NA/. La presente historia es una adaptación de la novela de la autora Jaci Burton

Todos los personajes pertenecen a la obra de Sailor Moon de Naoko Takeuchi

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Capítulo 3

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Darien rodó maldiciendo la brillante luz solar que se vertía en su habitación. Arrastró las cubiertas encima de su cabeza, pero los golpes no se detenían.

No podía ser de una resaca. Las conocía. Abrió un ojo y escuchó.

Alguien estaba en la puerta.

Oh, sí. La habitación del hotel.

Tiró los cobertores, esperando encontrar a Serena en la cama con él.

Pero no estaba. Al doblar la esquina del cuarto de baño, se dio cuenta que tampoco estaba allí.

"Limpieza". El golpeteo se intensificó.

"No estoy vestido. Vuelva más tarde."

"La salida fue hace una hora, señor," la persona que estaba afuera de la puerta, dijo con un suspiro evidente de frustración que Darien no tuvo problemas de entender.

Darien pasó las manos por su pelo. "Oh. Lo siento. Me iré en breve."

Se fue al baño y se dio una ducha rápida, después empacó sus cosas, tratando de no pensar en la mujer que con la que había compartido la cama la noche anterior. No era uno de los que se preocupara por la mujer con la que dormía, debido que era generalmente las sacaba de su habitación antes de irse a dormir. Lo último que quería era hacer era enfrentarlas a la mañana siguiente y a la posibilidad de que una mujer quisiera estar al día siguiente con él. No había otro día o próximas citas o nada junto a las mujeres.

Pero con Serena fue diferente. Estaba decepcionado como el infierno por encontrar que había desaparecido cuando había despertado.

¿Dónde diablos estaba? Lo último que recordaba era a ella acurrucándose junto a él. Tenía que haber sido cerca del amanecer, cuando finalmente se quedaron dormidos, porque recordaba que se rieron del cielo clareándose al momento en que habían llegado por fin a hartarse el uno del otro.

No era que él hubiera estado siquiera cerca de conseguir estar satisfecho. El agotamiento había llegado finalmente, pero Darien no estuvo cerca de conseguir lo bastante de Serena.

Quería otro día con ella. Y no tenía idea de cómo contactarla, no le había pedido su número. Sin embargo, sabía cómo averiguarlo.

Después de hacer su salida del hotel y se subió a su auto, sacó su teléfono y marcó el número de Setsuna. Si alguien podía encontrar a alguien, era su agente.

"¿No deberías estar practicando con tu entrenador o en la cama con una mujer caliente? Y si estás en la cama con alguna modelo o actriz caliente, hazme saber cuándo y dónde para enviar a un fotógrafo y conseguir una foto, ¿Está bien?"

Él se echó a reír. "No. necesito que encuentres a una mujer para mí".

"Estoy horrorizada que pienses en mí como tu proxeneta, Darien. Es algo cierto, pero estoy horrorizada. ¿Quién es ella?"

"Serena Tsukino. Fue la organizadora del evento de ayer por la noche de la fiesta del equipo".

"¿Por qué quieres dar con ella?"

"No es asunto tuyo. Consígueme esa información."

"¿Planificas una pequeña velada por cuenta propia?"

Darien rió. "Sí, me conoces. Sólo un salvaje hombre fiestero."

"Por favor. Si fuera así, mi trabajo sería mucho más fácil. Conseguiré la información y me pondré en contacto contigo."

Darien cerró el celular y se dirigió a casa, a su condominio al Este de la Bahía. Entró en el garaje, cerró la puerta y agarró su equipaje. Su celular vibró antes de llegar a la cocina.

"Eso fue rápido," dijo él, tomando el jugo naranja y apretando el altavoz de su celular.

Sabía que Set estaría sonriendo. "Soy tan buena, Darien. Serena Tsukino, propietaria de "El Toque Perfecto". El negocio está ubicado en Concord. Toma una pluma y te daré su número de teléfono y dirección. Este es de su negocio, dirección y número de teléfono de la oficina. Si quieres su información personal, tal vez me tome toda una hora."

"Me asustas, Set." Él tomó una pluma y el bloc de papel del mostrador de la cocina. "Con la información del negocio bastara. No te necesito hurgando en sus ancestros."

"Puede ser si estás pensando salir con esta mujer. Necesito saber más sobre ella."

"Ni siquiera mi madre sabe tanto sobre mujeres con las que me cito como tú."

"Tu madre no ha invertido en tu carrera como yo. Un paso en falso y estás jodido."

"Y todo ese dinero que haces de mí se iría por el desagüe."

"Estoy devastada, Darien. Sabes cuánto te adoro."

Darien sacudió la cabeza y sonrió. ¿Dónde estaría sin Setsuna Meio en su vida? Una caliente pelinegra que se parecía más a una de esas modelos de moda con las que salía, nadie que la viera pensaría que era una agente deportivo con el instinto asesino de un tiburón hambriento. Ella era la principal razón por la que él y su hermano eran multimillonarios.

"Sí, sí. Estoy conmovido por tu sinceridad. Sólo dame lo que tienes."

Después de colgar con Set, se cambió y fue a correr al parque primero, necesitaba limpiar su cabeza y llevar un poco de oxígeno a sus pulmones. Era mediado de junio y hacía calor en el Este de la Bahía, sobre todo porque había comenzado tarde. Por lo general despertaba al amanecer y corría temprano. Ahora era tarde, y el sol caía sobre él mientras daba la vuelta, en la pista de carreras, ignorando el sudor que corría por su espalda, concentrándose sólo en su respiración y en su tiempo.

Treinta años estaban acumulándose en este atleta de la NFL. Pero estaba lejos de sentirse realizado con el deporte que amaba. Estaba en gran forma física, y tenía la intención de permanecer de esa manera. No estaba para nada listo para jubilarse todavía.

Después de cinco millas, desaceleró para caminar y regresó a su condominio. Una hora más tarde se había duchado y subido en su coche nuevo, esta vez dirigiéndose a Concord, a la dirección del negocio de Serena. Era sábado, así que probablemente ni siquiera estaría allí. Podría estar cerrado. Por otra parte, podría hacerse una idea de su lugar, nada más.

Sí, y no tienes idea de lo que estás haciendo. Le podrías haber llamado, imbécil.

No perseguía a las mujeres, nunca. No era su ego hablando, era sólo que Set lanzaba las mujeres sobre él todo el tiempo. Y las que Set no le tiraba venían a él por su cuenta. Por lo general tenía que defenderse o retirarse, por lo que nunca había tenido que ir tras de ninguna. Ese era un territorio nuevo para él.

Llegó al centro donde su negocio estaba ubicado, se estacionó, y fue al ventanal donde decía EL TOQUE PERRFECTO grabado letras blancas. Había luces encendidas y unas pocas personas en el interior. No vio a Serena de inmediato, por lo que entró por la puerta.

Definitivamente era el arquetipo de lugar de una mujer. Lotes de tela y de papel se extendían sobre mesas y cubrían las paredes. Algunas parecían invitaciones. Y había copas de champaña y gigantes libros cargados de... cosas.

"¿Puedo ayudarle?"

Se volvió y sonrió a la pelinegra con gafas de carey encaramadas en el puente de la nariz. "Estoy buscando a Serena."

Los ojos de la pelinegra se agrandaron y dio un paso atrás, obviamente reconociéndolo. "Oh. Claro. Está en la parte posterior. Voy a buscarla para usted."

La pelinegra se alejó, y Darien decidió pasear por el local de Serena, aunque con todos los artefactos frágiles aquí y él tan grande era como el dicho ese de "Un toro en una cristalería china", definitivamente aplicaba. Tal vez sólo debería quedarse donde estaba.

"Darien".

Se volvió y sonrió a Serena. "Hola".

Llevaba una falda negra que le llegaba a las rodillas y una blusa sin mangas color amarillo que parecía femenina y sedosa, y quiso tirar de ella a sus brazos y besarla. Pero no estaba sonriendo y no se veía feliz de verlo.

"¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cómo te enteraste de dónde trabajo?"

"Mi agente te encontró. Te fuiste sin despertarme esta mañana."

Serena miró alrededor de la tienda, y entonces Darien vio a tres mujeres mirándolos y susurrando entre sí. Oyó su nombre mencionarse.

Amaba a las fans femeninas del fútbol. Las deslumbró con una gran sonrisa. "Hola, señoras."

Serena lo arrastró por el brazo. "Ven a mi oficina".

La siguió, dándoles un guiño a las tres mujeres que lo miraban mientras caminaba.

La oficina de Serena era una pequeña habitación en la parte posterior de su tienda. Se sentía como un gigante de pie en ese pequeño espacio.

Su escritorio estaba limpio y ordenado, con un ordenador portátil en el centro y ordenadas pilas a cada extremo.

Cerró la puerta y dio la vuelta al escritorio, claramente usando el mobiliario como defensa. "¿Por qué estás aquí?"

Él arqueó una ceja. "¿No es obvio? Quería volver a verte."

"Oh." Sus labios se levantaron por un segundo, entonces frunció el ceño. "No es una buena idea."

Él cruzó los brazos sobre su pecho. "¿Por qué no es una buena idea?"

"Eh, tú y yo... pues, digamos que estoy muy ocupada con mi carrera."

"¿Así que el sexo fue malo?"

Sus ojos se abrieron. "Oh, Dios mío, no. Fue maravilloso." Ella camino alrededor de su escritorio y puso su mano sobre su brazo. "Darien, lo pase muy bien anoche. Seguramente ya lo sabes."

"Lo pasé muy bien también. Quiero verte otra vez."

Ella negó. "No puedo".

"¿Por qué no?" Entonces todo lo golpeó. "Oh, mierda. Estás casada." Él no se metía con mujeres casadas. Nunca.

"¡No! Por supuesto que no estoy casada. ¿Qué tipo de mujer crees que soy?"

"No tengo ni idea. Eso es lo que quiero saber. Cenemos esta noche."

"No puedo. Por favor, vamos a dejarlo en una gran noche juntos."

"Así que te divertiste anoche."

"Sí".

"Conmigo. Disfrutaste haber estado conmigo."

"Lo hice."

"Pero no quieres volver a verme. Nunca".

Ella se frotó el lado de la cabeza. "Lo sé, no tiene sentido. Pero no puedo." Miró el reloj. "Lo siento, pero tengo una cita. Realmente tengo que irme."

"Está bien." Él no tenía necesidad de tener un zapato que le empujara el trasero para saber que estaba siendo despedido. Sintiéndose como un idiota, dio media vuelta y se dirigió a la puerta. "Hasta luego".

Ella se veía tan miserable como se sentía. Él no lo había captado.

"Adiós, Darien".

Oyó el lamento en su voz y se detuvo, se volvió y se dirigió hacia ella, la atrajo a sus brazos y la besó, cubriendo con su aliento sus labios. Le tomó dos segundos responder, apoyarse en él, envolver sus brazos alrededor de él, y hacer todo tipo de ruidosos gemidos.

Darien deslizó un brazo alrededor de su cintura y tiró de ella contra él, profundizando el beso, deslizando su lengua en su interior, saboreando la dulzura en ella. Serena rompió el beso, dio un paso atrás, con los ojos vidriosos de pasión, con sus pezones visibles a través de la blusa.

Sí, lo sentía también. Lo que había entre ellos no era unilateral. Y su despedida no fue porque ella no quisiera estar con él.

"Hasta luego", dijo, y salió por la puerta, dejándola allí de pie lanzando profundas bocanadas de aire.

Lo pasó muy bien, él lo pasó bien, pero ¿No quería volver a verlo? Algo estaba mal. Y él iba a descubrir lo que era.

Podría haber perdido esa, pero Darien siempre se levantaba para la siguiente jugada.

-o-

Demonios.

A Serena le tomó diez minutos recuperarse antes de poder salir de su oficina. Para cuando su potencial clienta llegó, y pasó la siguiente hora mostrándole todo lo que había que saber sobre su compañía y los servicios que ofrecían.

O por lo menos pensaba que era lo que hizo. No tenía ningún recuerdo de esa reunión con la clienta. Por todo lo que sabía, podría haber estado recitado el menú del Burger King a la pobre mujer. Por otra parte, la clienta había firmado el acuerdo por los servicios, por lo que debió haber hecho algo bien.

"Serena, ¿Tienes alguna idea de quién era?"

"¿La Sra. Stenson?"

Rei, su ayudante puso los ojos en blanco. "No. El caliente hombre que rodó por aquí antes que la señora Stenson lo hiciera."

"Oh. Te refieres a Darien."

Rei la miró atónita "¿Usas el primer nombre con Darien Chiba, el mariscal de campo de los San Francisco Sabers? ¿Qué ocurrió exactamente en la fiesta de anoche?"

"No quiero hablar de ello." Serena regresó a su oficina, pero Rei la siguió con sus tacones sonando en el azulejo del piso, junto con los de Serena y otras dos empleadas, Mina y Lita.

Con la decisión de no hacerle caso, Serena se sentó en su escritorio y abrió el libro de citas de su portátil.

"Serena, tienes que darnos la primicia", Mina dijo.

"No hay nada que contar. Lo siento."

"Cuando salió de tu oficina, sus mejillas estaban rojas y parecía que te había besado. En realidad, besado en serio. ¿Te besó?"

Serena miró a Rei. "No es de tu incumbencia".

Rei sonrió. "Así que te besó. Oh. Mi. Dios".

Serena dejó escapar un suspiro. "No hay nada entre Darien Chiba y yo, así que absténganse de llamar a la prensa del corazón, ¿de acuerdo?"

"¿Vino o no para invitarte a salir?" Rei dio golpecitos con su pie.

Serena se sintió como si fuera la parte demandada en una inquisición mientras tres pares de ojos muy decididos miraban al suelo.

"Tal vez".

"Y le dijiste que sí, ¿verdad?" Mina preguntó.

"Le dije que no."

Lita levantó las manos al aire. "Serena, es magnífico. Talentoso. Rico. ¿Es posible que tus normas no estén sólo un poco altas?"

Ella miró a sus empleadas… que en realidad, eran sus mejores amigas, el trío de rubia, morena y pelirroja, todas mujeres hermosas, solteras que nunca rechazarían a un tipo como Darien. Pero ellas no tenían la vida - la complicada vida – que ella tenía. Ellas no lo entenderían.

"No estoy buscando un hombre."

"¿Por qué diablos no?", Preguntó Rei. "Eres joven, hermosa y única. ¿Por qué no deberías estar en busca de un chico?"

"Conoces mi vida. Estoy ocupada aquí y en casa. No hay lugar en mi vida para un hombre."

"La peor excusa." Mina sacudió la cabeza, sus cortos rizos rubios se balancearon adelante y atrás. "No te estás volviendo más joven, sabes."

"Vaya, gracias."

"Y los tipos como Darien Chiba solo se dan una vez en la vida. Si alguna vez se dan", agregó Lita, moviendo de un tirón su oscura cola de caballo encima de su hombro.

"Y nadie dice que tienes que casarte con el hombre. Sin embargo, vamos, Serena. ¿Por qué no sales con él?" Rei le preguntó.

Por una sola razón. Una muy buena razón.