Okay, no tengo muchas esperanzas en este fic pero QUE MAS DA, a darle :3
Pasaron unos minutos en los que solo pude continuar llorando en los brazos de ese idiota desconocido, que probablemente era un drogadicto porque olía horrible. Pero de cierta forma se sentía algo bien ser abrasado de esa manera, y lo necesitaba.
No quería separarme ya que eso significaba que debía decir algo, y sabía que la cagaría.
El payaso estúpido se hartaría de mi odiosa personalidad y se iría, dejándome solo nuevamente, con mis pensamientos y con toda la libertad del mundo de poder saltar de ese edificio con la esperanza rota.
Quería golpear a ese tipo en la cara, solo para desquitarme, puesto que mi propio cuerpo ya estaba muy lastimado.
—Ya, ya, amiguito. Toda esta putamente bien. — Continuaba diciendo con su voz desesperadamente tranquila, mientras me acariciaba el cabello como si fuera un felino.
—De…deja de llamarme así. — Me decidí a hablar por fin. Pero cuidando mis palabras, aún quedaba gran parte de mi personalidad que simplemente no podía ahuyentar.
Levanto mi cabeza para mirar su espeluznante sonrisa de maquillaje corrida, pero más profundamente veo su sonrisa de verdad, realmente cálida y confortable.
Me levante en un movimiento rápido y me zafé de su cariñoso agarre, caminando hacía la baranda nuevamente.
—¡Hey! — Escucho como exclamó apresuradamente, pero luego se calmó al ver cómo me agachaba para coger mi bolso que se encontraba en el suelo.
Era un día de clases después de todo.
Me deje llevar un poco por su estúpido abraso y ya comenzaba a arrepentirme.
Necesitaba relajarme un poco, tenía demasiadas emociones sin controlar, necesitaba llegar a mi casa en este instante.
Con mi bolso en mano, me dirijo hacía la puerta de la azotea, dispuesto a irme lo más pronto posible, encerrarme en mi cuarto y no salir en una semana.
Abro la puerta con prisa y me doy cuenta que el tipo me está siguiendo. Ahora con un bolso roto y descuidado, caminaba detrás mío, pero cerca.
—¿Qué mierda haces siguiéndome? —
—No sé si te das cuenta hermano, pero acabas de tratar de tirarte de un puto edificio y después lloraste en mis brazos por cinco minutos. —
Ugh… sonaba tan patético.
Comencé a caminar más rápido, tratando de ir varios escalones adelantado del otro, así cuando llegara a mi piso, podría correr y cerrarle la puerta en la cara.
—No te voy a permitir hacer eso de nuevo, hermano. —
—¿Y quién mierda te crees para decirme que hacer o no con mi jodida vida? — Ya comenzaba a desesperarme.
En parte quería que alguien me detuviera pero también quería que me dejaran solo.
Mierda, no lograba ni entenderme a mí mismo.
Luego de bajar 5 pisos, llegue al décimo, donde se encontraba mi departamento.
Abrí la puerta de un golpe y corrí por el pasillo.
Pero olvide un pequeño detalle. Para el momento en que tuviera que sacar mi llave y abrir la puerta, el tío ya me habría pillado.
Ya iba llegando a mi número y debía pensar rápido. Pero noto algo.
No oía pasos detrás de mí, el tío payaso no estaba siguiéndome.
En mi carrera por llegar a la puerta, giro mi cabeza y veo como él solo mira fijamente el número de piso y luego me mira a mí, haciéndome una seña con su mano, despidiéndose.
¡A como me venía a visitar lo mataba!
Doble en la esquina de pasillo, al lado del ascensor y saque mis llaves.
Mi papá ya debía de estar en el trabajo, así que no me preocupe de llegar a casa a esa hora.
Aproximadamente a las 8 am, cuando debía estar en la escuela.
Cerré la puerta con un portazo y lance mi mochila lejos, importándome una mierda lo que hubiera dentro.
Yo realmente iba a…
¿Yo realmente iba a saltar?
No, la verdadera pregunta aquí sería…
¿Saltaría mañana?
¡Ha sido un puto milagro!
Todo en el comienzo de este día había sido un putísimo milagro.
Yo estaba ahí, despertándome como cualquier otro puto día después de una noche con mi colega la MariaJuana y ¡Bam! Veo a ese chico en el borde del edificio, llorando y susurrando cosas a sí mismo.
Fue un milagro el que me despertara a tiempo para poder sacarlo de ahí.
El chico se quedó ahí llorando unos minutos en mis brazos después de gritarme. Fue putamente triste.
Tenía los ojos rojos de tanto que lloró y mojó casi todo el pecho del polerón que yo llevaba puesto.
Sollozaba con tanto puto dolor que hasta yo me puse triste.
¿Qué lo habría impulsado a quitarse tu putísimamente valiosa vida?
Y para empeorar la condición de mi corazón, se zafó de mis brazos y se acercó nuevamente al borde del edificio. Casi me da un puto infarto. Pero resulto ser que solo iba por su jodida mochila.
Me hubiera gustado preguntarle muchas cosas. El porque lo había hecho, si necesitaba ayuda, cualquier cosa hubiera hecho por un hermano triste.
Después bajó las escaleras apresuradamente y corrió hasta lo que parecía ser su apartamento.
No quise seguirlo, supuse que el chiquillo necesitaría tiempo para arreglar su mierda. Pero me fije claramente en el número de piso.
"Décimo piso"
No sabía cuál era el número de su vivienda, pero eso no me detendría.
Iré mañana a ver si está bien… o vivo. Aunque probablemente me echará a patadas.
¡Su carácter sí que era putísimamente divertido!
Mi cuarto era un asco.
Repugnante pedazo de mierda, con tazas y platos tirados en el suelo al igual que los envases de galletas y comestibles.
Cerré la puerta con llave, aunque sabía que no había nadie.
Tiré toda la ropa sucia que se encontraba arriba de mi cama y la tire al suelo.
Abrí la ventana que estaba justo arriba de mi cama, pero sin correr la cortina, me gustaba más mi cuarto oscuro.
Estaba tan harto de todo. Todo era monótono y estúpido, odio, insoportable.
Odio cada segundo que respiro, cada segundo que sigo vivo.
Por último saco de mi bolso una cajetilla de cigarros y un encendedor. Otra de las razones por las que mi cuarto era un asco, siempre olía a tabaco.
Me puse a fumar en la ventana de mi habitación, tirando las cenizas en una pequeña caja de galletas que tenía posicionada ahí desde antes, pensando en todo lo que había pasado.
Después pasare por la cocina, sacaré unas palomitas y me pondré a ver una película.
Estoy bastante sentimental así que lo más probable es que llore como un marica.
A estas alturas ya no importaba, no quedaba más dignidad en mi cuerpo, toda se fue cuando cedí ante un abrazo de un drogadicto extraño.
Pero tratare de no pensar en ese tipo, me traía mucha confusión.
A la mañana siguiente no pensaba levantarme para ir a la escuela, pero mi padre insistió en que fuera.
Su presencia me fue incómoda, Me pregunto…¿Cómo hubiera reaccionado mi padre?
Probablemente se habría matado… lo deseaba desde hace mucho tiempo, muchos años, pero no podía hacerlo porque yo seguía en su vida.
De hecho creo que le hubiera hecho un favor.
Verlo salir todos los días a su trabajo de mierda, con ningún ánimo para seguir viviendo, solo que yo estaba ahí entrometiéndome, estando jodidamente vivo.
Quizás sería lo mejor para los dos.
Pero dejare estos pensamientos para después, ahora tengo hambre y necesito apurarme.
Ya tenía puesto mi uniforme, aunque bastante desaliñado.
Voy hacia la cocina y ahí es donde escucho a mi padre salir por la puerta, despidiéndose.
Tomo una taza de uno de los cajones y luego una cuchara. Voy hacia el otro extremo de la cocina y saco una caja de cereales.
Odio los cereales, pero es lo único que había.
De pronto escucho el timbre y unos golpes en la puerta.
¿Qué se le habrá olvidado a mi viejo?
Me dirijo hacia la puerta con el tazón en mano y la cuchara en mi boca, caminando desganado.
—¿Qué rayos se te olvido hoy? — Al abrir la puerta, no es a mi padre quien me encuentro, sino al tipo de ayer, aunque ligeramente menos siniestro, ya que su maquillaje estaba bien puesto.
A quien engaño, sigue dándome miedo.
—¿Qué mierda quieres? —
Sabía que este tío iba a venir, solo que no pensaba que tan pronto. Tenía una pinta muy despreocupada y estaba hecho un desastre, pero de alguna forma le venía mucho a su personalidad.
Tenía unos rulos muy desordenados y un cabello muy oscuro, al igual que sus ojos.
Llevaba una polera morada extremadamente grande, junto con un pantalón gris igual de suelto. Para que hablar de sus zapatillas, eran moradas y estaban completamente destruidas.
Era extraño, pero aunque estuviera hecho mierda, seguía viéndose… bien.
—Hola, hermano, vine a visitarte. — Pone su mano en la puerta y la empuja levemente, haciendo el ademan de querer entrar.
—Realmente no tienes vergüenza, ¿huh? Sal en este mismo puto instante.
—Vamos hermano, te puedo acompañar a la escuela. Puede ser un trayecto putísimamente aburrido. —
Cierro la puerta en su cara, sin importarme si le golpeaba o no.
Volví a la cocina para continuar comiendo cuando vuelvo a escuchar el timbre.
Me dirijo hacia allá enfurecido, sin abrir la puerta le grito:
—¡Vete de una puta vez! No te abriré.
—¡Okay, bro! ¡Te espero!
—¡UUGH! ¿Por qué tiene que ser tan putamente molesto?
Volví por segunda vez a la cocina, terminando rápidamente mi desayuno para después ir al baño a cepillarme los dientes.
Eché un cuaderno a mi mochila, no iba a necesitar más, y fui a la puerta.
Para este entonces ya se habría ido, ¿verdad?
Joder no.
—Si que te demoraste, hermano. — Dijo mientras me miraba hacia arriba. Estaba sentado justo al lado de mi puerta, realmente parecía un vagabundo o algo.
—No quiero que me acompañes, pedazo de mierda, ahora largo. —
Muy en mi interior quería tratarlo un poquito bien, pero mi exterior, que era el desagradable amargado de mierda, solo hacía lo suyo y le gritaba a las personas.
Bueno, este tío ya estaba viendo como era yo realmente, así que no tardaría en dejarme en paz.
—Sí que tienes un carácter, hermano. — Ahí empezaba, se había hartad—Me gusta.
Y solo sonrió estúpidamente mientras me seguía el paso.
Este imbécil, cree que solo con sonrisas lograra ser mi amigo.
Quizás esté funcionando, un poquito… ¡Pero solo un poquito!
Rayos, que fic mas ñoño XD Bueno, intentare que el próximo capitulo no sea un pedazo de mierda :3 JA.
Si alguien tiene alguna sugerencia, son bienvenidas!
Bueno, muchas gracias por leer hasta aca, que tengan buen día!
