Disclaimer: Twilight no me pertenece, yo solo tomo prestados sus personajes para mi historia y por diversión.

Capítulo 5

—¿Bella, podemos hablar?

Bostezó sonoramente antes de volverse a donde la llamaba su tía.

—Sí —dijo y se encaminó hasta el cuarto de baño, luego de una mojada de cara salió a recibir a la mujer mayor—. Hola —sonrió sin ganas—. Creí que ya te habías ido a una reunión que tienes con tus amigas —la mujer hizo una mueca.

—No, se suspendió.

—Oh.

—Quería...—se mordió el labio inferior—... hablar sobre tu jefe.

—Tía.

—Ya sé, ya sé. No voy a darte ningún sermón, lo prometo —Bella enarcó una ceja—. Es en serio.

—Bien —Bella se dirigió a uno de los sofás que estaban en el enorme vestíbulo que estaba antes de la sala—. Te escucho —dijo sentándose y cruzando sus largas piernas.

—No me gusta —dijo por fin—. Dudo que esté interesado en ti..., no me malentiendas —se apresuró a decir al ver que Bella abría la boca—. No es que, bueno, la verdad es que no sé que intensiones tiene —se calló unos segundos, luego tomó aire y continuó—. No creo que quiera algo serio contigo, me refiero a que parece que no parece el tipo de hombre que se fijaría en una joven de clase media.

—¿Eso crees?

—Sí —confirmó—. Y no creo que quiera solamente hablar en el momento en que se encuentren a solas, ya sabes...

—Bien —se levantó del sofá—. No creo que sea bueno que sigamos hablando de este asunto, tía.

—Bella, no te enojes yo...

—Sabes que te quiero —dijo con dulzura—. Pero soy mayor y sé en lo que me estoy metiendo, él quiere conocerme —se mordió el labio nerviosa. Cerró los ojos sin estar muy segura—. O al menos... quiere acercarse a mí.

—Pero ni siquiera lo conoces —dijo.

—Claro que sí, llevo dos meses trabajándo para él y es un tipo honesto —lo defendió—, el otro día me contó que había estado casado, ¿que hombre querría ser sincero conmigo sino quisiera algo más?

Belinda enarcó una ceja.

—¿Uno que quiere pasar un buen rato y luego desecharte? —dijo con marcada ironía.

—Ok, no estamos llegándo a ningún lado —se sobó las sienes—. Mira él me gusta. Mucho, y no quiero que algo o alguien arruine lo que estoy empezando con él —rio nerviosa—. El punto es que Edward me agrada bastante y no quiero que se aleje de mí —susurró. Belinda hizo una mueca contristada.

—Bien, bien. Como digas —suspiró—. ¿Al menos podrías prometerme que vas a tener cuidado con él?

—Sí —asintió—. Agradezco que te preocupes tanto por mí.

—De nada —sonrió—. Espero que algún día tomes mis consejos.

—Am... yo

—Lo sabía —Belinda borró su sonrisa y Bella rio con ganas.

Luego de esa extraña conversación con su tía, Bella aprovechó lo poco que le quedaba de su día libre para salir a pasear.

—¡Bella! —dijo una voz chillona a sus espaldas.

—¿Tanya? —se giró para enfrentar a la rubia alta que la saludó con un sonoro beso—. ¿Qué estás haciendo por aquí? —preguntó. Tanya sonrió.

—Lo mismo iba a preguntarte, no sales mucho desde que estás viviendo con tía en ese barrio de ricos —dijo y Bella frunció el ceño al oírla.

—Eso no es cierto.

—Es verdad —refutó—. Yo también soy rica, pero no me encierro en mi castillo las veinticuatro horas del día a contemplar viejos aburridos —sonrió al recordar las viejas pinturas de su padre.

—¡Oye! —dijo ceñuda—. No soy de salir mucho, ¿de acuerdo? Y no tiene nada de malo que me pase el día entero contemplando pinturas. De hecho, mi tía habla con ellas seguido —sonrió al recordar a Belinda saludándo a su esposo para darle los buenos días.

—Eso es raro.

—¿Qué?

—Nada —dijo cambiándo de tema—. ¿Dónde se supone que ibas?

—Pues solo estaba recorriéndo las calles sin ningún plan en particular —se encogió de hombros—. Sabes que los fines de semana están muertos.

—Ni que lo digas —roló los ojos, luego sonrió como si se le acabara de ocurrir una idea brillante—. Oye, ¿porque no vamos a cenar? Yo invito.

—Gracias, pero no traje mucho dinero para...

—No hay problema —la cortó—. Hoy por tí, mañana por mí —rio, y arrastró a Bella a un restaurante que quedaba cerca de la zona—. Este restaurante es hermoso.

—Y caro —dijo al ver el letrero del hermoso lugar—. Tanya, en verdad no es necesario que...

—Nada de eso —dijo entrando al lugar sin soltarla—. Somos amigas, ¿o no?

Después de una modesta cena se despidió de Tanya, caminó hasta la mansión donde vivía provisoriamente.

El aire invernal estaba calándole lentamente en el cuerpo así que se aferró más a su abrigo intentándo darse más de calor. Cuando llegó al boulevar vio que algo estaba ocurriéndo en la calle del frente, al parecer unos matones estaban intimidándo a una chica para robarle. La estaban asaltando, y la joven se veía indefensa. Sin pensárselo dos veces corrió a donde estaba para ayudárla, pero tarde reflexionó en que los delicuentes casi siempre iban armados.

—¡Vaya, vaya! —dijo uno de los asaltantes—. Que hace otra preciosura tan solitaria a esta hora —dijo ensanchándo su lobuna sonrisa.

—Eso no te incumbe —escupió Bella—. Dejénla ir o llamaré a la policía.

—¿La policía? —rio uno de ellos—. Tenemos comprados a todos los polis, así que no harán nada para ayudarte.

—Entonces tendré que gritar —dijo mirándo con temor la hoja brillante del cuchillo y la navaja que portaban—. S-se los advierto. He estudiado Karate y pediré ayuda...

—Perfecto —habló el jefe de la banda—. Veamos que puede hacer una preciosa y flacuchenta muchacha contra cuatro hombres armados.

—Esto se va a poner bueno —susurró otro.

—Creo que mejor no —dijo retrocediéndo—. Porqué querrían hacerle daño a una joven que apenas pasa los dieciocho —dijo señalándo a la joven que estaba apresada por uno de los hombres. Tenía los ojos hinchados y encharcados de tanto llorar.

Bella deseó no haber sido tan impulsiva, pero ya era tarde. Ahora ambas podrían pagar caro su tonto error de no haber buscado una mejor manera de ayudar a la chica.

—Vamos —tragó ligeramente—. Dejémos las cosas por la paz y...

—Ah, ah. Recuérda que fuiste tú la que quiso que las cosas fueran así. Aténte a las consecuencias bombocito, a nosotros nos encanta jugar —se acercaron velozmente hasta donde ella estaba y Bella esperó lo peor. Cerró los ojos con fuerza para no imaginar lo que estaba a punto de ocurrir hasta que...

—Tal vez a tí te guste jugar, bastardo. Pero a mi no —dijo una voz atras de ella. El alivio pareció recorrerle cada tramo de su interior enviándo oleadas de frescura que apaciguaron su terror—. Y menos si se trata de mi hermana...

—Emmett.

—Vete a casa Bella, esto es entre estos infelices y yo —dijo señalándo al más gordo y corpulento de los cuatro que sostenía a la jovencita—. Suéltala imbécil.

—¿A quién llamas imbécil, hijo de perra? —dijo uno de los que estaba más atrás con un par de cadenas en las manos. Se acercó a toda velocidad hacia donde estaba el hermano de Bella apuntándole directamente a la cabeza. Emmett esquivó habilmente el golpe y agarró al sujeto del cuello. Le asestó una patada en la ingle que casi lo dejo sin aliento y le propinó un par de piñas más en el estámago, le quitó las cadena que sostenía en las manos y luego lo tiró al suelo, con furia miró a los otros cuatro que quedaban.

—¿Alguien más quiere intentárlo?

Los pandilleros corrieron despavoridos dejándo tirado a su compañero en la acera. El alto y corpulento joven de pelo negro los miró con desprecio. No eran más que unos cobardes.

—¡Emmett! —dijo Bella corriéndo a sus brazos para abrazarlo—. Gracias, de no haber sido por tí, yo...

—Ya, olvídalo. Todo terminó —dijo correspondiéndo a su abrazo—. Tu siempre metiéndote en líos, hermanita.

—Lo sé —comenzó a sollozar suavemente en su pecho—. Pero para eso te tengo a tí —sonrió contra su camisa—, si no hubieras llegado tú, no sé que hubiera pasado con nosotras.

—Es cierto —concedió la otra muchacha.

—Ah, disculpa —dijo Bella—. Soy Bella ¿Cómo te llamas?

—Soy Rosalie, pero mis amigos me dicen Rose.

—Rosalie —dijo Emmett sin soltar a su hermana—. Qué bello nombre —alabó.

—Gracias —susurró apenada.

—Lamento que nos hayamos conocido en estas circunstancias. ¿Quieres que te llevemos a casa antes de ir a la comisaría? —ofreció Bella, y la joven asintió.

—Sí, la verdad es que me gustaría mucho —dijo limpiándose las lágrimas que habían bajado de sus bellos ojos—. Muchas gracias.. eh...

—Emmett —respondió él.

—Emmett —sonrió.

—Será mejor que llamemos a la policia. Ya es tarde y no sabemos si esos infelices podrían regresar con armas de fuego.

—Me parece buena idea —aceptó—. Espero que estés bien, ¿te molesta si te llamamos Rose?

—Para nada, ustedes son mis amigos a partir de ahora —sonrió suavemente la muchacha.

Por un momento Emmett quedó hipnotizado por unos segundos al verla con más detenimiento. Su rostro era muy suave y su piel muy blanca. Casi tan pálida como la de Isabella y él. Tenía el cabello rubio y muy largo sostenido en una coleta baja a un costado de su cabeza, un peinado bastante juvenil para su gusto. Teniéndo en cuenta que él ya estaba rondándo los treinta y cinco años.

—¿Qué edad tienes? —preguntó de pronto sin saber porqué.

—Veintiuno —contestó.

—Vaya. Por tu físico te daba como unos veinticinco —Bella lo codeó.

—Emmett.

—Todos dicen lo mismo —se encogió de hombros—. Al parecer aparento más edad de la que tengo.

—Eso me parece bien —dijo Emmett, y la joven le sonrió embelesada.

Emmett volvió a prestarle atención.

La muchacha era muy bonita, tenía que admitirlo.

Aun con lágrimas y el maquillaje corrido se veía increíble, y sus atributos físicos no ayudaban a creer que tenía tan solo veintiún años. Negó para alejar esos pensamientos incorrectos ¿Qué demonios estaba pensándo? Ella podría ser su hermana. Además no era su tipo.

A él le gustaban las mujeres fuertes y seguras, y esta joven se veía indefensa y asustada. O al menos lo que él quería creer.

—Listo, la policía ya viene en camino —avisó Bella quién había sacado su móvil para avisar a las autoridades. Cuando llegaron les tomaron los datos del asalto, y se llevaron preso al hombre que estaba inconciente en la acera después de la paliza que Emmett le había dado, el maldito había despertado y se había negado a cooperar así que a los policías no les quedó más opción que darle un par de descargas electricas para que dejara de luchar y pudieran llevarlo en una sola pieza a la comisaría.

Emmett se ofreció a llevar a Rosalie hasta su casa para hablar con sus padres de lo que acababa de suceder, sin embargo uno de los oficiales se opuso alegándo que ese era el trabajo de la policía. Emmett terminó accediéndo a la orden, pero no se despegó de la joven decidido a acompañarla de todos modos. En vista de su determinación los policías no dijeron nada más y se encaminaron al coche patrulla. Mientras que otro grupo de policías se llevaron a Bella para hablar con sus familiares. Afortunadamente para ella ni su madre ni su tía estaban en casa.

No quería escuchar otro sermón por obvias razones, al menos hasta tranquilizarse un poco, respiró hondo para liberar el miedo y el mal sabor de boca que aquel desagradable suceso le acababa de dejar. Ya habría tiempo para las explicaciones, de momento solo quería darse una ducha caliente y meterse de lleno en la cama. Su celular comenzó a vibrar de pronto llamándo su atención, lo sacó del bolsillo de sus pantalones vaqueros y oprimió el botón verde para contestar la llamada, la pantalla mostraba un número desconocido.

—¿Diga?

—¿Bella? —la voz se le esfumó de pronto al reconocer de inmediato ese sensual acento.

—E-edward.

—¿Cómo estás? —saludó—, quería hablar un momento contigo antes de que nos veamos mañana en la oficina. ¿Sucede algo?

—B-bueno —se mordió el labio inferior, nerviosa—. ¿Porqué lo pregunta?

—Te siento algo tensa —la voz del otro lado se sintió con un tinte de preocupado, y no pudo evitar que el corazón se le oprimiera un poco al pensar que él se preocuba por ella—. ¿Está todo bien?

—Sucedió un imprevisto, pero ya está todo controlado. La verdad es que prefiero hablarlo con usted en persona. ¿Podemos vernos mañana? —lo último lo dijo muy despacito debido a la vergüenza, casi sintió que Edward sonreía al otro lado de la línea.

—A eso mismo te llamaba —dijo—. ¿A que hora te parecería bien?

—Cuándo usted pueda, yo tengo libre casi todo el tiempo.

—Perfecto, entonces te buscaré mañana para ir almorzar a las doce y media, ¿te parece bien?

—Sí, estupéndo —sonrió.

—Ok —dijo—. Hasta mañana —susurró con voz muy suave, Bella sintió como cada vello de su cuerpo se erizaba al oírlo.

— Adiós, señor.

Con eso colgó.

Bella quedó mirándo su celular por unos segundos. ¿Acaso su jefe se estaba preocupándo por ella? No, tal vez lo que sentía era empatía. Después de todo, había hablado con un tinte de miedo en su tono de voz y de seguro él lo había notado. Y no era para menos, acababa de pasar un momento traumático. Uno que no olvidaría con facilidad, y el cuál hubiera sido mucho peor si su hermano no hubiera intervenido para salvarla.

o.o.o

La policía aparcó en la casa de Rosalie, su madre corrió a abrazarla cuando que la patrulla venía de camino. Uno de los oficiales se había encargado de informar a los mayores de lo sucedido con su hija.

—¡Por el amor de Dios! ¿No te habíamos dicho varias veces que no salieras sola a estas horas? ¡Casi nos da un infárto! —le regañó.

—Lo siento —masculló débilmente.

—Señor y señora... ¿eh? —dijo Emmett acercándose a ellos.

—Hale. Somos Arthur y Monique Halle —dijo la mujer señalándose a ella y a su esposo—. Nos enteramos de lo sucedido, y la verdad es que lamentamos tener una hija tan rebelde y egoísta —dijo ceñuda, mirándo a Rosalie con los ojos entrecerrados.

—No soy egoísta —dijo ella—. Solamente quería salir.

—Sí lo eres —atacó su padre—. Si dejaras de intentar ser lo que no eres esto no habría pasado. Te hemos dicho varias veces que no es necesario fingir para encajar en algún sitio, o en algún grupo de adolecentes.

—¡Ya! —explotó—. ¡No quiero que volver a hablar de este asunto nunca más! ¿Les quedó claro? —hizo ademán de pasar entre ellos, pero su padre la detuvo del brazo.

—Esta conversación aún no termina, jovencita.

—Oh si, papá. Para mí está más que terminada —pasó a un lado de ambos para retirarse a su habitación, pero antes se giró para susurrarle a Emmett—: Muchas gracias.

—De nada —dijo este sonriéndo de medio lado.

Se quedaron mirando un buen rato el uno al otro hasta que sus padres interrumpieron la cálida atmosfera que se había formado entre ellos.

—Será mejor que entres —dijo su madre entre dientes—. Gracias por traerla, oficiales. No sabríamos que hubiera pasado si no hubieran llegado a tiempo.

—Ellos no me salvaron —informó—, fue Emmett. Apareció de la nada y derribó a uno de los sujetos hasta que su hermana llamó a la policía. Es a él a quién deben agradecerle.

—Muchas gracias —dijo Monique con la voz conmovida—. Sin ti, joven, hubieramos perdido a nuestra hija cabezahueca.

—No hay porqué, señora. De verdad, solo cuidaba de mi hermana —sonrió a medias—. Es una cabezona casi igual que Rosalie.

—¡Oye! —se quejó la joven.

—Eso es muy cierto —concedió su padre, mirándola con seriedad. Rose resopló.

—Bien, ¿hay alguna posibilidad de que pueda hablar a solas con Emmett?

—No te mereces ninguna posibilidad, pero viniéndo del joven, podemos aceptarlo —luego se dieron la vuelta y se marcharon dándoles privacidad, Rosalie se acercó a Emmett, quería abrazarlo con todas sus fuerzas, y ver en su mirada que no se opondría se acercó lentamente a su lado, Emmett se dio cuenta de sus intensiones y sin más la atrajo contra su pecho para asfixiarla.

—No sé que hubiera hecho sin tí —confesó con voz apagada entre su pecho—. Eres mi héroe —confesó con voz ahogada.

—No es para tanto —sintió como iba disminuyéndo el agarre poco a poco.

—¿Qué no es para tanto? ¡Por el amor de Dios, esos sujétos podrían habernos matado!

—Lo sé —apretó la mandíbula—. No quiero ni pensar en ello.

—Pero ahí estuviste tú para salvarnos —rio bajito y suavemente.

A Emmett le gustó su risa. Le recordó el motivo por el cuál se había acercado para ayudar a una joven indefensa que estaba en problemas.

—Sólo prométeme que te cuidarás más de ahora en adelante. No necesitas probar algo para que los demás te acepten, mucho menos exponiéndote al peligro —regañó con suavidad.

—Lo sé, es sólo qué... —suspiró—. No quiero seguir siendo la chica Nerd de la Universidad. Tu sabes, de la que se burlan por sacar altas calificaciones y... —se encogió de hombros—. Quise probar que era ruda. Que podía defenderme con puños y no solamente con mi cerebro. Fue un gran error.

—Así es, treméndo error —asintió—. Despues de todo ¿a quién le importa lo que los demás piensen? —la soltó para mirárla fijamente a los ojos mientras le apartaba un mechón de cabello dorado—. La opinión que más cuenta, es la tuya. Después de todo.

—Lo dices como si fuera tan fácil —volvió a refugiarse entre sus brazos para no caer en sus preciosos y magnéticos ojos azules.

—Es así de fácil —susurró acariciándo su coronilla.

—Bien, creo que ésta conversación terminó —se soltó de su abrazo y caminó hasta la entrada de su casa—. Gracias por todo, fue placer conocerte.

—Lo mismo, Rose.

—¿Qué te parece si salimos un día? Digo, sólo como amigos —ofreció.

—Eh, pues... —se rascó la barbilla, un tanto nervioso—. Claro, porqué no —sonrió—. Conozco un lugar estupéndo que podemos visitar.

—Genial —sonrió.

Emmett carraspeó.

—Ya debo irme —dijo con voz baja, Rosalie asintió.

—Claro —murmuró—. Antes, ¿me darías tu número telefónico? Así te llamo.

—Claro, claro —se acercó a ella y anotó su número en el celular que ella le extendió. Luego salió de la propiedad de los Hale pensándo que demonios acababa de pasar.


Holaaa! Volví de las sombras jeje. Este capítulo es relativamente más corto que los demás y tal vez tiene un poco menos de em... sustancialidad. Disculpen, ustedes se merecen lo mejor, pero con mi nuevo empleo apenas he tenido tiempo de sentarme a escribir.

Mil gracias a las chicas bellas que dejaron sus reviwes, no quepó de felicidad :D

Nos leemos en estos días mis chiquis, pasenla bien. Y recuérdenme dejarme una nueva opinión para saber que les gusta y que no como ya lo han estado haciéndo. Besitos.

LadyWriterMine