Dos días después. Daiki y Meimi de nuevo habían acordado una cita en el parque. La chica ya había llegado. Esta muy inquieta y nerviosa. Pero también contenía levemente su ira. Los hechos de los días anteriores la tenían presa de la ansiedad y el estrés. Y el descubrir que su novio había sido parte del altercado en el banco el día anterior, la había dejado en shock. Daiki había quedado de explicárselo todo cuando lo viera. Al fin el chico llegó. Se le veía ojeroso y caminaba arrastrando los pies. Tenía la mirada baja. Meimi se levantó, veloz como el huracán, mirando con rabia a su novio:

-Eres un tonto de remate, Daiki Asuka! – chilló Meimi poniéndose colorada- En qué estabas pensando? Pudieron haberte matado! – Tal parece que no entendiste la primera vez que te golpearon y fuiste por más!- Me tenías tan preocupada…-Los ojos de la pelirroja se anegaron-

-Meimi, yo…- balbuceó el joven. –Tenía que hacerlo porque…-

-No quiero saber nada…!- Estoy muy molesta contigo. – bufó Meimi haciendo una mueca de desprecio. El joven se sentó en la banca, muy triste, sin poder soltar palabra. Meimi no pudo evitar apiadarse de él al verlo en ese humor tan penumbral. Tomo aire y habló serenamente:

- Daiki, es verdad que hiciste mal. Pero veo que te has arrepentido sinceramente. Espero que no vuelva a pasar. Cuentamé…paso algo?- susurró dulcemente la chica.

Daiki la miró con los ojos rojos y abotagados. Rompió a hablar. Le contó toda la historia de los hermanos Miller, su relación con la pandilla y lo que había pasado hasta el día de ayer. Cuando terminó, Meimi lo miraba con profunda tristeza.

-Amor…fuiste muy noble al querer ayudarlos. Pero te arriesgaste demasiado. Casi te matan…- gimoteó la chica.- Lo siento mucho en verdad…- abrazó a su novio que correspondió el gesto…- Duraron unos minutos abrazándose y besándose, sin decir nada más.

Linda…tengo algo más que decirte…- tembló el chico.

Eh…?- la pelirroja subió la mirada.

Mi padre…está muy decepcionado de mí…- musitó el joven- Creo que no volveré a verte en algún tiempo ya que termine la secundaria…- Meimi abrió los ojos con absoluta sorpresa- Quiere enviarme a un internado en la academia militar…por todo lo que pasó…Lo desobedecí y me metí en problemas. Lo he deshonrado frente al departamento…- concluyó con un hilo de voz.

Pero…-no puedes convencerlo?...- gimió Meimi mientras empezaba a sollozar incontrolablemente… No vamos a estar juntos durante la preparatoria?...-

No.- respondió apenado el joven- Mi padre es muy obstinado. Primero me mataría antes que cambiar de opinión…-

Entonces…solo estaremos juntos lo que reste del año…?- tartamudeó Meimi, esta voz llorando a mares…- Daiki…te voy a extrañar mucho…- Sacó un pañuelo de su bolsa y sonó su nariz.

No te preocupes linda. Voy a escribirte todas las semanas- habló el joven tomando la mano de su novia…- Cuando salga, trabajaré muy duro para hacer mi propia agencia de investigación privada y te haré mi esposa. – Forzó una sonrisa.

Oh, Daiki…te quiero tanto…- la chica besó brevemente el joven poniendo sus manos alrededor del cuello de este…- Daiki acarició su cabello largo y brillante. – Voy a esperarte cuanto sea necesario! – exclamó la chica sonriendo entre lágrimas.

Los chicos duraron un rato en aquella banca frente al lago artificial, hablando, riéndo y haciéndose cariños. Meimi experimentaba un sabor agridulce en su mente y su alma. Debía disfrutar el tiempo que le quedaba con Daiki, antes de que se separaran… Todo el tiempo del mundo tendrían por delante, después de esta pausa y quizás, no volverían a separarse jamás. Pensó en la predicción que le hicieran días antes de que Daiki descubriese su identidad como Saint Tail, pero no le dio importancia…era un pensamiento negativo, que quizás no la llevaría más que a estrés y ansiedad innecesarias. No iba a dejar que nada estropeara su felicidad al lado del joven detective, pensó mientras era escoltada por el joven Asuka de vuelta a su hogar. Al llegar a casa, le pidió a su madre que cortara su cabello. Era una forma de cerrar para siempre con el ciclo de Saint Tail…quién se retiraría para siempre de la vida criminal, pensaba la chica al ver su cabello rojo ahora a la altura de la mandíbula. Sonrió al espejo mientras examinaba su nuevo corte. Rubí la miraba con curiosidad desde su jaula. El viejo traje de Saint Tail ahora estaba bajo llave en uno de los cajones del ropero de la chica. Y detrás de ella, en la televisión encendida, un guitarrista interpretaba música clásica…