Advertencias:Nuevo fic, Yullen, AU, violencia!

Nadie habla del club de la pelea

by

Katou Yuu


Alma y Kanda se miraron confundidos.

- No, tu eres el demonio blanco - dijo Alma mientras buscaba en su celular.

Kanda lo vio y comparó. Se veía mucho más alto en el vídeo, claro, era una eterna movedora de la cámara.

- No soy - dijo Allen apresurando el paso.

- Si eres - Dijo Alma poniéndose en el paso

- ¿Podemos dejarlo para luego? Hoy rebajan las rebanadas de pastel.

-No, hoy no escapas de mí- dijo Kanda al ver que el chico comenzaba a andar y no lo iba dejar huir como si nada.

Allen simplemente apresuro el paso, Alma trataba de retener a Kanda que quería brincarle encima al enano en ese instante. Terminaron llegando a la tienda de conveniencia.

- Realmente estamos aquí - dijo Alma sorprendido de estar vigilando al chico que se supone había abatido a todos los delincuentes de su área, y que ahora se debatía entre una marquesa marmoleada o un cheesecake.

- Este mocoso debe ser una farsa- dijo Kanda con poca paciencia.

Allen pagó, realmente no se creía que aquellos dos le siguieran pacientemente. Aunque el chico de la cola de caballo parecía acuchillarlo con la mirada. Allen comenzó a apresurar el paso y perderlos.

- No te vas a escapar de nosotros mocoso - dijo Kanda tomándolo inesperadamente de la camisa impidiéndole seguir - No me creo para nada que tú seas ese Demonio Blanco.

- No lo creas si no quieres, ¿me puedo ir?

Allen volteó hacia arriba dejando caer su capucha dejando ver sus enormes ojos grises y cara de niño.

Kanda comenzó a reír. En verdad no podía ser. Sin embargo, ese chico era totalmente su tipo.

Se puso nervioso de inmediato y Alma lo notó. La mano que sostenía a Allen se apretó.

- Me ahogas - dijo empujando.

Kanda se resistió provocando que la bolsa de la tienda se rompiera y los postres rodaran.

- No, ¡mis postres!- Allen trato de zafarse de su agarre.

- Te dejare ir si me respondes ¿dónde está el demonio blanco?

Allen tomo una gran bocanada de aire .ya fastidiado por sus insistencia - ¿Eres tonto?- Kanda apretó su agarre- Lo siento pero no tengo tiempo para. Charlar contigo, te di oportunidad para irte de aquí.

- ¿Qué demonios te crees...?- Kanda no término de formular su pregunta cuando se encontró de cara al cielo mientras el albino escapaba.

Se incorporó y limpió la sangre de su labio. Mientras lo veía alejarse.

Alma rió a carcajadas. Kanda se levantó y aplastó los postes haciendo que la crema saltara.

- MALDITO MOYASHI!

-Límpiate eso - dijo Alma ofreciéndole unos pañuelos desechables - antes de que lleguen Daisya y Marie.

Kanda lo ignoró y se limpió con la manga.

- Ese Moyashi es hombre muerto - dijo Kanda arrojando el pañuelo a un lado, comenzó a avanzar hacia la academia, sabía que el Moyashi no podría saltarla tan rápido y allí lo vio intentándolo saltarla con aquellos postres que lo ralentizaban, corrió hacia el sin avisar de su presencia y lo tomo de la camisa empujándolo hacia abajo.

- ¿No creas que ahora vas a escapar?

Allen se sobo el trasero algo adolorido sus postres parecían haberse arruinado, los miro con ojitos llorosos y Kanda no se creía que el mocoso lloraría por un par de postres.

- los arruinaste... ¿Qué más quieres de mí? - dijo arrugando la cara.

- ¡Pelea! - gritó Kanda pateando otra rebanada

- ¿Por qué no me dejan en paz?! Ahora les debo dinero a las chicas, no puedo llevarles esto - dijo mirando la crema en el pavimento.

-No me importa si tu novia quería pastelitos, te estoy retando.

- ¡Yo no tengo novia! Ninguna de ellas es mi novia! Ninguna va a salir contigo aunque me venzas!

- ¿Crees que soy tan idiota?! Eso no me importa! - Kanda aplastó los postres y de inmediato dio un puño avanzando hacia él.

Lo esquivó y lanzó el suyo pero Allen lo detuvo con la mano.

- ¡¿Cómo te atreves?! Eso aún se podía comer!

- Como si importara.

- Eres igual que todos los idiotas que vienen aquí a retarme - dijo Allen enfadado. Bien parece que estaba logrando encender al Moyashi.

- Aquellos eran simples idiotas que no saben hacer su trabajo, yo he tenido que venir personalmente para darte una lección.

- Vaya, así que entonces tu eres su líder- dijo Allen algo burlón. Realmente no se creía que esto estuviera pasando - Terminemos con esto rápido - dijo ya cansado de todos los retos que había recibido a lo largo de la semana.

Sin avisar, se lanzó contra Kanda tratando de asestarle un golpe o patada, pero el otro las esquivó todas e incluso lo tomó por el pie.

Logró soltarse con una vuelta y desviar los ataques que le mandaba.

Allen estaba impresionado. Aquellos tontos sólo habían resistido un par de golpes antes besar el pavimento.

Kanda sacó a mugen, su espada de madera, y la blandió. Allen detuvo su caída con una palmada y la retuvo entre sus manos sin dejarle ir.

La campana sonó y Allen bufó. Empujó a Kanda de una patada y saltó tratando de golpear su cabeza.

Falló y Kanda pudo darle un golpe en la costillas durante el aterrizaje.

- Es injusto si tienes un arma - dijo deteniendo su costado para lanzar otra patada.

- No sabía que había reglas para pagarte el culo - Kanda se hizo hacia atrás sin advertir que Allen barrería su pierna haciéndolo caer.

-Como quieras - dijo triunfante.

Allen pensó no tener ninguna contemplación con él, pudo detener un golpe de aquella espada y asestarle un golpe en el rostro al otro.

- Ouch- Alma no se creía lo que veía, a Kanda parecía costarle asestarle un golpe y ya tenía la nariz sangrando, realmente aquel chico era bueno - Yuu! - lo que le quedaba era animarlo después de todo Kanda no quería que nadie más interviniera heriría su orgullo, vio a Kanda finalmente conectar un golpe rompiéndole el labio en el proceso.

No supo en que instante aquella pelea había subido de nivel y ahora ambos rodaban por el suelo simplemente lanzando puños sin importar si conectaban o no, esto estaba saliéndose algo de control.

Kanda le asesto un buen golpe al albino dejándolo tendido en el suelo.

- Ya no puedes mas - dijo burlón limpiándose algo de sangre de su nariz y apuntándole con su espada.

Allen sonrió y de un momento a otro uso sus piernas para ir al cuello de Kanda en una llave fuera de lo común, Kanda tardo en reaccionar y cuando lo hizo era él quien estaba mordiendo el polvo.

- es la segunda vez que te hago caer - dijo sentado sobre su pecho impidiéndole respirar.

Kanda le hizo cerrar la boca con el antebrazo logrando que se mordiera la lengua y se apartara con la mano cubriéndose y maldiciendo.

Mientras Kanda se levantaba, Allen le gritó algunas cosas que apenas se entendían y saltó la barda a tropezones.

- Fue empate - dijo Alma evaluando los daños.

- Nada de empate. Lo voy a moler.

- A golpes no se llega a su corazón.

- Se lo voy a sacar del pecho y me lo comeré.

- Kanda, pero ¿qué te ha pasado? - Marie había llegado algo tarde para ver el espectáculo según Alma.

- Nunca pensé que vería este día, que alguien te diera una paliza - dijo Daisya.

-¡Tsk!

- Ha sido un empate, el demonio blanco ha dado una buena pelea.

- ¿Empate? - Daisya rio - Ya quisiera enfrentarle entonces.

- Ese mocoso solo yo lo moleré a golpes - tomo su querida Mugen que estaba en el suelo.

Allen fue directo al baño. Era el peor día de todos: no había postre y había encontrado a un tipo que seguro no le dejaría en paz. Volvió a clase después de lavarse la cara.

- ¡Allen! ¿Estás bien? - todas las chicas lo rodearon, tuvo que decirles lo que había pasado con sus pasteles.

- Si pero... - Lenalee creía que eso no era importante

-¿Qué te pasó en la cara?

No dijo nada, se disculpó y todas estuvieron de acuerdo en que no les debía dinero.

Kanda se fue a casa. Estaba consternado y feliz. Había encontrado un rival digno y no descansaría hasta derrotarlo.

Allen al llegar a casa no pudo escapar de la mirada crítica de su maestro quien debería estar de cabeza en su botella de alcohol, pero simplemente estaba fumando dejando la sala con un desagradable aroma, sospechaba que el mismo ya debía ser un fumador pasivo.

- Parece que te dieron una buena paliza mocoso.

- Maestro cuantas veces le he dicho que abra las ventanas si va. fumar - dijo Allen ignorando su comentario y abriendo las ventanas bruscamente.

Marian sólo chasqueó la lengua.

- me molesta la luz - dijo volteando - por cierto, debes prepararte, hoy habrá casa llena en el club. Quiero que limpies a todos.

Allen ahora bufó con fastidio. Apostar era como su trabajo de medio tiempo. El club era de su maestro, pero él se aseguraba de que los clientes se llevaran sólo las ganancias suficientes para querer regresar.

- Espero que no dejen esto hecho un chiquero como la ultima vez - Allen fue a la cocina por algo de comer.

Se preparo un sándwich, más bien mucho sándwiches, necesitaba energía extra para esta noche. Termino de comer y fue al baño viendo que aun tenia rastros de sangre seca cerca de su boca, los moretones no lucían nada bien.

De todas maneras no importaba, daría una impresión miserable para los clientes y se confiarían si los enfrentaba.

Comenzó a preparar el local, debajo del departamento. Las bebidas y las mesas. Se suponía que era sólo un pub para la gente de la zona, pero el negocio de Marian Cross rápidamente tenía que rayar la ilegalidad.

Primero apuestas deportivas, hoy póker.

Allen alzo la mirada al ver como llegaban las primeras víctimas/clientes y se sentaban en la primera mesa a su alcance pidiendo una bebida, aparte de que era mesero era el bartender del lugar, realmente Marian era muy tacaño como para contratar a alguien más o el personal de limpieza, pero mientras menos gente hubiera involucrada en su negocio le resultaba mejor a la hora de manejar a las autoridades.

El sitio no tardo en llenarse, tal parecía que muchos se sentían con suerte.

- Mocoso! Aquí hay alguien que te reta - grito Cross desde una mesa al fondo señalando a un tipo que estaba con él, el hombre parecía tener un gran botín.

- Este es nuevo - le dijo susurrándole al oído y asintió sabiendo que hacer, puso su mejor sonrisa y tomo asiento barajando el mazo de cartas.

Sólo cuando estaba en la mesa, Marian atendía las mesas. No tenía hora de descanso, se suponía que debía bastarle con el tiempo sentado jugando.

Limpió al sujeto hasta que empeñó su reloj y las llaves del auto. Luego lo dejó ganar las llaves y un poco de dinero, así se aseguraban que regresara.

Por si fuera poco, también debía hacer de sacaborrachos. Cuando alguien violento perdía, no le quedaba más opción que usar la fuerza. Así había obtenido sus habilidades de lucha.

En medio del caos, un grupo de chicos con chamarras de cuero llegó al lugar.

Cross se acercó diciendo que ese lugar no era para ellos.

- sólo venimos a beber algo - dijo uno de ellos.

Allen reconoció la voz mientras arrastraba a un sujeto vencido hacia la salida.

Cross le pregunto su al menos tenían dinero, ellos le mostraron un buen fajo de billetes y con esos los dejo entrar.

- ¡Mocoso atiende a estos! - le grito Cross y Allen rodo la mirada.

Pudo reconocer de inmediato la cola de caballo, ese tipo le había seguido, y venia con "refuerzos" al parecer.

Allen se acerco colocando una sonrisa falsa.

- Que desean tomar, ¿leche o jugo? - preguntó ensanchando su sonrisa.

Todos rieron, incluido el tipo de cabello largo.

-Cerveza oscura para todos - dijo y tomaron una mesa.

Allen asintió y llenó tarros con cerveza de barril.

Desde lejos, el tipo ese no le quitaba el ojo de encima y comenzaba a desesperarse por su insistencia.

- ¿Van a apostar? - dijo Cross acercándose a su mesa.

- No - dijo Kanda bebiendo despreocupado

Cross parecía molesto, no entendía lo que ocurría. Pero no sólo él, los otros chicos tampoco lo entendían.

Alma le habló a Kanda en el oído.

- ya sé que querías verlo, pero las cosas se van a poner raras si no haces algo.

Si el Moyashi hubiera trabajado en una cafetería o cualquier otro lugar, las cosas serían más fáciles, pero era el demonio blanco.

- tu, ven a jugar - dijo señalando a Allen.

Allen suspiró. Cross lo empujó con la mirada.

- ¿Póker está bien? - dijo sacando sus cartas del mandil y comenzando a barajarlas.

el juego de cartas.

Allen comenzó a repartir las cartas, Kanda puso su apuesta a un lado, no era un botín tan jugoso para la casa pero disfrutaría desplumando a ese idiota, a veces algunas personas no entendían con un fracaso.

Kanda dio un buen trago a su cerveza y miro su mano, Alma se había asomado de manera indiscreta a mirar, el no era muy bueno n el juego por eso no apostaba pero noto que Kanda tenía una buena mano.

Pero no importaban los intentos, Kanda terminaba perdiendo cada vez que Allen sacaba una mejor mano que la suya.

Alma estaba alarmado, Kanda estaba a punto de perderlo todo.

Mientras Allen barajaba las cartas con una enorme sonrisa de satisfacción, Kanda le tomó d la muñeca, se acercó a él por encima de la mesa y le susurró al oído.

- estás haciendo trampa - metió los dedos bajo el puño de la manga y sacó un par de cartas.

Allen se tensó, no iba a devolver nada, era momento de usar sus mejores técnicas de persuasión.

- te reto. Si no quieres que todo el mundo se entere, aceptarás.

- Ya te vencí - dijo pensando en ofrecerle alguna bebida o un juego limpio donde la ganancia fuese atractiva para que desistiera.

- Entonces no tienes qué temer - dijo sonriendo sin dejar su expresión confiada.

- No - sólo quería vivir en paz.

- HICISTE TRAMPA! - gritó Alma -PUEDO VER LAS CARTAS EN TU MANGA!

Daisya y Marie reaccionaron pero Kanda hizo un gesto para que se quedaran quietos, ese mocoso no era trigo limpio para nada.

- Yo me encargare de el - dijo dejando en claro sus intenciones - Apostare mi motocicleta- Alma tembló nervioso y Allen afilo su mirada, era un buen botín.

-Acepto, te daré un juego limpio entonces - dijo Allen dejando fuera de juego las cartas trampa que tenía en su manga.

Alrededor todos cuchicheaban sobre la acusación. Cross se burló diciendo que todos reclamaban lo mismo cuando perdían.

- pero si gano, estarás en el día, hora y lugar que yo elija. Tu y yo, sin compañía.

- de acuerdo, supongo que no quieres que tus esbirros te vean morder el polvo.

Se sonrieron y sus miradas se encendieron dando inicio al juego.

Nadie perdía detalle de los movimientos. Cada mano Allen mantenía esa cara de inocencia y Kanda se mantenía inexpresivo.

Al final, en el momento de la verdad. Alma le pasó unas cartas a Kanda. Allen lo notó, pero estaba seguro de su mano.

Aún si perdía, estaba seguro que tener otra pelea con Kanda era mejor que ser perseguido eternamente por haberse quedado con una motocicleta. Y si ganaba, bueno, la vendería.

Cross le hizo una señal. "Pierde", decía. Sabía que de esa manera los demás clientes estarían confiados.

Allen mostró su mano y Kanda la suya. Los chicos festejaron, el jefe había ganado.

-Parece que no eres tan bueno jugando limpio.

Allen recogió las cartas fastidiado, Kanda ahora le sonreía con malicia con ese estúpido aire de superioridad, ya le hubiera querido borrar esa estúpida sonrisa.

-Muy bien mocosos largo de aquí - dijo Cross cerrando el lugar.

Kanda extendió su mano a Allen y este lo miro confundido.

- ¿Qué?

- Tu numero de teléfono.

- ¿Por qué?- dijo casi asustado.

- Solo así te avisare del encuentro- Allen rodo los ojos fastidiado se lo escribió en un trozo de servilleta, ya le hubiera querido dar mal el numero.

Pero no quería que volviera ahí. El ambiente era demasiado delicado para seguir jugando en el bar.

Kanda se fue de ahí con un grupo animado. Alma ya comenzaba a planear los lugares donde ningún policía entraría y podrían luchar a gusto.

- El edificio frente al parque está vacío, podríamos preparar una emboscada.

- No, iré solo.

Kanda había doblado cuidadosamente la servilleta y no dejaba de jugar con ella dentro del bolsillo de su chamarra.

- Pero tenemos que verlo! Su pelea fue increíble.

- Esto es entre el Moyashi y yo.

Alma lo miró con los ojos entrecerrados y poco a poco los abrió sorprendido al darse cuenta que Kanda estaba sonriendo de felicidad.

Creyó comprender que sucedía pero lo descarto, no creía que realmente fuese eso.

Allen termino de recoger, la llegada de esos chicos había sido algo molesto, no le gustaba perder, no. cuando se trataba de un sujeto como ese.

NOTAS: aquí el segundo capítulo espero que les haya gustado, no hay mucho que decir más que las intenciones de Kanda son claras como el agua.