Las horas pasaban. Daiki no podía dormir. No había noticias de los hermanos Miller. Ya eran más de las dos de la madrugada. Su padre roncaba ruidosamente. La mente del muchacho no dejaba de discurrir y remolinarse una y otra vez, como las olas en el océano. Tenía que tomar una decisión pronto, aun si eso significaba arriesgarse a un castigo más severo de su padre. No había hecho caso a su progenitor, todavía conservaba sus ropas de cuero brillante que usaba para manejar la moto, y aunque ésta había sido asegurada en el estacionamiento de la jefatura de policía, sabía donde guardaba su padre las llaves de la jefatura. Logró apoderarse de ellas en total y absoluto silencio. También, tomó su pistola, a pesar de que tenía aún prohibido usarla a menos que fuera en defensa propia. Salió sigilosamente de su casa, llevando las ropas de cuero, y se encaminó hacia la jefatura.

El policía encargado de vigilar el estacionamiento cabeceaba. Daiki pasó a su lado sin perturbarlo. Justo cuando había avanzado unos pasos, el oficial habló balbuceando.

-Quien anda allí?- Daiki se dio la vuelta, paralizado por la sorpresa.

-Ah, eres tú, Daiki…Salúdame a tu padre…- roncó el hombre, bajando de nuevo la cabeza.

Daiki tragó saliva. Por fin localizó su moto, que estaba bajo cadena y candado. Liberando del seguro su vehículo, salió de nuevo en completa calma del estacionamiento sin despertar al guardia. Una vez estuvo lejos de la jefatura, salió disparado en la moto. La sensación de la velocidad, y el viento golpeando su cara solo pudo hacerle sentir euforia y alegría. Sin embargo, su destino era de todo, menos alegre.

En aquel edificio abandonado, cubierto de grafitis y apestando a orina, basura podrida y alcohol, la banda de motociclistas dormía. Un golpe despertó al tipo obeso y desaliñado, que gruñía mientras la saliva escurría por una de las comisuras de su boca. Ninguno de los otros motoristas se dieron cuenta de cuando el sujeto, dando tumbos y farfullando aún dormido, fue arrastrado por Daiki hacía el exterior del edificio. Unos momentos más tarde, un chorro de agua fría despertó por completo al tipo gordo. Mascullando, miró a Daiki con extrañeza.

-Y tu…¿qué haces aquí, que quieres?-

-Eso es lo que yo te pregunto, ¿qué demonios han estado haciendo?- rugió Daiki, empuñando su arma y poniéndola en la cara del sujeto, quien abrió los ojos rojos e hinchados en absoluto terror- ¿Dónde están Fred y Joey? ¡Responde!- gruñó, dándole una bofetada al sujeto.

-No… no… no me mates, por favor…- tartamudeó el sujeto…-Yo no…no sé nada…- Nosotros no…-

-Habla!- No hagas esto más difícil!- Daiki estaba perdiendo la paciencia.-

-Mira…viejo…-susurró el hombre muerto de miedo…- Desde que renunciaron a la pandilla los dejamos ir…- No quisimos meternos, Selwyn es nuestro nuevo líder, y él no quiso perseguirlos. Selwyn le tenía mucho aprecio a Fred, Fred lo salvó una vez de que le dieran una golpiza en un bar….Quizás fue el canalla de Williamson el que hizo los destrozos de anoche en el concierto…ahora que se ha unido a los Spitfires, es posible que haya sido él!- terminó el sujeto gordo.

-Bien…- Daiki musitó, bajando su arma.- ¿Sabes donde los puedo encontrar?-

-Yo que tu tendría mucho cuidado- farfulló el motociclista.- Nosotros no somos nada comparados con ellos. Ellos han violado y secuestrado a chicas de tu edad, destrozado negocios, asaltado a gente inocente y hasta robado supermercados…- Nosotros solo bebemos y nos divertimos…-

-Williamson…él es el líder de los Spitfires, entonces?- inquirió Daiki.

-No…- El sujeto se puso pálido, con los labios temblando levemente.- Su líder es uno de los moteros más peligrosos que hay… Un sujeto duro de verdad. Se llama Dean Moore. Parece un debilucho, pero nadie pelea mejor con la navaja que él. Es una bestia. Tiene la fuerza de diez tipos. Nadie se atreve a contradecirlo, porque no tiene consideración ni honor. Lo siguen por miedo…- concluyó el hombre.

Iré a verlos…- No se saldrán con la suya!- Mis amigos están en peligro, y también la gente inocente de esta ciudad por culpa de esos malditos! – exclamó Daiki, determinado.

-Haz lo que quieras, chico…No digas que no te lo advertí- espetó tajante el motorista. – Te diré donde están. Pero si te preguntan, tú no sabes nada de nosotros, entendido?-

Daiki asintió. Unos minutos después, la moto del joven se enfilaba hacia las afueras de la ciudad, iluminada por la pálida luz de las farolas callejeras. Esta vez no iba a arriesgarse a un enfrentamiento directo, como había sucedido en la fuente de sodas. Tendría mucho más cuidado. Actuaría de forma totalmente diferente, una forma que los motociclistas no se esperarían…

Era un viejo bar de billar. Sonaba música de heavy metal a todo volumen. Los rufianes , reían fumaban y bebían en las mesas y en la barra. Daiki entró. Un sujeto de casi dos metros de altura, con barba poblada, lo miró con desprecio:

-Asunto? No admitimos niños aquí. Fuera de aquí.- gruñó

-Vamos viejo, quiero ver a Dean!- habló desenfadamente Asuka, haciendo lo mejor que podía para parecer un tipo duro e irreverente…-

-Para qué?- rugió escuetamente el hombre barbado – Lo vienes a retar? – El sujeto soltó una risa áspera y socarrona.- Date por muerto, mocoso. Nadie le puede ganar.-

-No, no me interesa retarlo a pelear. Quiero unirme a ustedes?- El rufián abrió los ojos de sorpresa, y rompió a reír aún más fuerte.

-Mira, chiquillo, ve a jugar con tus amigos y no nos molestes…- Estoy de buen humor, alégrate por eso, si estuviera molesto ya te habría hecho papilla…- carcajeó el truhán.

-¿Esto te dice algo?- Daiki le tendió el pañuelo de los Cannoballs. El sujeto dejó de reír.

-No puede ser…- Tú eras un Cannonball?- Esos tipos…a la fecha no podemos ganarles… Y quieres unirte a nosotros? ¿Te han traicionado?- preguntó el motorista.

-No. Simplemente no me agrada el nuevo liderazgo.- cortó Daiki inexpresivamente.

-Bien…tú ganas. Te llevaré con Dean. Pero te advierto que él no será tan indulgente como yo…entendiste?- refunfuñó el tipo alto. El muchacho y el truhán avanzaron a través del bar, sin que los otros gañanes les prestaran mucha atención. Llegaron a un pequeño cuarto detrás de la barra. Ahí estaba Dean, dormido en un viejo catre, sin camisa, acompañado de una chica tatuada y con el pelo teñido de rosa. Dean despertó, y miró a Daiki con verdadero odio.

- Ferry, quién es este mocoso idiota?- Por qué me despiertas a esta hora?-

Hubiera sido cómico en otras circunstancias, cuando Daiki miró al sujeto alto y corpulento encogerse en su lugar y temblar de miedo como un niño pequeño. Moore le lanzó una mirada asesina a Ferry, levantándose. Ignorando a Daiki, le dio un fuerte bofetón a su interlocutor.

-El chico…quiere unirse…Igual que Williamson, ya se hartó de ser un Cannonball. Vino a verte por eso…- gimoteó el sujeto como un perro lastimado.

Moore se dio la vuelta hacia Daiki. Lo miró escrutadoramente, sin ocultar su desprecio.

-Y bien…quieres unirte?...- rugió Moore

-Sí…- habló firmemente Daiki.

-Mmm…si eras un Cannonball significa que ya tienes experiencia…-Musitó Moore, sacudiéndose el pelo gris de la cara. – Sin embargo, necesitamos una ceremonia de iniciación. Lo haremos mañana- Una grotesca sonrisa asomó en los labios del hombre, dejando ver una serie de dientes de oro.

-De que se trata?- aventuró Daiki, conteniendo su ansiedad.

-Vamos a asaltar al Banco Fujiyama. Esa será la prueba que necesito para que seas de los nuestros. Vas a ayudarnos con eso…- siseó el hombre.

Daiki se quedó helado en su lugar…Como iba a poder hacer eso? El no era ningún delincuente, y mucho menos quería decepcionar a su padre colaborando con esos malhechores sanguinarios…Era mejor que preguntase de una vez que había sido de Fred y Joey…

-Tengo una pregunta…- susurró el chico. Moore lo miró. Daiki notó su ojo de vidrio, que bizqueaba hacia su oreja izquierda.

-Sí?- espetó el truhán.

-Saben algo de los hermanos Miller?-

El tipo explotó súbitamente. Mirando al chico con furia desbocada, lo tomo por la camisa.

-Eso también quisiera saber…Me encantaría degollarlo en persona…al tal Fred y a su hermano…- Pero creo que tenemos algunas pistas…- rugió. – Mañana quizás sabremos algo de ellos…-

-De que se trata?-

-Haces demasiadas preguntas, niño- escupió Moore. Por lo pronto, necesito que mañana te veamos a las 10 aquí mismo. Mañana es el gran día. Serás uno más de nosotros…si sobrevives…- carcajeó socarronamente el hombre.

Daiki salió del bar. Era sumamente arriesgado lo que hacía. Pero sentía que era su deber probarse a si mismo como un defensor de la justicia, no importaba que. Ocultó la moto con cuidado en el callejón, detrás de los contenedores de basura al llegar a casa, y finalmente, se fue a dormir el resto de la noche, sin escuchar los ronquidos estentóreos de su padre.