Daiki pasó solo el resto del domingo en cama. Su padre lo obligó a gritos a asistir al día siguiente a la escuela. Caminando con dificultad, esta vez no fue por Meimi a su casa. La chica no se extrañó mucho, pues supuso que se había quedado en casa debido a los acontecimientos complicados del día anterior. Justo iba caminando por la acera de la esquina del instituto Santa Paula, cuando vio a un chico de su edad, vestido con ropas viejas y deshilachadas, que lloraba al pie de un árbol. El joven se acercó a él. Para su sorpresa, conocía su cara. Lo había visto el día anterior.

-Ay...-murmuró. El cuerpo todavía le dolía mucho, aunque ya podía caminar de forma casi normal- Oye… ¿te ocurre algo?-

El chico miro a Daiki. También tenía el pelo negro, pero tenía un mechón teñido de rubio justo arriba de su frente. Sollozando, soltó un hipo de terror. El también había reconocido a Daiki. Se había percatado de los moretones en el rostro y cuello del joven Asuka.

-No…no…puede ser, ellos, ¿te golpearon?- balbuceó mirando a Daiki con profunda pena. Se secó las lágrimas.

-Puf..Apenas y puedo caminar…-Uy!- se sentó junto al muchacho, haciendo una mueca de dolor. ¿Cómo te llamas?

- Soy Joseph Miller. Me llaman Joey… respecto a lo de ayer, te debo una disculpa. Mi hermano no lo habría permitido. No logro convencerlo de que todo esto es un error, es una locura.- gimió el chico, hundiendo la vista en el piso.

-Disculpa, amigo…no puedo quedarme mucho a hablar. Mi padre y la profesora me matarán si llego tarde a la escuela- El joven hizo una mueca de tristeza. Pero, si necesitas hablar, puedes ir a la capilla de Santa Paula. Ahí está una amiga mía, ella puede escucharte. Su nombre es Seira Mimori. No hace falta que seas religioso, solo ve a hablar con ella si necesitas algo…- esforzándose por sonreír, Daiki se levantó, de nuevo con el dolor estremeciéndole el cuerpo. Hasta luego!-

Era la hora del recreo. Daiki descansaba con la cabeza en el regazo de Meimi mientras ella le frotaba pomada en los moretones del cuello.

-Me asustaste mucho, bobo.- reprendió la chica en voz baja.- Al menos puedes caminar y no te rompieron ningún hueso.-

El chico no dijo nada. Estaba pensando en Joey.

-Bueno, si no quieres hablar, está bien. Te dejaré descansar el resto del receso. Ah Seira! – Meimi sonrió ampliamente mientras la chica de pelo corto y castaño se acercaba a ellos.

-Puf, veo que Daiki se esforzó mucho para venir aunque estaba hecho polvo…-murmuró Seira, mirando a Asuka.- Pobre. Debería estar en casa descansando.-

-Seira, quería verte…- masculló el joven, poniéndose de pie para sorpresa de Meimi. Debemos hablar en privado. Es algo delicado.-

Meimi los dejó marchar, confundida por la reacción tan abrupta de su novio. Una vez que Seira se aseguro de que nadie los oyera, Daiki habló:

…sí. Le dije que fuera contigo, por si necesitaba ayuda. Pobre chico. Tiene que andar con esos rufianes porque el líder es su hermano mayor…-

-Espero que venga- susurró la novicia, acongojada.- Un chico de su edad, sometido a una vida tan violenta…- Es muy triste. También rezaré para que el Señor los ilumine a ambos-

-Debemos ir a clase. Meimi me va a matar si no le ayudo con los ejercicios de matemáticas.- musitó el joven, y la chica lo siguió de vuelta al edificio donde estaban las aulas.

El resto del día ocurrió sin sobresaltos. Daiki se fue minutos antes que todos, ya que seguía sintiéndose terrible. Antes de llegar a casa, a dos cuadras de ella, el horror lo paralizó al escuchar el clamor de una banda de motocicletas acercarse.- Al dar la vuelta a una esquina, ahí estaba Fred, el líder de los motoristas, fumando. Joey lo acompañaba, sumido de vergüenza en su chamarra de cuero varias tallas mayor a la suya. Fred reparó en el tambaleante Daiki y lo reconoció. Los esbirros reaccionaron violentamente, sacudiéndose en sus lugares. Fred los detuvo con un gesto de la mano.

-Déjenme hablar a solas con el chico .- croó con su voz de lija. Tu también ve con ellos, Joey.- musitó, al ver que su hermano no se movía. Los rufianes subieron a sus motos, alejándose a baja velocidad.

Daiki estaba paralizado. ¿Cómo iba a defenderse del sujeto, en el estado tan deplorable en el que se encontraba? Tembló, apretando los dientes y mirando con rabia a Fred.

-Antes que nada mocoso, que sepas que yo no autorice qué te golpearan. El zopenco de Williamson siempre provoca a la gente que le cae mal, no importa quién. Ya ha recibido su castigo. Y espero que eso le enseñe la lección- Y segundo lugar, quiero hacerte una oferta- El tipo se sacó de la chamarra de cuero un grueso fajo de billetes.- Toma. Esto es como compensación por lo que hicieron esos simios estúpidos a ti y al restaurante.- Daiki tomo el dinero, en desconcierto total.

Pero…no puedo aceptar este dinero…no sé si es dinero ilegal o algo así.- farfulló Asuka Jr.

-Acéptalo.- contesto el sujeto sin alterarse.- Es a modo de…ah…eso, sí. Para que no me guardes rencor. – Gruñó Fred con dificultad.- Pero también, tengo algo más que decirte. Creo que el tarado de Williamson está furioso conmigo. El era mi segundo, pero lo despedí por la estupidez que hizo la vez que te vimos en la fuente de sodas. Va a traicionarnos, según me han dicho. Quiero que lo atrapes. Va a estar en un bar de la calle 8 a las diez de hoy. Se va a reunir con los Spitfires, nuestra banda rival. Tiene algo de marihuana, va a ser suficiente para ponerlo en el trullo. – Y en cuarto lugar, tengo algo más para ti. – Sacó de su chaqueta una bandana arrugada, con el dibujo caricaturesco de una bola de cañón rodeada de llamas.- Bienvenido, hermano. Le sonrió ampliamente con sus dientes amarillos e irregulares. El alma de Daiki se cayó a los pies, aterrado…-

-A que estás jugando? Yo no puedo…mi padre…- explotó poniéndose colorado.

-Calma, ya que atrapes a Williamson, puedes venir con nosotros. El es la manzana podrida. El instiga a los otros para que se metan en problemas estúpidamente. Yo…soy más discreto. Ese idiota calvo es un canalla sin honor.- Yo no acostumbro a golpear gente porque sí. Solo a los que lo merecen- rió socarronamente. Asuka lo miró con rabia.

-Mira, sé que no es fácil decidirse. Pero mi hermano fue quien me lo pidió. Me contó del valor que demostraste cuando le viste la cara a Selwyn. Y Selwyn es un tipo duro! Es un tacaño. Nunca quiere pagar nada. Y es un experto con la navaja –Además…Joey se siente solo. O eso dice. No tiene con quién hablar. Somos demasiado mayores para él.- farfulló inexpresivamente Fred.- Podrías hacerle compañía. Y también cuidarlo de los cerdos que se meten con él cuando yo no estoy presente- Una vez fuera el idiota de Williamson, no voy a dejar que nadie te ponga un dedo encima. Vas a ser mi segundo. Alguien con esos cojones lo merece. El tipo se quitó los lentes y miró a Daiki. Sus ojos, de parpados caídos, reflejaban gran melancolía.

-Déjame pensarlo.- Pero tienes que prometerme algo – contestó Daiki con firmeza.-

-Dispara.-

-Prométeme que no volverán a causar problemas a gente inocente – terminó el chico con voz firme. No me opongo a que se diviertan y salgan, solo no rompan las reglas.-

El hombre lo miró, sin decir ni una palabra. Volvió a ponerse sus lentes oscuros.

- Bueno, me largo de aquí. No olvides nuestro trato. Te lo prometo. No volveremos a hacer algún destrozo, y si alguien de mi pandilla lo hace, yo mismo lo voy a destripar.- Fred trepó a su moto y salió disparado para seguir a sus compañeros.-

Daiki se quedo pensando. El sujeto en realidad no parecía tan mala persona. Y la verdad es que, se veía tan genial vestido de cuero y montando ese poderoso caballo de acero… Quizás también el podría divertirse y además, sorprender a Meimi. No era sorpresa que muchos de los seguidores del rock and roll retro del famoso Brandon Hill fueran también usuarios de la moda motociclista… Posiblemente, ser un motorista solo por diversión, no era tan mala idea…