Disclaimer: Los personajes de Twilight no me pertenecen a mí sino a Stephanie Meyer su creadora. Yo solo los tomo prestados por diversión, para mi historia. La cual es completamente mía.

Capítulo 2

Edward se levantó con una terrible jaqueca. No sabía a que se debía ya que raras veces bebía, mucho menos se quedaba hebrio. ¿Qué rayos le pasaba para despertar en tan mal estado?

—¿Que...? —murmuró.No tuvo que esforzarse mucho para adivinar quien era la mujer que estaba a su lado. Maldijo suavemente en silencio—. Cuando vas a aprender, Edward —susurró para sí mismo, levantándose de la cama.

Se había emborrachado de nuevo, aunque pensaba que no, lo había hecho. Y sabía quien era la responsable de su estado y cómo lo había aprovechado.

—¿Ed? —pero Edward ya había salido de la habitación. No quería escuchar su voz femenina haciéndole eco de lo bastardo que se había comportado. De lo infiel que se sentía al traicionar el recuerdo de su esposa acostándose con su hermana menor.

—¡Maldición!

—¡Ed! —la bella rubia se había levantado de su cama y salió rápido al pasillo para alcanzarlo. Cuando encontró a Edward en el pasillo, éste la miró sin emoción en su atractivo rostro. Temiéndo lo peor, retrocedió un par de pasos de él a la vez que se amarraba más la sábana para ocultar su desnudez.

—¿Que haces aquí Tanya? —susurró feróz—. ¿No he sido claro un montón de veces sobre esto? —rugió—. Vístete y lárgate antes de que te eche a patadas a la calle.

—Edward yo...

—¡Ahora! —gritó ofuscado acercándose a ella—. No me hagas que te eche a la fuerza por esa puerta —señaló la puerta con su dedo.

—¡No puedes echarme! ¡No hicimos nada malo!

—Voy a darte exactamente cinco minutos para que quites tu trasero de mi apartamento. O te juro que te saco desnuda sin importarme quien pueda verte. Tu decides, uno.

La joven corrió hasta la habitación para tomar sus prendas y vestirse lo más pronto posible. Edward era un patán. ¿Qué tenía de malo un poco de sexo por consolación? Ni siquiera entendía el motivo de su mal humor... Sacando el hecho de que ella era su ex cuñada.

Lo amaba, maldita sea, amaba tanto a ese patán que incluso cuando era el novio de su hermana no había podido olvidarlo. Mucho menos ahora que era libre. Sin embargo, él parecía querer huír de la faz de la tierra, y todo porque se sentía culpable de haberse acostado con ella.

¡Patético!

—Tres...

—Creí que eran minutos no segundos —comentó poniéndose los zapatos.

—Cuatro —advirtió Edward y ella roló los ojos, derrotada.

—Bien, bien.

Terminó de ponerse los zapatos y le lanzó una mirada desdeñosa.

—Tal vez si fueras más caballero podrías haber disfrutado de mí —se acercó dando fuertes zancadas hasta la puerta—. Adiós —cerró la puerta de un portazo. Edward suspiró.

Era la tercera vez que había pasado por aquella situación, nada de lo que hacía parecía estar bien, y para sumarle la fresa a la torta tenía que lidiar con una amante celosa y su excéntrica madre que estaba de vacaciones. ¿Qué cosa en la vida podía haber peor?

Alguien tocó la puerta.

—¡Hola Eddy, cielo!

—Hola.

—¿Porqué tienes esa cara?

—Una mala noche —contestó somnoliento, a la vez que dejaba salir un bostezo.

—Oh, ¿y puede ser que se deba a la joven bonita que acaba de salir?

—Eso no te incumbe —farfulló entre dientes, hastiado con la situación.

—Sólo quería saber —murmuró apenada, haciéndo un falso puchero que Edward no se creyó ni por un segundo.

—Ya entendí, pero ahora estoy lléndome al trabajo —anunció caminándo hasta donde estaba la nevera—. Así que tendrás que esperar a que regrese para contártelo

—De acuerdo —torció la boca—. ¿Qué hago aquí para divertirme?

—Ahí está la tele, mamá. Enciéndela.

—Esta bien.

Con eso salió de ahí para dirigirse a la ducha y luego prepararse para otro día.

o.o.o

Bella se levantó poco antes de seis, se miró en el espejo y por un segundo no se reconoció: tenía unas ojeras muy profundas y pronunciadas, y la palidez de su piel no ayudaba en nada.

Jamás se había visto tan demacrada como si no hubiera dormido en meses, ¿se debería a las pesadillas que tenía de vez en cuando? Caminó despacio hasta la ducha y abrió el grifo dejándo que el agua caliente mojara su cuerpo, cuando pasaba por malos momentos le gustaba darse un buen baño para relajarse y conectar su cabeza al planeta tierra, salió enroscándo su largo y suave cabello castaño y se envolvió en una bata de toalla que estaba colgada en la puerta.

Bajó a desayunar y su familia ya estaba esperándola, los saludó a todos con una amable sonrisa y se sentó al lado de Emett para devorar una tostada.

—¿Lista para ir de compras? —dijo Belinda cuando acabó su desayuno—. Tengo en mente visitar una tienda que te puede gustar.

—Eh, si, yo...—replicó sirviéndose un vaso de zumo de naranja—. Pensaba que podrías prestarme algo tuyo. Ya sabes, para no gastar por una noche...

—Oh claro —respondió—, pero dudo que tengamos la misma talla.

—Podemos ajustarlos un poco —dijo con simpleza. Belinda arrugó el ceño confundida.

—¿A uno de mis vestidos?

—Sí, porque no. No me entiendas mal, tía. En verdad agradezco todo lo que haces por mí, pero, comprar un vestido es muy costoso y solo lo voy usar una noche —negó—. Nunca tengo eventos importantes. Este es el primero.

—¿Y tu fiesta de graduación que?

—No fue —respondió Emett—, a menos que la dejaran entrar con sus Converse y camisa a cuadros se negaba a asistir.

—Ja ja, que gracioso —dijo ceñuda. Emett se encogió de hombros divertido.

—Es la verdad, hermanita. No sales de esa ropa. Creo que deberías dejar que la tía moda te enseñe algunos de sus trucos —bebió un sorbo de zumo de manzana—. Digo, si es que quieres parecer mujer.

—¡Ya cierra la boca Emett! ¡Esto no es asunto tuyo!

—Que no..

—¡No!

—Ya basta los dos —intercedió su madre—. Parecen dos niños como cuando tenían seís y diez años —miró enojada a Emett—. Emett te sugiero que no te metas en la vida de tu hermana. Ella es libre de vestir como le plazca y no debes juzgarla —luego miró fijamente a Bella a los ojos—. Y tu Isabella compra más faldas. Fin de la historia.

—Pero —dijeron los dos al unísono, pero bastó una sola mirada de René para mandarlos a callar.

—No quiero oír más de esta discución de nuevo —murmuró hastiada—. Siempre es lo mismo.

—Tengo mi propia modista. Ella puede hacerte un vestido en sólo un par de horas, cariño —Habló Belinda—. Será un regalo de mi parte. No te lo tomes tan personal.

—Hmm...

—Solo te tomará un par de minutos en que te tome las medidas. Tú le explícas el modelo que quieres y el color etcétera. Ha hecho maravillas con mi viejo cuerpo —rio con ganas, y los presentes también—. De hecho voy a llamarlo en este preciso momento. Sé que no tardará en llegar —se levantó hasta el teléfono que tenía colgado en la pared y marcó de la mujer.

—Creo que hoy será un largo día —suspiró Bella.

Al llegar al edificio de Cullen saludó a Jesica, su compañera de cubículo. La joven estaba tan enfrascada en su trabajo que a penas le hizo una cabezada tras la laptop.

Esa noche era la gran evento donde se reunirían los empresarios más importantes de la sede, si faltaba algún empleado era un tremendo error. Así que no podía permitirse tal cosa.

Intentó concentrarse en el trabajo que tenía para ese día. Debía llevar unos folder hasta la oficina de administración que debía presentar hasta dentro de unas semanas. Sin embargo Bella era muy responsable y había adelantado mucho trabajo que todavía no debía presentar. Solo para estar tranquila y que luego no se le juntara todo.

Agarró los folder que estaban en el cajón de su escritorio y le avisó a Jesica que iba subir hasta la oficina donde los requerían. Salió del cubículo y caminó hasta los ascensores... Un piso. Dos. Tres... Cuando las puertas se abrieron su corazón casi dio un vuelco. Edward Cullen entraba de lo más distraído, anotándo algunos datos en su tableta digital y con el cabello y su traje acomodados impecablemente. Llevaba un vaso de café desechable en la otra mano y el portafolios. La boca se le secó y su corazón comenzó cada vez más frenético, el sentimiento se intensificó cuando el apuesto de su jefe entraba a donde estaba ella, todavía distraído, y apretaba un botón para que el aparato comenzara a subir.

—Hola —masculló apenada. El hombre apenas levantó una ceja para fijarse en si existía o no. La revisó de pies a cabeza, y Bella creyó ver algo raro en su mirada. Algo que nunca había visto en los ojos de otro hombre. Fascinación. Tragó en seco para aclarárse la garganta—. Que tenga buen día —salió deprisa de la caja metalica antes de que subiera al piso que él iba.

¡Dios santo! con paso apresurado caminó hacía la oficina de administración. Luego de entregar sus informes bajó hasta su cubículo y solo cuando estuvo cómoda en su asiento se permitió suspirar.

¡Por todos los cielos! ¡Acababa de estar con el hombre más sexy del edificio cuatro segundos en el mismo lugar!

Le parecía un sueño. Las veces que se lo había topado había sido porque ella lo había seguido sigilosamente. Lo había rosado para que pareciera que lo había chocado por accidente, y él ni siquiera había volteado a verla. Pero ahora no solo la había mirado a los ojos por dos largos segundos sino que también había percibido un sentimiento cálido y misterioso en esas preciosas lagunas de esmeralda. La fascinación era lo que más se parecía a ello, y Bella cruzó los dedos por haberle parecido alogo bonita.

Se sentó tras el computador y comenzó a teclear frenética para ver que encontraba de interesante sobre peinados y vestidos para una noche de fiesta elegante. Ella se daba una vaga idea, pero no creía saber lo suficiente. Al menos no como su tía que parecía haber nacido para las pasarelas, pensó riéndo. Luego de varios minutos buscándo tips de moda y belleza, se fijó en un anunció que llamó su atención: "Cómo ser más femenina en tan solo diez pasos" picó el anuncio y apuntó los consejos que había en él. Le gustó más de lo quiso admitir, así que guardó la dirección de la página en su cuenta Email, en la sección de favoritos.

Al llegar a casa le echaría otro vistazo antes de la fiesta. Miró su reloj. Aun faltaba mucho para que el día laboral terminara, pero aun así no perdió más tiempo y comenzó a trabajar con el reporte de almacenamiento del día. Llegó a la mansión de su tía a eso de las seis y media de la tarde. Un dolor exorbitante en su cabeza y columna le sacó un leve quejido, su maldita migraña acababa de volver.

—Maldición —se quejó mientras subía lentamente las escaleras—. Dejé mis medicinas en el cubículo.

Con los pies arrastrándose caminó por la tersa y suave alfombra de terciopelo blanco. Su tía tenía excelente gusto para la decoración.

Una vez en el baño de su habitación, abrió el agua y se metió por completo. Cuando lo hizo se olvidó de su cansancio y se quedó dormida por unos minutos, al menos unos cinco. Se desperezó un poco y comenzó a restregar su cuerpo con el aceite de almendras dulces y pimienta rosa que le había regalado su tía. Lo hizo con parcimonía, sin prisa. Tomándose todo el tiempo que creyera necesario.

Se enjabonó. Deseaba quedárse en el baño el resto del día y seguir suspirándo por su jefe hermoso. Por Dios del cielo, ese hombre era dinamita. Que sonrisa tan radiente, que cuerpo, que estatura y que ojos...

Inhaló lentamente dejándose llevar por el delicioso olor de las almendras mientras el vapor destapaba cada poro de su cuerpo.

Se sentía tan dichosa, tan femenina, tan mujer solo pensándolo. Tenía unos ojos hermosos, expresivos y friós a la vez. Pero sabía que podría quemar a quién quisiera con tan solo dirigirle una mirada.

Muchos de sus compañeros se habían quejado a sus espaldas diciéndo que era muy riguroso y estricto, pero a ella le robaba el sueño. Sin contar que le parecía sumamente apetecible.

Exhaló con un gemido de placer, el agua tibia le acariciaba el cuerpo, pero no se sentía tan deliciosa como pensaba que sería Edward Cullen acariciándola. ¿Sería gentil? pensó, ¿O rudo y demandantemente sexual? Sea cual fuese su habilidad en la cama, ella se moría por probarla. Junto a esos labios llenos de carne que la saciarían y embriagarían, dejándola exhausta de placer.

Unos toques irrumpieron su relajante baño.

—¡Adelante! —musitó mientras se elevaba de la tina y se colocaba una bata de algodón beige. La mujer que era su tía entró donde ella y saludó con un enorme sonrisa.

—¿Interrumpo?

—No, ya estaba saliendo.

—De acuerdo —dijo—. ¿Puedo ayudarte con eso? —Bella asintió con una sonrisa.

—Claro.

Se pasaron al menos una hora lavando el larguísimo cabello de Bella, el cuál estaba bien cuidado ya que a ella le encantaba mimarlo. Algunos de los mimos eran enbadurnarse el cabello con vitamínas, aceites nutrivos y baños de crema restauradores.

—Te digo algo —habló Belinda—, tu cabello parece el de una diosa romana —lo enjuagó con suavidad—. Me encanta como brilla y se desliza entre mis dedos. Debes cuidártelo mucho.

—Sip eso hago —cerró los ojos ante los masajes relanjantes—. Mamá siempre decía que un cabello sano y limpio representa a la persona que lo porta —murmuró.

Belinda sonrió de lado.

—Estoy totalmente de acuerdo. Mira el mío, siempre lo llevo recogido, pero está un poco más largo y brillante que antes.

—Es hermoso —alabó—, y con respecto al vestido para esta noche... —dijo cambiándo de tema radicalmente.

—¡Tengo el vestido perfecto!, pero no lo verás hasta más tarde. Es una sorpresa —soltó una risilla.

—De acuerdo —El agua tibia se sentía tan bien que su jaqueca estaba desapareciéndo por completo. Cerró los ojos lentamente mientras se dejaba llevar por las sensación.

A eso de las nueve de la noche, estaba sentada en su cama mirándo el techo. Deseaba que las horas pasaran más rápido, pero no era así. La espera hasta las once se le hacía eterna. Suspiró mientras se acostaba para descansar los ojos un rato. Y luego de unos segundos, no supo más nada del mundo.

o.o.o

—¡Bella! —se levantó de un salto de la cama. Corrió a buscar su bolso para fijarse la hora en su celular. Eran las diez y cuarto de la noche, y todavía sentía el cabello algo húmedo.

—Tía, casi me haces dar un infarto —se tocó el pecho.

—¡Te quedaste dormida, mira la hora que es!

—No es tarde. Además el lugar está a solo veinte minutos de aquí —murmuró. Agarró un cepillo y comenzó a peinar su cabello castaño rojizo con parsimonía.

—El tiempo que va ha invertir arreglándote también cuenta —se cruzó de brazos—. Y ese cabello no se peina tan fácil, querida.

—Quiero un peinado sencillo. Nada ostentoso.

—Esta bien. Veré que puedo hacer —se acercó a ella y sacó del bolsillo de su pollera un cartón que tenía orquillas plateadas y doradas—. Voy a desenrredarlo primero. Luego te maquillo.

—Busqué algunos tips de maquillaje en internet —dijo entusiasmada.

—Que bueno. Espero que coincidan con el color del vestido.

—Es un maquillaje fresco y juvenil, pero algo atrevido —continuó mirándose en el espejo de su cuarto—. Creo que quedará bien con cualquier color de vestido.

—Perfecto.

Luego de acabar con el sencillo y hermoso peinado empezó la maquilló de la manera en que Bella le había sugerido. Al cabo de una hora estuvo lista excepto por el vestido, el cuál Belinda había dejado en su guardarropas sin que lo viera.

—Ten —le extendió una bolsa naranja que contenía la prenda.

—Tía, yo no sé como agradecértelo.

—No tienes nada que agradecer. Ahora póntelo —dijo entusiasmada. Cinco minutos le tomó colocárselo y salir a la vista de su expectante tía. Esta, al verla, se quedó completamente anonadada—. Te ves preciosa —murmuró orgullosa—. Y el corte te queda como anillo al dedo.

El vestido era de un color ciruela, tirándo más a índigo. La textura de la tela era ligera y tersa como si fuera terciopelo. Sin embargo, no era así. La parte de arriba era un suave escote corazón bordeado de pequenísimos cristales bordados que hacían más elegante y llamativa la fina prenda, pero sin llegar a ser ostentosa. No tenía mangas, y la parte falda era una caída evase hasta mucho más abajo de las rodillas, acabándo con una pequeña cola que la hacía lucir más sensual y sugestiva.

—Gracias —murmuró, escondiéndo un pequeño sonrojo. Luego caminó hasta el enorme espejo y se observó con detalle —Dios mío —dijo. Se sintió rara. Como si la que estuviera ahí no fuera ella, sino otra mujer. Se sentía bonita, atractiva. Muy sensual y sofisticada.

Muy pocas veces se había sentido bonita y atractiva. Esta vez se sentía mucho más de lo que podía pedir.

—Tía yo —farfulló—. Jamás voy a poder agradecértelo.

Belinda hizo un gesto con la mano como quitándole importancia al asunto.

—Descuida. Sabes que te quiero mucho —le guiñó un ojo como el hada madrina le hubiera guiñado a Cenicienta luego de su biviti baviti bu.

—Gracias —repitió, y se acercó a abarazarla con fuerza—. Te amo.

—Ya. Vas a hacer que me sonroje —dijo divertida.

Se echó un último vistazo antes mirar su reloj de muñeca y correr a tomar su bolso antes de que se le hiciera tarde. Aunque las reuniones así jamás empezaban a la hora que decían.

Llegó al lugar donde se llevaría a cabo la dichosa fiesta, un hotel de lujo a nombre de la familia de su jefe: el Cullen City Pleasure. Estaba catalogádo como uno de los mejores hoteles cinco estrellas del mundo. Y su cadena se extendía hasta la parte más recóndita de la tierra. Sin duda, era todo un lujo.

—Guau —susurró anonadada. Se había quedado maravillada con la hermosa vista que le regalaban los jardines detalladamente cuidados y los senderos iluminados con luces incandecentes, tanto en el suelo donde estaba la inmensa alfombra azul hasta en el techo y los rosales blancos—, una noche aquí debe costar una fortuna.

—Y no es broma.

Su chofer contestó el comentario que había hecho para sí misma y le sonrió.

—La señora pasó un fin de semana aquí con su esposo. Como una segunda luna de miel, creo —dijo bajándose del auto. Bella espero a que le abriera la puerta—, desde entonces no ha olvidado lo mucho que le gustó. Dice que es un lugar digno para la realeza, y que la comida es exquisita.

—Eso, voy a juzgar en este preciso momento, Chuck —dijo tomándose la falda del vestido para salir de la lujosa limusina—. Te llamo luego.

—Por supuesto señorita Swann.

—Dime Bella.

—Bella.

Caminó con parsimonía y elegancia por el sendero de tela azul. Mientras se acercaba iba bajándo un poco más el ritmo de sus pies por si encontraba alguna cara conocida. Cuando cruzó la alfombra le entregó su invitación al guardia de la entrada, y lo que vio dentro la dejó sin habla. Por fuera, el hotel era hermoso. Pero por dentro era todo un espectáculo. Por fuera se veía imponente y majestuoso. Por dentro, creía que había ascendido al paraíso.

El lugar donde se estaba llevándo a cabo la recepción estaba construído en su mayoría por marmol blanco. Lo que hacía que todo fuera color tiza: el piso, la fuente que se apreciaba en medio del salón y el bar. También tenía detalles lujos como los marcos de las ventanas que era de quien sabía que cosa en tono beige y gris perla. Las mesas eran de ese color y las sillas estaban forradas en satén color vino. Las cuales tenían detalles en dorado muy refinado. Como si fuera la ensignia del hotel.

Luces incandecentes en color morado oscuro empezar a tintinear opacándo ligeramente la iluminación. Así que los invitados apenas se veían, tal vez esto era para evitar los nervios que provocaba el entrar sola a ese lugar como ese sin conocer bien a nadie. Tal como ella le pasaba, pensó. De pronto, alguien le puso una mano en el hombro para llamar su atención.

—¿Jess?

—Hola, Bella. Te ves hermosa. Amo tu vestido —dijo endiosada.

—Gracias —sonrió—. Tu también estás hermosa —el vestido que llevaba Jesica era casi tan bonito como el de ella. Tenía una sola manga y era ceñido. De color amarillo pastel, con algunos detalles en dorado. Era fresco y elegante como su portadora—. Todo aquí es muy bonito y ostentoso, ¿no lo crees? —la joven asintió, pensativa.

—Si. Supongo que no escatiman en gastos cuando se trata de eventos sociales.

—Me siento como si fuera otra. Ya sabes, como si fuera rica.

—Yo también —confesó.

—Podemos darnos el gusto de fingir al menos por una noche. Somos de la alta alcurnia ahora —ambas rieron animadamente. Luego charlaron de otras cosas, hasta que un tercero se unió al grupo. Jacob Black, un joven muy alto, moreno y atractivo se acercó a los chicas. Era uno de los abogados que fungía para los altos ejecutivos de la empresa.

—Debo decir que ambas se ven especialmente hermosas esta noche —sonrió con chulería mientras tomaba la mano de Jesica—. Cariño, ese color te queda esplendido —susurró con esa voz bastante seductoría que poseía. La joven sintió sus piernas flojas. Se había sonrojado notablemente, cosa que lo complació.

—G-gracias —murmuró. El joven se dio la vuelta para observar a Bella con más que un ligero interés.

—¿Y tu? ¿Te escapaste del cielo? —lejos de sonrojarse, Bella le devolvió la jugada con una sonrisa.

—Eso deberías juzgarlo tú, si crees que me veo más angelical que de costumbre entonces, si —se acercó lentamente a él, cosa que le pareció muy sugerente—. Me siento muy halagada —sonrió de lado seductoramente. A Bella le encantaba jugar así con él. Habían congeniado lo suficiente como para salir en una ocasión, pero no para algo más. A su parecer, era más como un primo o un amigo muy cercano. Aunque Jacob no se daba por vencido.

—Esta noche espero que te sientas agusto en mi compañía —Bella sonrió.

—Claro.

—Y luego, cuando la fiesta termine, podríamos...

—Ya sabes que no, Jacob —dijo tajantemente.

—Pero, cariño. No seas tozuda...

—Y tu no seas insistente —masculló con aburrimiento—. ¿Como te fue en tu viaje de negocios? Me dijeron que ganaste un caso muy importante en Miami.

—Así es.

—Me alegro por ti —dijo Jess—. Todo el consorcio habla de tus habilidades en los casos. Ojalá el señor Cullen te ascienda.

—Estoy seguro de que lo hará —le hizo señas a uno de los mozos que iba pasándo y tomó tres copas, le ofreció a ambas una—. Ed y yo somos como hermanos, confía mucho en mí. Solo es cuestión de tiempo.

Hasta ese momento, Bella no se había acordado de su jefe. Lo buscó discretamente con la mirada entre todo el gentío, pero no lo encontró. Había muchas familias adineradas ostentándo sus lujos. Desde caros trajes hasta vestidos que seguro valdrían más que la casa que ella dejó en Phoenix. Resopló, no había ni rastro de él. ¿Aun no había llegado?

—¿Que opinas Bels?

—¿Eh?

—Estábamos hablando de la mercancía que Cullen empezó a traer del extrangero, los nuevos electrodomésticos —dijo Jacob—. Le diste tu propuesta él.

—Yo nunca he hablado con el señor Cullen de trabajo. Solo me topé una vez el ascensor, pero ni siquiera se dio cuenta que estaba ahí —El joven moreno resopló.

—Mejor. No me gusta que los hombres te miren ni un poco.

—¿No sabía que tengo dueño —dijo con ironía.

—Pronto. Mi cielo, pronto.

Bella se quedó perpleja ante la seguridad que mostraba. Ya sabía que Black no se daba por vencido cuándo algo se le metía en la cabeza. Y menos si se trataba de una mujer. Él mismo se lo había dejado claro.

—Bueno —dijo mirándo su reloj de muñeca—. Debo irme hablar con un par de conocidos. Socios, ya saben... Aunque me muero por quedarme charlando con ustedes.

—No hay problema —con eso se marchó de donde estaban las dos muchachas.

—Lo traes loco —dijo Jesica divertida. Bella se dio la vuelta para mirarla con el ceño fruncido.

—Que está loco, sí. Bastante.

—Vamos, no te hagas. ¿Ya viste como te miraba? —preguntó—, es un dulce.

—¿Podríamos cambiar de tema? —dijo aburrida.

—Ok, ok.

De pronto, un hombre empezó a hablar por el micrófono presentándo a los anfitriones de la fiesta. Y allí estaba él. Tan endemoniadamente guapo como siempre, parado al lado de una mujer que parecía ser madre, a juzgar por su porte y por los años que aparentaba. Estaba guapísimo con ese traje negro de seda que, parecía de Hugo Boss, más esa camisa a juego y la corbata roja le daban un aspecto surreal. Muy atractivo y sexy, pensó.

De pronto, se reprendió mentalmente. Era mejor que tuviera bajo contro a sus hormonas, pero teniéndo un hombre así de guapo como jefe era complicado. Edward era hermoso por donde se lo viera. Incluso si no tuviera ojos verdes, era lo mismo. Su rostro era de por sí, demasiado atractivo. Sus facciones varoniles y a la vez delicadas le brindaban un toque enigmático a su belleza.

¡Contrólate, antes de que empieces a babear!

—Es un honor tenerlos aquí esta noche —habló con su sensual voz de barítono cuando el presentador le pasó el micrófono, y él se lo agradecía con una cabezada—. Mi familia y yo estamos muy complacidos de contar con su apoyo incondicional. Por eso, los invitamos a que disfruten lo que queda de la noche. Que se diviertan —dijo recibiéndo aplausos estruendosos. Bella vio como bajaba del escenario acompañado de su madre, y se encaminaba a una de las mesas que estaban reservadas. Si era lo bastante lista podría acercársele sin levantar sospechas y charlar de algo con él de cualquier cosa, del trabajo. O lo que se le ocurriera con tal de oírlo hablar.

—Bella —volteó para ver a su acompañante.

—Ya vamos a ir a la mesa para cenar.

—Claro —sonrió—. Te sigo.


Hola hola! Aquí el segundo capítulo. Lo traje un poco rápido porque la verdad estoy muy emocionada con esta historia y la pienso actualizar muuuy rapidin! Así que esperen el capítulo 3 pronto :)

Gracias infinitas a las bellas que comentaron el primer capítulo. Me emociona muchísimo saber que les está gustándo y más me emociona recibir críticas constructivas ¡Gracias!

Sé que debo trabajar más en mi ortografía, y es algo complicado cuando te invaden las ansias de publicar. Intentaré que eso no pase en el próximo capítulo. ¡Gracias por leer y comentar!

No se olviden de dejarme un review para este capi besitos!

LadyWriterMine