Meimi se dirigía a la escuela. Esta vez Daiki no había coincidido con ella en el camino al instituto. La chica estaba distraída y ausente al llegar a clases. Evidentemente lo extrañaba. Todo parecía indicar que su novio no llegaría a la secundaria aquel día. La clase matutina de matemáticas no fue la mejor para la pelirroja, quien se llevo varios regaños por parte de la profesora al equivocarse en los ejercicios. Con Daiki a su lado, habría sido muy diferente su desempeño en aquella materia que tanto odiaba. Meimi suspiró mientras se sentaba de nuevo en la silla tras tolerar los gritos de la profesora por varios minutos.
Al salir al receso, cerca de las diez de la mañana. Seira y Meimi caminaban comiendo distraídamente sus refrigerios.
-Sabes algo de Daiki? – inquirió la novicia.
-No…- He llamado a su casa, pero nadie responde- suspiró la pelirroja. – Espero que este bien…su padre suele ser muy estricto con él…- O quizás tuvieron alguna misión en el departamento…-
Las chicas continuaron charlando mientras avanzaban por el patio escolar. A varios kilómetros de allí. Daiki entraba en el sucio bar. Los motociclistas ya estaban listos, esperando las órdenes de su líder. Moore miró a Daiki arrogantemente cuando este entro al bar y tomó una silla a pocos metros de él.
-Bien…el plan de hoy es sencillo… Estan listos los pañuelos, linda?- le preguntó a su novia, quien saco una caja de los pies de la barra. Quiero que se los pongan…- Dejaremos algunos en el banco…- Este plan deberá servir para dejarnos la ciudad solo a nosotros…- gruñó maliciosamente.
Las prendas fueron repartidas entre los motoristas. Cuando uno de los pañuelos llegó a manos del joven detective, su corazón se paró de golpe. Eran pañuelos de los Cannonballs…Evidentemente, algo andaba mal, no podía dejar que los Spitfires se salieran con la suya… se quedó paralizado sin saber que decisión tomar. Se había metido en un severo problema, del cual no veía salida fácil. Pero quizás, debería arriesgarse para evitar no solo el robo, sino el inculpar a los motociclistas de la banda rival…
-Debo ir al baño…- musitó Daiki.
-Esta allá atrás…- gruñó uno de los truhanes, señalando una cabina solitaria junto a la ventana.
Daiki marchó al exterior del bar. Afuera había teléfonos de monedas. Quizás podría ganar algo de tiempo para llamar a la jefatura sin que lo notaran. Sin que lo vieran, atoró la puerta del baño desde dentro utilizando una vieja tranca de madera y marchó sigilosamente hasta los teléfonos.
-Jefatura de Policia de Seika, en que le puedo servir?-
-Tatemaki, necesito ayuda, es urgente, Que mi padre no se entere. Una banda de motociclistas planea robar el banco Fujiyama!-
-Entendido Daiki, Donde te encuentras?-
-Eh…estoy…estoy…en la escuela, sí!- Los escuche hablar anoche cerca de mi casa! Oigan…saben algo de los hermanos Miller?...- jadeó el chico
-Sí, ayer los visitamos en su casa…- Su padre acababa de fallecer…- respondió Tatemaki- Un agujero apareció en el estómago de Daiki, al enterarse de la muerte del señor Miller.- Pero están bien…-
-Gracias!- exclamó escuetamente Daiki y colgó.
Con el corazón latiendo sin parar, Daiki marcó el número de casa de los Miller. Joey respondió:
-Si?-
-Joey, siento mucho lo de tu padre, espero que estén bien. Necesito hablar con Fred…- farfulló el chico.
-Permíteme un momento.- Un segundo después la voz áspera de Fred sonó en el altavoz.
-Que sucede, Daiki? – gruñó.
-Fred, escúchame bien, los Spitfires quieren robar el banco, van a inculpar a los Cannon…- Ferry había parecido detrás del chico de pelo negro.- Ah! Sí claro, nena! Tendrás ese collar de perlas que me pediste, ahora que ganaré dinero en este golpe! Jajajajaja!- espetó nerviosamente Asuka- Adiós!- azotó el auricular ruidosamente.
-Con quién hablabas?- dijo Ferry sarcásticamente?-
-C…con mi novia…- borboteó aprensivo el chico…- Lleva mucho tiempo pidiéndome un collar de perlas, y quiero darle uno…con la cantidad que me toque de lo de hoy…- Ferry se rió amargamente.
-Mira niño- rugió intimidantemente el sujeto…- Dean no confía aun en ti…Williamson le dijo quien eres…sabemos que eres policía. Y si piensas traicionarnos, date por muerto. Vas a probarle hoy tu lealtad, siendo el primero en entrar…- Daiki tragó saliva, asustado.
-Como ustedes digan…- contestó el chico.
Unos minutos más tarde, el rugir de los motores y el chirrido de las llantas contra el pavimento inundaba el aire matinal de ciudad Seika. Poniéndose detrás de Dean, que estaba en el centro del grupo, escoltado por otros motociclistas, Daiki se ocultó lo mejor que pudo entre la pandilla de truhanes que avanzaban hacia el centro de la ciudad.
Al llegar al banco, la gente en los alrededores empezó a alejarse lo más rápido y silencioso que podía. El vigilante del banco se acercó a la alarma, presionándola. El aullido de la sirena alertó a los empleados y clientes del banco, quienes , aterrados, veían como entraban las motos rompiendo vidrios, cortinas y macetas, dejando marcas de llantas en la alfombra roja. Daiki iba delante, al lado de Dean. No había roto nada, solo se había limitado a hacer la finta de que entraba primero, para ser imitado un segundo después por Dean y los demás. De inmediato se bajó de la moto mientras Dean bramaba:
-Somos los Cannonballs, soy su nuevo líder…entréguenos el dinero ya!- sacudió su cadena amenazadoramente… Daiki miró por la ventana, presa del pánico. Un segundo después, otro clamor de motocicletas inundaba el tenso ambiente del banco. Fred venía de nuevo a la cabeza de los verdaderos Cannonballs, quienes de inmediato descendieron de sus vehículos tirando golpes y patadas por doquier, iniciando un alboroto de proporciones increíbles que Daiki no se esperaba. La pelea comenzó, y entre lso gritos, golpes, gruñidos y objetos que volaban por el aire, el chico se escondió detrás de un sillón. Los empleados y clientes del banco corrieron hacia las oficinas del banco, donde el guardia los condujo para ponerlos a salvo. La pelea no cesaba. Unos minutos más tardes el sonido de las sirenas policiacas interrumpía el barullo de los pandilleros que peleaban. Algunos de los truhanes, sobrecogidos por el sonido de las alarmas policiacas, salieron en tropel para darse a la fuga. Otros seguían peleando encarnizadamente. Y sucedió lo inesperado.
Fred le lanzaba golpes a Dean, quien se reía socarronamente pegando gritos ásperos. Los lentes oscuros de Fred habían caído al piso. Daiki pudo ver las lágrimas de rabia y dolor correr por ellos. Un segundo más tarde, la sorpresa. Una bala atravesaba el cráneo de Fred, quien cayó de bruces frente a Dean, que abría los ojos con terror, salpicado de la sangre y la masa encefálica de su enemigo. La fuerza especial de la policía había abierto fuego contra los pandilleros. En seguida, las balas atravesaron también el cuerpo de Dean, quien cayó como un fardo de ropa vieja al lado del cuerpo de su rival. Los agentes, ataviados con chalecos y cascos antimotines, ya entraban en el banco. El olor del gas lacrimógeno llegó a Daiki , quien se cubrió la nariz para evitar ser afectado. Los rufianes que no habían escapado, estaban siendo esposados. Al mirar de nuevo a Fred, Daiki sintió un profundo shock, que lo dejó sin aliento y lo paralizó, estremeciéndolo hasta el alma. Estaba muerto. La bala lo había matado limpiamente. Entre los chorros de sangre que recorrían su rostro, aun había lágrimas y sudor. Una expresión de tristeza profunda había quedado grabada para siempre en el cadáver del motociclista. Daiki sentía como se quedaba sin aire, sus ojos vacilaban y las voces se volvían ininteligibles, los sonidos se apagaban , los colores se desteñían… era todo tan irreal, mientras los policías lo sacaban a cuestas y veía la cara roja y contorsionada de su padre gritarle…entre los cadáveres de los rufianes abatidos, en el que también estaba el de Joey…quien yacía de lado con una navaja clavada en la garganta, tiñendo de un carmesí más oscuro el suelo del banco…
