Daiki caminaba por la calle. Acababa de darle el dinero que Fred le donó, a la mujer dueña de la fuente de sodas, quien no dejó de agradecerle llorando e hipando. Se vería con alguien pronto. Alguien a quien quería ayudar de corazón. Quizás también para ayudar a esa persona, podría presentarles a algunos amigos en común. Justo en la heladería, encontró a los amigos que buscaba.
-Donde dejaste a Meimi, viejo?- le pregunto Manato, mientras Daiki saludaba a la chica rubia que acompañaba a Sawatari.
-Hombre, no puedo salir pegado a ella todo el tiempo. Además, es un tema un poco delicado.-
-¿De que se trata?- habló Rina Takamiya. Mirando con interés a Asuka Jr.
Verán, cite a un amigo nuevo que quiero que conozcan…es una buena persona. Se siente muy solo y quiero que lo hagan sentir apreciado…-
-Bueno, me parece bien…- se encogió de hombros Sawatari. El chico de pelo negro con el mechón dorado entró por la puerta de la heladería, completamente avergonzado y cohibido.
-Viniste, Joey!- exclamó Daiki. Ven, ya estamos aquí. Quiero presentarte a Rina Takamiya y a Manato Sawatari, mis dos mejores amigos…- Joey hizo un mohín de pena y sonrió tímidamente. Los chicos saludaron al joven.
-Y bien, que quieres tomar? – habló Daiki entusiasmadamente.
-Es…está bien un helado de chocolate…- mumuró Joey
Daiki ordenó el pedido de él y sus amigos. La convivencia pasó sin mayores sobresaltos. Cuando Joey se levantó para ir al sanitario, Rina se dirigió a Daiki, apenas conteniendo su excitación.
-Que chico tan guapo…- Daiki, dime que no tiene novia!- saltó la rubia. Y se ve muy simpático.-
-No lo sé, la verdad.- habló aturullado Asuka- Pregúntale tu después. –Manato soltó una risa discreta.
Joey volvía del baño. Rina se lo comía con la mirada. Cuando el chico se sentó, Rina soltó una risita tonta.
Ya debo irme…-susurró el muchacho sin mirar a Daiki.- Gracias por la charla.-
-Espera Joey, podemos hablar un momento en privado? – replicó Asuka-
-Bueno…- Se levantó, y Daiki lo siguió a la puerta. Manato y Rina decidieron no interferir en la charla.
-Mi hermano quiere darte las gracias. Williamson no molestará a nadie más, afortunadamente. Va a estar encerrado por un buen tiempo.- soltó el chico del mechón rubio, sin cambiar el gesto acongojado.
-De nada.- ¿Cómo te encuentras? ¿Ya no te molestan…?-
-No, todo se ha calmado mucho. Pero supe que mi hermano te ofreció ser su segundo… Podrías aceptar su oferta, pero solo para que…por favor, si puedes convencerlo de que esta idea de la pandilla solamente lo hace desperdiciar su vida, te lo agradecería- imploró el muchacho.
-Haré lo que pueda. Tu hermano…creo que parece más honorable que el resto de truhanes que lo siguen- señalo Daiki…- ¿Dónde puedo encontrarlos?-
El muchacho le dio la dirección a Daiki. Dieron por terminada la charla. Manato y Rina salieron, despidiéndose de todos. Rina besó a Joey en la mejilla, lo cual hizo que el chico se sonrojara. Daiki le sonrió, tranquilizándolo. Finalmente, los adolescentes se separaron con rumbos distintos.
Un día después, Daiki llegaba a un viejo departamento en un edificio de aspecto abandonado. La puerta apolillada sonó varias veces.
-Quién es?- la voz áspera de Fred contestó al otro lado.
-Soy Daiki, Daiki Asuka. Quiero hablar contigo, Fred.-
-Adelante- habló el motociclista, abriendo la puerta.-¿ Que se te ofrece?-
Nada…solo quería saber cómo se encontraban tu hermano y tú.-
-Estamos bien – Fred se veía mucho más pacífico, ahora que no estaba vistiendo su motocicleta, sin usar chamarra de cuero ni llevar lentes oscuros- Pero espero que no quieras hacernos una entrevista, porque no tengo tiempo- gruñó el motorista.- ¿Que has pensado de mi oferta?-
Bueno, de eso quería hablar…- Creo que acepto.- concluyó firmemente Daiki. El sujeto le sonrió.
-Eso es todo, hermano…- Ahora vengo. Fred se fue a la sucia y desvencijada cocina, de donde trajo dos botellas frías de cerveza.- Vamos a brindar por tu unión a nuestro gremio, a partir de ahora eres un Cannonball!- exclamó entre sus dientes disparejos el hombre-
Pero…no se supone que los demás miembros deberían saber que me estás nombrando tu segundo?- inquirió Daiki-
-Voy a serte sincero- murmuró amargamente después de darle un trago a su botella- No sólo Williamson me desprecia. Hay muchos otros que también lo hacen. Y necesito que estés, para ponerlos en cintura. Piensan que…- el sujeto susurró- pierdo demasiado el tiempo con mi hermano y que debería dejarlo solo para que aprenda a ser un hombre. Pero yo no voy a dejar a Joey – refunfuñó Fred- Necesito que lo cuides cuando yo no pueda estar, necesito que controles a esos gorilas descerebrados.- terminó el hombre.
Daiki dudó. Tenía sentimientos muy confusos respecto al tema.
-Aún está en pie nuestra promesa?- sentenció Asuka.
-No la he olvidado, Asuka- musitó Fred. –Creo que tienes razón…quizás sea mejor solo ser motoristas por diversión…- inclinó la cabeza, mirando al suelo.
Daiki confió en el hombre. Se estaba terminando la cerveza.
-Bueno. Muchas gracias por venir, Asuka. Y tengo otro regalo para ti. Vamos al estacionamiento-
-Daiki estaba extasiado. No era una moto nueva, pero era muy buena y estaba bastante cuidada. No podía creerlo.
-Toda tuya – dijo Fred mirando a Daiki, quien se trepaba en la moto con torpeza. ¿Sabes manejar?-
-En el departamento…aprendí a hacerlo hace un año.- Te lo agradezco pero, de donde sacas tanto dinero?-
-Muchas preguntas, compañero! Que disfrutes tu moto!- exclamó el hombre dándose la vuelta y marchando- Adiós!-
Daiki salió disparado a través de la avenida, embriagado por la alegría. Al fin conseguía lo que había querido desde los doce años, su padre se negaba constantemente a comprarle una moto, y un sujeto que apenas conocía se la había dado gratuitamente. Pero valdría la pena. Meimi estaría muy impresionada, y más si se vestía como el ídolo musical de Meimi…
Meimi estaba en casa. Sus padres estaban efectuando los últimos arreglos para la fiesta de cumpleaños de la chica. Mientras Eimi revisaba el pastel de cumpleaños en el horno, Genichiro colgaba una tira de globos de fiesta en el dintel de la sala. En su habitación, Meimi escuchaba la música de Brandon Hill, usando audífonos y acariciando a Ruby, acostada en su cama. Aunque le gustaban los temas bailables y rockeros del cantante, las baladas que entonaba el ídolo juvenil eran sus preferidas.
I will spend my whole life through
loving you, loving you.
Winter, summer, spring-time, too,
loving you, loving you.
La pelirroja cerró los ojos, pensando en Daiki , con una sonrisa en los labios. Ruby se había quedado dormida en su pecho. El sonido del timbre la despertó. Su madre la llamó para que fuera a abrir. Puso a su erizo hembra en su jaula y bajó la escalera. Al abrir la puerta, se le cayó el alma a los pies.
Ahí estaba Daiki, ataviado como todo un motorista. Llevaba un traje de cuero de color azul eléctrico, lentes oscuros y un tupé. La chica no podía apartar su vista de él, completamente perpleja. La moto descansaba al lado del chico.
-Quieres ir a dar una vuelta, nena?- habló desfachatadamente el joven-
-Dai…Daiki…- Ahora voy!- chilló la pelirroja. Tras avisar que saldría con su novio, la chica y el chico marcharon a toda velocidad a bordo de la moto, hacia el centro de la ciudad.
