Los tres chicos bebían sus malteadas, concernidos. Se había esfumado su apetito ante la visión de la pandilla de motociclistas, que fumaban, bebían y hablaban ruidosamente. Daiki apretaba la mano de Meimi bajo la mesa, para reconfortarla. La chica miró a Daiki y le susurró discretamente:

-Cariño, se cuidarme sola. No tienes por qué tener tanto miedo.-

Daiki la miró, y le dio un beso en la mejilla:

-No dejaré que te pongan una mano encima- Soy tu novio y tengo que cuidarte-

Ay Daiki! – suspiró la chica. Los vándalos estaban acabando de comer. Manato no dejaba de mirarlos, conteniendo el horror. Justo en ese momento la puerta se abrió. Entro un chico joven de baja estatura, vestido de cuero, de la edad de Daiki y compañía. Pero a diferencia de ellos, se movía con la misma desfachatez y holgura que su hermano, a quien se dirigió de inmediato:

-Freddy, no sabía que estabas aquí! Papa te estaba buscando!-

-Dile que se joda.- No voy a regresar a esa pocilga. Y ya te dije que no me digas Freddy delante de mis chicos!- refunfuñó el hombre entre dientes. -Vamos afuera a hablar, Joey.- Y ustedes, no hagan nada mientras salgo!- reprendió al resto de la pandilla que borbotearon decepcionados.-

El sujeto de la cola de caballo y su hermano pequeño salieron del local. Los seguidores de Fred siguieron haciendo su bullicio habitual.

-Oye, yo no voy a pagar un duro por esto, que Fred pague! Le dijo un tipo con una cresta mohicana a su interlocutor, un tipo obeso con cabello largo y desaliñado-

-Ni yo tampoco!- roncó el hombre gordo- Que sea gratis, y si Fred quiere jugar a la roña con su hermanito, que se vaya a la mierda! Vamos chicos! – gruñó. Los motociclistas empezaban a levantarse amenazadoramente. La mujer en la barra los miraba con horror, mientras iba hacia el teléfono. Daiki se levantaba, apartando la mano de Meimi que intentó tomarlo del brazo.

-No vas a llamar a nadie, gorda!- gritó otro de los sujetos. Nos largamos. Gracias por la comida. Si que era buena!- dijo el sujeto del pelo punk.

-Que, no van a pagar? Me lo temía! – Daiki saltó de inmediato mientras Meimi chillaba de miedo y Manato la abrazaba.

-Ay mira, este idiota sigue aquí! – habló el sujeto rapado. Que vas a hacer, poli de pacotilla? Llamar a tu mami?- Los sujetos se carcajearon vulgarmente. Daiki , furioso, intento apartar al tipo de un empujón. No debió haberlo hecho. El rufián, que era del doble de altura que el chico, lo tomo sin dificultad por el tronco y lo sostuvo en alto. Los pandilleros se burlaban y aullaban mientras Daiki trataba de liberarse si éxito.

-Ya vieron amigos? Esta basura se atrevió a retarnos! Es un debilucho hablador!- Vamos a demostrarles de que estamos hechos los Cannonballs!- rió socarronamente, al tiempo que arrojaba a Daiki hacia una mesa llena de basura, cátsup, botellas vacías de cerveza y servilletas usadas.

Con la camiseta llena de manchas de mostaza, cátsup y cerveza, Daiki se incorporó.

-Esto es todo, ya verán!- Daiki avanzó hacía la mesa donde estaban su novia y Manato, pero el tipo gordo se atravesó en su camino.-

-Niñito. No vas a ningún lado.- lo tacleó mientras el chico caía al suelo, sorprendido. Un segundo después, el sujeto de la mohicana ya lo había sometido y lo amenazaba con su navaja. –Ustedes!- berreó dirigiéndose a sus compañeros.- Hagan pedazos este lugar. Lo siento señora. No vamos a pagarle.- se rió grotescamente. Y en cuanto a ti…- se volteó hacía Daiki mientras los sujetos comenzaran a arrojar las sillas, a tirar los muebles, y causar un enorme alboroto en el restaurante. La dueña salió por la puerta de la barra, mientras que Meimi y Sawatari se escondieron bajo la mesa para evitar ser golpeados por los objetos que volaban por el restaurante y los vidrios que se rompían cerca de ellos. Un segundo después, Daiki escupía en la cara del rufián. Este lo miro con la cara colmada de ira, y tras limpiarse la saliva del chico de pelo negro. Le gritó en medio del barullo a dos compañeros suyos:

-Creo que el niño quiere aprender a la mala.- Hagámoslo del modo antiguo.-Los tres sujetos empezaron a golpear a Daiki, y lo habrían lastimado seriamente de no ser porque Fred entró hecho una furia y sacudiendo los puños.-

-Imbéciles de mierda, que están haciendo?- Ya llamaron a la policía, vámonos! Les dije que si iba a pagar, tengo dinero suficiente, por que hacen esto!- Fred estaba fuera de sus casillas y golpeaba con un puño americano a algunos de sus compañeros, que se apresuraron en tropel hacia la puerta. Montaron al fin sus motocicletas y huyeron del lugar. Unos pocos minutos después, las patrullas de la policía de Seika arribaban al local hecho ruinas.- Keiji Asuka bajaba de su auto, sin saber aún lo que había pasado con su hijo, que yacía en el suelo de la fuente de sodas, cubierto de moretones, mientras Meimi lo sostenía en su regazo.

-Daiki, que tonto eres!- chilló la chica entre lágrimas de terror y preocupación. Nunca ibas a poder con todos ellos… y los retaste. Pudieron haberte matado.-

-Ah…Mei…lo hice por ti…- La chica resopló con hartazgo, sacudiendo la cabeza. – No me regañes ahora…- terminó con voz cansada.

-Creo que Meimi está en lo correcto, amigo. Hay una diferencia entre ser valiente y ser un idio…-Manato que estaba al lado de Meimi, fue interrumpido por el detective, que se abalanzaba sobre Daiki -Ese es mi hijo!- gruño Asuka padre- Luchaste como todo un hombre, te ganaron, pero luchaste! – Vámonos de una vez!- Tomo a Daiki, quien se levanto con dificultad, su padre lo arrastró, separándolo de Meimi y Manato.-

-Señor, creo que Daiki está lastimado…- gimió la pelirroja con timidez.

-Bah! Ya se le quitara! Esto lo hará convertirse en un hombre!- masculló el hombre mientras subía a Daiki al asiento trasero del auto. Yo me voy de aquí. Mi compañero Shinzo tomará su declaración. El oficial tomó la declaración de los chicos, mientras la mujer dueña del local, llorando desconsoladamente esperaba su turno para declarar. Ya había llamado a la compañía de seguros para cuantificar el daño. Meimi consolaba a la mujer, mientras Manato daba su testimonio.

Meimi, quieres que te lleve a tu casa? – habló amablemente Manato cuando el oficial los dejo marchar.

Bueno…está bien.- contestó tristemente, pensando en su novio y los golpes que había recibido.-

Daiki estará bien. Es duro de pelar – sonrió el rubio. Meimi le devolvió tímidamente el gesto.

Los chicos marcharon a través de la calle, en un crepúsculo que teñía de tonos naranjas y rojizos el cielo de ciudad Seika. Meimi meditaba. Le inquietaba bastante esta nueva situación, y el ataque de estos delincuentes juveniles, que podrían convertirse en una verdadera amenaza si nadie los confrontaba… Cuando llegaron a la casa de la pelirroja, la noche había caído. Manato la besó cortésmente en la mejilla y se retiró, dando media vuelta…