Joey había dejado de sollozar. Lo único que podía hacer esa limpiarse las lágrimas en la cara teñida de púrpura.

-Puedo irme ya…- murmuró Daiki.- Si te sientes mal será mejor que te deje solo un momento…-

El joven motociclista no dijo nada. Solo se quedo mirando a Daiki, oprimido por la pena. Tragando una buena bocanada de saliva, habló con la voz quebrada:

-Mi padre…está muriendo de cáncer. Mis padres nos criaron en un hogar amoroso, casi de ensueño. Nunca nos faltó dinero, mi padre es accionista en la bolsa. Cuando mamá murió, Fred enloqueció. Se volvió muy rebelde, empezó a beber, a fumar, a drogarse, se relacionaba con rufianes de la peor calaña, y ahí fue donde se encontró con los Cannonballs. Cuando menos lo esperábamos, había asesinado a su líder y ahora él usurpaba su puesto. Lo seguí para informarle a papá de sus andanzas…Papá se desvivió por devolverlo al buen camino, pero él se volvió cada vez más rebelde… Al final, papá enfermó, los doctores dijeron que su tumor era inoperable y la quedaban pocos meses de vida…cuando Fred supo de eso, huyó. Empezó a cobrar la pensión de enfermedad de mi padre y a hacerse cargo de sus acciones, pero todo el dinero se lo gastó en beber, fumar, y dárselo a sus compañeros de la pandilla. Hace días nos enteramos de que mi padre se había puesto muy mal, estuvo en el hospital y al volver a casa lo vimos muy debilitado… Fred se sintió culpable y desde entonces me da a mí todo el dinero de la pensión de mi padre…-es posible que ya esté cerca de morir…- chilló Joey. Creo que mi hermano quiere enmendar las cosas con él antes de que muera.

-Lo que me preocupa es que la pandilla quiera lastimarlos a ustedes.- Por favor, Joey, déjame ir a tu casa…los cuidaré de cualquiera que quiera hacerles daño…- imploró Daiki.

Joey lloró. Entre balbuceos, aceptó llevar a su amigo a casa de su padre.

Llegaron a la casa modesta pero lujosa en el barrio más exclusivo de la ciudad. Comparada con las mansiones de los políticos y empresarios de Seika, la casa de los Miller parecía una choza. Daiki y Joey entraron en silencio. Las luces estaban apagadas salvo por una habitación al fondo. Caminaron por el pasillo, y al cruzar el umbral, se encontraron con una imagen trsite y enternecedora. Fred estaba junto a su padre, sosteniéndole un vaso de agua apara que lo bebiera. El hombre, calvo, lleno de pecas, pálido, flaco y orjeroso, se veía muchos años mayor de lo que era. Al reparar en Daiki, Fred saltó hacía atrás, con los ojos hechos platos.

-Joey…que hace el aquí?- gruñó Fred.- Por qué lo trajiste?

- Le conté todo…es un buen amigo…- sollozó el aludido.- No le dirá a nadie sobre nuestro padre…-

-Esta bien- masculló Fred.- El hombre empezó a toser ruidosamente.

-Papá…- susurró Fred mientras los ojos se le llenaban de lágrimas. Al fin estaba cayendo su fachada de tipo duro, para dejar paso a un ser humano de nobles y puros sentimientos.- soy un idiota, papa…- Es culpa mía…- bramó el hombre joven llevándose las manos a la cabeza.

-Ya no importa hijo…- habló el padre de los Miller con voz áspera. – Quiero ver de nuevo a tu madre…- Desde que ella se fue me siento incompleto. Algo en mi se apagó…-

-Papa, no digas eso!- chilló Joey, arrojándose hacía su padre.- Te vamos a extrañar mucho cuando te vayas…- Aun no entiendo…por qué tiene que pasar esto? – Daiki apenas podía contener el llanto. Se apretaba los puños a la vez que el bulto en su laringe era cada vez más tenso y pesado.

- Solo prométanme una cosa, mis hijos- susurró el hombre. – Prométanme que serán hombres de bien y vivirán felices…no cometan los mismos errores que yo cometí, y aprendan de los suyos…-

Fred estaba llorando histéricamente mientras mascullaba ininteligiblemente. Daiki se dirigió a ellos.

-Ya debo irme. Se hará tarde si no me voy ahora. Cualquier cosa que necesiten pueden llamarme.-

-Sí…s-sí… - gimió Joey anegado por las lágrimas.

Daiki se subió a la moto y salió rumbo a su hogar. La noche estaba cayendo. Cuando llegó a casa, reparó demasiado tarde que su padre había visto la moto nueva, algo que pensaba mantenerle en secreto…Keiji Asuka estaba en la puerta con una expresión de rabia que carcomía cada musculo de su rostro. Al mirar aún más de cerca a su hijo, estalló…

-Que bonito!- Ahora tengo un hijo delicuente y vago? Que haces vestido asi? Ven aca!- rugió jalando el cabello del muchacho, desbaratando su peinado.-

-Papa, espera, puedo explicarlo…yo…- farfullaba el joven con los orjos llorosos de dolor.

-Dime, de donde sacaste esa moto? Y ya sabes que te prohibi manejar hasta que cumplas 18!- gruñó propinándole un bofetón a su hijo. El aliento alcóholico de Asuka Sr. llegó a la nariz de Daiki.

-Papá, ya se manejar, no tienes por que tratarme como niño!- chilló Asuka Jr. Mientras su padre tomaba su cinturón, desabrochándolo del pantalón…- No! Ay! – se quejó el joven. El padre no dejaba de flagelarlo furiosamente con su cinturón de cuero. El chico intento huir, pero fue arrinconado por su padre, que lo fustigó hasta cansarse. Finalmente, el asustado Daiki subió a su habitación, no sin antes ser avisado que no podría conservar ni la moto ni las ropas de moda. Allí, solo pudo llorar incontrolablemente. Su madre llevaba algunos años muerta, sin embargo el alcohol convertía a su padre en un monstruo, y no era poco frecuente que bebiese, y que, como el día de hoy, se hiciera acreedor a una paliza, la mayoría de las veces gratuita. Mientras se lamentaba y las lágrimas corrian por su rostro, pensaba en lo similar que era a Joey, ambos venían de familias rotas, disfuncionales y tóxicas, ambos trataban d eponer buena cara y ocultar sus problemas familiares a la sociedad, aunque a veces, no funcionaba del todo bien. Pensó en Meimi, en su lindo y suave pelo rojo, pensó en sus ojos azules y sus mejillas sonrosadas, en su sonrisa juguetona y cautivadora. Fue el único pensamiento que pudo calmarlo un poco en aquel lamentable momento.