La muchedumbre, en su mayoría compuesta por jóvenes adolescentes y preadolescentes, esperaba bulliciosa afuera del recinto. Entre la marejada de gente congregada en el sitio, estaban Meimi y su madre. La pelirroja no dejaba de temblar, exultante. Eimi la miraba con deferencia.

-A tu padre no le agradaba mucho la idea de que yo fuera quien te acompañase, hija. Se pone celoso de este cantante!- rió discretamente la señora Haneoka. Por cierto, que dices que fue de Daiki que no pudo acompañarte?- inquirió Eimi.

-No me dijo mucho…- suspiró Meimi- Solo me dijo que se había enfermado y que no podría venir.- La chica presentía que quizás su novio, le había mentido. Si bien a Daiki no le gustaba ese cantante, era raro que rompiera su promesa de golpe.

-Ni hablar. Al menos nos divertiremos juntas, linda- sonrió la madre. Vaya, creo que ya vamos a entrar- Los guardias del auditorio le ordenaron a la gente formarse. Los chicos y chicas, eufóricos apenas y obedecieron las ordenes de los empleados de seguridad.

Las filas de personas avanzaron hacia el interior del foro sin mayor alteración. Una vez dentro, la madre y su hija tomaron sus asientos, expectantes. Unos minutos más tarde salió el famoso Brandon Hill. Rubio, con su tupé al estilo de los cincuenta, su sonrisa perfecta y los ojos azules como trozos de hielo, saludo a la multitud de chicas y chicos que berreaban en éxtasis al frente de su ídolo. Hill comenzó a cantar uno de sus famosos temas de rock & roll, mientras Meimi se levantaba de su asiento y empezaba a saltar entusiasmada. Eimi la miraba sonriendo.

Varios números del cantante siguieron mientras la multitud no dejaba de silbarle y aclamarlo. A Meimi le dolían los pies de tanto saltar y bailar. El músico entonó otro de sus temas bailables:

The wind is the thing
That makes the body swing
It brings you up and takes you down
And treats you like a king
Do the rock, do the woodland rock
Let it all hang out ev'rybody shout
Do the rock, do the woodland rock.

Meimi y su madre no habían notado que, a varias filas de ellas, un barullo empezaba. Parecía normal, ya que casi todos los asistentes estaban gritando. Y habría sido así de no ser porque algunas sillas empezaron a volar, seguido de gritos aterrados de chicas y gruñidos de hombres adultos. Hill aun entonaba su melodía, no había reparado aún en la trifulca que se estaba desarrollando a varios metros del escenario. Y debió haberlo hecho antes, porque esta comenzó a extenderse a lo largo del auditorio. Meimi ya había dejado de bailar y abrazaba aprensivamente a su madre que miraba tensa la escena que empeoraba cada vez más. La pelirroja chilló, al reconocer en la multitud a un sujeto que ella conocía: Williamson , el motociclista ex aliado de Fred Miller, llevaba una cadena en las manos, con la cual amenzaba a los chicos y chicas para que le dieran sus objetos de valor. Iba seguido de un sujeto de pelo gris con aspecto muy agresivo, alto, delgado y esmirriado, con un peinado que recordaba a los músicos rockeros de los años ochenta. El sujeto de pelo gris le gritaba algo a Williamson, y se daba la vuelta para hablar con otros motociclistas.

Los gritos y golpes empezaban a ser tantos que por fin Hill paró el concierto, solo para recibir un golpe de botella de vidrio en la cara. Meimi soltó un aullido de terror cuando vio como los músicos se llevaban a Brandon, quien sangraba. El telón bajo, y de inmediato apareció un guardia, cubriéndose la cara con las manos para evitar recibir la basura, piedras y palos que los motociclistas arrojaban al escenario. Entre gritos, dio el concierto por suspendido. La policía ya estaba llegando al lugar, por el ruido de las sirenas que llegaba detrás de las paredes del foro. Meimi y su madre siguieron a los guardias que hacían lo que podían para evitar alguna estampida y evacuar a los fanáticos del cantante. Entre gritos, berridos, empujones y golpes, la mujer y la chica salieron del recinto, despeinadas y sudorosas. Eimi solo pudo abrazar a su hija mientras esta mascullaba y lloraba.

Media hora después, madre e hija había llegado a casa. Meimi estaba sentada en el sillón .Acariciaba tristemente a Ruby mientras su padre la reconfortaba, a su lado.

-Lo siento mucho pequeña….- Nadie esperaba que esto fuera a terminar así…- No te sientas mal…te llevaré a ver de nuevo a Brandon Hill cuando regrese a la ciudad…- habló tiernamente Genichiro a su acongojada hija.

La colegiala sollozó. Su padre la beso en la frente amorosamente.

-Te quiero, papito…- susurró Meimi abrazando a su padre. El hombre le devolvió el abrazo.

-Hijita…se que significaba mucho para ti…- dijo Eimi…-Pero estamos bien. Pudimos haber salido lastimadas o alguna cosa peor. Esos gañanes son peligrosos de verdad. –Le puso una mano en el hombro a la chica. Geniricho miró a su esposa, aprensivo.

-Las noticias dicen que fue una banda de motociclistas sumamente peligrosa, buscada en varias ciudades …- Dejaron un aviso…- habló gravemente Eimi mirando a su marido. Meimi se dio la vuelta, para escuchar a sus padres.

-Ah sí, que ocurre?...- gruño Genichiro. Ya estoy harto de esos delincuentes, han causado muchos problemas en la ciudad…-

-Dicen que seguirán haciendo los destrozos como venganza contra un tal Fred Miller…-

A Meimi no le sonaba el nombre. Pero a Daiki, en su casa, le provocó que el pelo de la nuca se le erizara, mientras veía el noticiero nocturno. Aun le dolían los latigazos y golpes que su padre le había propinado, y por ello desistió de ir con Meimi al concierto. Aprovechando que su padre estaba dormido después de un día extenuante de trabajo, decidió bajar a la sala para llamar a Joey y Fred a casa de su padre para ver si se encontraban bien. No hubo respuesta. Daiki tenía una sensación horrible que le carcomía las tripas. Solo pudo llamar al departamento y pedir que, sin que su padre se enterara, los oficiales buscasen a los hermanos, para asegurar que estuviesen sanos y salvos.