaba la culpa de sus maldades, Sofia tendría que tener una venda sobre los ojos para enamorarse de alguien así.
Luego de que Sofia diera la noticia de su matrimonio corrió de allí, le dolía verla tomada de la mano de aquel tipo, por lo que su hermano y su padre decidieron que lo mejor era retirarse.
Y allí estaba, perdiéndose en los recuerdos y sus sentimientos por ella porque a pesar de todo aún seguía amándola pero ¿cómo seguiría después de este duro golpe?.
Llamaron a su puerta y él refunfuñó molesto - "¿Quién es?" - preguntó irritado.
"Disculpe que lo moleste príncipe pero su padre quiere que baje a desayunar" - le dijo el mayordomo preocupado por el tono fastidiado del hijo menor de su jefe.
"Dile a mi padre que no tengo hambre" - le dijo de mala gana pero tratando de no ser grosero con el pobre hombre que no tenía la culpa de su sufrimiento.
"Pero príncipe...su padre y su hermano..." - no sabía cómo actuar ante el evidente enfado de Hugo.
Hugo resopló y reuniendo paciencia abrió la puerta de su habitación para hablarle a su mayordomo con calma - "perdona si fui grosero pero no es nada contra ti es que...estoy pasando por un momento difícil y no tengo hambre, quizás luego, ¿sí?, por ahora quisiera estar solo por favor"
"Sí, príncipe se lo diré a su padre y su hermano" - respondió con tranquilidad y comprensión el viejo mayordomo. Conocía a los hijos de su jefe y sinceramente les tenía aprecio por lo que no le reprochaba al joven sentirse así.
Hugo agradeció la consideración y amabilidad de su mayordomo y regreso a sentarse en su cama con un pesado suspiro, tenía sentimientos encontrados, Por un lado no quería ver a Sofía ya que tendría que soportar verla con Federico abrazándola o tocándola y por el otro se moría por verla, ver sus preciosos ojos y oír su melodiosa voz, se moría de los celos y la rabia de ver a ese inútil aprovecharse de la belleza angelical e inocente de Sofia.
Conocía sus tácticas y sabía que el solo usaba a las mujeres como pantalla y lamentablemente Sofía había caído como su próxima víctima y quería salvarla pero no sabía cómo, además de que no era fácil para él verlos juntos.
Posiblemente la tenía engañada por lo que no sabía si ella le creería.
"!Hugo, soy Axel, ábreme¡" - le exigió su hermano.
"Axel, no quiero ver a nadie "-le dijo con molestia a su hermano mayor.
"!No me importa, soy tu hermano mayor y debes hacerme caso!" - exigió de nuevo con firmeza.
Hugo volvió a suspirar y abrió la puerta para dejar entrar a Axel quien lo miro con enojo pero a la vez con preocupación.
"Hugo, Ignacio nos dijo que no quieres comer porque estás de mal humor" - hablo el oji gris verdoso al no haber respuesta continuo - "Hermano, sé que lo de Sofia te tiene mal pero no puedes quedarte deprimido por ello, la vida sigue y tú tienes cosas que hacer, como por ejemplo, idear una manera en que Sofia se dé cuenta del error que comete"
Hugo lo miro sorprendido.
"¿Te olvidas de que yo también conozco a ese tipo y la clase de calaña que es?" - sonrío confiado - "Si hermanito debes abrirle los ojos a Sofia, tu princesa te necesita"
"No lo sé Axel, si ella decidió casarse con él, eso quiere decir que no me ama a mi" - mencionó con tristeza.
"Pero al menos no puedes permitir que sea infeliz" - sabía que Sofia si lo amaba pero no podía ser él quien se lo dijera, debía ser Sofia, sin embargo animaría a Hugo a acercarse a ella, era imposible que ella amara a Federico, había algo más y él lo descubrirá.
Hugo lo pensó mucho y sabía que su hermano tenía razón y tomo una decisión, lo aria, la amaba más que a nada en el mundo y odiaba verla sufrir.
"Es verdad, ¡lo aré!, Sofia no merece que ese hombre la use" - aseguró como un decreto y Axel sonrió agradecido de que sus palabras funcionarán - "Debo arreglarme, me iré de inmediato a Enchancia"
Abrió los ojos y lo primero que vio fue a ella, el sol brillaba pero ella era una belleza radiante.
Se sonrojó al recordar cómo habían sucedido las cosas, a pesar de que ya tenía algún tiempo haciéndolo aún le daba pena y timidez tener relaciones sin que sus familias lo supieran pero era difícil resistir los encantos de Amber.
Así es, Desmond y Amber tenían relaciones íntimas desde hace dos años.
El príncipe de Satin había viajado un mes, hace dos años, para pasar un tiempo con su novia y sin poder evitarlo habían llegado a este punto de su relación pero claro, no lo hacían por puro deseo o satisfacción era por amor, un amor muy grande como el que se tenían.
Él era muy tímido por lo que era ella la que siempre tomaba iniciativa por lo cual le era imposible negársele, sabía que estaba mal pero ¿qué podría decir?, le encantaba.
La princesa rubia comenzó a despertarse y él la miró con atención.
"Buenos días Dez" - le hablo con amor y dulzura para luego besarlo.
"Buenos...buenos días Amber" - tartamudeo con la cara muy sonrojada pero feliz.
Amber se acurrucó en su pecho feliz y contenta y él no podía sentirse más enamorado de ella. Comenzó a recordar cómo fue que terminaron en su habitación.
La fiesta estaba casi a terminar y todo el mundo estaba aún incrédulo ante la revelación que Sofia había soltado, Hugo se había retirado con su familia molesto y con el corazón destrozado, se sintió mal por él y es que conocía los sentimientos que el oji verde oscuro sentía por su cuñada y al mismo tiempo estaba enterado del amor que Sofia le tenía a este pero por alguna extraña razón decidió quedarse con aquel príncipe que se le hacía familiar y no le daba buena espina.
Quiso hablarle pero pensó que era mejor dejarlo ir, en eso vio a su querida Amber exigirle a Sofia una explicación y no era la única, la familia entera, excepto Tillly que solo la veía expectante al igual que su esposo le pedían que les explicará cómo había llegado a la decisión de casarse y tan rápido. Fue una Futuna que había dicho que pasaría la noche en Enchancia.
Amber estaba preocupada por su hermana y lo busco para que la consolara y en uno de esos cuantos besos que compartían la pasión y el amor se dejó sentir en ellos y las cosas se dieron.
"¿Sabes?, para ser tímido eres muy bueno en la cama Dez" - lo alago ilusionada y coqueta.
El chico se puso más rojo que un semáforo, ni el mismo se imaginaba lo apasionado que era para esas cosas pero era maravilloso poder sentir que podía amarla y tenerla para él así de linda y dispuesta.
Ella comenzó a besarlo con pación pero una voz al otro lado de la puerta los interrumpió.
"Princesa Amber, soy Baileywick, ¿puedo pasar?" - preguntó el jefe de mayordomos de Enchancia.
Brincaron en el acto ante el susto, no sabían que hacer, si los encontraban así seguro que los padres de ambos pondrían el grito en el cielo y no podrían volver a verse nunca, por lo que hicieron lo único que podían hacer, esconder a Desmond en el armario.
Rápidamente tomaron su ropa del suelo mientras Amber se ponía un bata y cuando se pudo esconder la rubia abrió las puertas de su habitación.
"Hola Baileywick" - hablo alegre la joven.
"Buenos días princesa Amber, quería avisarle que el desayuno está listo" - le informó igual de alegre el amable mayordomo.
"Perfecto, gracias Baileywick, iré en un rato" - la chiba iba a cerrar la puerta pero él no se lo permitió.
"Espere, algo extraño está pasando aquí" - respondió entrando y observando con ojo crítico la habitación, helándoles la sangre a ambos jóvenes.
El mayordomo pasó varios minutos mirando en dirección al armario de la hija mayor de su jefe y ambos chicos sudaban pero...
"Su vestido de la noche pasada está tirado y arrugado, por favor princesa recuerde que debe ser organizada" - le recordó cómo un dato para el casi alivio de ambos chicos.
"¡Oh, gracias Baileywick!, ahora déjame cambiarme para poder bajar a desayunar, ¿sí?, nos vemos" - lo saco de la habitación casi a rastes y cerró la puerta.
Ambos resoplaron de alivio y el oji marrón salió del armario con mucha pena.
"Amber...qui...quizás no debamos hacerlo aquí" - sugirió nervioso.
"Descuida, tenemos todo controlado" - corrió hasta a él y lo abrazo feliz para robarle un beso grande - "Te extrañe tanto"
El joven sonrió dulcemente y le devolvió el abrazo en respuesta, Desmond era tan adorable, agradable y lindo que en su niñez pero sin duda se notaba su desarrollo, de mediana estatura pero con buen cuerpo.
Ojos marrones, cabello rubio ceniza, piel rosada, era una belleza para las chicas, su rosto angelical las volvía locas, esa súper inteligencia y perfeccionismo eran dignos de admirar, su cuerpo no era como el de Hugo pero si tenía sus músculos y su timidez lo hacía verse totalmente adorable con el género femenino pero Desmond solo quería a un chica y era su Amber.
La princesa rubia era tan hermosa como su hermana, su cabello rubio muy bien cuidado era una gran ventaja sobre los hombres, esos ojos pardos eran como un par de joyas brillantes y su cuerpo perfecto y deslumbrante era el deseo de muchos y a pesar de todo ella solo quería a uno, Desmond.
"Y yo a ti, quisiera quedarme más tiempo pero si no regreso ahora mis padres estarán preocupados" - explicó con algo de tristeza por dejarla.
"Tienes razón, iré a bañarme mientras tú te cambias" - ideó y así lo hizo.
Cuando la princesa entro al baño él busco en el bolsillo de su pantalón y encontró un estuche pequeño de tercio pelo azul oscuro y al abrirlo se vio un anillo con una gema de color ambarino y dos diamantes a los lados.
Así es, Desmond tenía pensado pedirle matrimonio a Amber pero aun no encontraba el momento para hacerlo, así que pensó que se lo diría en su cumpleaños que ya estaba cerca.
En ese momento Hugo llegaba a Enchancia, aunque su princesa no lo amara él tenía que ayudarle a ver quién era realmente Federico, salvarla de un gran sufrimiento aunque él se sentía así.
Los guardias lo dejaron pasar y el mayordomo lo recibió un poco sorprendido de verlo tan temprano.
"Buenos días príncipe Hugo, ¿qué desea?" - hablo con tranquilidad.
"Buenos días, ¿esta...Sofia?" - preguntó nervioso y ruborizado.
"He...sí, pero ella aún no despierta, permítame llamarla para avisarle que está aquí" - le pidió con una reverencia y él se quedó parado allí esperando.
"Te amo Sofia" - le había respondido él en un susurro y con sus labios muy juntos.
"Hugo..." - había dicho ella en el mismo tono que él
Sus ojos estaban conectados, sus respiraciones estaban al mismo ritmo y sus labios tan juntos, la pación se podía sentir en ambos, definitivamente lo amaba, lo amaba como una loca y aquella oscuridad los hechizaba.
Sin perder tiempo lo beso apasionadamente tomándole por sorpresa pero que sin duda le había encantado ya que la había pegado más a él y profundizar el beso para luego comenzar a devorar su cuello y ella se sintiera débil y con las piernas de gelatina ante él.
Unos golpes se escucharon pero ella los ignoro y continuó dejándose llevar por la hermosa sensación que los besos de Hugo causaban en su piel pero de nuevo se escucharon y esta vez acompañados de una voz conocida.
"Princesa Sofía, princesa Sofía, ¿está despierta?, princesa" - esa era la voz de Baileywick pero ¿qué hacía allí?
De repente abrió los ojos y observó a su alrededor, era de mañana y estaba en su habitación, todo había sido un sueño. Se sonrojó violentamente al recordarlo, ¿cómo podía tener ese tipo de sueños con Hugo?, sus mejillas estaban más coloradas que un tomate.
"Princesa Sofía" - de nuevo se oyó la voz de Baileywick tocando la puerta así que se levanto y abrió la puerta para hablar con él.
"Buenos días Baileywick, ¿sucede algo?" - preguntó extrañada por la insistencia del hombre.
"Buenos días princesa, quería avisarle que el príncipe Hugo esta abajo y quiere verla" - respondió con respeto.
La cara de Sofia se puso más roja que antes que casi podía sentir que la temperatura se le subía, ¿cómo podía ser?, estaba soñando con él de aquella forma tan...rara y ahora él estaba allí, ¿acaso el destino quería reírse de ella?
"¿Se encuentra bien princesa?" - le preguntó su mayordomo al ver que se había quedado muda por unos minutos.
"Si...sí, he...dile que bajare en uno minutos, ¿sí?" - pidió.
"Como diga princesa" - y así se fue para cumplir la orden.
Sofia cerró la puerta con gran suspiro, ¿cómo podía ver a Hugo a la cara después de semejante sueño?, no sería fácil pero de igual forma su corazón se moría por verlo y tenerlo cerca, como hubiera querido que ese sueño fuera real y que él le dijera que la amaba, así no hubiera tomado la decisión de casarse con alguien que no ama.
Un rato había pasado y él seguía allí esperándola, Baileywick le había ofrecido algo de tomar pero él no quiso así que no se movió de allí esperando verla.
"Hugo" - escucho decir a lo lejos pero no era ella, era James quien se veía sorprendido de verlo allí.
"Buenos días James" - le dijo a modo de saludo.
"Buenos días pero ¿qué estás haciendo aquí tan temprano?" - preguntó el rubio.
"He...vine a ver a Sofia" - respondió con nerviosismo.
"Si, sé que esta noticia debe dolerte mucho" - acepto al recordar de los sentimientos de su amigo por su hermana menor - "pero descuida, a mí tampoco me agrada ese hombre"
Hugo sonrió en agradecimiento por la comprensión pero unos pasos de tacón en las escaleras llamaron su atención y al subir la mirada allí estaba ella.
Majestuosa, hermosa, bella, no había palabra para descubrir su hermosura y lo que sentía al verla.
James sonrió divertido al verlo con la boca abierta y viendo a su hermana como bobo enamorado.
"Buenos días Hugo, ¿para qué querías verme?" - preguntó la joven con sus buenos modales pero casi evitando su mirada.
Al ver que el peli negro no respondió James le dio un codazo para que saliera del ensueño.
"Bue...buenos días Sofia" - respondió apenado.
Ambos tenían sus caras tan rojas como un par de cerezas pero no sabían que decirse.
"Bueno, iré a desayunar, nos vemos después chicos" - respondió el chico muy divertido por el nerviosismo y timidez de ambos, sabía que solo Hugo podía quitarle a Sofia esa idea de casarse con ese tipo.
"Bueno...yo...quise venir para que me cuentes cómo te fue en tu viaje" - mintió pero era necesario para llegar al punto que quería.
"Bueno, si, por supuesto, vamos" - le dijo con una de aquellas sonrisas que tenía la virtud de derretirlo.
De repente vieron a Desmond bajando las escaleras y con el mismo traje de la noche pasada.
"¿Desmond?, no sabía que te habías quedado en el castillo" - preguntó Sofia con extrañeza.
"¡Sofia, Hugo!, he...si...este...me quede porque era muy tarde y no podía irme, y mi mama sabe que estoy aquí pero ya debo irme, adiós" - respondió el chico bastante nervioso para luego caminar o más bien correr dejando a Hugo y Sofia muy confundidos.
"Que extraño, es como estuviera escondiendo algo" - comentó el oji verde oscuro mirando la puerta del castillo y lo mismo pensó Sofia.
"Federico, te felicito, has hecho un buen trabajo, la princesa Sofía es una mujer hermosa pero ya sabes que las mujeres solo sirven para verse lindas y hacer tonterías de niñas" - decía orgulloso su padre.
"Claro, me alegra que estés orgulloso, Albuquerque siempre nos ha opacado y ahora que tengo a la princesa que Hugo ama en mis manos, seré la envidia de todos" - mencionó con una sonrisa mezquina.
"Perfecto, ya sabes que debes enseñarle a esa princesa quien manda he escuchado que le gusta el Derby Volador y cosas que solo los hombres pueden hacer, debes enseñarle a respetar cuando se casen" - le explico cómo si fuera una ley.
"Lo sé padre, muy pronto estaremos casados y Sofia se deberá comportar como una verdadera esposa o tendrá que atenerse a las consecuencias" - mencionó.
Sofia y Hugo estaban muy felices de estar juntos, realmente se habían extrañado como locos y si pudieran hacerlo se besarían hasta quedarse sin aire.
Sofia casi no podía ver a Hugo a los ojos ya que no podía dejar recordar aquel sueño pero él solo la veía con una de sus galantes sonrisas y eso la ponía más nerviosa y sonrojada.
Decidieron desayunar juntos en el jardín y su familia no objeto ante ello.
"No sabía que conocías a la reina Elena de Avalor" - le dijo impresionado.
"Si, la conozco desde que era una niña y llamó a su hija como su mamá en honor a ella, Elena paso por momentos difíciles y me alegra que ahora pueda ser feliz" - le dijo con una sonrisa suave.
"Si, escuche que sus padres murieron por culpa de una malvada hechicera pero ella logró salvar a su reino" - comentó - "¿sabes?, mi hermano está en planes de casarse con Astrid y la boda será en un mes"
"Me alegro, me imagino que tú y Hildegard...pensaran en eso también" - comentó con tristeza.
"¿Hildegard?, ¿qué quieres decir?" - preguntó confuso.
"Si, Hildegard y tú son novios, ¿no?, es normal que piensen en eso" - respondió con pesar.
"¿De dónde sacas que Hildegard y yo somos novios?" - quiso saber, no entendía nada.
"Cuando estaba en Villa Paraíso me llego un mensaje de Hildegard diciendo que eran novios" - recordó quitando la parte de que la azabache le había pedido que se olvidara de Hugo porque supuestamente él era suyo.
"¿Cómo?, no lo puedo creer, Sofia, Hildegard y yo no hemos ni nunca tendremos nada, ella no es mi novia" - le explico molesto con la princesa del reino más frío, luego le exigiría una explicación.
Sofia se quedó inmóvil, no era cierto, Hugo no tenía novia ni menos era Hildegard, pero aún así nada le aseguraba que sintiera lo mismo que ella.
"Sofía, ¿cómo fue que conociste a Federico?" - le preguntó con cautela.
"Bueno, fue cuando estaba en Norberg, charlamos y...fue...amor a primera vista" - mintió, no podía decirle que no amaba a Federico.
"Ya veo y ¿cómo te trata?" - quiso saber ya que conocía la manera en la que este trataba a las mujeres.
"Bien, ¿por qué?" - respondió con algo de confusión.
"Sofia yo...conozco a Federico, él no es..." - quiso advertirla pero la persona más indeseable si hizo presente.
"¿Qué es lo que no soy Hugo?" - Preguntó Federico al colocarse atrás de Sofia y mirar a Hugo con una mirada de superioridad.
El oji verde oscuro le vio con enojo y desconfianza, no le gustaba verlo tan pegado a su princesa.
"Tanto tiempo sin vernos Hugo, ¿cómo sigue tu padre?, escuche que tu hermano se casa con la princesa Astrid de seguro tendrás los mismos planes con Hildegard" - mencionó con la intención de hacerlos sufrir.
"No, te equivocas, Hildegard y yo no somos nada, es más, es la prometida de Zandar" - arremetió Hugo con firmeza.
"Qué extraño, no lo sabía, Sofia y yo tenemos pensado casarnos en un par de meses, supongo que ahora tu padre te pondrá como príncipe heredero, felicitaciones" - hablo con falsedad.
"Si, pero aún mi padre no lo ha hecho público, está preparando todo para anunciarlo frente a todos" - le explico.
"Bueno avísanos la fecha y estaremos allí, ¿verdad amor?" - menciono refiriéndose a Sofia para además darle un beso en la mejilla.
Hugo apretó los puños y trató de aguantar las ganas de partirle la cara a Federico, mientras que Sofia quería evitar los besos del mismo, ellos no se habían besado nunca pero Sofia había aceptado casarse ya que era "buen chico"
"Sofia necesito hablarte sobre la boda, ¿nos dejarías solos Hugo?, gracias" - le preguntó haciéndole a un lado.
"¡Federico!" - le regañó la oji azul ante su trato malo a su amigo y verdadero Amor.
"Está bien Sofia, hablaremos luego" - tomo su mano y la beso con delicadeza y ella se sonrojó toda.
Les fue difícil soltarse pero tuvieron que hacerlo y aunque Federico lo veía de una forma rabiosa se quedaron viendo por unos cuantos minutos para que el chico pudiera irse.
"¿Por qué fuiste tan grosero con Hugo?" - le recriminó.
"Perdona es que me moría por verte, mi padre consiguió que el gran Bryce Twigley venga a nuestra boda y que haga un retrato de nosotros, ¿no es maravilloso?" - preguntó emocionado.
"Si, es...maravilloso" - trato de apretar que le alegraba la idea pero no era así.
"Tú y yo en una pintura del más magnífico pintor de todo el mundo, no puedo esperar para ello" - mencionó para luego intentar besarla.
"Federico, ¿no recuerdas lo que te dije?" - preguntó alejándose de él.
"Oh, sí, nuestro beso será en la boda, así será mucho mejor, descuida, no hay problema" - pero la verdad era que estaba cansado de esa excusa para no besarlo.
Hugo se había escondido detrás de una pared para ver cómo era el noviazgo de Sofia con Federico y el notar que ella no quería besarlo le extraño pero eso le dio esperanza.
Los días pasaron, la boda de Sofia estaba en marcha pero la joven no parecía feliz por ello, Hugo estaba atento a cada gesto o movimiento de Sofia cuando estaba con Federico y ciertamente empezaba a sospechar pero cada precioso momento que podían estar a solas lo atesoraba mucho.
Amber y Desmond continuaron teniendo relaciones a escondidas y el cumpleaños de James y ella se acercaba cada vez más y Desmond no podía esperar para al fin pedirle matrimonio, sin embargo la chica comenzaba a sentirse extraña.
Los padres de Sofia y Hugo buscaban una manera de unir a ese par para que Sofia abandonara aquella decisión de casarse con Federico y es que no tenían que ser videntes para ver qué esta boda era una farsa.
"Un tiempo en mi castillo, solo ella" - respondió el rey Garrick como una idea.
"Pero ¿con qué excusa?" - quiso saber su amigo Roland.
"Fácil, la boda de mi hijo es en unas semanas y Astrid ya me había dado la propuesta de poner a Sofia como una de sus damas de honor y además Sofia es tu hija y la princesa de Enchancia, tengo que nombrar a Hugo príncipe heredero de mi reino, puedes enviarla como tú embajadora con la excusa de que te sientes enfermo y no puedes asistir" - le explico feliz de tener un plan.
"Pero Sofia preguntará porque tendrá que ir ella y no sus hermanos, pues James es el príncipe heredero" - dedujo Miranda.
"Podría decirle a Sofia que James no puede porque Vivian lo necesita, después de todo sus padres deben nombrar a su hermano Ricardo príncipe heredero" - recordó Roland.
"Mañana es la boda del príncipe Zandar con la princesa Hildegard, Astrid podría pedirle que sea una de sus damas de honor y conociéndola no se negara, de esta forma tú le dirás que necesitas que sea tu embajadora en mi castillo para estar presente en mi juramentación para colocar a Hugo como mi heredero, ella sabe que yo le tengo aprecio y ese chico no tiene porque saber que ella está en mi castillo" - ideó el rey de Albuquerque.
"Perfecto, de esta forma podremos darles tiempo para que se sinceren y digan la verdad de lo que sienten" - respondió feliz el rey Roland.
"¡Dios, me siento horrible!" - decía Amber mientras salía del baño luego de llevar tres días vomitando.
Se tumbó en su cama con poca energía, estaba cansada de levantarse con nauseas y algunos mareos.
"¿No será que estas enferma?" - le preguntó su hermana quien le había dado un té para el estomago - "tal vez comiste algo que te cayó mal"
"Puede que sí, es muy extraño, en la mañanas tengo nauseas, vomito, como y algunas veces vuelvo a vomitar, además que algunos olores me han comenzado a dar fatiga y lo más raro es que tengo antojos de comidas que yo nunca comería" - explicó mientras se tomaba el té.
"Debes ver al doctor Amber" - le indicó Sofia.
"Si, es lo mejor pero esperare para después de la boda de Hildi, me pidió que fuera una de sus damas de honor, Clio será su madrina de bodas y no quiero defraudarlas, tal ves solo necesito descansar y mañana estaré mejor" - explicó la princesa con esperanzas.
"Pero Amber llevas tres días así, tienes que ver a un médico" - exigió su hermana regañándola.
"Si lo are Sofia pero solo después de mañana, ¿sí?" - le pidió.
"Ok, pero al día siguiente veremos a doctor" - declaró después de un suspiro.
"Gracias Sofia, eres la mejor" - le agradeció con una sonrisa para continuar tomando el té.
"Gracias por ser mi uno de padrinos del novio Hugo, se lo difícil que te debes sentir por lo de Sofia" - comentó Zandar a su amigo Hugo en Tangu.
"Descuida, eres mi amigo y no podía negarme y ¿dónde está tu novia?" - preguntó ya que no la había visto ni en los ensayos para la boda de su hermano con la hermana de ella y es que tenía una cosita que reprocharle a esa loca.
"Está aquí con sus amigas, Amber vendrá más tarde para el ensayo" - le dijo guiándolo al salón en donde estaba.
Al llegar la vio dándoles órdenes a los sirvientes y abanicándose con su abanico como si fuera la reina del mundo, rodó los ojos al preguntarse qué le vio Zandar a Hildegard.
"Buenos días Hugo, ¿cielo podrías decirle a los sirvientes que quiero los manteles azul oscuro y nos los azul mar?" - le pidió y ante el asombro de Hugo este corrió a cumplir con ello.
"Hildegard tengo algunas preguntas para ti" - hablo Hugo con molestia.
"Dime" - continúa ella con sus aires de grandeza.
"Se puede saber ¿qué mensaje le enviaste a Sofia diciéndole que tú y yo éramos novios?" - preguntó sin rodeos.
La joven dejo de abanicarse y sus ojos estaban casi por salir de sus órbitas.
"Bueno...eso es por..." - no sabía cómo responder.
"Estoy esperando una buena respuesta" - reclamó el joven.
"Bien, si quieres saber, antes de enamorarme de Zandar lo estaba de ti y para asegurarme de que Sofia no fuera un obstáculo le envié un masaje con una pequeña mentira para que se mantuviera alejada pero ya no importa" - le dijo sin mucha culpa.
"Mira Hildegard, Sofia no tiene la culpa de que yo la ame, no tenías que molestarla" - le regañó.
"Bueno, ok, lamentó que ahora Sofia este por casarse con otro y no contigo pero si te doy un consejo no te rindas aún, eso es todo lo que diré, si me disculpas debo ir con mi prometido" - y con su acostumbrada elegancia se fue con Zandar quien la recibió feliz.
Nunca entendería a esa chica, ni cómo había enamorada a Zandar pero en algo tenía razón, mientras Sofia aún no dijera acepto ella podía cambiar de opinión.
El día de la boda de Zandar y Hildegard llego y Sofia estaba preocupada por Amber quien se veía amarilla.
Después vino la recepción de la boda, todo era alegría y diversión pero Sofia estaba en el baño ayudando a su hermana siendo esta la segunda vez que vomitaba.
"Amber si te sentías mal no debiste venir" - le decía Clio quien se había dado cuenta de lo mal que se veía su amiga.
"¿Ves?, hasta Clio lo dice, Amber mañana mismo iremos al médico" - le exigió su hermana.
"Si, si, lo haré, solo déjenme tranquila" - respondió sintiendo el estomago otra vez vacío.
Clio y Sofia se miraron preocupadas por ella pero no podían hacer nada más.
Más tarde llegó el momento en el que la novia tenía que lanzar el ramo y sin esperarlo Vivian lo atrapó dejando a James impresionado, ya que según la tradición eso significaba que sería la siguiente en casarse.
Al fin, a la mañana siguiente Sofia y Amber salieron temprano al médico para que nadie más lo supiera, le hicieron algunos exámenes y en un rato les darían los resultados.
"¿Y si tengo un parasito? O ¿una enfermedad terminal?, ¿una maldición?" - pensaba angustiada la joven rubia.
"No te apresures Amber, esperamos los resultados" - le animó la oji azul.
El doctor entro ya con los resultados y ellas esperaban expectantes.
"Bueno, su majestad ya tengo los resultados de sus análisis y creo que debo felicitarla" - mencionó con una sonrisa pero ellas lo vieron sin comprender.
"Perdón, ¿a qué se refiere?" - quiso saber Sofia.
"Bueno, déjeme decirle princesa Amber que está embarazada, felicitaciones" - soltó sin saber la bomba que derramó sobre ellas.
Amber estaba en shock no podía creerlo, ¿embarazada?, ¿embarazada?, no podía ser cierto.
Por su parte Sofia estaba más confundida que antes, ¿su hermana embarazada?, ¿cómo pudo haber pasado?
