Capítulo 38; Salvarte...
.
Aquel lugar me daba escalofríos. Ese sucio y frío hospital, en poco tiempo se había convertido en uno de los lugares que más visitamos. Pero esta vez, supe que algo andaba mal. El doctor no había querido ver a Kurt. Sólo a Nick y a mi. Y en ese mismo instante, nos encontrábamos en su oficina. Una pequeña sala pintada de blanco, con demasiadas máquinas, las cuales desconozco su utilidad. Mientras el profesional terminaba de cerrar la puerta, Nick y yo nos acomodamos en unas incómodas sillas de plástico frente al escritorio. Lo escuché suspirar, y mi cuerpo entero se tensó. Desde que recibí la llamada en la mañana, he sentido un enorme nudo en mi garganta, y mi estómago se siente como si en cualquier momento llegara a vomitar.
Finalmente, el doctor se sentó frente a nosotros, y volvió a suspirar antes de comenzar a hablar.
-Señores… La situación del paciente, ya es muy grave -Comenzó él. Tomé una fuerte respiración, y dejé escapar el aire de forma brusca -Ni la quimioterapia… Ni los medicamentos que le hemos suministrado han dado ningún resultado -Explicó.
Nick estaba a punto de hablar, sus labios se movían y sin embargo, nada salía de ellos. Me miró de repente, su expresión seria, pero al mismo tiempo sus ojos más grandes de lo normal.
-No, no, no… No es posible… Kurt no puede… No puede morir… ¡Debe haber algo más! ¡Usted debe hacer algo! ¡Lo que sea! -Comencé yo, y como siempre que me veo en una situación que me supera comencé a divagar con mis palabras.
-¿Acaso no hay nada más que se pueda hacer? -Preguntó esta vez Nick, apoyando su mano en mi hombro.
Vamos Blaine, fuerza…
-La única esperanza que nos queda es… realizarle un trasplante de médula ósea… -Volvió a hablar. Y por estúpido que sonara, una chispa de esperanza se prendió en mi.
-Yo le daré lo que sea a Kurt, pero por favor… Sálvelo… -Rogué una vez más.
-Aún así hay que realizarles unos exámenes, para ver si son candidatos, a una posible donación -Explicó él. En ese momento, Nick y yo nos pusimos de pie.
-Claro, si, lo que sea -Comenzamos a decir.
-Siganme, por favor… -Nos dijo él, quien también se puso de pie. Nos guió por una pequeña sala, en la que Nick le tocó primero.
Por lo que más quieras, déjame salvarlo…
El hombre de bata blanca se encontraba frente a nosotros, leyendo insaciablemente los resultados de la libreta.
-¿Y bien? -Se me adelantó Nick, cuando estaba apunto de hacer la misma pregunta.
-Señores… Ni ustedes, ni el señor Cooper Anderson… Son compatibles para realizar la donación.
Sus palabras me hundieron. No, no era posible.
-¿Y su hermano? -Preguntó Nick. Miré ilusionado al médico.
-¡Si! Él puede…
-No, no puede… Es menor de edad -Me contradijo él.
-Pero… pero Jeff ya tiene 17… en 8 meses cumplirá los 18.
-Así es señor, pero legalmente, no está autorizado -Dijo con pesar. Mis rodillas fallaron, ya no había nada que hacer. Caí en la silla detrás de mí, sintiéndome débil, e impotente.
Había una posibilidad de salvar a Kurt, y no podía hacer nada…
El castaño se encontraba en una camilla, atado a muchos cables y máquinas. Yo me encontraba junto a él. Dado a que no pudo recibir muchas quimioterapias, su cabello no se había caído, así que me encontraba justamente acariciándolo, al igual que siempre. Cooper, Nick y Jeff, todos nos encontrábamos reunidos junto a él. Estaba muriendo, tal vez sería la última vez que hablaríamos con él.
Y Kurt lo sabía. Estaba seguro que él entendía todo a la perfección.
-Kurt… ¿No te vas a ir verdad? -Preguntó Jeff, llorando. Kurt semi-sonrió.
-No lo sé Jeffry… Pero donde yo vaya, siempre voy a estar contigo. Y si muero, te protegeré desde el cielo, igual que siempre… -Le prometió el castaño. Jeff le sonrió, pero su llanto aumentó. Yo no dije nada, yo no iba a llorar.
No iba a hacerlo.
Kurt tomó la mano de Jeff, la llevó hasta sus labios y besó suavemente sus nudillos. Luego me miró a mi.
-Te amo Blaine -Dijo él. Yo solo asentí, no quería hablar, porque no sabía si podría hacerlo sin romperme -Y gracias… -Dijo esta vez mirando a Nick, y luego a mi -Gracias por todo.
Y no pude soportarlo, unas pequeñas lágrimas comenzaron a caer de mis ojos.
-No amor, no te despidas, tu vas a estar bien… -Le aseguré. Él me miró
-Quisiera creerlo… Pero no hay donantes… voy a morir -Dijo suavemente. Solo nos quedamos allí, sin decir nada más.
Porque no podíamos. No podía prometerle que estaría bien, no podía prometerle que lo ayudaría. Esta vez estaba solo. Lo único que yo podía hacer era sostener su mano. Y me sentía tan impotente. Y comencé a pedirle a algún dios del cielo, a mi madre, a quien fuera, que me despertara de esta pesadilla, que al hacerlo, fuera yo quien estuviera en esa camilla, despidiéndome de los demás.
Pero no podía. Y aún así, comenzaba rogándole a aquella persona, que ni siquiera yo sabía quien era, que lo salvara. Que salvara a la cosa más importante de mi vida. Que no dejara morir a un chico de tan solo 17, que tenía aún toda una vida, que a pesar de haber sido dura, y de que varios trataron de arruinar, él estaba reconstruyendo. Y yo debía ser parte de aquello. Ambos debíamos casarnos, comprar un perro, adoptar a tres niños, e ir a vivir al campo.
Y que por eso no podía llevárselo ahora. Aún teníamos que hacer demasiadas cosas. Aún teníamos que hacer muchas cosas…. Él no debía morir así, ambos debíamos morir al llegar nuestro tiempo. Y este definitivamente no era. Nuestro tiempo llegaría cuando ambos nos hayamos entregado todo, y ya no quede nada más por entregar. Cuando ambos hayamos compartido nuestras vidas. Cuando nuestros hijos tuvieron sus familias, y estuvieran listos para vernos partir…
-Ya me hice los estudios -Escuché una voz conocida detrás de mi.
Me volteé, como si una garrafa de viento me hubiera golpeado. Y lo vi. Allí, parado en la puerta. Parecía mucho mayor a lo que recordaba. Tenía una suave barba recorriendo su mentón, y llevaba puesta una chaqueta negra de cuero y unos jeans del mismo color. Parecía más alto, más delgado.
-Y si… Soy compatible… -Dijo él. Era mayor que Kurt. En ese momento me di cuenta, que él ya tenía 18. Era mayor. Era compatible. Y estaba justo aquí. Entonces lloré, lloré como no había querido hacerlo antes.
-Yo voy a salvarte… Hermano…
Finn había vuelto…
Así que... seguro quisieron matarme en algún momento... pero ahora ya no, ¿Verdad?
...¿Verdad?
